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El transfuguismo político

Escrito por Laura Wills
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Laura_Willis_RazonPublicaAl calor de la puja entre Santos y Uribe, avanza el proyecto que pretende revivir estas maromas. Mirada seria al voltiarepismo y a los cálculos curiosos que hay detrás de la movida**.

Laura Wills*

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Santos expresó su oposición al proyecto, porque promueve el fraccionamiento de los partidos.   Foto: Partido de la U. 

Un asunto sensitivo

Uno de los temas más discutidos en la Asamblea del Partido de la U que tuvo lugar el pasado 28 de octubre fue el proyecto de Acto Legislativo sobre transfuguismo político que cursa en el Congreso: está pendiente de recibir el segundo de los ocho debates reglamentarios.

En torno a este proyecto se produjo una discusión entre santistas uribistas que puso en evidencia, una vez más, desacuerdos ideológicos y tácticos entre los dos líderes y sus adeptos respectivos dentro de un mismo partido.

Ad portas de comenzar la negociación con las FARC — un proceso que el ex presidente criticó con dureza — parecería que las diferencias entre él y su sucesor se agravan y se hacen irreconciliables, exacerbadas como están por la proximidad de otra contienda electoral. En este contexto cobra gran importancia el proyecto de reforma que favorece el transfuguismo.

Cuestión de cálculos

Santos expresó su oposición al proyecto, porque promueve el fraccionamiento de los partidos. Su hundimiento sería una forma de impedir que congresistas de la U se vuelquen hacia opciones políticas diferentes (por ejemplo, hacia un nuevo partido uribista) y reduzcan el poder del oficialismo que aspira a la reelección en 2014, sin la menor duda.

Paradójicamente, la posición del primer mandatario podría llegar a transformarse ahora, tras los devaneos del Partido Liberal (PL) por atraerlo de nuevo a las toldas donde forjó su carrera política. Su decisión se basará en cálculos sobre cómo aumentar las probabilidades de éxito electoral en 2014.

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Discusión entre santistas y uribistas:
puso en evidencia desacuerdos
ideológicos y tácticos entre los dos
líderes y sus adeptos respectivos
dentro de un mismo partido.

Foto: libretadeapuntes.com
 

Pero no solamente Santos está haciendo cálculos. Uribe también mueve fichas y planea movidas en su propósito de aspirar otra vez a una elección popular: lo más probable es que sea mediante una lista para Senado encabezada por él mismo.

Y una de esas movidas sería convencer a sus no pocos seguidores de salirse de la U y conformar la lista con el aval de alguna otra organización partidista, el “Puro Centro Democrático”, o quizá el movimiento mediante el cual fue elegido dos veces presidente: “Primero Colombia”.

Ahora bien, si el escenario donde Santos reingresa al liberalismo se materializara, Uribe tendría que contemplar una mejor estrategia: inscribirse como candidato del Partido de la U. Su otra posibilidad es seguir con Santos en la U, para complicar su reelección o para limitar su poder si Santos llega a ser elegido por segunda vez.

Déjà vu

No es la primera vez que el transfuguismo se debate en el Congreso y sale a la luz pública. Tampoco es coincidencia que el tema surja en una coyuntura preelectoral: en julio de 2009, nueve meses antes de las elecciones legislativas de 2010, se aprobó una reforma que permitió a congresistas, diputados y concejales cambiarse de partido y aspirar al Senado o a la Cámara con el aval de la nueva colectividad (Acto Legislativo No. 1 de 2009). Como resultado de la reforma, varios congresistas se movieron de unos partidos no tan ‘populares’ a otros más promisorios:

  • varios parlamentarios del entonces “Equipo Colombia” (desaparecido en 2010) oficializaron su paso al Partido Conservador;
  • miembros de “Convergencia Liberal” entraron al Partido Liberal;
  • El Partido de la U recibió a cerca de veinte congresistas provenientes de otros partidos. Entre ellos estuvo Roy Barreras, entonces miembro de Cambio Radical. (Véase el análisis de Mónica Pachón, “¿Qué hay detrás del transfuguismo? Los partidos y el balance de poder”, publicado en Razón Pública el 28 de septiembre de 2009).

Los tránsfugas tomaron sus decisiones sobre la base de cálculos elaborados cuando aún era posible una segunda reelección de Uribe y era difícil hacerse elegir por intermedio de partidos pequeños: estar con los grandes y contar con el aval de una figura tan popular como Uribe era la estrategia ganadora para los candidatos.

