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La crisis de la educación superior en Colombia

Escrito por Marly Tafur
Estudiantes

Las universidades se han convertido en “maquilas” para producir conocimiento útil y los profesores en instrumentos. ¿Cómo pensar en otra educación posible? *.

Marly Tafur**

Un mundo en crisis

Hoy el mundo atraviesa una crisis sin antecedentes; las economías se tambalean, el gasto social se reduce y la competencia salvaje envilece a las comunidades y los ecosistemas.

En ese contexto, las universidades tienen una gran responsabilidad. Las universidades construyen interpretaciones y reflexiones sobre la realidad y lideran transformaciones a través la investigación, la docencia y la extensión social. Por un lado, la universidad forma a los futuros profesionales que actuarán en la sociedad; y, por el otro, incide sobre los territorios en los que investiga.

No obstante, al igual que el resto de la sociedad, las universidades enfrentan profundas crisis:

  • Las instituciones públicas están desfinanciadas;
  • La corrupción persiste;
  • Se exigen estándares de calidad que responden únicamente a las necesidades del mercado;
  • Muchas universidades deben volcar gran parte de su energía a prestar servicios –como consultorías y asesorías– para conseguir fondos;
  • En la carrera por obtener reconocimientos, recursos y acreditaciones, las universidades han perdido el norte de su ser social;

Extractivismo académico y competencia

En ese contexto, las universidades se han convertido en espacios para competir por el “éxito” académico, lo cual ha fomentado prácticas nocivas para todos los involucrados.

Una de esas prácticas es el llamado “extractivismo académico”. Como los ascensos, los reconocimientos y hasta la permanencia misma del profesor dependen de su producción académica, se ha maximizado el trabajo, pero se ha difuminado la relación ética con la sociedad.

En esa lógica, la universidad funciona como una maquila: los profesores deben producir de forma cada vez más acelerada al pedido del mercado, deben innovar y cambiar constantemente a riesgo de quedarse atrás.

Universidades en crisis

Foto: Wikipedia
¿Cuál es el lugar de la universidad en las crisis mundiales?

las universidades se han convertido en espacios para competir por el “éxito” académico

Lo anterior ha promovido la competencia y ha creado una carrera salvaje de todos contra todos: compiten las universidades, los grupos de investigación y los profesores. Todo lo anterior ha creado rivalidades por las autorías de las investigaciones y ha consolidado jerarquías dañinas y relaciones perversas.

Además, en ese afán de producir resultados que logren capitalizar las metas en el menor tiempo posible, se han medido a las pequeñas universidades con los mismos criterios de las grandes. Así, se ha impuesto el ritmo del capitalismo global a un escenario que debería ser ajeno a estas exigencias.

Pero, en nuestros países, esta crisis de las universidades no es nueva. Históricamente, las universidades han sido instrumentos para expandir la modernidad y la colonialidad. Como lo dijo hace una década Boaventura de Sousa, las universidades no solo le han dado la espalda a la violencia y la pobreza, sino que se han alineado de forma perversa con los poderes hegemónicos.

Puede leer: Universidades: ¿autonomía o intervención del Estado?

Otra educación posible

Ante esta crisis que enfrentan las universidades, algunas corrientes de pensamiento latinoamericanas han planteado propuestas y posibles prácticas para construir caminos territorializados, comunitarios y más humanos.

En este panorama, es fundamental el papel del docente senti-pensante, comprometido con la realidad cotidiana del aula y el territorio regional, que con su labor quiere aportar a un cambio necesario.

En este sentido, lo primero debe ser reflexionar y resistir al extractivismo y al despojo de saberes. No se trata de aislarnos completamente del mercado o de desconocer la necesidad de establecer criterios de evaluación y calidad.

Más bien, se trata de resituar los fines y los medios, es decir, de revaluar la carrera interminable de la productividad. Como profesores, académicos, profesionales e intelectuales, tenemos la obligación de armonizar nuestros intereses y agendas con las de los estudiantes y las comunidades.

Es necesario favorecer la voz, la perspectiva y los saberes de las comunidades. No debemos olvidar el lastre de dominación y estatus de superioridad que ha ostentado el saber universitario. Durante años, se han privilegiado unos saberes sobre otros y, en una cultura de consumo, se han consumido y desechado otros saberes posibles.

Esa relación con nuestro entorno debe recomponerse en el marco del respeto y la responsabilidad social. Es necesario transitar hacia lo que Boaventura de Sousa denomina una “ecología de saberes”: relaciones de co-construcción con diversos sectores de la sociedad, que participen democráticamente sin dogmatismos.

Universidad Nacional

Foto: Alcaldía de Bogotá
Las universidades también están afectadas por la crisis neoliberal.

Todo ello buscando formas de relación más justas y cuyos objetivos tributen a la construcción de una universidad en la que sea posible el diálogo y no la competencia. Los pueblos, comunidades y organizaciones de Oaxaca que integran la Campaña Nacional de Defensa de la Madre Tierra y el Territorio ponen lo anterior en estos términos:

“Se deben poner en duda, las formas en que se realiza la investigación. No se puede seguir permitiendo el uso de metodologías que únicamente sirven para extraer información en las comunidades sin generar a cambio ningún beneficio. Esta lógica de robo de conocimiento se denomina también como extractivismo académico. Hay que cuestionar también la generación de conocimiento, ya que éste se debe de dar de manera conjunta, hoy se trata de trabajar junto con las comunidades y aportar conocimientos que sirvan para resolver problemas”.

Muchos académicos han hecho un esfuerzo por romper este círculo vicioso. Pero tanto profesores como estudiantes se resisten al cambio.

Puede leer: Un llamado a los docentes en educación superior

Diálogo, respeto y construcción conjunta

Desde las relaciones cotidianas en la universidad debemos romper la lógica de la maximización de los intereses particulares por encima del bien común. Es necesario buscar relaciones saludables dentro del aula, en los territorios, con las comunidades y la naturaleza.

Es necesario favorecer la voz, la perspectiva y los saberes de las comunidades.

Este pertinente ejercicio de reflexión y praxis de escucha del otro, los otros y lo otro abrirá caminos hacia otras posibles formas de las universidades en este urgente llamado de la crisis de nuestra humanidad. Debemos seguir en la búsqueda de un éthos educativo que no sea la caja de resonancia de la guerra.

Para lograrlo, podemos comenzar por preguntarnos:

  • ¿Para qué y para quién investigamos?;
  • ¿Qué conocimientos, capacidades y relaciones favorecemos en nuestra práctica docente?;
  • ¿A qué problemas les damos prioridad en la enseñanza y la investigación?;
  • ¿Somos responsables con el conocimiento que creamos?;
  • ¿Estamos favoreciendo el reconocimiento de la voz y los intereses de todos aquellos que hacen posible la investigación?

Que los afanes no devoren lo que nos queda de críticos, lo que nos queda de humanos, lo que nos queda de esperanza para otro mundo posible.

*Razón Pública agradece el auspicio de la Universidad de Ibagué. Las opiniones expresadas son responsabilidad de la autora.

** Profesional en Ciencias Sociales, candidata a Magíster en Territorio, Conflicto y Cultura de la Universidad del Tolima. Docente de la Unidad de Proyectos Especiales 

Universidad de Ibagué.

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1 Comentario

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carlos Acosta Gil marzo 30, 2020 - 4:11 pm

Muy pertinentes preguntas, la reflexión en la practica docente universitaria y en otros niveles en necesaria, parar para mejorar.

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