La comunicación del presidente Petro o el descuido de las convenciones y las formas
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La comunicación del presidente Petro o el descuido de las convenciones y las formas

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Gustavo Petro es el primer presidente de izquierda en Colombia, pero su forma de comunicar ha sido errática, confusa y contraproducente. Este análisis examina cómo el descuido en las formas debilita su gobierno y su legado.

Un gobierno diferente

Una de las condiciones para construir en Colombia una paz estable y duradera tiene que ver con el reconocimiento de las culturas políticas de las izquierdas y sus contribuciones a la democracia. Este reconocimiento no ha sido fácil por el antizquierdismo y el anticomunismo dominantes y por la asociación de la “izquierda” a “guerrilla”, que la persistencia de la lucha armada produjo en el imaginario de muchos colombianos. 

La administración de Gustavo Petro, la primera experiencia de la izquierda en el poder en la historia nacional, simboliza un conjunto de luchas históricas por la igualdad y la justicia y por el reconocimiento simbólico de los trabajadores, los campesinos y los excluidos del bienestar económico y social. Simboliza también las luchas del estudiantado y de sectores de las clases medias como los maestros y los empleados estatales para organizarse en defensa de sus intereses. Adicionalmente, encarna las luchas étnicas de los pueblos aborígenes y afrodescendientes por su reconocimiento cultural. Y si bien la relación de la izquierda con los feminismos no es idílica, sectores de la izquierda han participado también como aliados importantes de la reivindicación feminista.

El establecimiento mediático frente al gobierno de Petro

Los medios corporativos dominantes no han estado a la altura del reto de informar sobre el primer gobierno de izquierda en la historia de Colombia. 

Los programas radiales informativos de la mañana (6:00 a 10:00 AM) se han dedicado a descalificar las propuestas gubernamentales y muy rara vez encuentran algo positivo en las políticas del gobierno. Algunos de los conductores de estos programas adolecen de un antipetrismo obsesivo y reiterativo en sus evaluaciones, comentarios y enfoques de la noticia. La mayoría no tiene una preparación intelectual para informar con conocimiento y ponderación, no solamente acerca del primer gobierno de la izquierda en la historia nacional, sino sobre temas claves para la actualidad del país como los de la paz, la justicia transicional, los procesos de memorialización en el mundo, las transiciones hacia la reconciliación, la historia reciente del conflicto, los victimarios y sus víctimas… 

La información de televisión en los medios corporativos RCN y Caracol ha estado orientada en una dirección similar. La excepción han sido el informativo “Noticias Uno”, el canal Cablenoticias y el recientemente desaparecido “Noticiero CM&” de Yamid Amat, de orientación liberal, por el cual pasaron en la sección de entrevistas “Pregunta Yamid”, la inmensa mayoría de los ministros y de altos funcionarios del gobierno Petro, sin que eso implicara necesariamente una información a favor del mismo. 

En cuanto a revistas y prensa escrita, dos grandes medios como “El Tiempo”, el principal diario nacional, y “El Colombiano”, de considerable circulación regional, son decididamente antipetristas. Y “Semana”, la única revista semanal de actualidad impresa, ha sido desde su compra por el grupo Gilinski en 2020 y bajo la dirección de Vicky Dávila, no solo un medio antipetrista sino una publicación al servicio del proyecto político de la derecha, el uribista “Centro Democrático”.  

En ese contexto de antipetrismo dominante constituyen una excepción “El Espectador”, un diario liberal progresista, que aun siendo propiedad del grupo empresarial Santodomingo, mantiene su identidad histórica como diario de centro o centro-izquierda, con un sólido proyecto informativo sobre justicia transicional, procesos de paz, verdad y memoria de las víctimas del conflicto armado colombiano; y la revista “Cambio”, dirigida por Daniel Coronel, que ejerce un periodismo crítico sobre el gobierno Petro sin ser un agente del antipetrismo radical y en ocasiones dándole voz al presidente y a algunas de las figuras de su gobierno.

