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Un llamado a los docentes de educación superior

Escrito por RazonPublica
Pixinio La oferta educativa tradicional ya no responde a las demandas sociales

Ivan HernandezLa disminución de las matrículas obliga a repensar el papel de las instituciones en una época de fácil acceso a la información. ¿Cómo actualizar la función del docente? *.

Iván Darío Hernández Umaña** y Julio Eduardo Mazorco Salas***

En el ojo del huracán

Uno de los varios motivos para que la educación superior se encuentra en el ojo del huracán es la disminución en el total de las matrículas. Las alarmas se dispararon por su caída entre 2017 y 2018, obligando a todo el sector a preguntarse por las posibles causas y soluciones del problema, lo cual sin duda es necesario.

Pero antes, hay que hacer algunas precisiones. Primero, las cifras muestran que la disminución no se debió tanto a la matrícula de las entidades de educación superior privadas, como a la de entidades oficiales. Esta última bajó en más de 31 mil alumnos, mientras que en las privadas la cifra fue cinco veces menor —aproximadamente 6 mil matriculados menos en estos años según el SNIES—.

Además, al desagregar los datos se ve que las matrículas universitarias en total en realidad aumentaron desde el 2016, contrariamente a lo que algunos análisis han señalado. Los niveles de mayor disminución en matrícula desde 2016 son: Especialización Universitaria, Formación Técnica Profesional y la Tecnológica.

Aun así, estos hechos llevan a considerar un factor decisivo en la disminución de la demanda por educación superior: el amplio acceso que existe a la información y el conocimiento, que antes eran recursos privilegiados para quienes podían ingresar y pagar una matrícula en alguna institución.

La razón de ser de la educación superior está evolucionando

Según estudios publicados en el Harvard Business Review, en un principio la educación superior se entendía como una inversión para mejorar y consolidar contactos y vínculos personales y en red. Después, este modelo entró en crisis y se migró a uno más meritocrático basado en la inversión en el capital intelectual. De esa forma, el acceso a la información y el conocimiento se convirtió en un recurso para las personas privilegiadas con el ingreso a la educación superior.

Pero ahora, con la masificación de las plataformas de información en internet, charlas magistrales en video e incluso con los conocidos cursos masivos en línea, dicho ingreso o acceso privilegiado básicamente se desvaneció.

La evolución de la función docente

Lo anterior implica que la razón de ser de la educación superior está evolucionando y sobre todo las funciones o roles de sus profesores, que ya no pueden limitarse a generar y transmitir información y conocimiento. Así que las instituciones de educación superior deben preguntarse qué retos las mantienen como claves para la sociedad y su desarrollo y qué roles o funciones deben asumir los docentes en estos tiempos.

Frecuentemente se escuchan quejas de algunos profesores universitarios por tener que asumir roles más allá de la enseñanza y que antes, en el mejor de los casos, correspondía más bien al ámbito del bienestar universitario. Expresiones como “yo no soy psicólogo” o “ahora supuestamente debemos entretener a los estudiantes” surgen a partir de los nuevos retos emocionales y de atención que deben afrontarse dentro y fuera del aula con los estudiantes de estas nuevas generaciones.

El problema va más allá de las comunes resistencias al cambio de los docentes. Tiene que ver con una crisis en los modelos de formación disciplinares, así como con los modelos de formación docente. Ya no es suficiente que el profesor sea un experto temático, ni que tenga formación de posgrado o un gran número de publicaciones indexadas en la base de datos Scopus.

Presidencia de la República ¿Qué necesitan los estudiantes?

Foto: Presidencia de la República
¿Qué necesitan los estudiantes?

Eso no quiere decir que ahora tenga que hacerse psicoterapeuta, recreacionista, o convertirse en padre, madre, confidente y amigo. Supone algo más sencillo, pero no más fácil: que nos hagamos más sensibles al otro, más empáticos, más humanos y dispuestos al diálogo, tanto frente al error propio como al de los demás. Implica también estar dispuestos a no tener la razón en todo, a desaprender y reaprender. En resumen: no implica nuevas funciones sino una evolución de la función docente.

También debemos ser francos: la masificación de acceso a la información y conocimiento nos ha facilitado nuestro rol y por tanto ha liberado tiempo para que nuestro ejercicio docente sea más diversificado y sofisticado, para así desarrollar nuevas capacidades individuales y colectivas a nivel académico.

