La nueva ola de COVID-19 en Antioquia o el peligro de las victorias tempranas - Razón Pública
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La nueva ola de COVID-19 en Antioquia o el peligro de las victorias tempranas

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Uno de los departamentos que mejor había lidiado con la pandemia, enfrenta un pico sin precedentes en estos momentos. Estas son las explicaciones y las lecciones para el resto del país*.

Alejandro Torres García**
Andrés Rangel Martínez***
Juan Pablo Hernández Ortiz****

Una carrera de largo aliento

La COVID-19 no admite victorias tempranas. Es una enfermedad que aprovecha el cansancio de las sociedades para cobrar más víctimas.

Esto explica, en gran medida, la nueva ola de contagios que enfrentan muchos países, y que ha obligado a los gobernantes a adoptar medidas que se creían superadas como las cuarentenas.

En estos momentos, Antioquia es el departamento más afectado del país. Paradójicamente, hasta ahora, era uno de los que mejor habían lidiado con la pandemia: a finales de 2020, su tasa de mortalidad (82 por cada 100.000 habitantes) era más baja que el promedio nacional (99,4) y de regiones con urbes similares como Bogotá D.C. (149), Atlántico (145) y Valle del Cauca (110). Así mismo, el aumento en la tasa de desempleo de Medellín fue menor que la de Bogotá, Cali y Barranquilla.

Sin embargo, la ola más reciente ha llevado al colapso del sistema de salud antioqueño. Todos los días el departamento supera sus propios récords de contagios y muertes. ¿Cómo explicar este cambio de tendencia? ¿Qué podemos aprender de esta experiencia?

Gráfica 1. Muertes por cada 100.000 habitantes (izquierda) e índice de desempleo (derecha). El índice de desempleo considera la variación de la tasa de desempleo, fijándola en 100 para todos los casos en el trimestre enero-marzo de 2020.

Una ola inesperada

Estrictamente, esta nueva ola de contagios en el departamento no es la tercera, sino la cuarta: la primera ocurrió entre los meses de julio y agosto; la segunda entre octubre y noviembre; la tercera entre diciembre y enero de este año; y finalmente la última comenzó a mediados de marzo. Esta última ha sido la que ha presentado mayores tasas de infección y de mortalidad: en promedio, el número de casos diarios detectados está por encima de los 3.400, cuando en los picos anteriores no superaban los 2.800.

Gráfica 2. Incidencia de COVID-19 según la fecha de inicio de síntomas en Antioquia. El área sombreada delimita los días con rezago de información.

Nadie esperaba esta ola porque Antioquia venía presentando los mejores indicadores epidemiológicos de los últimos diez meses. Por ello algunos analistas y gobernantes han sugerido que este pico podría estar asociado con una nueva variante del virus como “la brasileña” P1 o “la del Reino Unido” B1.1.7 que presentan mayores tasas de contagio y, posiblemente, empeoran el curso de la enfermedad.

Sin embargo, los datos disponibles aún no corroboran esta hipótesis, pues como se observa en la gráfica 3 no hay un cambio significativo en la edad de los contagiados y hospitalizados, y la tasa de letalidad sigue estando alrededor del 1,8%, por debajo de la media nacional (2,6%). Además, la vigilancia genómica ha identificado varios pacientes contagiados con las variantes P1 y B1.1.7 en otras regiones, pero no en Antioquia.

Gráfica 3. Proporción de contagios (arriba) y hospitalizaciones (abajo) por grupos etarios.

Existen diferencias significativas que pueden explicar la saturación del sistema de salud en este caso: (i) las tasas de contagio han aumentado más rápido y (ii) el ingreso de pacientes en unidades de cuidados intensivos fue más acelerado en comparación con las olas pasadas. Esto hizo que el aumento en la ocupación de camas UCI se diera casi al comienzo de la ola, lo cual retrasó la respuesta de los gobernantes.

Nadie esperaba esta ola porque Antioquia venía presentando los mejores indicadores epidemiológicos de los últimos diez meses.

Esta diferencia nos recuerda que debemos tener indicadores complementarios al número de contagios y al porcentaje de ocupación de camas UCI para prever una posible saturación en el sistema y anticiparse a ella. Encender las alarmas cuando la ocupación UCI supere el 80% como regla estricta hace difícil tomar medidas a tiempo. La vigilancia genómica es una herramienta fundamental para identificar en tiempo real las tasas de infección y de inmunidad.

