Kony 2012: intereses geopolíticos, disfraz humanitario y ciber-consumo del dolor - Razón Pública
Alejandra Figueroa Saurez Kony

Kony 2012: intereses geopolíticos, disfraz humanitario y ciber-consumo del dolor

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Alejandra Figueroa Saurez Kony

 

Alejandra FigueroaUnos cien millones de personas han visto ya el video. Celebridades como Rihanna, Taylor Swift, Bill Gates y Kim Kardashian lo apoyan sin dudar. Pero una lectura crítica desde la antropología revela un panorama desolador; el disfraz humanitario y el racismo velado configuran los cimientos de un ciber-consumo del dolor ajeno.

Alejandra Figueroa Suárez *

Telón de fondo

En las últimas semanas el documental Kony 2012

ha causado gran revuelo en las redes sociales y entre la opinión pública del mundo entero. El video muestra la campaña emprendida por la ONG Invisible Children para detener las violaciones de los derechos humanos — particularmente el reclutamiento de menores — que Joseph Kony, líder de la Lord’s Resistance Army (LRA), ha producido en Uganda durante los últimos veinte años.

Mediante una manipulación de sentimientos sin matices, se nos muestran las tragedias sufridas por los niños ugandeses, en un documental cuyo guión no sólo ignora la historia truculenta del centro de África — consecuencia directa de las secuelas que dejó la colonización europea — sino que transmite un mensaje claro: la detención de Joseph Kony sólo se logrará mediante una “desinteresada ayuda “militar-humanitaria” por parte de Estados Unidos al gobierno de Uganda.

En este texto no me ocuparé de los intereses geopolíticos que se esconden en esta campaña bajo un disfraz de humanismo, como lo indican el hecho de que hace seis años Kony haya salido de Uganda o el de que la LRA retenga en la actualidad tan solo a unos 200 ó 300 de los 30.000 niños secuestrados que menciona el video. Tampoco hablaré de las importantes reservas de petróleo que se encontraron en el noroeste de Uganda — 2,5 billones de barriles — ni de su posición geográfica, de gran valor estratégico para los intereses militares, económicos y políticos de Estados Unidos.

Lo que intentaré hacer en este texto, a partir del análisis del video, es explorar algunos problemas en torno a los paradigmas de la cruzada moral de estos defensores de derechos humanos.

Kony debe sin duda ser detenido y sometido a la justicia, pero me molesta que se instrumentalice la buena voluntad y la preocupación de la gente para alcanzar claros fines políticos y económicos. ¡Qué mejor disfraz!

Trivialización del Otro

Alejandra Figueroa Rihanna Alejandra Figueroa Taylor Swift Alejandra Figueroa Bill Gates

Alejandra Figueroa Kim Kardashian

Rihanna, Taylor Swift, Bill Gates y Kim Kardashian apoyan sin dudar la controversial campaña Kony 2012.

Esta renovada preocupación por los problemas sociales alcanzó su cenit durante los años ochenta, cuando se proclamó el fin de las ideologías ante el derrumbe del socialismo real de la Unión Soviética. Dicha preocupación, revestida de un manto multicultural, se planteó como una forma de hacer visible la alteridad. El problema – nos dicen – ya no consiste en encontrar la salida a grandes antagonismos abstractos, (demasiado “ideológicos” para su criterio). Ahora el problema está en ese Otro oprimido y victimizado, un ser sufriente y miserable que debe ser salvado.

Ese conservadurismo político — profundamente imbuido en la lógica del capital — va acompañado de reivindicaciones culturales. En forma más precisa: se trata de reivindicaciones que reifican lo cultural como si fuera un espacio apolítico por excelencia. Como si lo cultural no estuviera atravesado por relaciones de poder, y como si dicha creación de significados — a los que calificamos como culturales — no se produjera y naturalizara en la misma lucha política.

Esta intensa preocupación por el problema de la alteridad, surgida a la sombra de los procesos de descolonización, en paralelo con los movimientos antirracistas, feministas, LGBT y en medio del auge de organizaciones trasnacionales en defensa de los derechos humanos, resulta problemática por la forma como se ha trabajado.

Uno de los problemas principales radica en el tipo de universalidad que privilegian, la universalidad abstracta sobre la universalidad concreta, pues con ello caen en una visión formalista de ese Otro: un “otro” vaciado de su substancia, domesticado, a quien es preciso tolerar o respetar, como se pregona desde el liberalismo.

Una universalidad abstracta que predica reconocer al otro sobre la base de una dignidad común que todos tenemos por el simple hecho de ser humanos, se enfrenta a serios problemas prácticos cuando — más allá de ese Otro abstracto — se estrellan con un otro “real”, muy fuerte para ellos, pues les crea tensiones bastante incómodas, dado lo multiculturales y políticamente correctos que pretenden ser.

El Otro como espejo

El problema radica en cómo captamos al otro desde esta perspectiva. Resulta peligrosa una concepción mimética, donde la construcción del otro se origina en mi propia imagen redoblada.

