Jose Eduardo Gomez Gonzalez - Jacobo Campo, autor en Razón Pública
Foto: Flickr: Pontificia Universidad Católica de Chile

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Existen serias confusiones sobre las universidades, como la diferencia entre candidato a doctor y doctor titulado, o la diferencia entre profesores de distintas categorías. Este artículo explica las diferencias.

Jacobo Campo Robledo* y Jose E. Gomez-Gonzalez**

Dos grandes confusiones

En Colombia, la academia no es valorada como merece. Esto puede deberse a muchos factores. Pero ciertamente parte de un desconocimiento sobre estas instituciones. Nos referiremos a dos que son neurálgicos y alrededor de los cuales hay mucha confusión. 

El primero de ellos es la diferencia entre el título de doctorado y su candidatura, mientras que el segundo se refiere a los distintos tipos de cargos profesorales y de investigación que existen en las universidades, sobre todo en el sistema universitario de Estados Unidos, a partir del cual será más fácil de entender el colombiano. 

Estos dos puntos son importantes para el caso colombiano por diferentes motivos. Por una parte, en Colombia se le dice “doctor” a muchas personas, pero no todas son realmente doctores. Del mismo modo, no todo el que hace un doctorado es un doctor. Solamente aquellos que se gradúan lo son. 

Adicionalmente, en redes sociales varias veces se ha presentado una discusión acerca de los postdoctorados, que algunas personas han considerado como un programa de estudios formal posterior al doctorado. Esto es un error, puesto que el título final que se ofrece en la academia globalmente es el doctorado. El postdoctorado es un contrato de trabajo, generalmente de corta duración, que algunos doctores realizan como paso inicial de vinculación laboral en la academia, con el fin de obtener una plaza profesoral.

al no existir un acuerdo unánime sobre lo que se considera un “candidato a doctor”, en principio cualquier persona que vaya encaminada hacia obtener el título puede decir que lo es. Pero la candidatura no dura por siempre, puesto que no es un título en sí.

Por otra parte, a veces las personas que realizan actividades laborales en alguna universidad se presentan como profesores. Sin embargo, dentro de la academia hay diferentes tipos de posiciones laborales que no son todas idénticas. Este debate también ha surgido recientemente en redes sociales y esta columna pretende dar luces a dicho debate.

Doctores

En cuanto al primer punto, el título de estudios más alto que ofrece la academia es el de doctor. Para obtenerlo, hay que cumplir ciertos requisitos como tomar una serie de asignaturas, presentar exámenes llamados qualifiers o comprehensives y aprobar una disertación doctoral acordada con un comité de profesores, generalmente perteneciente a la universidad en la que el candidato está estudiando. 

La “candidatura” a doctorado no es ni un título formal ni una figura definida y delimitada claramente en la academia. En principio, candidato puede ser cualquier persona que se encuentre estudiando un programa doctoral y que no haya obtenido el título todavía. Generalmente, se consideran “candidatos” aquellas personas que han reunido todos los requisitos para obtener el título salvo la defensa formal de la disertación. Se les suele llamar ABD, por All But Dissertation

Sin embargo, al no existir un acuerdo unánime sobre lo que se considera un “candidato a doctor”, en principio cualquier persona que vaya encaminada hacia obtener el título puede decir que lo es. Pero la candidatura no dura por siempre, puesto que no es un título en sí. 

Por esa razón, quien estuvo matriculado en algún momento de su vida en un programa doctoral y por algún motivo no obtuvo el título, debería dejar de considerarse candidato después de que ya no sigue dando pasos decididos para obtenerlo. De hecho, algunas universidades definen un plazo máximo para que sus estudiantes obtengan el título y, si no lo obtienen durante ese tiempo, ya no les permiten seguir.

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Profesores

En lo que se refiere al segundo punto, empecemos por reconocer que en el mundo académico hay distintos cargos de docencia e investigación. No todos los cargos de profesor son iguales. 

