Reconocer la violencia colonial no es "victimización"

Reconocer la violencia colonial no es «victimización»

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A propósito de los 500 años de Santa Marta, es necesario reconocer que nuestra sociedad es heredera de legados coloniales, racistas, clasistas y patriarcales expresados en desigualdades que recaen especialmente sobre mujeres indígenas y afros.

En un debate entre el Ministro de las Culturas, las Artes y los Saberes, Juan David Correa, y Carlos Vives en W Radio sobre los 500 años de Santa Marta, este último señaló que “los españoles se enamoraron de las nativas”, invitó a salir del “victimismo” y a “pasar la página”. Estas frases, aparentemente sutiles e ingenuas, son argumentos que invisibilizan las injusticias étnico raciales como fuente de las desigualdades sociales que trajo consigo el proyecto de mestizaje, como señala la investigadora Mara Viveros.

También dejan a un lado el rol de las mujeres indígenas y afros en la resistencia al Imperio español, pues refuerzan la invisibilización de las violencias basadas en género y la dimensión histórica de las desigualdades sociales que hoy se acentúan sobre los pueblos indígenas y afrodescendientes, por al menos tres motivos.

En primer lugar, la idea del amor romántico, idílico y desenfrenado ha sido uno de los mayores justificantes de las violencias basadas en género, especialmente contra las mujeres. Utilizar este argumento como causa de un hecho que contribuyó al exterminio de naciones enteras es una ofensa a la memoria de las mujeres étnicas que han hecho enormes esfuerzos por visibilizar el impacto de la colonia en sus cuerpos, pueblos y territorios. Replantear la idea del amor y reconocer que las emociones tienen un lugar fundamental dentro del contexto político y social ha sido una de las ganancias de la movilización de las mujeres y los feminismos. De hecho, hemos podido develar que bajo el argumento del amor patriarcal y colonial se han cometido graves violaciones a los derechos humanos de las mujeres. 

Devolvernos a argumentos como los planteados en la entrevista imposibilita problematizar las relaciones de poder que se construyen bajo esta lógica. De igual manera, sugerir un consentimiento que la historia ha constatado como inexistente o negarles a los pueblos indígenas la posibilidad de nombrar cómo han reconocido su historia, es una práctica negacionista que abre lugar a la discriminación camuflada en compasión y buenas intenciones que no contribuyen al reconocimiento de una historia con “luces y sombras”, sino a perpetuar la violencia colonial que han tenido que enfrentar los pueblos étnicos en Colombia. A propósito, nos señala la autoridad del pueblo Ette Ennaka Luis Eduardo Kraanti con relación a la fundación de Santa Marta: “Nos hicieron ofrecer a las mujeres de nuestro pueblo para que ellos las escogieran y a las ancianas las asesinaron, eso es algo que aún nos duele”. 

En segundo lugar, los relatos y narrativas de los pueblos étnicos han reivindicado el lugar que han tenido mujeres como la Cacica Guaitipan, quien lideró ejércitos de pueblos originarios contra la invasión española; o Casilda Cundumí, libertadora del pueblo negro esclavizado en las plantaciones de caña de azúcar en el Valle del Cauca y pionera del cimarronaje como práctica emancipatoria. Estos testimonios dan cuenta de que las mujeres indígenas y negras fueron determinantes en la resistencia y en la sublevación contra los esclavistas. Según relatan los pueblos, las mujeres lideraron, participaron en batallas y acudieron a los sistemas de conocimiento para contrarrestar el impacto de la violencia colonial, herencia que aún preservan como parte de su identidad y pervivencia cultural. 

En tercer lugar, es importante y necesario reconocer que nuestra sociedad es heredera de los legados coloniales, racistas, clasistas y patriarcales que se expresan en las prácticas cotidianas, en las instituciones que se erigieron en la república y en desigualdades que recaen sobre los pueblos étnicos, especialmente sobre las mujeres indígenas y afrodescendientes. Basta con observar los debates generados por la salida del pueblo Emberá del Parque Nacional de Bogotá, a quienes opinadores clasificaron de “sucios”; o la normalización de las violencias sexuales contra las mujeres Nukak en el Guaviare, en donde abiertamente se usa la palabra “makusiar” para asediarlas sexualmente.

Reconocer la violencia colonial a la que fueron sometidos los pueblos indígenas y afros, y especialmente las niñas y mujeres en Colombia, no es un acto de «victimización», como se sugiere. Por el contrario, es la posibilidad de reconocer y reparar las violencias de manera integral, desde un enfoque interseccional. Por otro lado, «Comerse el cuento» de «la leyenda negra», como lo señala Vives, para pasar los hechos de la fundación sin cuestionamiento, con una celebración y sin reconocer el dolor y los daños causados, hará imposible reparar a las mujeres y los pueblos indígenas.

Nuestro llamado como Ministerio de las Culturas es a transformar las estructuras de dominación y construir pactos sociales que, de manera horizontal, reconstruyan las historias, en plural. Sin esto, reconciliarnos será imposible.

* Indígena del pueblo Kubeo y líder de la Dirección de Poblaciones del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes.

Acerca del autor

Diana Quigua
dquigua@razonpublica.org | + posts

*Indígena del pueblo Cubeo, directora de Poblaciones del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes.

1 comentarios

Diana Quigua

Escrito por:

Diana Quigua

*Indígena del pueblo Cubeo, directora de Poblaciones del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes.

Comentarios de “Reconocer la violencia colonial no es «victimización»”

  1. Excelente artículo, felicitaciones y espero que aunque no soy Samaria si soy colombiana, más exactamente Bogotá na que ha llegado a esta hermosa ciudad, para pasar los años de la jubilación y he logrado amar a la Samaria y sus gentes
    Viva el pueblo Samario afros indígenas y mestizos todos por la celebración de la existencia de 500 años para romper definitivamente las cadenas comonizadoras y la esclavitud.

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