
¿Qué tanta desigualdad hay realmente en Colombia?
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Las discusiones sobre este rasgo decisivo de la sociedad colombiana se han basado casi exclusivamente en un indicador: el “coeficiente de Gini”. Cambiar la forma de medición arroja cifras diferentes y lleva a conclusiones sorprendentes.
Un caballo de batalla
Nos hemos acostumbrado a oír y a repetir que Colombia es el país más desigual de América Latina y uno de los más desiguales del mundo, y este argumento ha sido comodín tanto del Gobierno como de la oposición.
Esta afirmación se ha basado en el coeficiente de Gini, una medida que pondera la distancia entre la distribución del ingreso que efectivamente existe en un país y el ideal de una distribución perfectamente igualitaria. Así, el Gini tendría su valor máximo (1,0) si una sola persona recibiera todo el ingreso (máxima desigualdad) y su valor mínimo (0,0) si todas las personas recibieran exactamente el mismo ingreso (perfecta igualdad).
Con una entrada asegurada en muchos espacios de discusión en virtud de su sencillez, el Palma es una suerte de “caballo de Troya”, al cargar consigo un mensaje de economía política tan poderoso como controversial: hagamos lo que hagamos en materia de política distributiva, la desigualdad de un país al final dependerá en su totalidad del tamaño de la porción del ingreso que obtienen sus élites.
En Colombia, los críticos repiten que el Gini no baja de 0,5 desde que existen datos, pero el Gobierno se defiende mostrando los 2,2 puntos de reducción que se han logrado bajo la administración Santos: “Colombia es el país que más mejoró la distribución del ingreso en el mundo. Solo superado por Ecuador”, dijeron los representantes del Departamento Nacional de Planeación (DNP) en la entrega de las últimas cifras de pobreza y desigualdad.
Pero, ¿qué significa tener un índice Gini de 0,53? ¿En qué se traduce para la sociedad el trofeo de los 2,2 puntos de reducción del gobierno de Santos?
Otras formas de medida
A pesar de su popularidad, el coeficiente de Gini no solo es incomprensible para la mayor parte de la gente, sino que carece de las propiedades matemáticas que persiguen los expertos. Es decir, no es ni una herramienta eficaz de comunicación ni el santo grial que buscan los puristas.
Panorámica de Ciudad Bolívar en Bogotá. |
Motivados quizá por la fama inmerecida del Gini, y dispuestos a poner sobre la mesa el problema de la desigualdad de los ingresos de un modo más claro, los economistas Alex Cobham y Andy Summer del Center of Development Economics (CDE) propusieron usar una nueva medida de concentración del ingreso: el índice Palma.
El escenario escogido para animar la discusión fue el panel de alto nivel “Filling the gap: Inequality indicators for post-2015” que se llevó a cabo hace unos meses en la sede de Naciones Unidas de Nueva York y contó con la presencia de expertos de la talla de James Foster y Martin Ravallion. La discusión al respecto no ha parado desde entonces.
¿Qué es el índice Palma y cuáles son sus ventajas?
El índice Palma se define como la relación (es decir, la división o la “razón”, como recordará usted del colegio) entre el ingreso total del 10 por ciento de la población más rica y el ingreso total del 40 por ciento de la población más pobre.
La elección de los porcentajes se deriva del hallazgo del profesor Gabriel Palma (de la Universidad de Cambridge) quien notó que la participación dentro del ingreso del 50 por ciento de la mitad de la distribución tiende a ser estable, casi una constante. En otras palabras, esto quiere decir que casi toda la “acción” en asuntos distributivos se da entre ricos y pobres, entre la élite y los desfavorecidos.
Durante los dos primeros años de Santos (2010-2012), el Palma cayó 5 puntos al pasar de 4,6 a 4,1. Esta caída fue superior a la registrada durante los ocho años de Uribe, cuando el índice disminuyó apenas 3 puntos, al pasar de 4,9 a 4,6.
Pero, ¿qué puede tener de nuevo una simple división? Pese a que la relación entre ingresos por grupos ya había sido inventada (y se la conocía como “la razón de Kuznets”), los autores demuestran que el índice Palma se comporta de modo muy parecido o refleja los valores del coeficiente Gini.
Utilizando menos información (solamente los extremos) y una operación simplísima (dividir un par de números), Cobham y Summer encontraron algo así como la versión amigable y comunicativa del Gini, ya que el comportamiento y los ordenamientos que genera el Gini son reproducidos totalmente por el Palma.
La ventaja del nuevo indicador es que es más fácil de calcular y es comprensible por el público no especializado, y que el Palma le llegue al ciudadano del común para muchos ha sido interpretado como una victoria sobre el Gini.
