El impacto de la Armada en Gorgona | Yolima Vargas
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El impacto de la Armada en Gorgona: Diez años de conflictos sociales y ambientales

Escrito por Yolima Vargas

Persisten los reparos de investigadores y muchos sectores de la comunidad a la actualización de la Licencia Ambiental que el gobierno del presidente Petro le dio al proyecto de la Armada de Colombia en el Parque Natural Nacional PNN-Gorgona; diseñado, financiado y que será desarrollado en conjunto con el Departamento de Estado de los Estados Unidos de América -EEUU.

El propósito del proyecto, que ya lleva 10 años de conflicto socioambiental, es albergar un radar militar de vigilancia que se conectará al “Corredor marino del Pacífico tropical oriental” estadounidense. Para proteger el radar se plantea la construcción de una subestación de guardacostas que implica remodelar dos estancias dentro del único centro poblado de la isla, ampliar su cupo a 28 integrantes y construir un puerto que incluye un tanque de 7000 galones de gasolina cuyo principal uso (85%) será el abastecimiento de embarcaciones de la Armada.

El gobierno de Petro, incluyó nuevos elementos al proyecto para lograr su aceptación. Se eliminó la palabra militar, y se incluyeron los conceptos de ecoturismo, educación ambiental, investigación y lucha contra delitos ambientales. Pero tras muchas evidencias y el testimonio del “Colectivo Unidos por Gorgona”, conformado por investigadores del PNN-Gorgona, es dudoso que, con el desarrollo de este proyecto, esos componentes se vayan a realizar con éxito.

Las voces a favor argumentan que la presencia militar en el PNN-Gorgona permitirá que la Armada asuma funciones de protección ambiental y que es necesario, además, adelantar la remodelación de infraestructura y la construcción del muelle para seguridad de los visitantes.

El PNN-Gorgona ha sido una de las experiencias de conservación más exitosas de Colombia, producto de un gran esfuerzo de más de cuatro décadas, gracias a la convergencia armónica de instituciones académicas nacionales, Parques Naturales Nacionales e incluso representantes de la comunidad, como los pescadores artesanales, que entienden la importancia de la preservación y pescan fuera del área protegida.

Pero la llegada de la Armada al PNN-Gorgona en el 2014, con el apoyo de EEUU, ha sido atropellada. Con una licencia ambiental irregular, un trato desobligante y autoritario hacia los diferentes actores y el haberse convertido en la principal fuente de conflicto ambiental se cimentó un camino hacia el rechazo y la desconfianza.

Conflictos sociales

La experiencia en los últimos diez años indica que la doctrina militar de la Armada no es compatible con el manejo de los diferentes actores en el PNN-Gorgona, y que sus miembros no están capacitados para asumir labores de vigilancia ambiental.

Quejas de turistas e investigadoras que se han sentido acosadas por infantes armados; pescadores artesanales acosados con violencia y acusados de narcotraficantes; instructores de buceo intimidados para llevar a cabo inmersiones de buzos sin certificaciones; investigadores a los que se les restringen horarios, zonas y participación en eventos de socialización, así como intimidaciones que les impiden hacer públicas sus denuncias, por temor a perder sus permisos de investigación.

Conflictos ambientales

Junto a la Armada llegó a la isla el mal manejo de las basuras, las embarcaciones

con excesos de velocidad que irrespetan las medidas de manejo ambiental y un deficiente proceso de construcción de la torre que albergará el radar en el cerro La Trinidad, en uno de los bosques mejor conservados de la isla. Allí, un sendero de 2.5 km hoy está destruido debido al mal uso y la sobrecarga de su capacidad, llevando a los infantes de marina a abrir caminos nuevos, aumentando cada vez más el área impactada.

Se desconoce el estado de este bosque porque la Armada restringe el acceso. El zoólogo Óscar Murillo, en El Espectador relató que siendo funcionario de PNN no pudo completar el plan de manejo del PNN-Gorgona, pues la Armada restringió su paso. En este mismo sector, los investigadores advierten sobre impactos en poblaciones de reptiles y anfibios, incluidas especies endémicas, y aún persisten dudas frente al impacto del radar en poblaciones de murciélagos. La evidencia indica que, ante estos radares, los murciélagos, que juegan un rol vital en el ecosistema de la isla, tienden a desplazarse y, siendo Gorgona una isla muy reducida, es preocupante la afectación de su comportamiento.

¿Quién vigila a la Armada ante sus impactos y mal manejo ambiental? ¿Será real que Parques Naturales Nacionales asumirá la máxima autoridad del PNN-Gorgona? ¿Qué garantía hay de que las nuevas intervenciones se hagan con la responsabilidad que exigen las circunstancias?

Tampoco es claro cómo la Armada puede apoyar labores de conservación ya que no están capacitados para ello. De acuerdo con el testimonio de Laura Benítez, del Colectivo Unidos por Gorgona y zoóloga experta en ballenas, a pesar de sus pedidos de auxilio, la presencia de la Armada fue inútil en una ocasión en la que tuvo que desenmallar una ballena. No tenían ni el conocimiento ni los equipos para colaborar. Además, explica que la Armada ha reconocido que en el área de influencia de Gorgona no hay incidentes de pesca ilegal, y que el radar no tendrá el alcance de zonas dónde esto sí es un problema, como en Malpelo.

En otros puntos del Pacífico, como Bahía Málaga, a pesar de haber una base naval militar, lejos de ejercer el control ambiental a malas prácticas de avistamiento de ballenas, las embarcaciones de la Armada participan de las persecuciones. Y en el PNN-Utria, a pesar de ser vecino de una subestación guardacostas, no hay ni ecoturismo, ni control a los constantes delitos ambientales que allí se presentan.

Remodelación de la infraestructura

El PNN-Gorgona necesita una remodelación de sus instalaciones e incluso un muelle, pero las obras para una subestación de la Armada no suplen las necesidades. Si el objetivo fueran la conservación, ecoturismo, buceo, investigación y educación ambiental, se remodelaría todo el centro poblado, donde habitan funcionarios de PNN, policías, buzos, turistas e investigadores. No se necesitaría un radar militar, bastaría con un muelle sencillo y poco combustible para abastecer una planta eléctrica, cuándo la hidroeléctrica falle.

Pero el objeto principal de las obras, que sí generan graves impactos, es cumplir las necesidades geopolíticas de control que EEUU necesita asegurar en el litoral Pacífico. Si la decisión fuera colombiana, muy seguramente ya se habría podido llegar a un acuerdo. Pero Colombia no puede situarse en contra de las pretensiones estadounidenses. La situación es vergonzosa, no por nada el gobierno Petro hace todos los esfuerzos por ocultarlo.

Gorgona es un excelente ejemplo del precio que se paga por la pérdida de soberanía y la ausencia de Estado.

Hasta el momento ningún gobierno en Colombia le ha dado importancia a financiar la Ciencia, Tecnología e Investigación; tampoco las áreas protegidas. El resultado es la pérdida de gobernabilidad sobre éstas. Preocupa mucho el interés de EEUU por establecer su control ante la debilidad del Estado colombiano. Hay que abonar, que al menos lograron incorporar adendas, con lo que el proyecto militar actual es más digerible que el de hace diez años. Pero, ¿qué pasará cuándo Petro deje de ser el presidente?

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