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La pobreza sí está disminuyendo, pero falta consolidar la clase media

Escrito por Roberto Angulo *
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Roberto-AnguloUn análisis riguroso de las cifras recientes, muestra que el crecimiento económico y la política social bajo el gobierno Santos han reducido la pobreza y la desigualdad. Pero la clase media sigue siendo incipiente frente a países como Chile o México, y este será el nuevo desafío de la política social.

Roberto Angulo *

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No hubo avances en vivienda ni en servicios públicos domiciliarios: será el reto de Vargas Lleras.   Foto: Presidencia

Cifras positivas

Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE), la pobreza en Colombia se redujo durante el último año:

  • la pobreza medida por ingresos pasó de afectar un 37,2 por ciento de la población en 2010 a un 34,1 por ciento de la población en 2011; en el último año, el número de pobres disminuyó en 1,2 millones.  
  • la pobreza extrema (es decir las personas que no cuentan con ingreso mínimo para consumir una canasta alimentaria básica) se redujo de 12,3 a 10,6 por ciento; en valores absolutos, los pobres extremos se redujeron en 674 mil personas.  
  • la desigualdad en la distribución del ingreso —medida por el coeficiente de Gini— también mejoró de forma importante al pasar de 0,56 a 0,548, el dato más bajo en más de una década. 
  • el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) —que mide privaciones en 15 variables de calidad de vida (en materia de educación, salud, trabajo, niñez, vivienda y servicios públicos)— también disminuyó, de 30,4 a 29,4 por ciento.  

Los resultados de pobreza y desigualdad por ingresos se registran incluso con la antigua metodología, por lo mismo son ajenas al debate que hace unos meses se produjo en torno a la manera de medir la pobreza (sobre el particular me remito al artículo “La medición de la pobreza en Colombia: respuestas para el debate”, que publiqué en Razón Pública).

¿A qué se deben entonces esas buenas noticias, y que implican ellas para la política social en Colombia?

Les fue mejor a los pobres

Los resultados muestran que el crecimiento económico de 2011 tuvo un efecto especialmente favorable para los pobres o, como decimos los economistas, que tuvo un “sesgo pro-pobre”. Cuatro razones permiten hacer esta afirmación[1]:

  1. La reducción del desempleo fue mayor entre los hogares pobres. En el quintil 1 (20 por ciento más pobre de la población) el desempleo se redujo 8,8 por ciento, mientras que en el quintil 5 (20 por ciento más rico) se redujo 5,6 por ciento.
  2. El aumento del ingreso salarial fue mayor en los hogares más pobres. En el quintil 1 creció 10,1 por ciento, mientras que en el quintil 5 creció 3,1 por ciento.
  3. La reducción de la pobreza se debió sobre todo a las mejoras en la distribución del ingreso (más de la mitad de la reducción en pobreza y más de la tercera parte de la reducción en pobreza extrema).
  4. El crecimiento real del ingreso fue mayor para los más pobres. Mientras que en el decil 1 (10 por ciento más pobre) creció 13,7 por ciento, en el decil 10 (10 por ciento más rico) creció 1,5 por ciento. Y la gráfica siguiente confirma esta relación inversa:

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Fuente: Cálculos del DNP con base en la Gran Encuesta Integrada de Hogares del DANE.

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El 34,1% de los colombianos vivían en la pobreza en 2011, 1,2 millones que el año anterior.   Foto: Urna de Cristal

Cabe anotar, que a los 4 puntos anteriores se le suma el hecho de que la inflación total y la de alimentos fue favorable a la reducción de la pobreza en comparación con años anteriores. Por su parte la mejoría en el Índice de Pobreza Multidimensional se debió a la menor incidencia del analfabetismo, del no aseguramiento en salud y del rezago escolar. En cambio no hubo avances en vivienda ni en servicios públicos domiciliarios (e incluso se notó un retroceso importante en la eliminación de excretas). Más aún: la mejora del IPM fue menor que la del año anterior, este también necesita ser estudiado. Debe tenerse en cuenta que el ritmo de ejecución de proyectos de inversión en servicios sociales, que impactan por construcción a las variables del índice, por lo general se acelera durante los dos últimos años del periodo de gobierno.

Dos modos de reducir la pobreza

¿A qué se debieron estos buenos resultados? ¿El progreso reflejado en la caída de estos indicadores fue espontáneo o fue producto de las políticas públicas?

