
Desigualdad en las ciudades de Colombia: ¿cómo vamos?
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Hemos venido avanzando, y algunas ciudades lo han hecho más que otras, pero la desigualdad en la distribución del ingreso sigue siendo excesiva. Necesitamos diseñar ciudades donde ricos y pobres convivan y vivan más cerca unos de otros.
Colombia con malas notas
La semana pasada, en el marco del Foro Urbano Mundial que se llevó a cabo en Medellín, un periodista de El Colombiano le preguntó al célebre arquitecto Leon Krier acerca del futuro del urbanismo. Con su característico tono malthusiano, Krier respondió: “la población mundial es ya muy grande y tenemos una distribución desigual en las urbes; hay problemas para suplir de comida y recursos a tanta gente; se necesitan avances científicos para superar la desigualdad y distribuir mejor esas poblaciones”.
El periodista, acaso buscando una flor más para la ciudad de la eterna primavera, le preguntó si creía que Medellín podría aportar a ese futuro, a lo que Krier respondió sin eufemismos: “Aquí veo absurdo eso de los “estratos”. Eso ya hace una diferencia muy marcada en la ciudad. Por eso sectores como El Poblado, llenos de torres como si fueran castillos, se ven aún lejanos de lo que sucede en los barrios pobres”.
En Medellín los ricos están muy lejos de los pobres, y el 10 por ciento más rico tiene 50,7 veces el ingreso del 10 por ciento más pobre.
Cinco días antes, el Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (UN-Hábitat) y la Corporación Andina de Fomento (CAF) habían lanzado el estudio Construcción de ciudades más equitativas, una investigación monumental que reunió datos de encuestas de hogares durante dos décadas (1990-2010) para 284 ciudades de 18 países de la región, 10 encuestas de percepción y 12 estudios de caso de política pública.
Las conclusiones no dejaron bien parado al país anfitrión del foro: América Latina es la región más desigual del mundo; los países de peor desempeño fueron Colombia, Costa Rica y Ecuador, y la ciudad de Colombia con una mayor distancia entre el 10 por ciento más rico y el 10 por ciento más pobre fue Medellín.
La conclusión de UN-Hábitat era la versión cuantitativa de la impresión que le contó Krier al periodista de El Colombiano: en Medellín los ricos están muy lejos de los pobres, y el 10 por ciento más rico tiene 50,7 veces el ingreso del 10 por ciento más pobre.
![]() Plaza principal de Pasto. Foto: Wikimedia Commons |
La respuesta del gobierno
Admitiendo la relevancia del estudio pero lamentando que sus datos solo llegaron hasta el 2010, la reacción de los miembros del gobierno colombiano no se hizo esperar: “excelente estudio de historia económica” dijo el alcalde (e) de Bogotá, Rafael Pardo.
Al día siguiente, el presidente Santos le solicitó a Naciones Unidas actualizar el estudio para poder apreciar los avances de su gobierno, y el ministro Luis Felipe Henao señaló que la reducción de la desigualdad urbana a partir de 2010 habían superado, en la mitad del tiempo, a las alcanzadas durante los dos periodos de Uribe.
UN-Habitat aceptó la solicitud del presidente y reconoció la importancia de precisar las trayectorias hasta 2013, pero dejó claro que se trata de un estudio de largo plazo y no de coyuntura.
Para aclarar esta controversia sería preciso contestar dos preguntas: ¿qué tan distinta fue la coyuntura 2010-2013?, y, sobre todo ¿debe preocuparnos la desigualdad en las ciudades de Colombia?
La coyuntura 2010-2013 sí cambia algunas conclusiones
La coyuntura 2010-2013 sí es relevante, la reducción de la desigualdad en la distribución del ingreso durante estos años – desigualdad medida por el llamado “coeficiente de Gini”[1]– fue mayor que la del período 2002-2010. El Cuadro siguiente actualiza los datos hasta 2013 (según cifras del DANE) y de aquí se desprenden varias conclusiones.