No significa que la función del profesor no haya tenido en cuenta estos factores en el pasado, sino que ahora se hace explícito. Es decir, ya no es una elección de cada profesor, sino una capacidad inherente al su rol o función. Es decir, antes no hacía parte constitutiva y necesaria en la función profesoral, ahora sí y deben desarrollarse dichas capacidades humanas.

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Tres claves para mejorar la educación superior

Para ello, y ante la necesidad de cambiar la disminución de la matrícula de la ES —para que no se torne en tendencia—, hay que tres aspectos fundamentales sobre los que se debería trabajar:

  • Formación integral de profesores coherente con las formas de enseñanza demandadas.
  • Condiciones laborales.
  • Reconocimiento del valor social de profesor

Primero que todo, hablemos de la formación integral de profesores. Uno de los problemas más estudiados en el campo de la educación y otros campos sociales como la salud y la política es la brecha entre lo que se piensa y lo que se hace. Es decir, la diferencia entre los modelos escritos, pensados, profesados, consignados en políticas, libros y documentos y lo que realmente se hace en el entorno social y en el aula de clase.

Se siguen formando docentes jerárquicos

Esta brecha se hace explícita en los abordajes pedagógicos de la educación superior actual. Se habla de una educación para la vida, centrada en el estudiante, que favorezca el desarrollo de los potenciales humanos, crítica, problematizadora de la realidad social y centrada en competencias. No obstante, con las mejores intenciones, se siguen formando docentes jerárquicos, poseedores de verdades disciplinares, docentes “expertos”, autoridades del conocimiento, portadores incluso de formas de violencia naturalizadas en el aula y legitimadas por su rol de poder.

Ya hace algunos años que se consideró que un buen docente no sólo debe saber de lo que enseña, sino tener herramientas pedagógicas para compartir su conocimiento, para construir ese conocimiento con los demás. Actualmente aparece una nueva actualización: que el docente sea haga más humano.

Flickr Universidad de los Andes.

Foto: Flickr
Universidad de los Andes.

La segunda condición tiene que ver con las condiciones laborales. Está anunciada la situación latinoamericana de precarización de la labor docente. Esto incluye sus condiciones económicas, la burocratización y tecnificación de su labor y el descuido de su salud e integridad. En un artículo del profesor Sánchez se identifican como efectos “el aumento de las horas de trabajo fuera de horario”; “la creciente diversificación de funciones de los maestros”; “la necesidad de los docentes de tener otros empleos; y “los problemas de capacitación fuera de horario”.

Finalmente, es preciso reconocer el valor social del docente. Se ha resaltado que la clave del éxito del sistema educativo en Finlandia es que los padres, los alumnos y el Estado respetan a los profesores. Según Inger Enkvist, la esencia de ese sistema es la calidad de sus profesores, lo cual ha convertido la docencia en una de las profesiones más respetadas. Pero el respeto de los docentes en Finlandia va más allá del salario; la valoración, explica ella, es mucho más social y “la retribución salarial es normal, nada del otro mundo, pero muy decente”.

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A manera de resumen y conclusión

La educación superior debe poner en un lugar central el desarrollo de capacidades psicológicas y emocionales para cultivar una mente curiosa, resiliente, un sujeto íntegro y un abordaje de cara a la sociedad y sus problemáticas. Situación ante la cual los profesores tenemos un papel fundamental en este nuevo modelo educativo, siempre y cuando se cumplan tres condiciones.

En primer lugar, es necesario enfrentar la crisis en el momento presente —no cuando se haya agudizado—. Segundo, hay que contribuir a que la educación superior se haga responsable, no en sentido moral sino en su capacidad de responder y hacerse cargo. Y finalmente, debemos contribuir a que esa respuesta no sea reactiva sino un modo de rehacerse como universidad.

En este nuevo escenario, la formación integral, el autoconocimiento, el cuidado y las prácticas de sí y la formación socioemocional son los nuevos saberes de la educación superior. Es una línea de fuga para construir la subjetividad del docente acompañante. Se trata de acallar la mente como una ruta para pasar de la reacción y la no escucha al estudiante y el entorno, al autoconocimiento como el nuevo saber docente.

*Razón Pública agradece el auspicio de la Universidad de Ibagué. Las opiniones expresadas son responsabilidad de los autores.

** Profesor Titular. Universidad de Ibagué.

***Profesor asistente. Investigador en Educación y Salud del grupo de modelado y simulación de sistemas sociales complejos (MYSCO). Unidad de Proyectos Especiales y Pensamiento Sistémico. Universidad de Ibagué. 

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