Chespirito: pobreza e imaginación en una vecindad latinoamericana - Razón Pública

Chespirito: pobreza e imaginación en una vecindad latinoamericana

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stickers de chespirito​

Luis RincónAunque después de su muerte algunos aseguraron que Gómez Bolaños representaba la burguesía reaccionaria de su país, un análisis de sus personajes muestra que su mirada a la vida latinoamericana tenía una profunda motivación social. 

Luis Alejandro Rincón  R.*

El serio oficio del humor

Si hay un género artístico difícil es el humor. Sea en cine o en otro medio, hacer humor no es un chiste. Porque hacer humor es como hacer el amor: si no se sabe hacer bien no se puede gozar. Y el símil es adecuado porque se trata de la realización del deseo, o sea, sencillamente de gozar.

Hacer humor es algo que requiere mucha sabiduría combinada con intuición, ya que el humor produce  sensaciones agradables y placenteras, pero que requieren de mucha inteligencia en el proceso de comunicación.

Por eso los grandes humoristas son personas que no solamente tienen una enorme sensibilidad que los convierte en artistas, sino, sobre todo, una gran dosis de humanismo y de inteligencia.

El humanismo en ellos puede romper todas las barreras de género o clase social y a través de sus personajes y las situaciones que recrean logran superar los encuadres mentales y culturales, convirtiendo la tragedia y el drama en comedia.

Los buenos humoristas son humanistas de verdad,  porque hacen que sus personajes se desprendan de sus individualidades y se expresen a través de un lenguaje universal en el que todos puedan sentirse identificados. Por eso, el humor es universal, trasciende los limitantes sociales y culturales, y todos entendemos el mensaje de humoristas como Buster Keaton, Charles Chaplin, el señor Hulot de Jacques Tati o Cantinflas.

Esta situación no sucede con los dramas y tragedias ya que, mientras el humor “nos baja” las defensas predisponiéndonos y abriéndonos  a un estado lúdico, la tragedia nos indispone, nos previene y nos aleja de las situaciones que representa.

Esta introducción nos sirve para intentar responder a la pregunta: ¿en qué radica el éxito de  Chespirito y sus personajes?, tratando de entenderlo más allá de la simple emoción y del “duelo mediático” en el que irremediablemente se ha caído después de su muerte.

Chespirito acompañando de su esposa y colega Florinda Meza.
Chespirito acompañando de su esposa y colega Florinda Meza.
Foto: Ziggy Maiguel

Las raíces mexicanas

Como fenómeno cultural y mediático, Chespirito no aparece de la nada, pues al nacer en México está inscrito en una tradición que nos lleva hasta ese ícono humorístico que se llama Cantinflas. 

Gómez Bolaños creó al Chavo y a sus demás personajes a finales de la década de los sesenta y comienzo de los setenta, en el mismo momento en que el cine de humor mexicano pasaba por un gran momento, y tenía su máximo estandarte en Cantinflas, quien fue acogido en todo el continente y a quien se llegó a comparar con Charles Chaplin.

Los personajes de la vecindad (todos pobres) tejen desde su precariedad un rico y sugestivo mundo cultural, tan bizarro como cómico.

Pero si bien Cantinflas opacó a los otros grandes cómicos mexicanos no por ello se puede desconocer el gran movimiento humorístico-cultural que influyó en su éxito. Sin ese gran movimiento cinematográfico y cultural, Cantinflas no hubiera sido posible.

Fue en ese caldo de cultivo, donde surgieron personajes como “Capulina”, “Resortes” ”Viruta” y especialmente (el más grande rival de Mario Moreno) Germán Valdez, más conocido como: “Tintán”.

Este gran movimiento humorístico tuvo una enorme repercusión en el imaginario latinoamericano y caló profundamente en las raíces culturales del subcontinente. Y fue también en ese contexto en el que nació el Chavo y los demás personajes creados por Chespirito.  

La humanidad de la vecindad

Después de su muerte, aparecieron varios comentarios contra  Roberto Gómez Bolaños y su compañera por sus posiciones de derecha en el campo político y por ser miembros de la burguesía mejicana.