Cambio en el coeficiente de Gini por ciudades
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| Informe UN-Hábitat | Conclusiones actualizadas | Coyuntura |
Ciudad | 2002 | 2010 | 2013 | 2002-2010 | 2002-2013 | 2010-2013 |
Barranquilla AM | 0.528 | 0.497 | 0.458 | -0.03 | -0.07 | -0.04 |
Bogotá | 0.571 | 0.526 | 0.504 | -0.04 | -0.07 | -0.02 |
Bucaramanga AM | 0.484 | 0.45 | 0.437 | -0.03 | -0.05 | -0.01 |
Cali AM | 0.534 | 0.529 | 0.505 | -0.01 | -0.03 | -0.02 |
Cartagena | 0.482 | 0.489 | 0.475 | 0.01 | -0.01 | -0.01 |
Cúcuta AM | 0.48 | 0.479 | 0.443 | 0.00 | -0.04 | -0.04 |
Ibagué | 0.477 | 0.495 | 0.451 | 0.02 | -0.03 | -0.04 |
Manizales AM | 0.49 | 0.495 | 0.472 | 0.01 | -0.02 | -0.02 |
Medellín AM | 0.547 | 0.538 | 0.506 | -0.01 | -0.04 | -0.03 |
Montería | 0.52 | 0.525 | 0.525 | 0.01 | 0.01 | 0.00 |
Pasto | 0.51 | 0.523 | 0.511 | 0.01 | 0.00 | -0.01 |
Pereira AM | 0.483 | 0.456 | 0.481 | -0.03 | 0.00 | 0.03 |
Villavicencio | 0.472 | 0.467 | 0.441 | 0.00 | -0.03 | -0.03 |
Cabeceras | 0.55 | 0.537 | 0.517 | -0.01 | -0.03 | -0.02 |
13 Áreas | 0.548 | 0.529 | 0.505 | -0.02 | -0.04 | -0.02 |
Otras cabeceras | 0.496 | 0.497 | 0.495 | 0.00 | 0.00 | 0.00 |
– La reducción de la desigualdad se acelera: entre 2010 y 2013 la desigualdad urbana disminuyó en 2 puntos del Gini, el doble de lo logrado entre 2002 y 2010. Esta reducción se dio incluso a pesar del leve aumento del Gini urbano en el último año.
– La desigualdad urbana en Colombia en 2013 (0,517) sigue siendo “muy alta” según el estudio de UN-Hábitat (la quinta categoría entre 6 ordenadas de menor a mayor).
– Después de 2010 el grupo de las 13 principales ciudades es menos desigual: el estudio de UN-Hábitat concluye que entre 2002 y 2010 cinco de las trece principales ciudades colombianas aumentaron su desigualdad. En 2010 ocho de ellas se ubicaron en la categoría “alta” y cinco en “muy alta”. Al actualizar hasta 2013 se observan cambios importantes: tan solo una ciudad de las trece empeoró su desigualdad (Pereira) y tres de ellas (Bucaramanga, Cúcuta y Villavicencio) entraron al grupo de “relativa desigualdad” al quedar por debajo del umbral promedio de la región (0,5).
Durante la coyuntura 2010-2013 no solo se aceleró la reducción de la desigualdad sino que esto significó la recuperación de Cartagena, Ibagué, Manizales y Montería.
el avance de Colombia después de 2010 implica un buen desempeño en comparación con otros países de América Latina.
Ahora bien, el avance de Colombia después de 2010 implica un buen desempeño en comparación con otros países de América Latina.
El último Informe de Panorama Social de la Comisión Económica Para América Latina (CEPAL), muestra que entre 2010 y 2012 la reducción de la desigualdad en Colombia fue 2,4 veces mayor que la registrada por el promedio de la región.
Pese al progreso de los últimos años, la desigualdad urbana de Colombia sigue siendo muy alta y al ritmo que vamos con suerte lograríamos pasar de la categoría de “muy alta” a la de “alta” desigualdad. Pero
![]() Pereira, capital del departamento de Risaralda. Foto: Wikimedia Commons |
¿Nos debe preocupar la desigualdad en las ciudades?
Creo que sí y que hay varias razones para ello, anticipo tres de ellas:
- El grado de desigualdad en la distribución del ingreso determina la velocidad de la reducción de la pobreza y la pobreza extrema. En otras palabras, a mayor desigualdad, más lenta será la reducción de la pobreza por la vía del crecimiento económico. La pobreza urbana total y en las 13 principales ciudades sigue siendo alta (26,9 por ciento y 17,5 por ciento respectivamente). Según los últimos datos del DANE, en 9 de las 23 ciudades más grandes aumentó la pobreza extrema.