Las universidades tienen profesores de planta o de tiempo completo y de carrera académica, que generalmente se dividen en dos categorías: la “professorial” y la de “lecturers”. La primera involucra profesores investigadores y suele ser la más central en las universidades. Así mismo, es la más exigente y a la cual es más difícil entrar y más aún mantenerse. 

Se empieza por la posición de Profesor asistente. Después de lograr varios requisitos y un proceso de evaluación muy exigente, se llega al tenure o permanencia indefinida en la posición. La obtención del tenure es altamente deseada por los profesores asistentes, pues implica la obtención de varios beneficios donde el principal es la estabilidad laboral. 

De hecho, cuando un profesor obtiene el tenure si se cambia de universidad esta le respeta y conserva el tenure. Es importante aclarar que en Colombia no existe esta figura de forma explícita, pero en las principales universidades del país el paso de Profesor asistente a la siguiente categoría, Profesor asociado, se considera informalmente como el haber alcanzado el tenure.

Los profesores con tenure se dividen en dos categorías: Profesores asociados y Profesores, el equivalente de esta posición en Colombia sería el Profesor titular que tienen la mayoría de universidades. Los lecturers, por su parte, son profesores dedicados a la docencia y al servicio. No tienen tenure propiamente dicho, aunque en algunas instituciones se les da un contrato indefinido después de varios años de trabajo.

Además de los profesores de carrera académica están los Profesores adjuntos, que en Colombia los llaman de catedra u ocasionales y que son contratados semestre a semestre según las necesidades que estas tengan para completar los docentes de los cursos que ofrecen. Suelen ser posiciones con menos estabilidad laboral. 

en Colombia se le dice “doctor” a muchas personas, pero no todas son realmente doctores. Del mismo modo, no todo el que hace un doctorado es un doctor.

Finalmente, también hay otros cargos, como los contratos de postdoctorado. Estos son cargos temporales, generalmente no muy bien remunerados, que algunas personas toman como una vía para procurar ingresar después en la carrera académica profesoral. En la mayoría de los casos, las personas con contrato de trabajo postdoctoral no son contratadas por la misma universidad en la que trabajaron bajo esta figura. Generalmente, suelen encontrar trabajo más estable en universidades de menor categoría que aquellas donde trabajaron con contrato postdoctoral.

También están los llamados Profesores de práctica o “professors of practice”, los “clinical professors” o los asociados de investigación que cumplen tareas específicas en las universidades como las de dirigir un programa o dictar unas clases en particular, pero que no hacen parte del cuerpo profesoral de carrera académica. Cuando las universidades se refieren a su cuerpo de profesores para fines de acreditación o rankings, generalmente se refieren a sus profesores de carrera académica.

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* Este artículo hace parte de la alianza entre Razón Pública y la Facultad de Economía de la Universidad Externado de Colombia. Las opiniones expresadas son responsabilidad de los autores.

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Jose Eduardo Gomez Gonzalez - Jacobo Campo

Escrito por:

Jose Eduardo Gomez Gonzalez - Jacobo Campo

* Docente Investigador de City University of New York-Lehman College, Ph.D. en Economía de la Universidad de Cornell, economista de la Universidad Nacional de Colombia.

** Docente de la Universidad Externado de Colombia, magíster en Economía de la Universidad del Rosario, economista y negociador internacional de la Universidad ICESI.

Foto: Freepik: vecstock

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La inclusión explícita de temas financieros en la política monetaria puede anticipar crisis económicas y proteger el empleo y el bienestar social. ¿Por qué y cuáles son las dificultades para incorporarlos?

Jose E. Gomez Gonzalez* y Jacobo Campo Robledo**

¿Qué es la “inflación objetivo”?

Los bancos centrales son los responsables del diseño y conducción de la política monetaria, clave para la estabilidad macro financiera y el desarrollo económico sostenible de cualquier país.

