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El fracaso de la Europa de los derechos

Escrito por Ángela Rodríguez
Parlamento Europeo en Bruselas, Bélgica.

Parlamento Europeo en Bruselas, Bélgica.

Angela RodriguezLa Europa que quiso ser el faro de la unidad, los derechos y la solidaridad se ve seriamente cuestionada por la situación de cientos de miles de refugiados que ahora esperan encontrar en ella la salvación y reciben el rechazo de muchos de sus Estados.

Ángela Rodríguez Verge*

¿Unión insolidaria?

Lo que está pasando en Europa tiene su lógica.

Sin duda es una lógica inhumana, pero es válida para algunos de los Estados miembros de la Unión Europea (UE) que, con sus posturas, están violando los pilares fundamentales de solidaridad sobre los cuales se constituyó esta unión. El problema consiste en que esa solidaridad cada día es más selectiva.

Partiendo de esta premisa podemos afirmar que Europa ha fracasado: como proyecto, como idea, y como símbolo de esperanza y de transformación. Parece que los europeos hemos olvidado la idea que nos llevó a unirnos, que no era otra que la solidaridad entre nuestros pueblos (e intentar no volver a matarnos). El fracaso de esta empresa es evidente y ahora está en las portadas de todos los medios de comunicación del mundo.

Pero la UE ya había fracasado desde antes. Fracasó desde el momento cuando decidió qué es Europa y qué no lo es, quiénes son los elegidos para poblar su espacio y quiénes no. Fracasó porque dentro de ese “club exclusivo” no hay espacio para los desfavorecidos, los que sufren el azote de la desigualdad y de los conflictos armados, situaciones que tan bien conoció antes el viejo continente.

Los que están llegando al Mediterráneo son refugiados, no inmigrantes.

No cabe duda de que la Europa “de los valores” en los últimos años ha logrado metas interesantes, pero cuando más ha tenido que demostrar esa solidaridad es cuando más perversa se ha mostrado.

Europa no es solo insolidaria con “los de fuera” sino con sus propios compañeros de juego. Las medidas de austeridad diseñadas por la Troika para Grecia, España o Italia, con verdaderos hachazos a los sueldos, a las jornadas laborales y a los gastos sociales, ha sacado a la luz una realidad trágica en este colectivo no todos son iguales y los países más poderosos no quieren que esto cambie. Ahora, justamente los países que más recortes han sufrido son los que están acogiendo a un mayor número de refugiados.

Europa ha querido hacer realidad las “fronteras líquidas” de las que habló Zygmunt Bauman, pero los problemas han llegado a las puertas de sus casas. Entonces se han construido los tradicionales muros y alambradas que nunca consiguen nada. Se quieren dar soluciones locales a problemas globales, que no son el fruto de actores separados sino de todo un sistema ineficaz y descontrolado.

El problema humanitario

Refugiados sirios duermen en precarias condiciones en la estación de trenes Keleti, en Budapest.
Refugiados sirios duermen en precarias condiciones en la estación de trenes Keleti,
en Budapest.
Foto: Rebecca Harms

El fracaso también se hace evidente en el uso del lenguaje. En estos días los Estados de la UE no han hecho otra cosa que hablar de crisis migratoria, cuando lo que estamos viviendo es el mayor desplazamiento global de los últimos dos siglos. Además, los que están llegando al Mediterráneo son refugiados, no inmigrantes.

Esa “confusión” de términos que parece tan inocente no lo es en absoluto. Los refugiados necesitan de una protección internacional y la garantía de que sus derechos básicos sean respetados, ya que muchos ponen en peligro su vida cuando los obligan a volver al país de donde están huyendo. La vuelta a casa no es una posibilidad, es un castigo. Y Europa los está castigando. Por eso jugar con las palabras es jugar con la vida de las personas.

Los países miembros de la UE se comprometieron, en varios tratados internacionales, a acoger y ayudar a los más desfavorecidos. Pero ahora no están respetando ninguno de los seis protocolos legales sobre refugiados.

“En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en otros países" dice el artículo 14 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, un convenio que el Reino Unido no va a acatar porque ya ha dicho que no aceptará a ninguno de los refugiados de esta crisis.

Pero este no es el único tratado internacional que se está violando en estos días trágicos. En la Convención de Ginebra de 1951 se dejaba claro cuál era el “estatuto del refugiado” es decir, "la protección que un Estado ofrece a personas que no son nacionales suyos y cuya vida o libertad están en peligro por actos, amenazas y persecuciones de las autoridades de otro Estado".

También en la Carta de Derechos Fundamentales de la UE se recoge el derecho al asilo, y su artículo 6 reza: “Obligatoriedad de registrar todas las solicitudes de protección internacional que se presenten". En la actualidad hay una petición de asilo por cada 1.900 ciudadanos europeos, según la ACNUR.

Los números son vidas

Fuerzas policiales custodian a refugiados sirios en Viena, Austria.
Fuerzas policiales custodian a refugiados sirios en Viena, Austria.
Foto: JoshZakary

Para entender la magnitud del problema hablemos de cifras, siempre y cuando no olvidemos que cada número es una vida, una historia, un presente que tendrá o no tendrá futuro.

Hasta el momento han llegado a Europa cerca de 350.000 personas (230.000 han alcanzado Grecia) según cifras de la la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). La mayoría de los refugiados huyen de Siria, Afganistán e Irak, aunque también de Eritrea, un país que a muchos les cuesta ubicar en el mapa y del que nadie habla.

Hungría, un país que tampoco está dando muestras de solidaridad, está desbordado. En este momento el país tiene cuatro centros de acogida con 5.000 plazas, pero hay 140.000 peticiones de asilo.

Hasta el momento han llegado a Europa cerca de 350.000 personas

En esta crisis es la unidad lo que puede paliar la situación, no la acción individual. Los países europeos no pueden hacer frente a esta emergencia de manera solitaria. Pero Europa como colectividad sí, porque debe y porque tiene los recursos.

¿Qué dicen los organismos internacionales al respecto? Rosa Otero, vocera de ACNUR en  España, afirma que es necesario “que la UE dé una respuesta solidaria basada en el reparto equitativo de los refugiados”. Para Otero, Europa debe actuar de manera conjunta, apoyar a Grecia, a los países de acogida y a los de tránsito.

Esa es la única solución a una situación que no va a parar en el futuro cercano, porque Irak seguirá siendo escenario de guerra para Estados Unidos, Afganistán sigue en un conflicto casi invisible para la opinión pública pero irresoluto, y en Siria han muerto en cuatro años 200.000 personas. Este último se ha convertido en el país con mayor número de desplazados del mundo, un deshonroso título que llevó durante años Colombia: en este momento 18 millones de refugiados y desplazados sirios buscan una oportunidad.

Se ha hecho viral el video de un joven refugiado sirio que le dice a un policía húngaro: “Por favor, ayuden a los sirios. Los sirios necesitan ayuda ahora. Simplemente paren la guerra, nosotros no queremos ir a Europa, solo paren la guerra”. Hay formas más académicas, analíticas y rocambolescas de hablar. Pero no más claras.

*Periodista española y profesora de la Universidad Central, magíster en Relaciones Internacionales y Diplomacia por la Escuela Diplomática Española y especialista en Comunicación y Conflictos armados.

 

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