Así, algunos calificaron su obra como un “pobrerío por televisión: un niño huérfano viviendo en un tonel y golpeado por un adulto con risas de fondo; una viuda desesperada que abofetea al vecino pobre también viudo; una vieja solterona; un obeso capitalista y asexuado. Todito cristalino, sin desbordes, ascético, etéreo, acrítico y apolítico, como la derecha misma”.

En efecto, los personajes de Chespirito están subsumidos en un marco que podríamos llamar “el pobrerío” que describe y caricaturiza el comentario anterior. Pero los personajes de la vecindad (todos pobres) tejen desde su precariedad un rico y sugestivo mundo cultural, tan bizarro como cómico.

Al reflejarnos en los personajes de Chespirito, acabamos llorando de risa, o por lo menos sonriéndonos. El doctor Chapatín, un médico viejo con su abrigo raído, que parece más un mecánico que un galeno, con una bolsa de papel en la mano, misteriosa por demás, donde está el secreto del personaje. Un par de pícaros, “rateros honrados”, con cara de ansiedad y miedo, intentando una y otra vez asaltar sin éxito alguno. O el Chapulín Colorado, un “saltamontes” cuya astucia se consagra a las mejores causas aunque todas sean perdidas.

El Chavo del Ocho, uno de los personajes emblemáticos de Chespirito.
El Chavo del Ocho, uno de los personajes emblemáticos de Chespirito.
Foto:  Rubén Díaz

Por eso se puede decir que la fuerza de estos personajes está en la descripción cómica y lúdica del mundo de la pobreza latinoamericana y que sus vidas muestran la manera ingeniosa que tienen de sobrevivir, en medio de penalidades, carencias y necesidades.

Incluso el señor Barriga, el supuesto “capitalista” del programa es un “pobre” a quien nunca le paga don Ramón (y es muy probable que tampoco hubiera recibido un peso de los otros inquilinos). Al final, el “capitalista” de marras es un hombre bondadoso, quien debe soportar de los niños las más duras pruebas (caídas, golpes, engaños).

Así, cada personaje en el mundo de Chespirito está lleno de valores que surgen como respuesta a la pobreza, la necesidad y la carencia. Más allá de las “maldades” o “perversidades” que realizan, nunca llegan a estados patológicos que rompan el tejido social. Al contrario, en el fondo hay bondad, confraternidad, compañerismo e identidad en sus acciones.

El tonel donde vive el Chavo y la vecindad, el patio donde todos interactúan, es un mundo que lo cobija como una casa grande en la que se re-crea su vida. Ese espacio se convirtió en un símbolo identitario en el imaginario latinoamericano y de ahí su éxito en la mayoría de países.

Que Bolaños y dona Florida hayan pertenecido a la burguesía mexicana no quiere decir  que sus personajes sean de derecha o el programa pueda ser calificado como tal. Igual se podría decir de Borges y su literatura, o del cine de Clint Eastwood, entre otros.

Al contrario, su identidad popular hace que, así como Mafalda fue una respuesta al mundo de Carlitos y Snoopy, personajes de Chespirito como el Chapulín Colorado fueran una respuesta al mundo de los súper cómics norteamericanos que se nos venden como prototipos de una cultura avasalladora, esa sí mercantil y capitalista.

 

* Antropólogo, pintor, y director de la fundación Centro de Estudios Interdisciplinarios en Medio Ambiente. CIMA.

 

Acerca del autor

Luis Rincón
luisrincon@razonpublica.org.co | + posts

2 comentarios

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Luis Rincón

2 comentarios de “Chespirito: pobreza e imaginación en una vecindad latinoamericana”

  1. El Chavo es pura fantasia, por ejemplo: cuando Don Ramon golepa al Chavo, el Chavo llora diciendo Pipipipi, ningun niño cuando llora dice Pipipi, es una ocurrencia de Chespirito no es real.

  2. El Chavo es pura fantasia, por ejemplo: cuando Don Ramon golpea al Chavo, el Chavo llora diciendo Pipipipi, ningun niño cuando llora dice Pipipi, es una ocurrencia de Chespirito no es real.

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