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Auge minero-energético, licenciamiento social y compensación de daños

Escrito por Hernán Trujillo
Hernan Felipe trujillo

Hernan Felipe trujilloNo solo en El Quimbo sino en toda Suramérica crecen las protestas contra grandes proyectos minero–energéticos. Por eso las empresas deberían compensar los daños directos e indirectos, y el Estado debería asegurar que el crecimiento actual sea sostenible.  

Hernán Felipe Trujillo *

Una ola de protestas

Los movimientos sociales en contra de proyectos minero–energéticos en países de Sudamérica han sido particularmente intensos durante lo que va del año 2012:

  • Indígenas marchan hacia Quito para presionar la cancelación de un megaproyecto de cobre concesionado a la empresa Ecuacorriente.
  • Luego de marchas y manifestaciones, los habitantes de la provincia de La Rioja (Argentina) lograron que el gobierno cancelara un proyecto de extracción minera a cielo abierto.
  • En la provincia peruana de Cajamarca, un movimiento social mantiene cerradas las vías del sur del país para impedir la continuación del proyecto minero Conga ubicado en la cordillera andina, operado por Yanacocha.
  • Un fallo de la Corte de Apelaciones de Antofagasta (Chile) dejó sin efectos la calificación ambiental del proyecto Termoeléctrico Castilla, liderado por MPX, tras las protestas de ambientalistas y de habitantes del área de influencia que impulsaron un recurso de protección. La decisión afecta el desarrollo de futuros proyectos mineros en Chile.
  • Habitantes del departamento del Huila (Colombia) se oponen a la construcción de la Hidroeléctrica El Quimbo, de la empresa Emgesa, considerada como estratégica por el gobierno colombiano.

Creciendo sí, pero vendiendo los muebles

Los gobiernos de la región deben administrar el auge minero–energético, producto de los altos precios de los commodities en el mercado internacional y del aumento de inversión extranjera directa orientada a estas actividades.

Hernan Trujillo movimientos sociales
Indígenas marchan hacia Quito para presionar la cancelación de un megaproyecto de cobre concesionado a la empresa Ecuacorriente.

Sudamérica ha dejado de ser una región menospreciada. Mientras el resto del mundo occidental registra bajas tasas de crecimiento económico y está sumido en una crisis que no termina de acabarse por cuenta del exceso de endeudamiento en los países europeos y en Estados Unidos, las economías sudamericanas están creciendo a tasas superiores al promedio global.

Esta dinámica económica se debe fundamentalmente a la explotación de sus recursos naturales, que cobran una importancia mayor a medida que se agotan las fuentes energéticas mundiales.

El BID y el Banco Mundial coinciden en que ojalá el auge experimentado por Sudamérica se aproveche para mejorar las condiciones de vida de sus habitantes, reducir el déficit fiscal del gobierno central, fortalecer el sector industrial, ampliar los servicios básicos que provee el Estado y mejorar la infraestructura interna para aumentar la competitividad.

La hipótesis de la convergencia del crecimiento económico parece cumplirse en Sudamérica, pero no gracias a la incorporación sistemática de progreso tecnológico -como en los países que han crecido a partir de procesos intensivos de innovación- sino debido al agotamiento de recursos naturales no renovables impulsado por la creciente demanda energética mundial y por los altos precios de los bienes primarios.

Una serie de luchas locales

Al margen de los debates teóricos en torno al crecimiento económico y las teorías del desarrollo, campesinos e indígenas que habitan las áreas de influencia de los grandes proyectos minero-energéticos en Sudamérica se oponen a su implantación.

Hernan Trujillo el Quimbo
Habitantes del Huila se oponen a la construcción de la Hidroeléctrica El Quimbo, de la empresa Emgesa, considerada como estratégica por el gobierno colombiano.

