Un gigante con pies de barro - Razón Pública

Un gigante con pies de barro

Compartir:

La reelección de Donald Trump como presidente de EE.UU. ratifica el mal momento que vive el imperio. El desvanecimiento de EE.UU no se debe exclusivamente al ganador, también es responsabilidad del Partido Demócrata y de la concentración de la política y de la riqueza en la chequera de los billonarios. Lo anterior en detrimento de la clase obrera, las mujeres y las personas afroamericanas e hispanas.

Los años dorados de la hegemonía estadounidense han terminado. Aunque EE.UU. sigue siendo la principal economía del mundo ya no es la única potencia que toma las decisiones globales.

El crecimiento económico y político de China progresivamente le resta relevancia a la potencia americana, la desplaza en relaciones comerciales con otras naciones y plantea nuevos paradigmas en materia monetaria, tecnológica y de las ideas políticas.

La globalización neoliberal promovida por EE.UU. se hizo bajo la ley del embudo, desencadenando resistencias a su visión de gobernanza y mecanismos de dominación financiera.

Con diversos tintes, unos de resistencia y otros de reacción, en el mundo se han promovido nacionalismos que rechazan la injerencia política, militar, económica y cultural del imperio de nuestros tiempos y que lo desplazan como paradigma democrático global.

La democracia estadounidense es una de las principales víctimas del declive. De entrada, EEUU. eligió a un presidente condenado por corrupción en el marco del proceso electoral del 2016 y que aún enfrenta varias causas penales, algunas de ellas por violencia sexual.

En medio de la polarización mediática se entiende que este asunto se hubiera tornado irrelevante para el electorado, pero sorprende que también haya sido menor para la Corte Suprema de Justicia. El máximo órgano judicial de EE.UU. considera que el Presidente de ese país puede violar la ley sin consecuencias porque su cargo presidencial lo protege: Un rey por encima de la Ley. ¡Un rey en una “democracia”!

En materia electoral brilla la reducción de la participación electoral. Trump y Harris obtuvieron menos votos populares con respecto a los obtenidos por Biden y Trump hace 4 años. Igualmente sucedió con las siempre ignoradas candidaturas presidenciales independientes. Las urnas reflejan apatía y desencanto por las opciones políticas en contienda.

La reducción de la participación contrasta con el récord en la financiación electoral privada. Ambas campañas se apalancaron en los recursos del gran capital que, más que candidatos, tiene intereses.

Banqueros de Wall Street, magnates de la tecnología, petroleros y privatizadores de la educación financiaron, directa o indirectamente, las campañas de noticias falsas, post verdades y desinformación.

Con Trump o con Harris no ganaban los hispanos documentados o los afroamericanos que les votaron. Con ellos ganaba el el 1% más rico de los Estados Unidos, los billonarios Elon Musk, Tim Mellon, Jeff Bezos, Bill Gates.

Evidentemente ninguna campaña le dijo al pueblo que el 10% de los híper ricos concentran el 73% de la riqueza del país, mientras que el 50% de las personas de a pie poseen apenas el 1,5% de la riqueza.

La estrategia de la élite gringa fue “divide y reinarás”. Trump desde la discriminación y Kamala desde la renuncia a las banderas de inclusión insistieron en que el problema es la migración y no la desigualdad.

Resulta más fácil apuntar a personas latinas empobrecidas e indocumentadas para sacarlas del barrio que cuestionar la tasa de tributación de los billonarios. También es más fácil atacar al migrante que criticar los aportes del gobierno a las empresas de Musk, 15.400 millones de dólares que salieron de los bolsillos de los contribuyentes hacia las empresas SpaceX y Tesla en la última década.

En la contienda no hubo una alternativa real para derrotar a Trump. La opción Demócrata representaba el continuismo de la política tradicional; la aceptación del genocidio en Gaza; la ausencia de soluciones para su bolsillo y la renuncia al “país de las oportunidades construido por migrantes”.

La élite demócrata creyó que con derechos civiles de papel las familias podían saciar el hambre, la pérdida de capacidad adquisitiva o el acceso al derecho a la educación. Es más, en 4 de los 7 Estados en los que ganó el derecho al aborto también ganó Trump.

EE.UU. entrará en un periodo de menor democracia y mayor autoritarismo con Trump rey, sin una Corte Suprema de contrapeso, con mayorías republicanas en el Senado y alta incidencia en la Cámara.

Con el reflejo autoritario Trump procurará mantener la hegemonía estadounidense en el mundo, promoviendo a su vez liderazgos menos democráticos o sumisos a sus intereses, priorizando la mano dura sobre la legitimidad internacional.

Las amenazas antidemocráticas e imperialistas en cabeza de Trump deben responderse con organización política. Dentro de EE.UU. será el pueblo el que, en el marco de su autodeterminación, fije las banderas de resistencia, mientras que en el mundo debemos aunar esfuerzos para defender la democracia al tiempo que exigimos soluciones a los problemas económicos de las personas.

Acerca del autor

Carlos Acero Castellanos
cacero@razonpublica.org | + posts

*Abogado y Magister en Derecho Internacional de la Universidad de los Andes. Twitter: @CarlosAceroC

0 comentarios

Carlos Acero Castellanos

Escrito por:

Carlos Acero Castellanos

*Abogado y Magister en Derecho Internacional de la Universidad de los Andes. Twitter: @CarlosAceroC

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

últimos artículos

COLUMNA DE OPINIÓN

La carta

COLUMNA DE OPINIÓN

Magnicidios y memoria histórica

COLUMNA DE OPINIÓN

En defensa del (verdadero) debido proceso

COLUMNA DE OPINIÓN

Los retos de la inteligencia artificial (IA) en la toma de decisiones judiciales

ISSN 2145-0439

Razonpublica.com se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported. Basada en una obra en razonpublica.com.

Click to listen highlighted text!