Escuchar con responsabilidad | Razón Pública 2024
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Escuchar con responsabilidad

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Foros como Ciudad Di-sciente invitan a dejar de ser solo espectador y convertirte en un oyente crítico. Descubre las voces diversas que construyen nuestra esfera pública y aprende a escuchar con responsabilidad y curiosidad.

Por iniciativa de la Escuela de Artes y Humanidades de la universidad EAFIT comenzó esta semana con una serie de ejercicios de foros públicos. La hemos denominado Ciudad Di-sciente. Se trata de una de varias iniciativas de diálogo social que actualmente cursan en el país.

No la hemos diseñado para los hablantes, a quienes les agradecemos que nos permitan escuchar y hospedar sus discusiones. La hemos diseñado para los oyentes, para los ciudadanos comunes y corrientes, para invitar a escuchar a otros ciudadanos comunes y corrientes, para darles a conocer una multiplicidad de voces que difieren entre sí a propósito de temas importantes en nuestra esfera pública -lo que, y esto es paradójico, no es común ni es corriente.

En el diseño de estos foros hacemos de la universidad un espacio de conversaciones. En principio, eso no es nada nuevo. En las universidades siempre ha habido mucha comunicación técnica y científica, eso hace parte de sus prácticas más usuales. Pero queremos contribuir también hospedando discusiones en las que los ciudadanos hablen como ciudadanos, de lo que nos compete a todos por el hecho de vivir juntos en estas ciudades, en este país. Hospedar significa aquí invitar a los más diversos participantes a determinar las agendas de discusión, acercarles el micrófono (porque, de hecho, tienen voz), difundir las grabaciones de cada discusión, comunicar resúmenes y comentarios de cada encuentro, y volver a empezar con otro tema en otro foro. 

¿Y qué se espera que haga uno con esa multiplicidad de voces, con esos diferendos, desacuerdos, disputas, disensos, con esas discrepancias? ¿Eso para qué? ¿Uno que pasa por la calle y escucha ese vocerío, uno qué hace? Bueno, de un ciudadano que vive en una democracia se espera que adopte una postura crítica, que escuche con cuidado, como si quisiera aprender de los discursos, que escuche con sospecha, como si todas las buenas intenciones pudieran tener malas consecuencias, que escuche valorativamente, como si todo pudiera llegar a ser inaceptable, irrelevante, insuficiente.

Se espera mucho de un ciudadano en una democracia. Es difícil porque, como creemos que la discusión es una guerra, lo que escuchamos no nos aporta mucho para decidir. Escuchamos gente defendiendo sus opiniones, atacando a sus interlocutores, derrumbando los argumentos que la contradicen, preparando el terreno para ganar la discusión. Luego nos preguntan quién perdió. Así, escuchamos las discusiones como vemos los partidos de fútbol y las películas de guerra, las escuchamos con la respiración agitada, con las pupilas dilatadas, sentados al borde de la silla, como si nos fueran a atacar.

El problema es que después de ver un partido o una película nosotros no tenemos que decidir, ellos y ellas no juegan ni actúan para que nosotros tomemos una decisión. En cambio, se espera que los ciudadanos tomemos decisiones con base en lo que escuchamos en la esfera pública y, luego, se espera que nos hagamos responsables de las decisiones que tomamos. Así que más nos vale escuchar con responsabilidad, olvidarnos por un momento de la película de guerra y hasta del partido, atender a las diferencias, escuchar con cuidado a ver en qué disienten los hablantes, escuchar con la sospecha de que no hay cómo garantizar las consecuencias de las acciones, escuchar evaluando cada razón y cada tesis, sabiendo que luego de las decisiones ciudadanas a nadie le importa quién ganó la discusión y todos vivimos en un mundo del que somos responsables, el de las consecuencias de nuestras decisiones.

La cosa es que, además, las consecuencias de nuestras decisiones actuales harán parte de discusiones futuras, así como las decisiones pasadas hacen parte de nuestras discusiones presentes. No es difícil encontrar quién diga que nos equivocamos en el pasado en materias de seguridad, de salud, etc., y que, por eso, debemos tomar decisiones distintas esta vez. 

En nuestra vida democrática, las discusiones se van articulando entre sí. Y no tenemos oído para ello, no nos damos cuenta porque en cada ocasión estamos buscando la conclusión, queremos saber “en últimas” qué es lo que hay que hacer, queremos “hacerlo ya”, escuchamos cada vez como si fuera la última, elegimos por quién votar como si estas elecciones fueran las últimas, respaldamos políticas que se nos ofrecen como la única solución posible a todos los problemas “de una vez por todas”, etc. En todo esto se expresa un poco cierta prisa dogmática, cierto deseo de saltar a la conclusión. No obstante, a la democracia no le conviene que las discusiones concluyan y le hace daño que nos saltemos las razones. Por eso vale la pena diseñar y participar -sobre todo como audiencia- en foros públicos como los de Ciudad Di-sciente, para aprender a oír sin prisa conversaciones que son importantes sin ser definitivas, que son urgentes pero seguro no concluirán muy pronto; para formarnos una actitud, un hábito, una memoria y cierta complacencia de escucha.

Visto así, el trabajo de quienes diseñamos foros públicos como Ciudad Di-sciente y el de quienes participan en estas discusiones es apenas una ambientación para suscitar un trabajo de mayor trascendencia: el de los transeúntes desprevenidos que pueden terminar escuchando mucho más que un vocerío para adentrarse en las razones de quienes hablan tan distinto. Esperamos que, para compensar, su curiosidad, su deleite y su convicción también sean mayores que las nuestras.

Acerca del autor

Julder Gomez
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*Profesor e investigador del Área de Lenguaje de la Escuela de Artes y Humanidades de la Universidad EAFIT

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*Profesor e investigador del Área de Lenguaje de la Escuela de Artes y Humanidades de la Universidad EAFIT

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