¿Fue acertada la escogencia de Aida Quilcué como fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda?

¿Fue acertada la escogencia de Aida Quilcué como fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda?

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He seguido durante varios años la trayectoria de la líder nasa Aida Quilcué, desde 2008, cuando ocurrió el asesinato de su esposo Edwin Legarda por soldados del ejército en el Cauca, crimen que luego fue juzgado y sus responsables condenados por la justicia. Aida Quilcué me merece una profunda admiración por su lucha social y su valentía como mujer. Hace unos días nos preocupó mucho, el intento de secuestrarla de las disidencias de las Farc en el norte del Cauca y nos alegró enormemente la noticia de su liberación por acción de la Fuerza Pública y la movilización de la comunidad. 

Aida ha sido escogida por el candidato Iván Cepeda como su fórmula vicepresidencial. Varias voces afines al Pacto Histórico han subrayado la coherencia de esa decisión con el ideario social y humanitario de Cepeda y en eso tienen toda la razón. 

Sin embargo, creo que el asunto aquí no es la coherencia o no de esa decisión con los idearios del candidato Cepeda como defensor de derechos humanos desde el Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado MOVICE, labor de una entereza indiscutible en su historia política y personal. 

El asunto es si esa es la decisión más indicada para atraer a nuevos sectores políticos y sociales, entre ellos las clases medias urbanas liberales, progresistas y demócratas, así como a sectores del centro político, que por el hecho de no tener representación hoy en día en la política colombiana por la falta de claras definiciones identitarias y ético-políticas de sus figuras más visibles, no significa que ese centro no exista. Los 1.250.000 votos por el candidato Juan Daniel Oviedo dentro de la Gran Consulta por Colombia, permiten ver que sí hay un pensamiento de centro que no está siendo representado ni por la izquierda ni por la derecha, pero que encontró cabida en la Gran Consulta.

Ayer 12 de marzo de 2026, la candidata Paloma Valencia ha escogido a Daniel Oviedo como su fórmula vicepresidencial. Con esa decisión, envía a la sociedad colombiana indudables signos de apertura, al escoger como fórmula vicepresidencial a un hombre que ha tomado distancia frente al discurso del uribismo recalcitrante contra el proceso de paz y los Acuerdos del Teatro Colón del gobierno del presidente Santos con las Farc, y que además ha reconocido logros importantes en la gestión del presidente Gustavo Petro. Esa decisión seguramente no fue fácil para Paloma que ha sido un espíritu intransigente y subordinado a los designios del expresidente Álvaro Uribe Vélez. 

Hay que tener en cuenta, que tener a una persona autónoma y con criterio propio como Juan Daniel Oviedo en ese cargo, puede ser una fuente de futuras tensiones y eventualmente de posibles rupturas, sobre todo para candidatos tan ideológicos y sectarios como Paloma Valencia. Hace unos meses todos los entonces precandidatos del uribismo, María Fernanda Cabal, Paola Holguín, Paloma Valencia y Miguel Uribe Turbay, entrevistados para un programa radial, coincidían en demonizar y caracterizar a Juan Manuel Santos como traidor, demostrando que no logran superar el odio al ex presidente que resolvió tomar distancia frente a Uribe Vélez para impulsar la paz con las Farc y las instituciones de la Justicia transicional que los uribistas han detestado y combatido.

Volviendo al tema de la vicepresidenta de Iván Cepeda, me parece que uno de los problemas de la figura de Aida es que no suma mucho, en la medida en que el perfil de líder de víctimas y de sectores históricamente excluidos es una reivindicación ya incorporada en la propuesta del Pacto Histórico y en la trayectoria del candidato Cepeda. Como lo dije arriba, habría que sumar fuerzas provenientes de otras clases o estratos socioeconómicos, de vertientes liberales y conservadoras democráticas desencantadas de los partidos tradicionales, pero también de los indecisos, del voto en blanco (616.998 votos para Senado, 677.340 para Cámara), del voto nulo (573.572 para Senado, 628.363 para Cámara) y del voto no marcado (495.519 también para Senado, 358.203 para Cámara).

El otro riesgo con la candidatura de Aida Quilcué, líder indígena caucana, es que se convierta la campaña, no por ella sino por los simpatizantes más radicales del Pacto Histórico, en una confrontación bipolar, étnica y de clase con Paloma Valencia, apoyándose en la historia de persecución implacable por parte del poeta modernista y político conservador Guillermo Valencia, bisabuelo de Paloma, al líder indígena Manuel Quintín Lame (consultar el libro editado por la Universidad del Cauca Manuel Quintín Lame. Los pensamientos del indio que se educó dentro de las selvas colombianas, Universidad del Cauca-Universidad del Valle, 2004). Y basándose también en las declaraciones sectarias y racistas de la política caucana en 2015, proponiendo dividir al departamento del Cauca, en dos Caucas: uno donde vivan los indígenas y otro para los mestizos y los blancos. Ya desde la tarde del pasado lunes 9 de marzo, cuando Iván Cepeda anunció su fórmula vicepresidencial, han circulado en las redes sociales decenas de memes e infografías recordando estas historias enfrentadas e invitando a la confrontación con la candidata de la derecha que en una especie de revancha histórica, debe esta vez ser derrotada por las fuerzas del Pacto Histórico del candidato Iván Cepeda y de su vicepresidenta indígena Aida Quilcué. 

