
El detrimento familiar: demografía, soledad y el fin de la familia extensa
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El detrimento familiar es un fenómeno transversal entre lo social, lo económico y lo psicológico, que está llegando de forma acelerada y con unos desafíos jamás vistos en una sociedad que no planeó este escenario y sus consecuencias, ni mucho menos tiene los recursos para enfrentarlos.
Mi sobrina es la única niña de la familia. Nacida en Brasil, no tiene tíos ni primos por parte de su padre, porque este es hijo único. Por parte de madre, tiene dos tíos (incluido yo) y existe la posibilidad de tener primos.
Para poner en perspectiva lo que acontece con nuestra familia, mi padre tiene ocho hermanos, y mi madre, cuatro. Lo que quiere decir que mis hermanas y yo tenemos doce tíos. En contraste, mi sobrina solo tiene dos. De doce tíos a dos en una generación.
Este caso familiar no es excepcional, sino representativo de una tendencia demográfica generalizada. La realidad de mi sobrina, como la de la mayoría de los niños nacidos en estos últimos años, es totalmente diferente a la de mis hermanas, mis primos y nuestra generación.
La caída de la natalidad y la reducción de los miembros de la familia
Según el último informe del DANE de 2025, casi el 50% de los nacimientos se concentra en las madres cuyas edades rondan entre 25 y 34, años, es decir, dentro del período de mayor fertilidad. Su rango de edad concuerda con la cohorte más grande de nacimientos en el país: la de la década de los noventa, con 8,6 millones de nacimientos, que comprende a las personas de entre 26 y 35 años en la actualidad.
Sin embargo, la cohorte más grande del país no refleja un mayor eco demográfico visible; de hecho, es todo lo contrario: Colombia tiene una de las caídas más aceleradas de la natalidad en el mundo —si no es la más acelerada—, con 1,1 de tasa global de fecundidad (TGF), siendo mucho más rápida que las de Japón y Corea del Sur (véase la “Coreanización de la natalidad en Colombia”). Asimismo, no hay ningún país latinoamericano que tenga una tasa de reemplazo.
En pocas palabras, la caída de la natalidad en Colombia se produce mientras la cohorte más numerosa y en edad de tener hijos transcurre, lo que indica un cambio estructural e irreversible en el comportamiento reproductivo que influye directamente en la transformación de la familia.
La evidencia proveniente de los boletines del DANE de 2003 y de la Encuesta Nacional de Calidad de Vida 2024 muestra una transformación en el tamaño de los hogares en Colombia, consistente con un proceso de transición demográfica avanzada. Entre 2003 y 2024, el tamaño promedio del hogar colombiano se redujo aproximadamente de 3,9-4,0 personas a 2,86 personas. Esta disminución sostenida y acelerada refleja la convergencia de varios factores demográficos y socioeconómicos, entre ellos la caída de los nacimientos, el aumento de la esperanza de vida y la postergación de la edad de constitución familiar debido a factores económicos o educativos.
La nueva realidad del detrimento familiar y sus desafíos
La nueva realidad es que en las familias colombianas y latinoamericanas cada vez hay menos miembros. En los últimos veinte años, las familias colombianas disminuyeron en casi un familiar y medio; los datos muestran que, de continuar la tendencia, dentro de veinte años la familia colombiana podría rondar el tamaño promedio de sociedades con alta prevalencia de hogares unipersonales.
Nos encontramos ante un problema sociológico similar al de la estructura familiar de 4-2-1, visto en países como China (funcionalmente similar, mas no institucional), que muestra una pirámide inversa, con un árbol familiar compuesto por cuatro abuelos, dos padres (ambos hijos únicos) y un hijo. Un escenario donde, además de no haber hermanos, tampoco hay familias extendidas de tíos ni, mucho menos, primos.
En este escenario, a continuación se mencionan los desafíos que enfrentan la sociedad y la familia en términos sociológicos, psicológicos y económicos, que ahora son diferentes y más desafiantes que en el pasado.

Implicaciones familiares
Hay menos reuniones familiares porque hay menos cumpleaños, celebraciones de grado, matrimonios y demás conmemoraciones. El tiempo en que se celebraba un acontecimiento y se pensaba en la celebración de la próxima semana o del próximo mes disminuye drásticamente. Las relaciones que se construirán entre tíos y primos, como pares, de forma horizontal, reducirán las experiencias compartidas hasta su desaparición.
Las nuevas generaciones se encontrarán no solo con cada vez menos reuniones familiares que las generaciones previas, sino con muchos menos miembros de la familia con quienes socializar, interactuar y compartir experiencias, hasta que estas interacciones desaparezcan.