Actualmente, los bancos centrales de casi treinta países han incorporado el sistema de “inflación objetivo” en sus decisiones de política monetaria. Esta estrategia consiste en establecer una meta explícita de inflación a mediano o largo plazo y usar herramientas de política monetaria —como decir, las tasas de interés de corto plazo— para alcanzar ese propósito.

Durante los auges económicos, cuando todo va bien y la economía crece de forma acelerada, se suelen sentar las bases de la inestabilidad financiera.

Pero, a partir de la gran crisis financiera que afectó a la mayoría de las economías desarrolladas entre 2008 y 2010, varios académicos han resaltado la importancia de que los bancos centrales consideren metas de estabilidad financiera de forma explícita.

La necesidad y los retos

La necesidad de que los bancos centrales incorporen la estabilidad financiera como un propósito de política explícito surge como una respuesta a los retos emergentes que enfrentan los países en un mundo globalizado. La interacción entre los mercados financieros y la economía real ha adquirido una importancia sin precedentes, dejando en evidencia la importancia de una política monetaria que no solo considere la estabilidad de precios, sino la estabilidad financiera.

La inclusión explícita de temas financieros en la regla de política de los bancos centrales ofrece varias ventajas, como una mayor capacidad de anticipación a posibles crisis, la mitigación de riesgos sistémicos y la promoción de un entorno económico robusto y resiliente. La estabilidad financiera no solo resguarda el sistema bancario, sino que influye directamente en la capacidad de la economía para promover un crecimiento sostenible, empleo y bienestar social. Más aún, la estabilidad financiera puede afectar la estabilidad de precios.

Las crisis financieras se han vuelto más frecuentes y duraderas en las últimas dos décadas. Han mostrado los peligros de pasar por alto los aspectos financieros en la formulación de la política monetaria. Durante los auges económicos, cuando todo va bien y la economía crece de forma acelerada, se suelen sentar las bases de la inestabilidad financiera. A medida que se crean incentivos para aumentar la inversión y se pagan las deudas, surgen las condiciones para que la oferta y la demanda de crédito crezcan aceleradamente.

Por lo tanto, las políticas de otorgamiento de crédito tienden a volverse más laxas y esto contribuye al exceso de endeudamiento y a la creación de burbujas de activos, lo que eventualmente conduce a crisis, como se ha documentado en varios trabajos académicos importantes.

Lamentablemente, cuando la política monetaria se ocupa solamente de la inflación de bienes y servicios, esto puede contribuir a dicha situación. Por ejemplo, las tasas de interés bajas durante períodos prolongados de tiempo pueden motivar la activación del canal de riesgo en la transmisión de la política monetaria, lo que lleva al aumento de la cartera riesgosa del sistema financiero. En ese sentido, incorporar temas financieros en la regla de política monetaria ayudaría a prevenir la repetición de tales escenarios pues sería una supervisión más proactiva de los riesgos financieros emergentes.

Foto: Caja de la Vivienda Popular - El aumento del crédito y los precios de la vivienda son indicadores financieros que reflejan la salud del ciclo financiero en una economía.

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Política monetaria y precio de los activos

Tal como Hyman Minsky destacó en la década de 1970 al desarrollar la Hipótesis de la Inestabilidad Financiera, la economía presenta dos sistemas de precios que pueden experimentar movimientos dispares en determinados momentos. Por un lado, están los precios de los bienes y servicios y, por el otro, están los precios de los activos. Esta distinción subraya la dualidad inherente en el sistema económico, pues las variaciones en los precios de los bienes y servicios pueden divergir de los cambios en los precios de los activos, dejando en evidencia la complejidad de los factores que influyen en la estabilidad financiera y económica.

Desafortunadamente, la mayoría de los bancos centrales prestan su atención en los precios de bienes y servicios, descuidando el análisis del comportamiento de los precios de los activos en la formulación y aplicación de la política monetaria. Esta práctica parece pasar por alto el hecho de que la política monetaria ejerce una influencia significativa en el comportamiento de los precios de los activos, y que dicho comportamiento tiene consecuencias notables en la economía real.