No se proclaman a sí mismos como ambientalistas, aunque buena parte de las protestas son promovidas por ONG’s con rúbrica verde. Más bien reclaman para sí el control sobre territorios ancestrales que les han pertenecido a veces por siglos enteros, pues los servicios ambientales que han recibido son fundamentales para su supervivencia y por eso desconfían de la llegada de grandes empresas con proyectos de gran magnitud.

No se trata de lucha de clases. Lo que parece un movimiento a escala regional, es más bien la sumatoria de preocupaciones locales surgidas de un buen número de malas experiencias derivadas de la ejecución de proyectos petroleros, mineros e hidroeléctricos durante los últimos años, cuyas áreas de influencia no se han beneficiado de la bonanza del sector minero-energético.

Por el contrario, las comunidades previamente asentadas en las zonas de influencia de los proyectos han recibido fuertes impactos negativos – directos e indirectos – en materia ambiental y social.

Sus preocupaciones son elementales y legítimas: no tiene lógica exigir a estas comunidades que acepten los impactos generados por los proyectos, si no se les compensa siquiera con el mejoramiento de su calidad de vida.

Daños indirectos sin compensación

Estos son algunos de los retos que deben enfrentar las empresas que invierten en el sector minero–energético en Sudamérica. Pero hasta ahora solo han demostrado que les interesan más las utilidades derivadas de sus proyecciones de precios de los commodities en los mercados internacionales, los costos de producción y los riesgos técnicos de los proyectos, que buscar alternativas para compensar en forma justa los impactos inevitables que se producen en las fases de exploración y de explotación a gran escala.

Se han limitado a cumplir si acaso los mínimos exigidos por la legislación vigente: estudios de impacto ambiental y medidas de mitigación y compensación de los impactos directos de los proyectos.

Pero olvidan los impactos indirectos — como el aumento del costo de vida, la pérdida de biodiversidad, los cambios culturales y la pérdida de productividad de la región por el cambio de vocación económica una vez se agota el recurso natural — que son las mayores preocupaciones de campesinos e indígenas. Estos impactos indirectos también son responsabilidad de las empresas mineras.

Por la licencia social y la compensación de los daños

La rentabilidad de los proyectos —la real, no la proyectada— dependerá en gran medida de la aprobación y de la legitimidad que reciban por parte de las comunidades locales. De ahí la importancia de utilizar estrategias como el Licenciamiento Social, indispensable para lograr que las comunidades también se beneficien del auge minero–energético.

Los gobiernos deberán aprovechar la inversión extranjera directa para seguir avanzando por la senda de crecimiento, reducir los niveles de pobreza, organizar sus finanzas públicas y mejorar la infraestructura, pero sin subordinarse a los intereses del sector minero–energético. Las comunidades locales tienen exigencias válidas que no pueden ser ignoradas por cuenta del auge que experimenta la región.

Los retos del desarrollo sostenible en Sudamérica son evidentes y se debe aprovechar esta coyuntura para abrir canales de comunicación con el mundo que contribuyan a conservar los bosques y la biodiversidad existente.

Con el paso de los años, estos activos ambientales van adquiriendo una mayor importancia para la comunidad internacional, debido a los efectos del cambio climático. Los impactos – directos e indirectos– de los proyectos minero-energéticos y los daños ocasionados deliberadamente al ambiente deben ser compensados en su totalidad.

Es muy probable que estos movimientos sociales de protesta se sigan presentando en los próximos meses y años a lo largo y ancho de Sudamérica, si no se equilibran los intereses de las empresas, con los intereses de las comunidades locales y con la preservación del medio ambiente.

Sudamérica tiene una oportunidad inmejorable para elevar las condiciones de vida de sus habitantes definiendo qué debe explotarse, cómo debe hacerse y qué debe conservarse. De esto depende el futuro de nuestras naciones y del mundo entero.

* Economista y abogado, candidato a Maestro en Desarrollo Sostenible en el Instituto Tecnológico de Monterrey, investigador, consultor y columnista. 

twitter @hpipetrujillo

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