El Banco Mundial y la hegemonía de Estados Unidos - Razón Pública
Santiago Colmenares

El Banco Mundial y la hegemonía de Estados Unidos

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Santiago ColmenaresReseña histórica precisa y balanceada sobre la evolución de la banca multilateral en relación con los modelos de desarrollo y las tensiones que se manifiestan a raíz de la elección de un nuevo presidente.

Santiago Colmenares *

Novedad limitada

El proceso de escogencia de un nuevo presidente para el Banco Mundial (BM) tiene un rasgo novedoso: la presencia de dos candidatos fuertes provenientes de países del “sur” -Ngozi Okonjo-Iweala, actual ministra de Finanzas de Nigeria, y José Antonio Ocampo, reconocido economista colombiano.

Sin embargo un breve análisis de los factores que han estado en la base de la actuación del BM, principalmente el papel que ha cumplido su mayor accionista (Estados Unidos) puede explicar por qué Jim Yong Kim, candidato de los países del “norte”, seguramente será elegido para el cargo.

Made in USA

Como explicó César Ferrari en la pasada edición de Razón Pública, al término de la II Guerra Mundial el nacimiento de las instituciones de Bretton Woods fue acompañado por nuevas reglas de juego en los campos de las finanzas y del comercio, asegurando la preeminencia de los intereses de Estados Unidos.

En el caso del BM, numerosos hechos dan cuenta de la tutela estadounidense sobre el mismo, de forma notable durante la década de 1940, 1950 y 1960. No sólo el Banco nace del Plan White, formulado por un técnico del Departamento del Tesoro de Estados Unidos (Harry Dexter White) sino que entre 1945 y 1960 casi todo su personal es estadounidense. Es más: el presidente ha sido siempre de esta nacionalidad –y generalmente una persona cercana a la Casa Blanca[1].

Santiago Colmenares Jimmy Carter
Carter en 1977 expresó su interés de participar en el financiamiento de países en desarrollo mediante la banca
Foto: Wikipedia.

Desde el punto de vista financiero, Estados Unidos fue fundamental para que el Banco pudiera operar, pues del capital inicial de 9.100 millones de dólares, el 35 por ciento correspondía a la suscripción estadounidense. En la práctica, la importancia de este país fue mayor, pues durante aquellos años el dólar fue la única moneda que inspiraba confianza en los mercados. [2] Así, fue la suscripción estadounidense y la parte del capital nominado en dólares los que le dieron entrada a los bonos del BM a los mercados de capital – que, además, era el mercado de capitales estadounidense [3].

Altibajos

En términos históricos, hablar pues del BM es hasta cierto punto hablar de la política exterior norteamericana en materia de asistencia a los países en desarrollo, de sus intereses en la economía mundial y de sus estrategias geopolíticas.

Pero por otra parte, esto no significa que la relación del BM con la mayor potencia del siglo XX haya tenido siempre un carácter monolítico. La relación del Banco con Estados Unidos ha tenido varias etapas, algunas bastante conflictivas, que a continuación se reseñan.

Desarrollismo y anti-comunismo

Hasta principios de la década de 1960, la política de Estados Unidos hacia el BM buscó tres objetivos:

  • impulsar una institución que promoviera la estabilidad y el crecimiento en el marco de una economía mundial abierta a los flujos de bienes y de capital [4].
  • aliviar la carga de Estados Unidos para la asistencia económica directa a otros países, y
  • apoyar países de importancia estratégica para sus intereses.

Santiago Colmenares Ocampo República Dominicana inscribe formalmente la candidatura del ex ministro colombiano, José Antonio Ocampo. Pero el “peso pesado” detrás de la candidatura es Brasil. Foto: Naciones Unidas.

Lo anterior, por supuesto, ocurría en el marco de la guerra fría y, a partir de la revolución cubana, en el marco de la política de contención del comunismo en los países del tercer mundo. Por lo tanto, es fácil entender por qué la actuación del Banco durante estos años estuvo coordinada con el de la Alianza para el Progreso, la ayuda bilateral de Estados Unidos a través de la USAID y los cuerpos de paz [5].

Hacia finales de los años sesenta el apoyo de Estados Unidos al BM comienza a deteriorarse:

  • En parte, ello se explica por las dificultades económicas que empieza a atravesar ese país, como consecuencia de la guerra de Vietnam y las crisis del petróleo de comienzos de la década del setenta.
  • Pero quizás más importante fue comprobar que países como Vietnam y Chile – que habían sido usuarios de los programas de asistencia- salieron de su orbita de influencia. En el primer caso, como desenlace de la guerra, y en el segundo, tras la llegada de Salvador Allende a la presidencia.
  • Al mismo tiempo, los movimientos revolucionarios, armados y no armados, en el Cono Sur, en Colombia y en Centroamérica, parecían no dar tregua.

En un contexto como este, en Estados Unidos comenzó a percibirse la ayuda al desarrollo como algo demasiado costoso y poco efectivo. Fue ahí cuando tomó fuerza el paso a una estrategia de apoyo a las dictaduras militares represivas y anticomunistas en América Latina por parte de la potencia norteamericana.