En efecto, la reducción de la pobreza puede logarse a través de dos canales: uno indirecto es decir, el aumento del ingreso de los hogares por la vía del crecimiento económico del país en su conjunto, y otro directo es decir, mediante la extensión de la protección social y los programas específicos de atención a los más pobres y vulnerables.

El economista liberal Jagdish Bhagwati afirma que, contrario a las teorías del trickle down o goteo que predicen que todo crecimiento favorece espontáneamente a los pobres, para reducir efectivamente la pobreza se necesita una clara decisión política. Siguiendo a este autor, una estrategia consistente es la de combinar el crecimiento económico con la política social y conseguir altos retornos para los pobres por ambas vías. El aporte de Bhagwati no radica en reconocer la existencia de un canal indirecto y un canal directo, sino en estudiar la forma como se articulan y se refuerzan.

Logro del gobierno Santos

Ahora bien: la estrategia del gobierno Santos ha combinado ambos canales en forma deliberada. Expongo tres argumentos que sustentan este punto de vista:

1. El crecimiento económico presentó atributos de equidad. El patrón estrictamente pro-pobre difícilmente es espontáneo. El crecimiento económico no siempre es a favor de los pobres; el debate académico al respecto es álgido y en cierta medida depende de las mediciones[2], pero economistas como Bhagwati[3], Kakwani[4], Kanbur y Squire[5] han encontrado evidencia sobre procesos de crecimiento que no favorecen a los estratos más pobres.

En Colombia durante el último año, el ingreso salarial se elevó en el quintil más bajo, como quedó dicho más arriba. Pues bien, el 56 por ciento del ingreso de los hogares más pobres depende de la agricultura y de la minería, dos de las locomotoras de la estrategia de crecimiento del Plan de Desarrollo vigente: apenas un indicio de la conexión con la política pública, pero que bien vale la pena explorar en estudios posteriores (invito a los centros de investigación a que le monten un observatorio de crecimiento pro-pobre a cada locomotora del Plan de Desarrollo).

2. Las políticas del canal directo han mejorado los ingresos de los hogares más pobres: programas de transferencias monetarias como Familias en Acción generan un complemento de ingresos para esta población (además de perseguir impactos en nutrición y educación).

Según información del DNP, el 20 por ciento del ingreso del decil 1 corresponde a ayudas en dinero. Dentro de este rubro el 40 por ciento corresponde a ayudas institucionales gubernamentales y no gubernamentales. Gracias a la cobertura del programa Familias en Acción (2,3 millones de hogares pobres) tenemos un indicio claro de la importancia de este programa en el peso de este rubro.

En ausencia de ayudas institucionales en dinero, la pobreza y la desigualdad serían de mayor magnitud: en 2011, habría sido 1 punto porcentual más alta (sería 35,1 por ciento) la pobreza extrema 1,5 pp (sería de 12,1 por ciento) y el coeficiente de Gini sería de 0,554 (en lugar de 0,548).

3. El IPM —que mostró una caída de un punto porcentual— refleja el impacto del canal directo sobre todas sus dimensiones, en el último año el país registró mejoras importantes en salud y educación. Casi cualquier variación de este indicador puede ser entendida como un avance en política pública. De hecho, el indicador sintetiza 15 metas del Plan de Desarrollo en sectores de educación, salud, cuidado infantil, trabajo, vivienda y servicios públicos.

No una meta, sino un punto de partida

Los resultados son alentadores: la pobreza y la desigualdad disminuyen y su ritmo de caída tiende a acelerarse. La estrategia de reducción de la pobreza y de la desigualdad va por buen camino. Sin embargo el nuevo panorama plantea retos importantes.

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Un 12,3% de los colombianos es indigente. En 2011 los pobres fueron 674 mil personas menos.   Foto: bogotaapie.blogspot.com

En el último año contamos con 1,2 millones de pobres menos, 674 mil pobres extremos menos y 319 mil pobres multidimensionales menos. ¿A dónde están yendo estos hogares? ¿Podemos decir que esto equivale a la igualdad de oportunidades? ¿Hasta dónde llega el alcance de las políticas del canal directo? ¿Qué pasa más allá del umbral de la pobreza?

López Calva y Ortíz Juárez[6] han demostrado que no es suficiente con atravesar el umbral de la pobreza para estar a salvo. Los autores proponen una medida de clase media para América Latina que se ubica entre 10 y 50 dólares en PPP (Paridad de Poder de Compra, Purchaising Power Parity, por su sigla en inglés). Este rango reconoce que cuando una persona supera el umbral de un ingreso per cápita diario de 10 dólares, la probabilidad de retornar a su anterior condición de pobreza se reduce significativamente.