La duración de las burbujas financieras se encuentra intrínsecamente vinculada a la postura adoptada por la política monetaria. Este período de persistencia no solo sirve como un indicador, sino como una proxy de otras dimensiones críticas, tales como la magnitud de estas burbujas y los desequilibrios macroeconómicos que pueden desencadenar.

Las crisis financieras acarrean costos significativos para la sociedad en su conjunto y afectan de manera particular a la población más vulnerable debido al aumento del desempleo y la escasez de crédito. En ese sentido, están estrechamente relacionadas con las burbujas financieras, en especial las relacionadas con el sector inmobiliario.

Por estas y otras razones, como la correcta trasmisión de la política monetaria, los riesgos sistémicos, las expectativas del mercado y los efectos en la distribución del ingreso y la riqueza, resulta imperativo que los bancos centrales incorporen de manera integral los precios de los activos en el diseño y la ejecución de la política monetaria.

¿Cómo incluir los precios en las reglas de decisión?

En los países donde se adopta la “inflación objetivo”, como en Colombia, los precios se incluyen en las reglas de decisión de dos maneras:

  1. Con la ampliación de la regla de Taylor, incorporando una tercera brecha adicional a las brechas de inflación y producto: la brecha financiera. De esa manera, los bancos centrales responderían no solo ante desviaciones de la inflación y el producto respecto de sus valores objetivo o promedio, sino también ante cambios en la brecha financiera.

Una dificultad de esta vía consiste en derivar endógenamente la regla de política óptima con una tercera brecha. Adicionalmente, podría ser complicado determinar la variable financiera o el factor financiero particular para incluir en la función de reacción de los bancos centrales. Por ejemplo, podría considerarse la brecha del crédito, la brecha del precio de vivienda, la brecha de la cartera vencida o riesgosa de los bancos, o la brecha de un factor que considere la variación conjunta de dichas variables.

  1. A través de la inclusión de variables financieras dentro de la definición del producto potencial. Este enfoque reconoce que la estabilidad financiera es un componente esencial de la sostenibilidad económica a largo plazo. El producto potencial, en su esencia, representa el máximo nivel sostenible de producción que una economía puede lograr dados los recursos disponibles y su productividad.

La incorporación de variables financieras en la definición del producto potencial permitiría un análisis más completo y preciso de la capacidad de una economía para sostener su actividad productiva a largo plazo, teniendo en cuenta los riesgos y vulnerabilidades asociados con la estabilidad financiera.

Esto podría proporcionar una base más sólida para la formulación de políticas que intentan promover no solo la estabilidad de precios, sino la estabilidad financiera y, en última instancia, el crecimiento económico sostenible. Distintos académicos han propuesto formas concretas para ejecutar esta opción.

Sin embargo, este enfoque también plantea desafíos conceptuales y metodológicos, como la identificación y medición precisa de las variables financieras importantes y su integración en los modelos económicos usados para estimar el producto potencial. Pese a ello, reconocer la importancia de la estabilidad financiera en la determinación del producto potencial representa un paso crucial hacia una comprensión más completa de la economía y la formulación de políticas más efectivas para promover la estabilidad y el crecimiento a largo plazo.

Desafortunadamente, la mayoría de los bancos centrales prestan su atención en los precios de bienes y servicios, descuidando el análisis del comportamiento de los precios de los activos en la formulación y aplicación de la política monetaria.

Según numerosos estudios académicos de la última década, el crecimiento del crédito y los precios de la vivienda son indicadores financieros que capturan de manera concisa y precisa la salud del ciclo financiero de una economía. El crecimiento del crédito refleja la disponibilidad de financiamiento y la confianza de los prestatarios y prestamistas, mientras que los precios de la vivienda son un indicador clave de la dinámica del mercado inmobiliario, que está intrínsecamente ligado al sector financiero y puede influir en la estabilidad económica en general.