UCI, pruebas y vacunas

Desde que empezó la pandemia se ha venido hablando de fortalecer el sistema de salud y la red de diagnóstico molecular. Como es natural, a estas recomendaciones se ha sumado la importancia de vacunar rápidamente para alcanzar la inmunidad de rebaño y reducir el contagio y la mortalidad. ¿Pueden estas medidas evitar la aparición de nuevas olas de contagio y el colapso de los sistemas de salud?

En Antioquia el número de UCI aumentó considerablemente durante el último año (296%), gracias a un esfuerzo mancomunado de los sectores público y privado: pasamos de tener 480 camas en enero de 2020 a tener 1420 en abril de 2021. Sin embargo, el sistema no soportó la última ola y las autoridades se vieron obligadas a trasladar pacientes a otras ciudades.

¿Necesitamos más camas UCI? La respuesta rápida es un sí rotundo. Sin embargo, al reflexionar un poco más, resulta evidente que existen restricciones de infraestructura y capital humano que imponen un límite de capacidad. Además, ningún sistema de salud, por robusto que sea, puede soportar un evento de alto contagio como el que estamos experimentando. Tener más camas permitiría aumentar la distancia entre picos, pero no garantizaría que dejáramos de tener picos como este.

La COVID-19 no admite victorias tempranas. Es una enfermedad que aprovecha el cansancio de las sociedades para cobrar más víctimas.

Por su parte, las pruebas diagnósticas permiten determinar el nivel de expansión del virus a través de la identificación oportuna de casos. En Antioquia, se pasó de 500 pruebas al día a más de 20.000, pero en febrero las pruebas moleculares disminuyeron de manera significativa.

Una posible explicación es que el Plan de Vacunación obligó a las instituciones de salud a redirigir esfuerzos y recursos. Otra es que las personas dejaron de realizarse pruebas porque creyeron que la pandemia había llegado a su fin. Independientemente de cuál sea la explicación correcta, es necesario realizar más pruebas para aislar rápidamente a las personas contagiadas y monitorear de cerca la evolución de la pandemia.

La vacunación periódica (que probablemente deberá repetirse cada año) parece ser la solución definitiva a la pandemia. Sin embargo, el ritmo no es el deseado, ni en Antioquia, ni en Colombia, ni en el mundo. La poca disponibilidad de vacunas, la falta de logística para transportarlas y distribuirlas, la dificultad para organizar los grupos poblacionales en cada etapa y la falta de experiencia en programas de vacunación adulta son las principales complicaciones que enfrentan Colombia y el mundo en la actualidad.

Foto: Facebook - Alcaldía de Medellín En esta ola, la ocupación de UCI fue más acelerada que en ocasiones anteriores.

Reconocer las diferencias entre los programas ampliados de inmunización (PAI) y la vacunación masiva contra el SARS-CoV-2 es el primer paso para crear rutas novedosas que permitan acelerar los procesos de inmunización, como en Israel. Poco a poco los países se acomodan, aprenden y mejoran las tasas de dosificación. En Colombia, por ejemplo, el primer millón de dosis se logró en 28 días, el segundo millón en 14 días y el tercer millón en 10.

Dado que los estudios muestran que limitar la movilidad ayuda a disminuir el número de casos y a despejar el sistema de salud, parece inevitable adoptar esa medida en momentos críticos como este.

Sin embargo, es innegable que la estrategia 4×3 (cuatro días de actividad económica y tres días de cuarentena) limita las libertades individuales y pone en riesgo los 130 mil puestos de trabajo de los sectores de comercio, entretenimiento y alojamiento en el Área Metropolitana de Medellín. Como era de esperarse, han sido mal recibidas por una parte de la ciudadanía.

El fin de la pandemia está lejos. Y estará aún más lejos si seguimos celebrando victorias tempranas. Lo más probable es que este no sea el último pico que experimentemos. Solo nos resta aprender de lo ocurrido, y enfrentar la pandemia con las mejores herramientas disponibles: medidas de auto cuidado, pruebas masivas y vacunas.

*Razón Pública agradece el auspicio de la Universidad EAFIT. Las opiniones expresadas son responsabilidad de los autores.

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