En efecto: cuando al mirar al Otro predomina la identidad consigo mismo, erradicamos su presencia, se suprime su experiencia, y se cierra el camino para una apertura ética a la alteridad[1].

Como decían Hardt y Negri (2004:129)[2], estas son las dos caras del eurocentrismo:

  • Por un lado, la concepción romántica del buen salvaje que ve un ser puro, incontaminado por la civilización, un niño inocente, que debe ser salvaguardado por el piadoso europeo.
  • Por el otro se considera a ese otro como un “bárbaro” extraño, totalmente diferente y con quien no es posible establecer acuerdos: ante él, por eso mismo, sólo cabe la fuerza y su exterminio se nos presenta como algo justo o inevitable.

El problema de la concepción mimética radica precisamente en que no puede resolver este dilema: ninguna de las dos visiones escapa a la necesidad de aplicar la identidad europea como norma universal, como calibre de toda semejanza y de toda diferencia.

Racismo disfrazado

De forma cándida y comprometida, la ONG Invisible Children expone en el video las terribles violaciones de los derechos humanos perpetradas por Kony. Sin embargo, en su exposición se hace evidente una división maniquea entre un nosotros (los buenos, los defensores de los derechos humanos) y un ellos (los malos, Kony y la LRA).

En medio de todo eso se halla la víctima muda, más aún privada de voz y de voluntad, que necesita que hablen por ella desde afuera, incapaz de sobrevivir sin la guía de un sujeto histórico privilegiado: en este caso, el individuo del primer mundo preocupado por la suerte de estas víctimas.

Alejandra Figueroa Petroleo Uganda ¿Coincidencia? 2,5 billones de barriles de petróleo se encontraron en el noroeste de Uganda. Foto: Planet Ark.

Como dice Badiou: "¿Quién no ve en las expediciones humanitarias, en las injerencias, en los desembarcos de legionarios caritativos, que el supuesto Sujeto universal está escindido? Del lado de las víctimas, el animal despavorido que se expone en la pantalla. Del lado del benefactor, la conciencia y el imperativo. ¿Y por qué esta escisión pone siempre a los mismos en los mismos papeles? ¿Quién no siente que esta ética volcada sobre la miseria del mundo esconde, detrás de su Hombre-víctima, al Hombre-bueno, al Hombre-blanco?"[3].

El respeto y la reivindicación multiculturalista por la especificidad del otro es precisamente una reafirmación de la propia superioridad. El multiculturalismo resulta paradójicamente una forma velada de racismo, un neo–orientalismo, precisamente porque pretende reconocer a ese otro asumiendo una actitud paternalista e infantilizante, desde una posición universal privilegiada, también llamada relativismo cultural.

Ciber-activismo y consumo del dolor ajeno

A pesar de vivir cómodamente en sociedades opulentas, estos cándidos liberales se preocupan por los problemas de los menos favorecidos que viven en el exterior, cuyas miserias les son accesibles con sólo prender el computador.

Baudrillard nos mostraba cómo lo que caracteriza a la sociedad de consumo en la actualidad es la presencia universal de las crónicas en los medios de comunicación de masas. Gracias a estas crónicas, nuestros juiciosos liberales conocen en el momento de los hechos, las hambrunas en África, los conflictos en los Balcanes, las ocupaciones de la frontera de Gaza y se informan vía microondas sobre los múltiples problemas que azotan a los países “tercermundistas”.

La presencia del corresponsal en el corazón de los hechos da visos de realidad a tan fantásticos sucesos. La crónica suple su necesidad de verdad y de objetividad, actúa como una especie de simulacro de lo real, de un mundo violento y anómico que viene del exterior para ser consumido desde la seguridad de nuestro hogar. “La ventana de la televisión, como una imagen invertida, penetra primero a una habitación y, en esa habitación, la exterioridad cruel del mundo se hace íntima y cálida”[4].

Mediante esta separación de un exterior y un interior, los habitantes de estas sociedades opulentas de consumo establecen unos límites claros entre un adentro y un afuera: delimita el espacio seguro y afable del centro, monopolizador de los valores civilizados, en contraste con un afuera que no cuenta con límites precisos; son espacios indeterminados, vacíos, donde reinan el caos y la zozobra.

En estas sociedades de consumo, caracterizadas por la abundancia, el consumo transforma la exclusión máxima del mundo real y de sus tensiones inherentes en un indicador máximo de seguridad y de prosperidad[5].

Y es que el propio compromiso con una causa humanitaria que afecta a personas en un lugar tan lejano como Uganda, puede materializarse desde la comodidad de su hogar. El video insiste sobre este aspecto al final. Una vez que nos ha dejado a todos conmovidos por los horrores del país africano, dice lo siguiente: “el mundo mejor que queremos está llegando, solamente está esperando que no nos detengamos ante nada”.

Y continúa: “Hay tres cosas que usted puede hacer ahora mismo: (1) firmar el compromiso para mostrar su apoyo; (2) Obtener la pulsera y el paquete de acción; (3) Inscribirse en TRI para donar unos pocos dólares al mes y unirse a nuestro ejército de la paz. Pero por encima de todo, compartan este video online, es gratis”.