El de Petro, un gobierno de claroscuros

A un poco más de un año de terminar su gestión, el gobierno de Gustavo Petro no es el desastre general que pintan la derecha y los medios dominantes y sí más bien un gobierno con algunos logros y varios fracasos. 

Se aprobaron la reforma tributaria y el Plan de Desarrollo en el Congreso gracias al liderazgo del ministro José Antonio Ocampo y del director de Planeación Nacional Jorge Iván González. Posteriormente se rompe la coalición con otras fuerzas políticas lo que dificultará la aprobación de la reforma a la educación, la reforma laboral y la reforma a la salud.  Con dificultad se logra la aprobación de la reforma pensional, si bien cursan demandas de nulidad de esa aprobación por vicios de forma.

Considero un desacierto político haber roto la coalición de gobierno. Mucho más si tenemos en cuenta que el gobierno Petro sigue teniendo apoyos importantes en numerosos parlamentarios del Partido Liberal, del Partido Conservador, del Partido Verde y del Partido de la U que han apoyado sus proyectos de reforma en el Congreso.

El gobierno ha avanzado en la compra y entrega de tierras a los campesinos, en la reducción de la deforestación en la Amazonia, en la creación de una Jurisdicción Agraria y en el reconocimiento simbólico del campesinado, invisibilizado paradójicamente por la Constitución multicultural de 1991. 

En relación con la economía, si bien el crecimiento no ha sido muy notable (un PIB de 0,7 en 2023, 1,7% en 2024, con una proyección de 2,6% para 2025), el gobierno ha sido exitoso en reducir la inflación y del desempleo: la primera pasó de 9,3% en 2023 a 5,2% en 2024 y el segundo de 11,3% a mediados de 2022 a 8,2%, en febrero de 2025. 

Un indudable legado del actual gobierno es el reto de avanzar en políticas de equidad y desarrollo social para los sectores más pobres y excluidos. El presidente Petro maneja y expresa un genuino sentimiento de empatía por los humildes y los excluidos que seguramente le da importantes réditos de respaldo y aprecio desde los sectores populares y los más empobrecidos.

Un logro muy importante y coherente con el espíritu de este gobierno es el respeto a la protesta social y a las movilizaciones de los opositores. A diferencia de otras épocas, la oposición ha podido marchar con total respeto por parte de la Policía Nacional sin que les saquen los ojos con balas de goma a los manifestantes.

La comunicación presidencial: manejo caprichoso y descuidado del Twitter y envío de señales contradictorias y confusas a la sociedad 

El manejo de las comunicaciones gubernamental y presidencial por parte de Gustavo Petro ha sido descuidado.

Se tardó un año para nombrar en propiedad a una gerente de RTVC a la cual tuvo que relevar unos meses después por supuestos o reales malos manejos administrativos. Tardarse un año en nombrar gerente de la radiotelevisión pública implica seguir trabajando todo ese tiempo con los funcionarios de libre nombramiento y remoción de la administración anterior, y no asumir rápidamente un frente clave para la proyección de la política comunicacional del nuevo gobierno (¿la había?).

El manejo personal de Twitter si bien le permite en ocasiones al presidente responder a críticas del periodismo dominante o de personalidades políticas que lo confrontan, es también un escenario riesgoso, donde Petro se desgasta asumiendo funciones que debería realizar un vocero presidencial o, deseablemente, un equipo de comunicaciones ágil y diligente que cuide la imagen y el mensaje presidencial y decida sobre la oportunidad o no de los mensajes del primer mandatario de la nación.

Mensajes a menudo confusos, con serios problemas de sintaxis, de claridad en cuanto a lo que se quiere transmitir y de pertinencia política. Divagaciones retóricas y egocéntricas sobre sí mismo como “el último Aureliano Buendía”, totalmente fuera de foco en sus tweets sobre Donald Trump y los deportados colombianos, que son leídas además críticamente por un público que está leyendo o releyendo la novela o viendo la serie en Netflix y que difícilmente puede tener en buena consideración a un personaje fantasioso y autoritario, perdedor de 32 guerras civiles, como Aureliano Buendía. 