Incorporar estas variables financieras en el cálculo del producto potencial amplía la perspectiva tradicional del producto potencial, dando lugar al concepto de «producto potencial neutral financiero». Este enfoque reconoce que las condiciones financieras, los factores tradicionales que determinan el producto potencial y los recursos y la productividad son fundamentales para comprender la capacidad de una economía para mantener un crecimiento sostenible a largo plazo.

La brecha entre el producto potencial neutral financiero y el producto real, conocida como la «brecha neutral financiera», proporciona información sobre la posición del ciclo financiero y la posible presión sobre los recursos de la economía en un momento dado. Este marco analítico más amplio y completo permite un análisis más preciso de los desequilibrios y riesgos financieros, lo que a su vez puede informar de manera más efectiva la formulación de políticas para promover la estabilidad económica y financiera.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que la medición y el análisis de estas variables financieras pueden ser complicadas y necesitan datos confiables y modelos adecuados. Además, la interpretación de la brecha neutral financiera y su relación con la política monetaria debe realizarse con cuidado, reconociendo la diversidad de factores que influyen en la economía.

Lea en Razón Pública: ¿La apertura financiera afectaría la estabilidad financiera del país?

* Este artículo hace parte de la alianza entre Razón Pública y la Facultad de Economía de la Universidad Externado de Colombia. Las opiniones expresadas son responsabilidad de los autores.

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Jose Eduardo Gomez Gonzalez - Jacobo Campo

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Jose Eduardo Gomez Gonzalez - Jacobo Campo

* Docente Investigador de City University of New York-Lehman College, Ph.D. en Economía de la Universidad de Cornell, economista de la Universidad Nacional de Colombia.

** Docente de la Universidad Externado de Colombia, magíster en Economía de la Universidad del Rosario, economista y negociador internacional de la Universidad ICESI.

Foto: ICA

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Para aumentar la productividad, reducir la pobreza y acelerar el desarrollo se necesita diversificar la economía. Colombia está mejor de lo que suele pensarse en cuanto a la complejidad económica, pero nos queda mucho por hacer.

Jose Eduardo Gomez-Gonzalez* y Jacobo Campo Robledo**

Economías sofisticadas

La economía mundial es un sistema intrincado de interconexiones, influencias y variables en constante evolución. La complejidad económica es fundamental porque refleja la sofisticación de las actividades y tiene un papel crucial en el crecimiento económico, la reducción de la pobreza y el desarrollo humano.

Según el Observatorio de Complejidad Económica (OEC), en 2021 China fue el principal país exportador, Estados Unidos fue el principal importador, y Japón tiene la economía más compleja.

En ese mismo año, Colombia fue la economía número 43 en términos del PIB, la número 109 en PIB per cápita, la número 60 en exportaciones totales, la número 52 en importaciones totales, y la número 56 en el Índice de Complejidad Económica (ECI).

Eso está relacionado con las principales exportaciones de Colombia, que son: Petróleo crudo (26,6%), Briquetas de carbón (12%), Café (7,57%), Oro (6,14%), y Petróleo refinado (5,03%). Exportamos principalmente a Estados Unidos (27,5%), China (8,67%), Panamá (5,65%), India (5,33%), y Brasil (4,86%).

La alta complejidad en tecnología sugiere además un mayor potencial para generar empleo de alta calificación e impulsar el crecimiento sostenible.

Colombia tiene un alto nivel de especialización en flores (81,4), Coque (58,8), Café (44,3), Plátanos (38,8), y Briquetas de carbón (17,7). La especialización se mide a través del uso de la Ventaja Comparativa Revelada, es decir, el cociente entre las exportaciones observadas y esperadas de Colombia en cada producto; este índice muestra si Colombia está en el proceso de ampliar su gama de productos con potencial comercial ante el resto del mundo.
Diversificar la economía colombiana
Foto: Facebook: Ministerio TIC - La inversión en educación es esencial para mantener y mejorar la complejidad económica.

