J.R.R. Tolkien y los Anillos de Poder: de la literatura al mundo audiovisual
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J.R.R. Tolkien y los Anillos de Poder: de la literatura al mundo audiovisual

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A pocos días del lanzamiento de la segunda temporada de Los Anillos de Poder, se pone a prueba si Tolkien aprobaría la adaptación. ¿La serie podrá enmendar los errores de la primera y reconciliarse con el mundo de Tolkien?

Nicolás Orozco M.*

Literatura fantástica 

Faltan pocos días, 29 de agosto, para el estreno de la segunda temporada de la serie Los anillos de poder, un trabajo audiovisual que se basa en el universo literario del filólogo inglés, J.R.R. Tolkien. Esta segunda temporada tiene el desafío de reivindicar los errores de la primera; esto es, una serie que poco o nada tiene que ver con el universo de Tolkien.  

La primera temporada tuvo la fama de ser caótica por múltiples fallas a la hora de recrear el universo de uno de los padres de la literatura fantástica; se inventaron tramas, personajes, quitaron relevancia a otros y, en esencia, la serie aparentaba ser algo diferente, una serie de fantasía distinta, del mundo de Arda y la Tierra Media.

¿Habría problema en que los productores y directores de las pantallas grandes se tomaran licencias creativas? Normalmente no sería un problema. En mi columna de la Revista Horizonte Independiente, titulada «Del cuento al cortometraje: “El beso” de Chéjov y Tafur», comenté que había casos de éxito como en La casa del dragón donde George Martin afirmaba la serie había creado un mejor personaje de Viserys I Targaryen que el que él había escrito. 

La columna se enfocaba en explicar que, mientras las esencias y los finos hilos de la literatura no fueran trastocados, se podrían tomar licencias. Ahora bien, en este artículo me centro en la pregunta ¿qué opinaría Tolkien de esta serie y cuáles serían las dificultades que tendrían que solucionar los productores y directores de Los anillos de poder para apaciguar la tensionante decepción de la primera temporada? 

La literatura de fantasía no únicamente se limita a crear tramas y desarrollo de personajes, sino que también debe crear una estructura propia de la realidad con sus normas de juego. Estas normas de juego son las que le dan sentido al universo literario y a los personajes (corpus) —cada personaje parece estar moviéndose en dicha estructura para mostrarla y hacer que funcione. 

Incluso, en la mayoría de ocasiones, los diferentes libros se basan y sustentan con la historia, el folclore y las grandes literaturas precursoras de lo que hoy conocemos como la literatura fantástica (las epopeyas, los poemas épicos, las leyendas celtas, los cantares de gesta y la leyenda artúrica, entre muchas otras).

Los diferentes libros se basan y sustentan con la historia, el folclore y las grandes literaturas precursoras de lo que hoy conocemos como la literatura fantástica (las epopeyas, los poemas épicos, las leyendas celtas, los cantares de gesta y la leyenda artúrica, entre muchas otras).

Tolkien vs Disney

En los últimos años se ha venido conociendo el desagrado de Tolkien hacia Walt Disney. A partir de la extensa correspondencia de Tolkien con sus editores se ha dejado ver su desagrado por el enfoque que tomaba el cineasta de los dibujos animados. Fragmentos como los expuestos a continuación dejan ver esta actitud. 

En la carta 13 dirigida a CA Furth de Allen & Unwin afirma «Tal vez sería aconsejable, antes que perder el interés de los americanos, permitir que hagan lo que les parezca conveniente, en tanto fuera posible (me gustaría añadir) vetar todo lo proveniente de los estudios Disney o influido por ellos (por cuya obra siento el más profundo aborrecimiento)». 

En otra de sus cartas, Tolkien, escribe «Reconozco su talento, pero siempre me ha parecido irremediablemente corrompido. Aunque en la mayoría de las ‘imágenes’ que proceden de sus estudios hay pasajes admirables o encantadores, el efecto de todos ellos es para mí desagradable. Algunos me han dado náuseas».