La comunicación verbal de Petro adolece también de frecuentes ligerezas y prejuicios, inaceptables en el discurso de un presidente por las implicaciones de la jerarquía desde la cual se emiten sus valoraciones: comentarios fuera de tono como la alusión a las mujeres periodistas como “muñecas de la mafia o como aquel que en septiembre de 2024, en referencia al magistrado afrocolombiano Gerson Chaverra, presidente de la Corte Constitucional, se pregunta cómo un negro puede pertenecer al Partido Conservador. Ligerezas verbales que deterioran su relación institucional con las Cortes y que conducen a que al presidente se le perciba como un “bocón”, sin claridad sobre las implicaciones de su oralidad pública como máxima autoridad de la nación. Cabría recordar que hemos tenido insignes conservadores como Alfredo Vásquez Carrizosa, ex canciller y defensor de los derechos humanos o como el propio Quintín Lame, líder indígena de filiación conservadora.

Lo grave de todas estas salidas en falso es que le sirven en bandeja argumentos fuertes a sus opositores de derechas para que lo descalifiquen como presidente y como persona y por ende también a su gobierno y a la izquierda en el poder.

Foto: Presidencia de Colombia

La desconsideración por las convenciones y las formas de la comunicación

El presidente ha carecido de equipos que conozcan de comunicación gubernamental, de sus formatos y convenciones discursivas y de puesta en escena del discurso y la figura presidencial (es muy probable también que sus asesores le hayan informado sobre estas convenciones y formatos establecidos y el presidente haya decidido comunicar “a su manera”). 

El formato de la alocución presidencial que normalmente se lleva a cabo en directo y que debe ser breve, en la medida en que se emite por canales públicos y privados y afecta horarios y compromisos comerciales y públicos de programación y exhibición, ha sido reemplazado por intervenciones del presidente en otros escenarios sociales, que se retransmiten en diferido y se hacen pasar por “alocución presidencial”. 

En alguna ocasión el material que se transmitió como alocución presidencial (un discurso de Petro en una ceremonia militar) yo ya lo había visto transmitido ese mismo día por algún medio de comunicación. Al darme cuenta que ya lo había visto, apagué la televisión. Es probable que el presidente considere que ese formato tradicional es demasiado solemne y prefiera puestas en escena mucho más cotidianas y populares, como cuando a propósito de la reforma del régimen pensional nos presentó en otra de sus “alocuciones”, de manera afectuosa y solidaria, a un anciano pobre de más de 90 años que acababa de recibir su auxilio pensional. 

Considero de todas formas, que este tipo de reemplazos informales del formato tradicional de los presidentes para dirigirse a la nación le quita majestad a la alocución presidencial y capacidad de llegada a distintos sectores y clases sociales.

El Consejo de ministros del 4 de febrero de 2025, transmitido por el presidente Petro con ropaje de alocución presidencial (lo que muestra una vez más la falta de claridad sobre los formatos de la alocución presidencial), va a ser presentado ahora por el presidente como una instancia de gobierno “transparente y de cara al país”, luego de su evidente fracaso en su primera emisión, al develar la baja ejecución ministerial, el pobre cumplimiento de metas y las graves fracturas internas dentro del propio gobierno. 

Discurso confrontacional, polarización populista y encierro defensivo de la izquierda petrista

No comparto el diagnóstico de una izquierda que tendría solo una parcela de poder en la Presidencia de la República y en el Ejecutivo, y que estaría bloqueada por una derecha monolítica y oligárquica que desde los gremios económicos, el Congreso, los partidos tradicionales, los empresarios, el poder judicial y los grandes medios de comunicación estaría torpedeando las reformas del gobierno Petro.