Comienza el distanciamiento

En esta coyuntura, la década del setenta estuvo mediada por la tensión producida entre los planes expansivos del BM bajo la presidencia de Robert McNamara, y los planes contractivos de Estados Unidos respecto a su participación en la banca multilateral de desarrollo.

Según una “autobiografía” del BM, paradójicamente el efecto de lo anterior fue hacer que las relaciones entre el Banco y los países prestatarios fuera menos influida por los intereses de la política exterior norteamericana y más por las políticas económicas que el Banco consideraba óptimas, y que en esos años se derivaban de los enfoques de la economía del desarrollo [6].

Santiago Colmenares presidente SantosSantos le da la espalda al bloque de países en desarrollo que reclaman cambios en el BM en beneficio de los países de ingresos medios y bajos como Colombia.
Foto: Presidencia de la República.

En 1977 llega a la presidencia Jimmy Carter, quien desde un principio expresó su interés de participar en el financiamiento de países en desarrollo mediante la banca multilateral. A pesar de ello, durante su presidencia los republicanos se opusieron con vehemencia hacia esta forma de cooperación. Más aún, a finales de los setenta el Congreso prohibió el uso de dineros de Estados Unidos a través de bancos multilaterales, para préstamos a países socialistas o que a su juicio violaban los derechos humanos. A partir de este momento, la ayuda al desarrollo dejó de ser exclusivamente un asunto de política externa y pasó ser un asunto de política interna.

El Banco Mundial “republicano”

Con Ronald Reagan el partido Republicano accede luego a la presidencia de Estados Unidos. Y cuando los funcionarios del Banco comenzaban a quitar los cuadros de las paredes sucedió lo inesperado: el gobierno emitió un informe favorable a la participación de Estados Unidos en los mecanismos de ayuda multilateral. Pero con cambios:

  • En adelante se debían buscar una mayor adherencia de los países prestatarios a las fuerzas del mercado, una reducción del rol de los Estados y un énfasis mayor en el papel del sector privado.
  • Por otra parte, se estableció que los préstamos de la banca multilateral deberían estar sujetos a la adopción de reformas en los países prestatarios, para lo cual el BM creó las figuras de los “Préstamos de Ajuste Estructural” y los “Préstamos de Ajuste Sectorial”. Estos mecanismos sirvieron para impulsar las políticas del consenso de Washington que analiza César Ferrari en la pasada edición de RP, y que produjeron los resultados que allí se juzgan como “mediocres”.

Fue esta política del gobierno Reagan, sumada a la profunda reforma interna que sufrió el BM en 1987, en donde se apuntalaron la estrategia de “crecimiento económico” y las políticas que vendrían a guiar sus acciones durante la década de 1990 y hasta nuestros días, con la excepción de un ligero viraje hacia los postulados del neo-institucionalismo a comienzos del presente siglo.

La puja entre el sur y el norte

Con estos antecedentes, llegamos a la escogencia de un nuevo presidente para el Banco Mundial.

República Dominicana inscribe formalmente la candidatura del ex ministro colombiano. Pero el “peso pesado” detrás de la candidatura del “sur” es Brasil, en consenso con las demás potencias catalogadas como “emergentes” (los denominados BRICS: Rusia, India, China y Sudáfrica) y con algunos otros de los países en desarrollo. Se trata, por lo tanto, de un bloque que reclama mayor protagonismo en instituciones que, como el Banco Mundial, determinan en mucho las políticas que aplican los países subdesarrollados para salir, precisamente, de esta condición.

Eso sucede también en un contexto donde se ha hecho visible el fracaso de las políticas impulsadas desde Estados Unidos, que no solo no han podido resolver los problemas estructurales de las economías del “sur”, sino que han llevado a la peor crisis del capitalismo contemporáneo.

En este sentido, la candidatura de un economista de línea keynesiana en su versión neo-estructuralista se lee como un reclamo de los países en desarrollo para dar un giro ideológico y político importante al Banco Mundial. Pero el presidente Santos, desde Cartagena, declara que Colombia no apoyará esta candidatura, con el argumento de que podría entorpecer la de Angelino Garzón a la OIT y de que ya hay otro colombiano a la cabeza del BID. Con ello, se le da la espalda al bloque de países en desarrollo que reclaman cambios en el BM en beneficio de los países de ingresos medios y bajos como Colombia.

Al margen de las hipótesis que se han manejado en la prensa colombiana respecto de si el proceso que originó la postulación a Ocampo incomodó al gobierno, el hecho sigue siendo que en medio de una puja entre los países en desarrollo con Estados Unidos, Colombia vuelve a alinearse con el segundo– en detrimento de su cooperación con los países con quienes sería más natural asociarse. En una decisión como esta no hay espacio para la retórica, se debe votar por uno o por otro.

Por otra parte queda la sensación que detrás del argumento de la campaña en la OIT para el no apoyo a Ocampo, se oculta también un rechazo a apoyar la candidatura de un economista que en su visión de la economía y del desarrollo difiere de las políticas que el actual gobierno promulga y aplica. [7] Con ello, sin embargo, se estropea gravemente la oportunidad de un cambio que podría significar el comienzo de una reformulación del sistema, relativamente fracasado, de ayuda al desarrollo.

* Historiador de la Universidad Nacional de Colombia, cursa estudios doctorales en Historia Económica en la Universidad de Barcelona – España
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