Estas dos citas nos hablan de la exclusión y corrupción de Walt Disney en tanto que Tolkien muestra su preocupación por las adaptaciones cinematográficas, sobre cómo se interpretan y presentan al mundo. 

Esta corrupción radicaba en que Disney, en esos momentos, tomaba cuentos del folclore europeo y los convertía en películas adaptadas para un público infantil. El problema era que, en ese proceso de adaptación, el cineasta se tomaba demasiadas libertades creativas y podía llegar a resignificar la esencia de lo escrito por otros autores anteriores, transgrediendo a los mismos autores y a cuentos de una rica e histórica tradición. 

Podríamos decir que Tolkien era consciente de lo que podría implicar una adaptación de obras clásicas y por ello fue receloso en cuidar a quién daba los derechos sobre sus propias obras. En consecuencia, las ideas de una adaptación tan libre y resignificativa eran para él un tema de desagrado. 

Con lo visto hasta acá podemos dar por sentado que si Tolkien hubiese visto esa primera temporada de Los anillos de poder hubiese tenido una actitud similar a la que tuvo con Disney —aunque acrecentada por el hecho que de fuera su propia obra  la que ahora estaban corrompiendo. 

Foto: Wikimedia Commons

Tolkien hubiese visto esa primera temporada de Los anillos de poder hubiese tenido una actitud similar a la que tuvo con Disney —aunque acrecentada por el hecho que de fuera su propia obra la que ahora estaban corrompiendo.

La última esperanza para la serie Los Anillos de Poder

El panorama de esta segunda temporada —de la adaptación de la segunda edad de la Tierra Media— tiene grandes retos. Por un lado, el público, fiel al autor, ha mostrado su reticencia a una segunda temporada; ya con la primera se ha corrompido la obra de Tolkien hasta el punto de ser irreconocible tanto en las personalidades de los personajes, los hechos narrados, factores introducidos y subtramas inventadas. 

Por otra parte, la productora se enfrenta a una caída en masa en caso de que esta segunda temporada tenga una mala recepción. Con una primera temporada que se salió de todos los parámetros de la libertad de adaptación y con una desconfianza a la segunda hay mucho que esperar. 

En cada uno de los avances publicitarios se ha dejado ver que han optado por una versión más cercana al canon de Tolkien; sin embargo, lo mismo pasó en los adelantos de la primera temporada. 

Lo importante en las próximas semanas es establecer si realmente se ha logrado una adaptación que equilibre las libertades creativas a la par que con lo establecido por el autor. Dudo profundamente que, en caso de no introducir más elementos de la literatura de Tolkien, pueda llegarse a plantear una tercera temporada, o en caso de haberla podría contar con una audiencia mucho menor (una que no contaría con el apoyo de los lectores). 

Para finalizar quiero dar una reflexión final: es beneficioso estar vigilantes de las adaptaciones en tanto que, si bien son capaces de recrear textos literarios, puedan llegar a plantear los componentes esenciales en contravía del original. De ahí que cualquier largometraje o cortometraje que preserve el espíritu y la narrativa del original puede llegar a contar con mayor participación de las audiencias lectoras, su agradecimiento y lealtad. 

Acerca del autor

Nicolás Orozco M
norozco@razonpublica.org | + posts

*Es uno de los fundadores de la Revista Horizonte Independiente y su actual director. Filósofo de la Universidad El Bosque. Ha desarrollado un enfoque en temas de metafísica, filosofía de la percepción, agnotología, filosofía de procesos, filosofía japonesa y teoría crítica literaria de fantasía. Es miembro de la European Network of Japanese Philosophy y de la Red Colombiana de Filosofía de la Religión.

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Nicolás Orozco M

*Es uno de los fundadores de la Revista Horizonte Independiente y su actual director. Filósofo de la Universidad El Bosque. Ha desarrollado un enfoque en temas de metafísica, filosofía de la percepción, agnotología, filosofía de procesos, filosofía japonesa y teoría crítica literaria de fantasía. Es miembro de la European Network of Japanese Philosophy y de la Red Colombiana de Filosofía de la Religión.

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