Si bien la información general que incluyen es cierta, exageran la crueldad del poeta Valencia (padre de Guillermo León Valencia presidente de Colombia entre 1962 y 1966) al decir que Quintín Lame fue asesinado “al lado de la casa de Valencia”, afirmación falsa, pues el líder indígena murió de viejo en 1967, a sus 86 años, en el pueblo de Ortega, Tolima. 

Con mi crítica a las intenciones polarizantes, no estoy sugiriendo censurar el tema pues a estas alturas esa historia no puede eludirse, a la luz de la relación que esos hechos históricos tienen con el perfil de la candidata de la derecha y con la trayectoria de la líder nasa. Pero creo que Colombia tiene hoy día debates mucho más apremiantes sobre la desigualdad y la justicia social, la crisis de la salud, la seguridad y el orden público en las regiones, la democratización de la educación, la generación de empleo, el combate al narcotráfico, las políticas de industrialización, entre otros, que son los que deben estar en el centro del debate público. 

Creo que con una eventual lógica de lucha de clases animando la campaña de la izquierda, pierde Cepeda y pierde el Pacto Histórico, en la medida en que muchos colombianos no queremos perpetuar este tipo de enfrentamientos y estamos demandando un país donde podamos coincidir en eventuales objetivos comunes, personas de distintas pertenencias y opiniones políticas, capaces de construir algunos consensos básicos y de superar la polarización política que no solo no nos permite pensar tranquilamente, sino trabajar juntos con personas que piensan distinto en proyectos de interés nacional.

Finalmente, habría que decir que la figura de la fórmula vicepresidencial no es la única forma para ampliar el respaldo político al candidato o candidata presidencial.

Y en cuanto a los eventuales nuevos apoyos políticos y sociales a la campaña de Iván Cepeda, he sugerido en otro artículo reciente que el candidato debe asumir algunos replanteamientos serios frente a las herencias más problemáticas del desempeño del Pacto Histórico y los manejos erráticos del presidente Gustavo Petro (que conviven complejamente con sus logros) en estos tres años largos de gobierno de la izquierda. Sin esa autocrítica sana y necesaria, va a ser muy difícil recuperar el apoyo de quienes votaron por el Pacto Histórico hace 4 años y que difícilmente lo van a hacer en mayo y junio de 2026 por el candidato Iván Cepeda, si no se recompone con claridad en algunas de sus líneas sustanciales el proyecto progresista.

Veo mucho triunfalismo en las huestes del progresismo (“con Aida y Cepeda ganaremos en primera” corean por estos días) y muy poca autocrítica frente a las cosas que se hicieron mal y que hay que corregir o frente a las que no se hicieron. 

Deberían prestar atención también sus asesores de imagen a la puesta en escena estética y discursiva del candidato de la izquierda. Puede tener mucho sentido que Iván Cepeda y su equipo de dirección vean la película “Nó” del director chileno Pablo Larraín sobre las discusiones y decisiones que se dieron dentro de la izquierda chilena, acerca de cómo orientar la campaña político-publicitaria a favor del No en el plebiscito de 1980 sobre la continuidad de Pinochet en el poder.

Acerca del autor

Fabio Lopez
Fabio López de la Roche
fabiolopezdelarocha@razonpublica.org.co | + posts

Historiador, Ph.D. en Literatura y Estudios Culturales, University of Pittsburgh, USA, coordinador del Centro de Pensamiento en Comunicación y Ciudadanía Universidad Nacional de Colombia.

4 comentarios

Fabio López de la Roche

Escrito por:

Fabio López de la Roche

Historiador, Ph.D. en Literatura y Estudios Culturales, University of Pittsburgh, USA, coordinador del Centro de Pensamiento en Comunicación y Ciudadanía Universidad Nacional de Colombia.

4 comentarios de “¿Fue acertada la escogencia de Aida Quilcué como fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda?”

  1. La apuesta de Cepeda es muy riesgosa pero lógica para ganar en primera vuelta. Como sucedió en mi país de adopción Costa Rica. Ya no se necesita para ganar los pactos tenebrosos de los Roys y los Benedetti o los del centro. El mejor promotor de la campaña es el presidente, que con sus aciertos y reproches a logrado visualizar e identificar los que no se sentían representados en la política que es el 50% de la población que no vota y que ahora voluntaria y sin compra del voto se acercaron a votar como se vio el 26 de octubre. Otros tiempos otras realidades.