Sin duda, en cada uno de esos estamentos hay enemigos del proyecto del Cambio Histórico a los que no les interesa el cambio del status quo. Pero están lejos de constituir un bloque monolítico. Y por cierto, los grandes escándalos que han minado el prestigio de este gobierno (el caso Nicolás Petro, los enfrentamientos entre Armando Benedetti y Laura Sarabia, el caso de la niñera de la Sarabia y el suicidio del coronel de la Policía Óscar Dávila, la corrupción en la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo y de Desastres UNGRD, el caso de la investigación a la Consejera para las Regiones Sandra Ortiz), todos han sido producto del “fuego amigo” y no un resultado de maquinaciones externas al gobierno.

Uno de los grandes problemas políticos y comunicacionales del gobierno Petro es que mientras durante buena parte de su mandato, aún después de la ruptura de la coalición, enarboló la idea de un gran acuerdo nacional, de otro lado, desde una propensión emocional del presidente a la actitud y al discurso confrontacional, termina estigmatizando a los empresarios y a otros posibles aliados de ese gran acuerdo nacional. 

El presidente acaba refugiado en un discurso viejo y maniqueo de “pueblo contra oligarquía” y sus seguidores más fieles e incondicionales capturados por esa retórica de división bipolar de la sociedad. La paradoja es que mientras Uribe Vélez podía polarizar con cierto éxito a la sociedad con su discurso antizquierdista y estigmatizar a los opositores como Hollman Morris, Jorge Enrique Botero, León Valencia y las ONG de derechos humanos nombrándolos “guerrilleros vestidos de civil”, el entonces presidente lo podía hacer con cierta facilidad porque tenía una favorabilidad en las encuestas de entre el 70 y el 80 por ciento. Gustavo Petro, con una importante pero mucho menor popularidad del 30%, estimula una polarización que no lo favorece, así le permita mantener cautivo su actual caudal político-electoral.

Con ese discurso presidencial a menudo pendenciero que se ha exacerbado tras el mezquino hundimiento en el Senado de la reforma laboral, calificando a muchos de sus opositores como nazis o fascistas, el presidente corre el riesgo de perder a nuevos sectores de las clases medias y de los propios sectores populares, cansados de la polarización en las redes pero también en las relaciones sociales y de un discurso presidencial denigratorio frente a quienes piensan diferente. 

Discurso además triste, no solo por la arrogancia y la ausencia de humor en sus intervenciones, sino porque no hay una referencia constructiva a las cosas buenas del país y a la posibilidad de avanzar en acuerdos básicos entre los colombianos. Esa apuesta discursiva confrontacional dificultó también la aprobación de las reformas, frente a las cuales el presidente pudo haber tenido un mayor liderazgo público, más persuasivo y capaz de construir consensos.

Una innumerable cantidad de viajes al exterior tal vez excesiva, un desborde discursivo mayúsculo y muchas veces caótico y un desempeño deficiente de su rol de gerente y administrador principal de los procesos del cambio político, son causantes también del fracaso del gobierno en la ejecución de presupuestos y proyectos.

RTVC y los medios públicos: entre sus funciones de balance de la información sesgada de los medios corporativos y el riesgo de constituirse en un régimen de propaganda gubernamental

En un ambiente de comunicación corporativa dominante, tendencialmente adversa al gobierno, como lo he mostrado arriba, la Radio Televisión de Colombia, RTVC, en alianza y encadenamiento entre Señal Colombia y las estaciones locales de la Radio Nacional de Colombia ha tenido que asumir el papel de informador de los procesos y logros del gobierno Petro que los medios dominantes silencian o escamotean. 

Aunque esto no está mal y es positivamente sintomático que el Noticiero televisivo RTVC haya ganado recientemente el Premio India Catalina al noticiero de televisión preferido del público, hay un riesgo que se corre y es que los canales públicos terminen asumiendo funciones de propaganda de las políticas gubernamentales sin que haya espacios de crítica no solo para el desempeño político y comunicativo del presidente, de sus ministros y principales funcionarios, sino del conjunto de la institucionalidad gubernamental y de sus políticas públicas.