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¿Qué es la complejidad económica?

La complejidad económica se refiere a la diversificación y sofisticación de las actividades productivas y comerciales dentro de una economía. Un país con una estructura económica compleja produce una amplia variedad de bienes y servicios, ya además participa en transacciones comerciales más sofisticadas dentro y fuera de su propio territorio.

La complejidad es necesaria para impulsar el crecimiento económico sostenible, porque ella permite aprovechar las ventajas comparativas, aumentar la productividad y fomentar la innovación.

Simbólicamente, el índice de complejidad económica refleja el conocimiento y procesos que requiere cada una de las transformaciones finales que puede tener un mismo recurso. Por ejemplo, si Colombia produce mangos, puede exportar los mangos por kilo, o en cambio, puede transformar el mango y vender pulpa empacada al vacío, postres, esencias de mango, entre otra gama de productos derivados.

La mayor complejidad está asociada con el ritmo de crecimiento económico futuro. Además, los países más complejos suelen tener trayectorias más estables, en tanto la mayor diversificación reduce la volatilidad y aumenta la productividad, que son dos impulsores importantes del crecimiento de largo plazo.

Los países con economías complejas son más capaces de adaptarse a los cambios en el entorno global y resistir las crisis económicas. Por eso la complejidad económica actúa como un amortiguador frente a la volatilidad y como un motor para la expansión económica continua.

Colombia, ¿somos menos complejos?

Durante los últimos 20 años, la economía de Colombia se ha vuelto relativamente menos compleja: pasó de la posición 49 en 2001 a la posición 56 en el ranking de ECI en el año 2021. Aunque el índice ha mejorado con respecto al decenio 2001-2010, otros países han mostrado mejores resultados que Colombia.

Actualmente, la complejidad económica se mide en términos de su desempeño en tres ámbitos: comercio, tecnología e investigación.

  1. El indicador de comercio es crucial para entender la posición en la red global de intercambio.

Este índice proporciona una visión valiosa sobre la capacidad del país para participar en transacciones comerciales más avanzadas y tecnológicamente complejas; además de reflejar la madurez económica, el indicador influye sobre la capacidad de enfrentar desafíos económicos y sociales.

Con un índice de 0,14 y ubicado en el puesto 56 de 131, Colombia exhibe una estructura comercial con nivel moderado de diversificación y sofisticación. De aquí se sigue que, aunque Colombia se encuentre en una posición media en comparación con sus pares, existe margen para avanzar en términos de diversificación económica.

La adopción de estrategias que fomenten la complejidad es clave para aumentar la competitividad en el escenario global. Esto podría incluir inversiones en investigación y desarrollo, así como políticas de impulso a la innovación y la especialización en sectores de mayor valor agregado.

  1. El panorama es también alentador en el ámbito tecnológico.

Este índice sugiere una estructura económica diversificada y una base tecnológica robusta, elementos que son esenciales para el desarrollo sostenible.

Con un índice de 0,53 y situado en el puesto 41 entre 96, Colombia destaca por su capacidad para participar en actividades económicas de alta tecnología y avanzada sofisticación. Colombia se encuentra entre los líderes en este ámbito, pero aún tiene espacio para mejor su posición.

Estrategias que fomenten la investigación y el desarrollo, la adopción de tecnologías emergentes y el impulso a la innovación serían cruciales para mantener e incluso mejorar su posición.

La alta complejidad en tecnología sugiere además un mayor potencial para generar empleo de alta calificación e impulsar el crecimiento sostenible.

  1. En cuanto a la complejidad en términos de investigación, Colombia también se encuentra en buena posición, con un índice o,54 y el puesto 37 entre 140 países.