Mientras la reducción de la pobreza sea una prioridad en la agenda de las ciudades, lo será también la reducción de la desigualdad, ya que la pobreza, al fin y al cabo, es una expresión de la distribución del ingreso y del ingreso medio de la población.
- La alta desigualdad puede implicar tensiones sociales que conducen a una mayor incidencia de delitos. Dejemos por un momento el Gini y utilicemos el índice Palma, que mide la distancia entre el 10 por ciento más rico y el 40 por ciento más pobre. Pues bien, las ciudades que registraron una mayor distancia entre ricos y pobres según el índice Palma en 2013 fueron Montería (3,5), Pasto (3,3) y Medellín (3,2) y, según la Encuesta de Convivencia y Seguridad Ciudadana del DANE, son estas ciudades donde se registra una mayor incidencia del hurto a personas, vehículos, residencias, lesiones personales y extorsión: Montería (18 por ciento), Pasto (32 por ciento) y Medellín (18,6 por ciento).
Estas cifras contrastan con Bucaramanga, que es de lejos la ciudad con menor distancia entre ricos y pobres, con un Palma de 2,2, y la menor incidencia de los delitos mencionados (10,6 por ciento).
La alta desigualdad puede implicar tensiones sociales que conducen a una mayor incidencia de delitos.
- La gente quiere ciudades más equitativas. No somos los economistas quienes determinamos cuál es la distribución del ingreso que un país debería tener, a lo sumo la medimos y sugerimos cuáles son las alternativas que reportan un mayor bienestar económico, pero la preferencia de un país o de una ciudad por la equidad pasa por consideraciones del pacto social, de justicia distributiva y de percepción ciudadana sobre lo que sea o no bueno para la sociedad.
Según la encuesta de percepción del informe de UN-Hábitat en 10 ciudades de América Latina, más del 80 por ciento de la población considera que una menor brecha entre pobres y ricos es muy importante o importante para que una sociedad sea considerada como una democracia (en Bogotá el porcentaje es 88 por ciento). Adicionalmente, el 90 por ciento está muy de acuerdo o algo de acuerdo con que la desigualdad afecta la calidad de vida, la seguridad ciudadana y la confianza y convivencia entre vecinos.
Urbanizar las rivalidades entre pobres, ricos y clase media
La reducción de la desigualdad, entendida como el acercamiento entre ricos y pobres parece ser entonces un elemento decisivo para el desarrollo de las ciudades. El coeficiente de Gini o el índice Palma son acaso una versión imperfecta de la punta del iceberg de un concepto de desigualdad urbana más completo.
Los economistas no hemos logrado un consenso sobre la importancia de la desigualdad. A menudo nos quedamos en la tensión entre eficiencia y equidad que implicaría quitarle un peso a un rico para entregárselo a un pobre, como si esta fuera la única forma de redistribución posible, o como si se tratara solo de transferir beneficios entre personas aisladas y no de buscar la ganancia colectiva, aquella que se genera más allá de la suma de las ganancias individuales.
Tal vez hoy en día la arquitectura y el urbanismo tengan más claridad que la economía sobre cómo perseguir la máxima benthamiana de “la mayor felicidad para el mayor número”.
Para reducir la desigualdad se necesita diseñar y planear ciudades centradas en la felicidad de sus habitantes, con acceso equitativo por distancia, tiempos y costos de desplazamiento, equipamientos urbanos y oportunidades de trabajo. Ciudades donde literalmente se acerquen la clase media, los pobres y los ricos.
“Se puede concebir un hábitat colectivo, descentralizado y sin distinciones" dijo Leon Krier, después de sorprenderse por la segregación residencial de Medellín, se pueden crear conexiones entre las personas, romper las rivalidades, “necesitamos urbanizar esas rivalidades”.
[1] Si toda la gente tuviera el mismo ingreso, el valor de este índice sería 0, y si una sola persona tuviera todo el ingreso el valor sería 1,0; la distribución es más desigual entre más se acerque a 1,0.
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Roberto Angulo
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