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Estados Unidos, China y la guerra comercial: ¿quién gana y quién pierde?

Escrito por Julián Arévalo y Andrea García
¿Guerra política de Trump contra China?.

Julian ArevaloAndrea GarciaTrump insiste en atizar la guerra económica con el gigante asiático. Cuáles son sus razones, cómo afecta esta guerra a aquellos dos países, y cómo afecta – de paso- al resto del planeta *.

Julián Arévalo** – Andrea García***

ExternadoTres dimensiones

Era inevitable que las medidas comerciales restrictivas que el presidente Trump venía aplicando a muy distintos países desembocaran en una guerra comercial.

Y estas amenazas, imposiciones arancelarias y represalias han estado presentes sobre todo en la relación de Estados Unidos con China.

Esta guerra comercial ha tenido consecuencias que van desde las restricciones a la movilidad de productos y personas, hasta daños directos a los consumidores y los empresarios.

Pero más allá de estas consecuencias notorias, los impactos del conflicto deben ser analizados al menos en tres dimensiones: la tecnológica, la económica y la política.

La pelea tecnológica

El supuesto robo de propiedad intelectual y tecnológica y de secretos comerciales por parte de China es una de las razones que esgrime Donald Trump para justificar sus decisiones. No obstante, detrás de estas excusas está la preocupación estadounidense sobre el acelerado desarrollo tecnológico de China.

Uno de los blancos de Trump es la tecnología de comunicación conocida como 5G. La 5G promete grandes avances en rapidez, capacidad de transmisión de datos, conectividad y digitalización. Por eso tiene un gran potencial de mejoría de actividades económicas como la industria, pero también el de afectar muy seriamente la vida social y la geopolítica.

La restricción a Huawei se debe al temor de Estados Unidos al desarrollo tecnológico de China.
La restricción a Huawei se debe al temor de Estados Unidos al desarrollo tecnológico de China.
Foto: Wikimedia Commons

La 5G también abre la puerta para acceder a millones de datos y a información que podría considerarse privada o secreto industrial. Por eso Estados Unidos teme que China llegue a tener demasiado control en este campo.

Recientemente, Huawei, una de las multinacionales chinas de alta tecnología, especializada en investigación, desarrollo y producción electrónica, ha sido acusada por las agencias de inteligencia de Estados Unidos de estar vinculada al gobierno chino y de que sus equipos podrían contener “puertas traseras” para uso de espías del gobierno.

Las secuelas de la guerra comercial pueden ser más dañinas para Estados Unidos que para China.

Actualmente, esta compañía controla casi el 30 por ciento del mercado global de equipos 5G y mantiene una decena de patentes en el desarrollo de dicha tecnología. Esta condición la convirtió en el foco de los ataques de Trump.

En diciembre del año pasado, la vicepresidente y directora financiera de Huawei, Meng Wanzhou, fue detenida por petición del gobierno de Estados Unidos por presunta violación de las sanciones internacionales al realizar negocios encubiertos con Irán.

Por su parte, este año, Estados Unidos añadió a Huawei a una lista de empresas con las cuales las compañías estadounidenses no pueden comerciar a menos que tengan una licencia. Desde entonces empresas como Google, Intel, Qualcomm, Xilinx y Broadcom han congelado muchas de las relaciones comerciales que mantenían con esa compañía.

Pero las consecuencias de este enfriamiento serán bastante negativas para las firmas estadounidenses. Entre ellas se encuentran:

  • Prescindir de colaboraciones internacionales en temas de investigación.
  • Aumentar el número de competidores en áreas hasta ahora dominadas por empresas nacionales (como la producción de chips).
  • Quedar expuestos a la prohibición de sus productos como represalia de China.
  • Perder el manejo del mercado de tierras raras y elementos químicos producidos por China, que son necesarios para fabricar equipos y componentes tecnológicos.

Y no se puede pasar por alto que el gobierno de China se ha estado preparando para este escenario. Una muestra es el proyecto “Made in China 2025”, plan ambicioso de independencia china en la producción de distintos bienes de carácter estratégico.

Por todo eso las secuelas de la guerra comercial pueden ser más dañinas para Estados Unidos que para China.

Puede leer: La guerra comercial de Trump contra China.

Cuando los gigantes estornudan

Las consecuencias de las decisiones de Estados Unidos en materia comercial se pueden sentir tanto en lo que ocurre en su economía y en la de China, como en lo que ocurre en la economía global.

En el escenario interno, tanto el mercado chino como el estadounidense se han visto afectados por la desaceleración económica de ambas partes. Esto ha dejado secuelas en su crecimiento económico futuro.

¿Guerra política de Trump contra China?.
¿Guerra política de Trump contra China?.
Foto: Flickr

Según Oxford Economics, el crecimiento anual de la superpotencia asiática se vería comprometido por lo menos en una reducción del 0,8 por ciento, mientras que, para la potencia occidental, el impacto (también negativo) sería de 0,3 por ciento.

