Los errores de Kamala Harris y la gran noche de los republicanos - Razón Pública

Los errores de Kamala Harris y la gran noche de los republicanos

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El triunfo de Donald Trump no es una sorpresa. En el último día de la campaña, la ponderación de encuestas de Real Clear Politics y otros portales especializados le daban la victoria por una ligera ventaja en Pensilvania. Había empate técnico en todos los estados bisagra y en las encuestas nacionales. Modelos predictivos como el de The Hill y Decision Desk lo proyectaban como ganador, mientras que el de Five Thirty Eight y The Economist mostraban un empate inédito. En las casas de apuestas la ventaja de Trump era más amplia.

Lo que sí sorprende es que Trump supere los 300 votos electorales y gane también el voto popular, es decir, que la victoria haya sido clara y no haya habido que esperar varios días para tener certeza sobre quién es el nuevo presidente de Estados Unidos.

A esa contundencia en el resultado, se suma el control republicano del Senado, la posibilidad de mantener su dominio en la Cámara de Representantes y de extender la mayoría conservadora en la Corte Suprema de Justicia. En definitiva, fue una gran noche para el Partido Republicano.

Este resultado habría sido previsible si estuviéramos en junio, cuando Biden era el candidato, pero después de su desastroso desempeño en el debate con Trump y la consagración de Kamala Harris en la Convención Demócrata, se suponía que la contienda no terminaría con una victoria espectacular. ¿Cuáles fueron, entonces, los errores de los demócratas?

El lastre de Biden

Joe Biden no desapareció de la campaña después de la Convención, a pesar de los esfuerzos de Harris y otros miembros de su partido. Al contrario, el presidente volvió a ser noticia en la recta final, con unas desafortunadas palabras sobre los seguidores de Trump como “basura”, en respuesta al polémico comentario sobre Puerto Rico de un humorista en el mitin de Trump en Nueva York.

El problema no fue solo el insulto de Biden, sino el hecho de que le recordara a los estadounidenses que tienen un presidente impopular y cuyas condiciones para gobernar son cuestionables. Eso resume el principal problema de Harris: que la ilusión que quería vender a los votantes tuviera que cargar con el peso de un gobierno que, según el 63% de los ciudadanos, conduce al país por el camino equivocado. Y es que ella no solo era la candidata oficialista, hacía parte de la administración en el primer nivel.

Mucho aborto y poca economía

Después de que la Corte Suprema revirtió la sentencia Roe v. Wade de 1973 favorable al aborto, los demócratas vieron la oportunidad de promover su posición sobre “reproductive rights” en la opinión pública y lo han hecho con cierto éxito. Pero eso no llevaba a concluir, como lo hizo Harris, que el aborto sería el tema que definiría la batalla por la Casa Blanca. Hasta el último momento la campaña demócrata mantuvo la extraña convicción de que ese tema tendría una relevancia superior, aunque Gallup y el Pew Research Institute lo pusieron en octavo o noveno lugar en las prioridades de los votantes.

Y el problema no era hablar mucho de aborto -un cuadrilátero el que ni Trump ni Vance quisieron entrar-, sino ofrecer poco en los temas más importantes: economía e inmigración. Estos dos asuntos encabezaban todas las mediciones sobre las preocupaciones de los estadounidenses y en ambos Trump era visto con más confianza.

A pesar de que ser la candidata oficialista hacía difícil para Harris tener credibilidad en asuntos como el costo de vida o la crisis de la frontera sur, debía enfrentar con inteligencia al republicano en ese terreno. Pero los demócratas olvidaron la frase de 1992 tan presente en la victoria de Bill Clinton y vigente siempre: “es la economía, estúpido”.

Guerra cultural y campaña del miedo

En ese sentido, puede decirse que a Harris le faltó pragmatismo. Si bien moderó su discurso y no puede decirse que tenía el mensaje que quisiera la izquierda sobre fracking, redistribución del ingreso, armas o Israel, sí mantuvo un enfoque de guerra cultural con protagonismo del aborto, combinado con una perspectiva identitaria según la cual esa era la principal preocupación de las mujeres por ser mujeres. De la misma forma enmarcó a los latinos y otros grupos como si fueran colectivos identitarios.

En contraste, los republicanos bajaron el tono de su tradicional guerra cultural para enfocarse en lo que preocupa al ciudadano promedio en el día a día, independientemente de su identificación étnica o de género, es decir, la criminalidad o el precio de los combustibles.

Tampoco les funcionó a Harris y Walz el mensaje de que Trump era una amenaza para la democracia. Aunque sí creció en los últimos meses la preocupación por las instituciones, la idea de un Trump fascista no persuadió a quienes ya lo vieron gobernar durante cuatro años e irse del poder por las reglas de juego democráticas, a pesar de su resistencia a reconocer los resultados electorales o del asalto de sus seguidores al Capitolio.

Combinando ese mensaje de miedo y el enfoque de guerra cultural, los demócratas expusieron el “Project 2025”, liderado por la conservadora Heritage Foundation, como una distopía de hombres, cristianos fundamentalistas y supremacistas blancos. Pero Trump, en lugar de combatir las exageraciones, siempre mostró desdén por ese proyecto, así como por las políticas conservadoras de miembros de su partido como el gobernador de la Florida, Ron DeSantis.

En conclusión, a Harris no le alcanzó la superioridad de su presupuesto con 1.600 millones de dólares, ni la larga lista de celebridades que la acompañaron en sus mítines y redes sociales. El dinero en sí mismo no es suficiente, depende de cómo se invierta. Por otro lado, según una encuesta de NBC News, solo a un 8% de los miembros de la Generación Z le interesa la opinión de sus artistas favoritos para decidir su voto, valorando más el consejo de familiares o incluso de líderes religiosos.

Lo que realmente importa en una elección es la conexión con las prioridades del público y eso exige ver más allá de las cajas de resonancia en las que están inmersas las campañas y los partidos. Ahí falló Harris. Pero quizás su mayor problema fue uno del que difícilmente podía escapar y era ser la representante de un presidente débil, impopular e incapaz de responder a los desafíos del país más poderoso del mundo.

Acerca del autor

Cristian Rojas González
crojas@razonpublica.com.co | + posts

*Jefe del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de La Sabana. Politólogo de la Universidad del Rosario. Magíster en Filosofía Aplicada de la Universidad de los Andes (Chile). Candidato a Doctor en Estudios Políticos de la Universidad Nacional de Colombia.

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Cristian Rojas González

*Jefe del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de La Sabana. Politólogo de la Universidad del Rosario. Magíster en Filosofía Aplicada de la Universidad de los Andes (Chile). Candidato a Doctor en Estudios Políticos de la Universidad Nacional de Colombia.

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