Este indicador refleja la amplitud de las investigaciones realizadas y la sofisticación y diversificación de los campos donde el país adelanta sus investigaciones.

Pero tenemos todavía 36 países por delante de nosotros, y por eso necesitamos aumentar la inversión en ciencia y tecnología, promover la transferencia de conocimientos e impulsar la colaboración entre instituciones de investigación.

Complejidad, estabilidad fiscal y desarrollo humano

La estabilidad fiscal depende en gran medida de la complejidad económica, principalmente a través de sus efectos en la productividad, el crecimiento de largo plazo y la volatilidad de la producción. El aumento constante de la producción es clave para evitar los déficits presupuestarios y el aumento desmedido de la deuda, especialmente en un país como el nuestro.

Además los estudios recientes muestran que la alta complejidad económica disminuye el riesgo de una crisis fiscal en un rango que oscila entre el 46% y el 57%.

La complejidad también se relaciona de cerca con el desarrollo humano. Un sistema económico complejo es capaz de crear empleo en sectores avanzados y tecnológicamente sofisticados, lo cual conlleva mejores habilidades y capacidades de la fuerza laboral. Por eso la inversión en educación y formación ese esencial para mantener y mejorar esa complejidad económica.

El aumento en cantidad y calidad de los empleos eleva los ingresos y mejora las condiciones de vida. Por eso la complejidad económica es una herramienta eficaz para abordar problemas sociales como la pobreza y la desigualdad.

Para una política de complejidad económica

Pero importa notar que el aumento de la complejidad económica no es un proceso automático ni uniforme.

Ese aumento necesita de políticas gubernamentales efectivas, inversiones en infraestructura, apoyo a la investigación y desarrollo, fomento de la inclusión social y la igualdad de oportunidades.

La complejidad es necesaria para impulsar el crecimiento económico sostenible, porque ella permite aprovechar las ventajas comparativas, aumentar la productividad y fomentar la innovación.

Además, la cooperación internacional puede desempeñar el papel de facilitar el intercambio de conocimientos y tecnologías.

Al reconocer y fomentar la diversificación y sofisticación de las actividades económicas, Colombia puede construir una base sólida para enfrentar los desafíos económicos y sociales. La complejidad económica es un indicador de la madurez económica del país, y es también una herramienta poderosa para tener sociedades más prósperas e inclusivas.

Por todo lo anterior la Política de Reindustrialización de Colombia es una de las grandes apuestas del gobierno actual para transitar de una economía extractiva a una basada en el conocimiento, productiva y sostenible.

Pero esta política no debe perder de vista la importancia de aumentar la especialización y complejidad económica. Esta es la vía para garantizar un crecimiento económico sostenido y un desarrollo inclusivo que logre reducir sustancialmente la pobreza, la desigualdad, e incluso, la corrupción. La pregunta es cómo hacerlo. Dos pilares son claves:

  • Aumentar la inversión, cobertura y calidad de la educación pública y aumentar el presupuesto destinado a actividades de investigación y desarrollo.
  • Desarrollar una política de reindustrialización que incluya la escogencia de sectores a ser promovidos y una banca de fomento que soporte el avance de dichos sectores.

Promover la complejidad económica en el ámbito comercial, tecnológico y de investigación será esencial para enfrentar los desafíos futuros y aprovechar las oportunidades emergentes en la economía global.

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* Este artículo hace parte de la alianza entre Razón Pública y la Facultad de Economía de la Universidad Externado de Colombia. Las opiniones expresadas son responsabilidad de los autores.

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Jose Eduardo Gomez Gonzalez - Jacobo Campo

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Jose Eduardo Gomez Gonzalez - Jacobo Campo

* Docente Investigador de City University of New York-Lehman College, Ph.D. en Economía de la Universidad de Cornell, economista de la Universidad Nacional de Colombia.

** Docente de la Universidad Externado de Colombia, magíster en Economía de la Universidad del Rosario, economista y negociador internacional de la Universidad ICESI.

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