El creciente peso de los influencers y los youtubers en la comunicación gubernamental, pero también en la esfera pública, reconociendo el derecho de muchas y muchos de estos jóvenes a labrarse un futuro profesional como comunicadores, es un factor que debe ser mirado críticamente en cuanto a sus posibilidades de contribuir a la formación de una opinión pública pluralista, crítica con el poder y bien informada. Hay ya indicios y evidencias, en algunos de los productos de estos influenciadores, de partidismo sectario, descalificación moral de las decisiones de las Cortes que desfavorecen al presidente, así como de estigmatización de los ciudadanos y políticos críticos del petrismo. Algunos de estos influencers y youtubers, en lugar de un trabajo informativo y deliberativo cuidadoso, con implicaciones pedagógicas para las audiencias alrededor de una comunicación pluralista, veraz y democrática, están funcionando como propagandistas del gobierno y del presidente.

Finalmente quisiera decir que, como muchos colombianos, tengo mucho de frustración con el desempeño real del proyecto del Pacto Histórico y en particular con el propio desempeño del presidente Gustavo Petro. Hubiera querido un proyecto amplio y creativo de izquierda democrática, no caudillista ni populista, promotor de la diversidad política y de la riqueza cultural de nuestra sociedad y capaz de ganarse el aprecio de amplios sectores de la sociedad. Y no este encierro ideológico contestatario y defensivo frente a la “oligarquía” que nos propone hoy Gustavo Petro. 

Tal vez siendo más aterrizados frente a las realidades, tengamos que tener en cuenta, aplicando la pista de cultura popular presente en la canción de Andy Montañez al desempeño del presidente y de la izquierda del Pacto Histórico, que “uno no es lo que quiere, sino lo que puede ser”. 

Le recomendamos: Gustavo Petro y la bandera del M-19

Acerca del autor

Fabio Lopez
Fabio López de la Roche
fabiolopezdelarocha@razonpublica.org.co | + posts

Historiador, Ph.D. en Literatura y Estudios Culturales, University of Pittsburgh, USA, coordinador del Centro de Pensamiento en Comunicación y Ciudadanía Universidad Nacional de Colombia.

5 comentarios

Fabio López de la Roche

Escrito por:

Fabio López de la Roche

Historiador, Ph.D. en Literatura y Estudios Culturales, University of Pittsburgh, USA, coordinador del Centro de Pensamiento en Comunicación y Ciudadanía Universidad Nacional de Colombia.

5 comentarios de “La comunicación del presidente Petro o el descuido de las convenciones y las formas”

  1. Muchas gracias profesor Fabio por compartir tan cesudo articulo,; y hablando del forma más que del fondo, es preocupante para muchos de los que queremos mantenernos en un verdadero «centro», el que la izquierda (radical) no deje de encasillar el a los de centro con el «uribismo» por aquello de ese nombre de marras «centro democratico» , que no es ni lo uno ni de lo otro.
    Que bueno seria por otro lado, un análisis de rctv y en general de los medios oficiales no influencers y/o YouTube, saludos.

  2. Cuando un presidente afirma que Jesús era palestino y que los israelíes son dueños de la banca norteamericana eso va más allá de las formas y la ignorancia y nos recuerda al último de los Adolfs.

  3. Muy buen artículo, de lo poco que se puede leer equilibrado y objetivo. No estoy de acuerdo con todo (la coalición era imposible de mantener, la derecha en bloque sí esta bloqueando al gobierno, no hay posibilidad de conciliar con los poderes económicos que quieren todo para sí, nada para
    los demás) pero el autor presenta una perspectiva muy razonable y una análisis muy acertado de las comunicaciones del gobierno.

  4. Muy bueno el análisis, aunque pienso que es muy difícil avanzar con todo un bloque de medios y partidos en contra. Por qué se rompió la coalición? Porque querían unas reformas tímidas, graduales, que no les quitaran los privilegios al “establecimiento”. Se concluye que en Colombia es muy difícil, casi imposible hacer reformas, como en el Vaticano. Y señor Eduardo, Belén y Nazareth, si quedan en la hoy Cisjordania ocupada y despojada por Israel. No es sino mirar el mapa.

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