Cálculos preliminares para el caso de Colombia —sobre la base de un estudio que estamos adelantando con Alejandro Gaviria y Liliana Morales en el marco de la Misión de Equidad y Movilidad Social del DNP— muestran que la clase media de Colombia en 2010 era aproximadamente el 25 por ciento de la población (todavía por debajo de países como México y Chile que tienen 41 por ciento y 53 por ciento respectivamente, porcentajes que ya superan en ambos casos al de la población en situación de pobreza como ocurre con el promedio de América Latina).

El reto de la política social para Colombia consiste, entonces, no solo en hacer sostenible la caída acelerada de la pobreza, sino en acelerar el crecimiento de la clase media. El diagnóstico actual muestra que tenemos menos pobres, pero eso indica la necesidad de rediseñar políticas y programas sociales para asegurar la sostenibilidad del ingreso y de las mejoras en calidad de vida de estos hogares.

El IPM todavía muestra que casi la totalidad de los hogares pobres tiene al menos un trabajador informal, de otro lado tenemos que el 27 por ciento de los jóvenes pobres entre 18 y 24 años están en la inactividad (quiere decir esto que no trabajan, no estudian y no están buscando trabajo).

Los académicos y los que diseñamos políticas públicas tendremos una agenda de trabajo urgente y retadora si nos decidimos por incluir como objetivo la movilidad social, que se define como la posibilidad de que los logros de un individuo no dependan de sus condiciones de origen (intergeneracional) y de que pueda avanzar en los logros de calidad de vida durante su ciclo de vida (intrageneracional).

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La receta de Jagdish Bhagwati: combinar el crecimiento económico con la política social y conseguir altos retornos para los pobres por ambas vías.    Foto: Syngenta.com

Si se entiende la línea de pobreza no como una línea de meta, sino apenas como una línea de partida, los logros alcanzados deben ser asimilados con un optimismo moderado y autocrítico, que facilitará la renovación de las políticas y de los programas actuales en función de adoptar objetivos más ambiciosos como la movilidad social y la igualdad de oportunidades.

El camino más allá del umbral de la pobreza es largo. Menos pobres no significa menos política social, significa una política social renovada. Programas como Familias en Acción o la estrategia Unidos ya están en proceso de renovación, como lo anunció esta semana Bruce Mac Master, director el Departamento de la Prosperidad Social.

Desde una perspectiva liberal, el bienestar social no culmina nunca. La mayor felicidad para el mayor número de Bentham, o el desarrollo como liberación y ampliación de las capacidades de Sen, implican un esfuerzo continuo más allá de la reducción de la pobreza absoluta.

 

* Economista de la Universidad Javeriana, magíster en economía de la Universidad Nacional, actual director de Ingreso Social del Departamento de la Prosperidad Social. Fue subdirector de Promoción Social y Calidad de Vida del DNP, Coordinador Nacional del SISBEN, secretario técnico de la Misión para el Empalme de las Series de Empleo, Pobreza y Desigualdad (MESEP) y secretario técnico de la Misi>ón de Equidad y Movilidad Social del DNP. Autor de varios artículos sobre pobreza y calidad de vida. 

twitter1-1@RobertoAnguloS

[1] La información de esta sección fue tomada del análisis del DNP disponible con más detalle en http://www.dnp.gov.co/LinkClick.aspx?fileticket=R3u7I85p8Fs%3d&tabid=1157

[2] Para una ilustración sobre el debate ver SHORROCKS, A., & VAN DER HOEVEN, R. (2004). Growth, Inequality, and poverty. Prospects for pro-poor economic development. New York, USA: Oxford University Press.
[3] Bhagwati, J. (1988). Poverty and Public Policy. World Development , 16 (5), 539-555.  
[4] Kakwani, N., Khandker, S., & Son, H. (2004). Pro-Poor Growth: Concepts and Measurement with Country Case Studies. Working Paper (1).  
[5] Kambur, R., & Lyn, S. (1996). The Evolution of Thinking about Poverty: Exploring the interactions. In G. Meier, & J. Stiglitz(Eds.), Frontiers of Development Economics: The Future in Perspective (pp. 183-226). New York: Oxford University Press.  
[6] López-Calva, Luis F. & Ortiz-Juárez, Eduardo, 2011. "A vulnerability approach to the definition of the middle class," Policy Research Working Paper Series 5902, The World Bank.  

 

 

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