  2. La candidata Paloma Valencia al elegir a Juan Daniel Oviedo como su fórmula Vicepresidencial ¿»ha dado un mensaje a la sociedad, un signo de apertura»; o más bien nos está mostrando un cálculo electoral momentáneo, mientras piensa que Oviedo puede endosarle 1.200.000 votos de apoyo para «ganar electoralmente»? Es poco probable que Oviedo cuente ya con ese número de votos para primera vuelta…

    ¿Que la campaña electoral del Pacto Histórico no busca atraer a «las clases medias urbanas liberales, progresistas y de centro»? ¿Qué idea de «clases sociales» se atribuye acá a expresiones urbanas liberales, progresistas, demócratas y a sectores del centro político como «clases medias»? No existe la clase media; y menos en la realidad histórica colombiana actual. Los grupos sociales fundamentales antagónicos no son una invención subjetivista polarizante de empresarios o políticos supuestamente «ideologizados» en la realidad social. Los antagonismos de clases en Colombia son una realidad sociológica e histórica objetiva, no son invenciones individuales o particulares. Existen sí fragmentos y expresiones sociales de esas fuerzas fundmentales antagónicas y que al momento de definiciones se pliegan a sus procedencias de origen, como está ahora mismo viéndose y como seguramente se verá en las definiciones electorales futuras. El «centro político» no existe como clase social; es una ilusión interesada de clase para atraer hacia una de las clases fundamentales antagónicas a esos fragmentos sociales de clases. Es lo que también ya estamos observando con el fenómeno electoral en la «Gran Consulta» de la derecha del candidato Daniel Oviedo, quien ha sido funcionario burócrata del uribismo (gobierno Duque); ha expresado múltiples veces que entre Petro y Uribe se inclina por Uribe; y que ya expresó con esta candidatura al servicio de qué intereses de clase está. Esa es «su autonomía y criterio personal», hay que estar muy desconectado del proceso social real colombiano para no verlo.

    Insistir en una idea de «clases» bastante imprecisa y amorfa que aunque al final se adobe con la noción socioeconómica de «estratos», para caracterizar a un posible «centro político» hoy bastante diluido y etéreo, muy plegado a la «centro-derecha» y «ultra-derecha», como puede constatarse durante este periodo político (desde el partido verde, con JP, Katerine Miranda ó Juvinao ), en el que la Derecha ha actuado cómodamente, pues «el centro» ha realizado la labor de la derecha actuando como «Oposición», aún sin la necesidad de afiliarse al «Centro…» (…democrático)

    Al expresar el articulista su temor en lo que pueda convertirse la campaña electoral del PH en la contraposicion antagónica, se observa acá que es el único instante en que refiere una idea más próxima al concepto de clase social…aunque su reproche y mención lo radical esté anotada en su versión imprecisa y peyorativa (mejor haríamos si consultáramos a Vargas Lleras cómo entiende él su noción de «Cambio Radical»), que al observar su praxis nada tiene que ver con la pauta de «no irse por las ramas sino ahondar en la raíz» de los problemas.

    En lo concerniente a la pretensión del articulista de aleccionar sobre los debates más apremiantes de Colombia; de hecho más que temas de debate público, SON HOY PROBLEMAS SOCIALES, identificados, diagnosticados, reconocidos y pendientes de resolver, pues su amplio debate social (especialmente después de La Pandemia) fueron objeto de exposición y abordaje en la mayoría de las Plazas Públicas del país por todos los candidatos a la Presidencia de la República en 2022, con la singularidad que sólo uno (el vencedor en aquella Campaña), cumplió su compromiso llevando las Propuestas de Reformas Sociales al Congreso de la República; y ya hoy conocemos la actitud que la mayoría de las demás fuerzas asumireron frente a ellas allí; realidad de la que surge un imperativo ético para la política.

    Finalmente, frente a la crítica del triunfalismo, contenido en la consigna «Con Aída y con Cepeda, ganaremos en primera» …, la realidad enseña que en Política no hay que mirar tanto lo que se dice en las consignas (que pueden llegar a ser rmuy importantes por la síntesis de la intencionalidad); como mirar más en lo que se hace y se ha hecho, para deducir de ahí lo que falta por hacer mejor.

  3. Las reflexiones del Dr Fabio, de Edgar Peña y Tony Marbell, hay elementos valiosos, sobre todo del último, donde se contempla un análisis de clase como categoría, son para tener en cuenta. No al sectarismo producto de resentimientos por afirmaciones ofensivas y mentirosas, pero tampoco a pensar que, lo que se considera «centro», es homogèneo. Oviedo siempre estuvo mas cerca a la derecha y muchos dudan de sus anteriores afirmaciones. Y lo otro, también, No al triunfalismo, para nada!

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