Aparentemente, la economía con más pérdidas será la china; no obstante, las consecuencias serán mucho más duras para el comercio interno en Estados Unidos. Varios estudios han mostrado una pérdida significativa en la dinámica económica de dicho país, debido a que la imposición de aranceles no solo afecta los precios internos, y en consecuencia al PIB, sino que además puede reducir el empleo y la inversión.

A esto se suma que el efecto más directo de una guerra comercial será el alza de los precios de los productos que antes eran transados en el mercado internacional con una menor carga arancelaria. Como consecuencia, los consumidores se verán obligados a pagar más por ciertos productos cuya elaboración era más eficiente en otro país. Esta pérdida no alcanzará a ser compensada por el excedente en las ganancias resultantes de los nuevos aranceles.

Las afectaciones para los empresarios no se quedan atrás: al tiempo que aumentan los costos de las materias primas y los materiales importados, los exportadores enfrentan aranceles chinos en represalia. Por lo tanto, esta política ha terminado por empobrecer el mercado que Trump quería volver a “hacer grande”.

En el escenario internacional la situación se vuelve más compleja. Como la relación entre China y Estados Unidos está ligada a una red comercial que involucra a muchos otros países, una desaceleración económica de cualquiera de las partes los obligaría a comprar menos, no solo a su contraparte en el conflicto, sino a cualquier otro país que exporte sus productos hacia sus mercados.

Entre los países afectados se encontrarían economías como Alemania, que tiene una estrecha relación comercial con China, o economías latinoamericanas cuyo socio comercial en gran medida es el gigante asiático.

En consecuencia, la tensión comercial de las dos economías más grandes del mundo producirá una onda expansiva que afectará a todo el mercado global.

Le recomendamos: Los intereses de China en América Latina.

Elecciones a la vista

En el plano político, Trump rompió con cuarenta años de historia de trabajo constructivo entre Estados Unidos y China.

Muchas de las políticas del actual presidente están orientadas a confrontar y contener a Beijing. Por esto muchos analistas coinciden en que la política comercial de Trump se ha visto influenciada por su agenda electoral.

Durante meses hubo esperanzas de un acuerdo comercial con China. Pero este acuerdo implicaría riesgos altos para la candidatura presidencial de Trump en las elecciones de 2020. Las declaraciones recientes del presidente sugieren que demostrar dureza con los chinos y alejarse de un posible acuerdo podrían ponerlo en una mejor posición para los comicios.

Es probable que la imposición de nuevos aranceles a China perjudique a diferentes sectores estadounidenses (como la agricultura) y acabe por hacer daño a su propia economía. Pero la firma de un acuerdo podría exponer a Trump a ataques de distintos demócratas, especialmente si el acuerdo no es tan claramente ventajosos o mejor de lo que existe para Estados Unidos.

Esta política ha terminado por empobrecer el mercado que Trump quería volver a “hacer grande”.

Por tanto, resulta previsible la continuidad de esta política comercial restrictiva, más aún teniendo en cuenta el apoyo que Trump encuentra en sectores como la industria agrícola, paradójicamente una de las más devastadas por la lucha comercial. Este grupo es en su mayoría republicano y considera que Trump ha hecho más por ellos que muchos otros presidentes, de manera que esperan que termine su trabajo.

El problema de estas decisiones consiste en que Trump se está alejando cada vez más de una salida negociada, y le está dando a Xi Jinping una carta nacionalista efectiva para jugar en el momento que su gobierno ha estado bajo presión debido a la desaceleración de la economía.

Hoy los medios chinos se refieren a la guerra comercial en términos de resistencia económica del país y apelan al patriotismo. Esto ha conseguido que China se comprometa a marcar líneas rojas cada vez más gruesas en caso de una posible negociación con Estados Unidos, hasta el punto de que muchos líderes chinos están empezando a dudar de que necesiten una salida negociada en absoluto.

Jugar con fuego

La guerra comercial supuestamente surgió para traer beneficios a la economía estadounidense, con unos costos pagados por el mundo.

Pero las dimensiones tecnológica, económica y política ponen en evidencia las repercusiones de las políticas proteccionistas en el actual panorama de globalización y que no han sido tratadas seriamente por el gobierno de Trump.

Mientras tanto, es hora de que los terceros afectados por esta confrontación empiecen a adoptar estrategias que les permitan mitigar los daños de una crisis a la que no se le ve salida sin altos costos.

* Este artículo es parte de la alianza entre Razón Pública y la Facultad de Economía de la Universidad Externado de Colombia. Las opiniones expresadas son responsabilidad de los autores.

**Decano de la Facultad de Economía, Universidad Externado de Colombia.

***Investigadora de la Facultad de Economía, Universidad Externado de Colombia.

 

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