
La cercanía de la audiencia
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Vivimos como audiencias un gran número de situaciones que nos importan personalmente y que también son importantes en la esfera pública del país.
Júlder Gómez*
Vida como Audiencia
Vivimos viendo los partidos de la selección de fútbol, series y películas, y escuchando a nuestros gobernantes y a sus opositores. La mayoría de las veces vivimos todas estas situaciones de un modo cercano y emotivo. Sufrimos con la selección, nos identificamos con los protagonistas y volvemos a sufrir con la política; la vida es muy difícil.
La actitud cercana y empática que nos caracteriza en todo esto tiene ventajas obvias. Es como la sal y la pimienta de la esfera pública: aumenta la emoción y ayuda a comprender a los protagonistas de los deportes, de las narraciones y de la política. Sin embargo, esta actitud también tiene desventajas: nos impide entender por qué perdemos, no nos deja ver qué prejuicios y estereotipos contrarios a nuestros propios intereses difunden las narraciones que nos gustan, y nos hace olvidar que nosotros mismos sabemos qué es lo que queremos y necesitamos, o que lo sabemos mucho mejor que los que pretenden hablar en representación nuestra.

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Problema Público
Esto es un problema público porque hay un cierto número de instituciones que solo son razonables si quienes vivimos de audiencia lo hacemos de modo vigilante, con una relativa distancia crítica. Así como los juicios funcionan bien cuando el juez no simpatiza con el fiscal ni con el abogado defensor, sino que examina con cuidado los argumentos de las partes; los deportes, las artes y la política también funcionan bien cuando los interesados evitamos identificarnos con los protagonistas y, en su lugar, apreciamos con cuidado lo que se nos ofrece.
A los ciudadanos se les comunica que los contradictores son enemigos, moralmente malos, y no cómo pueden saber si las propuestas son convenientes y realizables.
Esto no es nada fácil. Por una parte, estamos educados para ser protagonistas. Por la otra, el ruido no deja pensar. A los niños, que volvemos a ser cuando vemos un partido de fútbol, se les enseña a jugar, no a apreciar el juego. A los lectores y a los televidentes se les invita a imaginar que son héroes, no a identificar los valores -frecuentemente perjudiciales para nosotros- que esos héroes encarnan.
A los ciudadanos se les comunica que los contradictores son enemigos, moralmente malos, y no cómo pueden saber si las propuestas son convenientes y realizables. Además, está el ruido: los gritos del locutor, que el volumen del televisor potencia; la música y los efectos especiales; los gritos de los políticos, otra vez los gritos, y su tono de voz. Hay mucho ruido. Es muy difícil pensar en lo que realmente se nos está ofreciendo.
Cambio de Actitud
Dejar de enseñar a los jóvenes cómo ganar discusiones y tener la razón, para enseñarles, en su lugar, cómo evaluar y aprovechar lo que otro dice para mejorar lo que uno mismo piensa y producir algún bien común.
Así que, a lo mejor, nuestra vida personal y nuestra esfera pública mejorarían si le bajamos el volumen a la radio y al televisor, si nosotros mismos, que vivimos de audiencia, hacemos un poco de silencio y escuchamos con atención qué es lo que nos están diciendo, si buscamos saber si tenemos buenas razones para aceptarlo, si nos conviene, si tiene sentido cuando hacemos abstracción de la pirotecnia.
Los educadores podríamos hacer algo al respecto. Por ejemplo, dejar de enseñar a los jóvenes cómo ganar discusiones y tener la razón, para enseñarles, en su lugar, cómo evaluar y aprovechar lo que otro dice para mejorar lo que uno mismo piensa y producir algún bien común. También, enseñar a valorar la estética de la cultura popular y añadir un complemento que permita a los jóvenes, y a los no tan jóvenes, comprender los problemas sociales y encontrar las soluciones en las mismas artes.
Por lo demás, parece obvio que un cambio de actitud en las audiencias mejoraría a los locutores, a los escritores y a los políticos, pues, como decía Demóstenes, ya que lo que buscan es el favor de la audiencia, cuando la audiencia mejora, ellos también lo hacen.
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*Razón Pública agradece el auspicio de la Universidad EAFIT. Las opiniones expresadas son responsabilidad del autor.
Acerca del autor
Julder Gomez
*Profesor e investigador del Área de Lenguaje de la Escuela de Artes y Humanidades de la Universidad EAFIT
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