Por no cumplir con algunas propiedades que persiguen los expertos, el índice Palma definitivamente no es el “santo grial” de las medidas distributivas. Incluso, al excluir una porción de la distribución del ingreso se ha dicho que no es un índice de desigualdad sino de concentración. Pero esto no es un pecado capital. El Gini tampoco lo hace y los índices que sí las cumplen por lo general son incomprensibles.
Lo cierto es que con menos información consigue más que el Gini al ser intuitivo, comunicativo, fácil de calcular y de explicar. Pero lo más importante es que este simple fraccionario está llevando lejos la discusión de la desigualdad en el mundo.
Con una entrada asegurada en muchos espacios de discusión en virtud de su sencillez, el Palma es una suerte de “caballo de Troya”, al cargar consigo un mensaje de economía política tan poderoso como controversial: hagamos lo que hagamos en materia de política distributiva, la desigualdad de un país al final dependerá en su totalidad del tamaño de la porción del ingreso que obtienen sus élites.
![]() Ruitoque Golf Country Club en Bucaramanga, Santander. Foto: Colombia Travel |
El índice Palma para Colombia
La serie completa 2002-2012 del Palma para Colombia tiene resultados que, como es usual, traen buenas y malas noticias.
Antes de analizarlos es útil decir que en Colombia un hogar típico del 10 por ciento más rico tiene en promedio 3 personas, el jefe del hogar cuenta con 14 años de logro educativo y tiene un ingreso per cápita de 1,5 millones de pesos. De otro lado, en el 40 por ciento más pobre, un hogar tiene en promedio 5 personas, el jefe del hogar tiene 4 años de educación y un ingreso per cápita de 142 mil pesos.
La diferencia entre los dos grupos es considerable a pesar de que el 10 por ciento más rico de la encuesta no incluye a los millonarios del país, que por lo general no viven en Colombia, rechazan el cuestionario o no son seleccionados por la muestra.

Durante los dos primeros años de Santos (2010-2012), el Palma cayó 5 puntos al pasar de 4,6 a 4,1. Esta caída fue superior a la registrada durante los ocho años de Uribe, cuando el índice disminuyó apenas 3 puntos, al pasar de 4,9 a 4,6.
Definitivamente, y en contra de la retórica de los que niegan el cambio social, sí hay evidencia de una disminución de la desigualdad en los últimos años. La lectura del índice es la siguiente: mientras que en 2002 el 10 por ciento más rico de Colombia obtuvo casi 5 veces el ingreso del 40 por ciento más pobre, en 2012 esta relación pasó a ser alrededor de 4.
Las ciudades más desiguales de Colombia según el índice Palma son:
1- Cali (3,4),
2- Pasto (3,2) y
3- Medellín (3,2).
En contraste, las más equitativas son:
1- Bucaramanga (2,2),
2- Cúcuta (2,4) e
3- Ibagué (2,4).
Bogotá está entre el grupo de las desiguales con 3,1 y Cartagena, que tiene fama de ser una de las sociedades más polarizadas del país, se ubica en la mitad de la tabla con 2,8.
El índice Palma se suma a la evidencia del “milagro bumangués”, al mostrar que Bucaramanga es casi tan equitativa como Uruguay, el país más equitativo de América Latina.

Comparados con América Latina
Pese a las mejoras de la última década, el Palma de Colombia en 2010 solo es superado por Honduras (5,2) y Bolivia (4,8).
Uruguay se ubica como el país más equitativo de la región, con un valor de 2,4. Mientras que en Uruguay los ricos reciben el doble del ingreso del 40 por ciento más pobre de la población, en Colombia y Brasil reciben más de 4 veces. Se destacan los casos de Perú y México que silenciosamente ostentan un Palma de 2,9 y 2,8 respectivamente.
Las plegarias han sido atendidas: en cuanto a concentración de ingreso en las élites Colombia ya alcanzó a Brasil.
Uno de los pocos puntos en común entre el Gobierno y los críticos en materia social ha sido el deseo de querer ser como Brasil.
“Cuando sea grande quiero ser como usted” le dijo Santos a Lula hace unos meses, y ya Clara López le había dicho al recibir al expresidente unas horas antes: “Nuestra izquierda está mirando hacia las buenas experiencias como la de Brasil”.
Pues bien, las plegarias han sido atendidas: en cuanto a concentración de ingreso en las élites Colombia ya alcanzó a Brasil, pues ambos países tienen un Palma cercano a 4,3 que los ubica dentro de los países más desiguales del mundo.
* Economista de la Universidad Javeriana, magíster en Economía de la Universidad Nacional, investigador independiente en temas de pobreza, distribución y calidad de vida.
@RobertoAnguloS
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Roberto Angulo
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