Tras una condena moral ante un hecho tan aterrador compartimos el video. Es un lavador de manos instantáneo[6], con compartir el video sentimos que, aunque no sea mucho, hemos hecho algo y esto nos reconforta. La tranquilizante y acrítica condena moral nos permite dormir tranquilos. Nos revalida como una comunidad de valores, ciudadanos de bien, que se reafirman por vía negativa frente a eso otro temido y extraño.

Nos indignamos, y acaso lo comentemos durante el almuerzo, al calor del hogar, donde todos nos adulamos mutuamente por lo correcto de nuestros pensamientos. Nuestra conciencia hinchada de amor propio, puede dormir tranquila al finalizar el día. Hoy pudo confirmar, nuevamente, lo buena y correcta que era…

Vértigo de la realidad, curiosidad mediática

¿Pero el ciber-activista se ha detenido alguna vez a preguntarse qué significa el hecho que se le presenta en forma tan elocuente? ¿Qué dice eso de la forma como se organiza la sociedad? ¿Qué relato hace de las relaciones de poder y del acontecer del mundo? ¿Qué intereses geopolíticos hay en juego?

El showbiz elude esas preguntas y el público convertido en masa televisiva queda tranquilo. Se da una apropiación, un consumo de los horrores y miserias del mundo exterior como una forma de exaltar los valores de su propia sociedad.

“Aquí podemos definir la praxis de consumo. La relación del consumidor con el mundo real, con la política, con la historia, con la cultura, no es la del interés, la de la investidura, la de la responsabilidad comprometida, tampoco es una relación de indiferencia total: es una relación de curiosidad”[7].

Alejandra Figueroa Jason Russell PijamaSurf De forma cándida y comprometida, la ONG Invisible Children, liderada por Jason Russell expone las terribles violaciones de los ddhh perpetradas por Kony.
Foto: PijamaSurf.com

La violencia y el carácter inhumano del exterior les permiten, por vía negativa, reafirmar su propia identidad como algo deseable y digno de ser buscado. La seguridad de sus espacios cerrados no sólo se experimenta más profundamente frente a estos espacios indeterminados, sino que se erige como el valor fundacional de su prosperidad, como un valor obtenido con esfuerzo y constantemente amenazado por peligros exteriores indeterminados.

La catástrofe ambiental y el terrorismo se mezclan en un solo peligro genérico, un solo riesgo sistémico, que no respeta los antes estables límites del Estado-Nación. Y aunque al final las tragedias de los desposeídos alcancen a conmoverlos un poco a partir de ese vértigo de la realidad, al contemplar toda esa miseria se reafirman en la certeza de que debe predominar su propia posición privilegiada.

Finalmente, resulta pertinente la aguda observación de Baudrillard sobre el sentido de urgencia humanitario y las sensiblerías políticamente correctas de los liberales: "vivimos al abrigo de los signos y en la negación de lo real. Seguridad milagrosa: cuando observamos las imágenes del mundo, ¿quién puede distinguir esta breve irrupción de la realidad del placer profundo de no estar allí? La imagen, el signo, el mensaje, todo eso que consumimos en nuestra quietud precintada por la distancia con el mundo y que calma, más de lo que compromete, la alusión por momentos violenta a lo real"[8].

* Maestría de Antropología de la Universidad de Los Andes.

 


[1]  Badiou,Alain. La ética. Ensayo sobre la consciencia del mal. Editorial Herder. México. 1997. Pag. 47.

[2]  Hardt, Michael. & Negri, Antonio. Multitud: guerra y democracia en la era del Imperio. Barcelona: DeBolsillo. 2004

[3]  Badiou,Alain. La ética. Ensayo sobre la consciencia del mal. Editorial Herder. México. 1997. Pag.37

[4]  Baudrillard, Jean. La sociedad de consumo: Sus mitos, sus estructuras. Madrid: Siglo XXI de España. 2009. Pag. 16.

[5]  Idem. Pag.18.

[6]  Esto me recordó una famosa cita de Thoreau en el deber de la desobediencia civil: "No es deber de un hombre, como cosa corriente, dedicarse él mismo a la extirpación de todo lo que esté mal, aún de lo que esté peor; puede tener lícitamente otras preocupaciones a las que consagrarse; pero es su deber, por lo menos, lavarse las manos respecto de esto, y si no vuelve a pensar más en ello, no proporcionarle prácticamente su apoyo". Arendt nos señalaba que este es el comportamiento propio de la conciencia que se queda en el momento de la moralidad (relación de la conciencia con su intención), de la relación de la conciencia individual y en la obligación moral de la conciencia. La conciencia individual al quedarse en el momento del deber y de la intención no mira, ni se hace responsable, de las consecuencias incontrolables que su acto tiene o puede tener en la comunidad sobre la que actúa.

[7]  Baudrillard, Jean. La sociedad de consumo: Sus mitos, sus estructuras. Madrid: Siglo XXI de España. 2009

[8]  Idem. Pag.15.

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