La reforma se hizo efectiva al empezar el tercer año de legislatura del Congreso (julio de 2009), justo cuando se elegían sus mesas directivas. Un momento “ideal” para que se produjeran “reacomodos” o por mejor decir, para el voltiarepismo.

Implicaciones del transfuguismo

En ese momento, el cambio de partidos significó agrandar algunos a costa de los otros: no implicó fortalecer lo programático sino lo electoral, mediante un juego suma cero. La unidad y disciplina de los partidos quedaron muy afectadas ante la desbandada de muchos de sus miembros, a quienes poco importó la lealtad. Lo importante era “posicionarse” en alguno de los lados ganadores.

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Pero no solamente Santos está haciendo cálculos. Uribe también mueve fichas y planea movidas en su propósito de aspirar otra vez a una elección popular.
Foto: Partido de La U.
 

Aunque apostar sobre seguro es lo normal entre políticos, la reforma de 2009 iba en contravía de los cambios introducidos al sistema electoral en 2003, cuyo propósito fue justamente fortalecer a los partidos. También contradecía la reforma de 2005, que adoptó un régimen de bancadas para garantizar la disciplina de las colectividades dentro de los cuerpos colegiados.

La pregunta detrás de todo esto tiene que ver con la responsabilidad de los representantes frente a su electorado: ¿A quién representan y ante quién deben responder? ¿Al partido con cuyo aval fueron elegidos? ¿O a sus votantes? ¿O al partido al cual se movieron, después de años de ocupar otra curul?

En las elecciones de 2010, el Partido de la U y el Partido Conservador (PC) fueron los ganadores de la reforma que permitió el transfuguismo: a éstos llegaron miembros de otras colectividades con el deseo de ser parte de alguno de los partidos que apoyarían la candidatura del popular Uribe, o de quien heredara sus banderas en caso de hundirse la reforma reeleccionista (Santos).

En ese momento, el juego fue de suma cero: la ganancia de unos (La U y el Partido Conservador principalmente) significó la pérdida de otros (Partido Liberal y la oposición en general).

A pesar de esto, la decisión de Santos de conformar la Mesa de Unidad Nacional y de incluir en ella al partido que durante ocho años estuvo en la oposición – el Partido Liberal – produjo sorpresa y gran incomodidad entre el uribismo recalcitrante.

Tal incomodidad se ha expresado mediante constantes enfrentamientos entre ambos líderes, y en el interior del partido entre dos sectores: el santista y el uribista. Es en ese contexto y a menos de un año y medio de las nuevas elecciones, cuando cobra importancia el proyecto sobre transfuguismo.

Sumas y restas

Como en ocasiones anteriores, los debates que faltan estarán dominados por las sumas y restas de quienes lo discuten, así como por la capacidad de los líderes de resolver conflictos y de reconciliarse, o de atizar el fuego y llevarse con ellos a los electores más poderosos.

La suerte de los partidos está en juego. Algunos de los escenarios que se vislumbran son los siguientes:

  1. El Partido de la U sale fortalecido si Uribe y Santos resuelven sus desacuerdos. Esto parece improbable.
  2. La U se fragmenta definitivamente. En ese caso, existen tres posibilidades: 
    1. que Santos se quede con sus seguidores y Uribe se vaya a conformar otra colectividad;
    2. que ambos decidan seguir en el partido y presentarse a elecciones. En ese caso la lista uribista al Senado se constituiría en contrapeso de Santos, en caso de lograr la reelección;
    3. que Santos vuelva a las toldas rojas, y Uribe justifique el nombre del partido (La U), decida convertirse en su candidato y presente una lista al Senado.

Si ocurre lo último, el Partido Liberal recuperaría algunos de sus líderes tradicionales y podría fortalecerse. Esto dependerá también de qué tan fuerte es el capital político de Uribe y de qué tan altas las posibilidades de Santos de aspirar a la reelección.

La respuesta dependerá probablemente de lo que pase con el proceso de negociaciones entre el gobierno y las FARC. Mientras eso ocurre, las fichas que definen el juego electoral se estarán moviendo en el Congreso. De convenir el proyecto de transfuguismo, los parlamentarios apresurarán los siete debates que todavía se requieren. De no convenirles, lo hundirán sin contemplaciones.

Amanecerá y veremos.

* Ph.D., profesora asistente, editora de Colombia Internacional, Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes.
twitter1-1@LauraWillsO

 

** Agradezco a Carlos Andrés Hoyos por su ayuda en la búsqueda de información

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