Implicaciones en el sistema del cuidado
Con más miembros de la familia, la responsabilidad del cuidado de los adultos mayores, los niños y los miembros enfermos o con discapacidades podía redistribuirse de manera más equilibrada. Sin embargo, con la nueva realidad del deterioro familiar o la reducción del número de miembros de la familia, hay menos capacidad para encargarse de los familiares que más lo necesitan.
Los miembros de la familia extendida suelen actuar como una red “horizontal” de protección. Al reducirse o desaparecer, el soporte aumentaría en el eje vertical, es decir, el Estado. La construcción de ancianatos, lugares de reposo y clínicas especializadas en el cuidado de personas de la tercera edad deberá aumentarse para compensar y, con ello, aumentarán los recursos invertidos en esta área.
Implicaciones psicosociales
Una familia con menos miembros también afecta la psicología de las personas. Al acercarnos a la estructura familiar con muchos menos miembros, nos acercamos a las condiciones de una “generación solitaria”: nos movemos a una sociedad donde, por diseño o estructura, tendremos menos vínculos disponibles, porque la opción de un tío o primo favorito, o de quien compartimos su punto de vista, se apoya en la premisa de que matemáticamente hay de donde elegir.
Pero no solo la soledad se acentúa al movernos a familias mucho más pequeñas: también habrá un incremento de la presión intergeneracional (padres y abuelos presionando por éxito socioeconómico y cuidado parental) que provocará una mayor carga emocional; aumentarán las dificultades en el desarrollo de habilidades de solución de conflictos y gestión de la frustración por el hecho de crecer con pocos, o cero, pares (hermanos, primos); se reducirá la exposición de modelos de vida distintos a los presentes en el núcleo familiar (ese tío que viajó o ese primo que estudió algo distinto a lo que su familia quería); se sentirá una mayor vulnerabilidad y agotamiento en momentos de crisis, etc.
En este contexto, la reducción y la eventual desaparición de esa red familiar plantean un reto psicológico sin precedentes en esta escala.
Implicaciones en el envejecimiento de la familia
Las reuniones familiares en las que la mayoría de los miembros eran jóvenes o incluso niños se reducen aceleradamente. Sin embargo, lo más preocupante es que nos acercamos a una realidad donde la mayoría de la familia está en camino a estar integrada por miembros de la tercera edad.
Si ya se están notando aumentos en los casos de abandono de personas de la tercera edad, estructuralmente puede incrementarse este fenómeno de manera acelerada en los próximos años (piénsese en lo complejo de un caso en el que un hijo único tenga que encargarse de sus padres sin ninguna ayuda familiar).
Conclusiones
La realidad demográfica no solo se muestra en números o en datos que parecen lejanos de la cotidianidad: es una nueva forma en que las familias colombianas empiezan a cambiar. El valor numérico que respalda a la familia decrece y, con ello, cambian las dinámicas relacionales entre los miembros que quedan: menor frecuencia e intensidad de las interacciones familiares, y reducción de las redes de contacto y apoyo familiar en caso de problemas relacionados con la salud, la economía y la sociedad.
En ese sentido, lo ideal sería empezar a cuestionarse si esta es la sociedad que queremos para el futuro próximo o, por lo menos, prepararse para el comienzo de dicha transformación, en especial en los sectores de la salud, los cuidados y el retiro. El detrimento familiar es un fenómeno transversal entre lo social, lo económico y lo psicológico, que está llegando de forma acelerada y con unos desafíos jamás vistos en una sociedad que no planeó este escenario y sus consecuencias, ni mucho menos tiene los recursos para enfrentarlos.
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Acerca del autor
Leonel Buelvas
*Doctor en Comunicación de la Universidad Iberoamericana (CDMX); magíster en Estudios de la Cultura, con mención en Comunicación de la Universidad Andina Simón Bolívar (Quito), y profesional en Lingüística y Literatura de la Universidad de Cartagena (Cartagena de Indias).
4 comentarios





Excelente análisis. Se siente cercano y no es solo un relicario de cifras y números sino que ejemplifica con situaciones cotidianas
A todo esto, se agrega la provisionalidad de las relaciones de pareja, matrimoniales o de hecho. En el pasado, la gente se casaba para durar, y los esposos envejecían juntos. Ya, no, por lo tanto, es otro factor de soledad, ni hijos, ni pareja, ni hermanos. Muchos sicólogos en vez de ayudar a mejorar las relaciones familiares, superando desavenencias, ayudan a acabarlas.
Frente a esta posible catástrofe, como afirma el autor, se deben buscar soluciones inmediatas; una podría ser la rápida conversión de colegios y universidades que comenzarán a cerrarse masivamente a partir del 2030, en centros geriátricos, culturales y de readaptación laboral para los millones de ancianos que puedan quedar desamparados.
Es preocupante el futuro de la humanidad, y, lo peor del asunto es que no hay políticas encaminadas a buscar soluciones para esta situación.