
Jean–Jacques Rousseau: ¿el ciudadano de la globalización?
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El gran ginebrino parece más vigente que nunca ante los retos de una globalización más profunda y más humana: estamos en mora de firmar un nuevo contrato social a escala planetaria, no solo para salvar a la Tierra sino para liberar al hombre de toda opresión.
Luis Alejandro Rincón*
Vigencia y pertinencia
El ciudadano Rousseau está de regreso y esta vez, todo lo indica, para quedarse. En la celebración de los 300 años de su nacimiento, Jean Jacques Rousseau no ha muerto, sigue vivo.
No podría ser otro el destino de este hombre, cuya vida se encierra en una serie de contradicciones, tal como él mismo dijera:”prefiero ser un hombre de paradojas a ser un hombre de prejuicios”.
![]() No dejan de sorprender las grandes similitudes que existen entre las propias vidas de los maestros inspiradores del existencialismo: Rousseau, Nietzsche y Kierkegaard. |
Efectivamente, la paradoja es la marca vital de su existencia. No tenerla en cuenta de entrada puede llevarnos a múltiples equívocos, a diferentes trampas que se tejen en torno de su vida y de su obra, no solamente porque él mismo las creó, sino también por la pluralidad de lecturas que de hecho suscitan sus obras.
En este punto no dejan de sorprender las grandes similitudes que existen no solamente entre las obras y los discursos, sino también entre las propias vidas de los maestros inspiradores del existencialismo: Rousseau, Nietzsche y Kierkegaard.
Hablar de J.J. Rousseau en este momento implica evitar dos escollos: de una parte, una lectura postmoderna, fácil y ligera, pues a partir de sus frases célebres, podemos banalizar este poderoso pensamiento, convirtiéndolo en una literatura de moda, de fácil consumo. De otra parte, una lectura ya “clásica”, donde al repetirse los lugares comunes de su pensamiento, se los da por sentados, sin problematizarlos.
La pregunta de fondo que nos hacemos en primer lugar, tiene que ver con lo que se denominaría la vigencia del pensamiento roussoniano, o en otro sentido su pertinencia en el mundo de hoy. ¿Tiene aún algo que decirnos, después de 300 años, el ciudadano ginebrino?
Sujeto creador
No deja de asombrarnos que en este momento, cuando se ha realizado la conferencia mundial en Río sobre el medio ambiente, el nombre del Rousseau apareciera en boca de varios ecologistas y feministas. Cada vez más, se regresa a Rousseau desde diferentes ciencias y disciplinas, y aún desde las mismas artes.
En estas últimas se había considerado a Rousseau como un simple maestro de música. Sin embargo, sus obras musicales vuelven a escucharse, con mucha presencia y seriedad en el mundo de la llamada música culta o música de cámara. Es decir que Rousseau no solamente era un maestro, sino un creador.
Al hacer una mirada en perspectiva, desde las diferentes disciplinas, artes y técnicas en que trabajó Rousseau, encontramos la constante de un sujeto creador. Lo que podría maravillar en Rousseau, es que a partir de su propio “Yo” entendido como cuerpo y conciencia, como sentimiento y razón, Jean–Jacques va convirtiendo su vida en una obra, tanto estética como ética, inspirando el discurso de Foucault sobre el Sujeto.
Y esta definición de la vida como obra de arte, que en algún momento Foucault hiciera famosa, se aplica estrictamente a Rousseau. Lo que equivale a decir que Rousseau es un autor, un creador, y esa creación que se desarrolla a través de una vida, termina conformando una obra.
Obra multifacética
La obra del ciudadano de Ginebra es una totalidad creada a base de procesos, máscaras, ritmos y tiempos diversos, que la dotan de un sentido tan plural como complejo.
Sujetos libres de–construidos a partir de conciencia y auto–reflexión, que permiten integrar en la existencia el sentimiento y la razón, el pensamiento y la acción, la ciencia y el arte.Foto: comunidades.eafit.edu.co |
Esta característica puede llevar a grandes equívocos que tienen que ver con una segmentación de esta totalidad compleja, y que al desmembrarla en partes diferentes, cayendo en las paradojas, se controvierte el pensamiento en forma equívoca, se banaliza, o se le contradice cayendo en el error o si se quiere en la trampa que él mismo teje a la manera de la tela de una araña, tanto en su vida como en su obra.
Es innegable que en Rousseau, en la vida de Rousseau hay varias máscaras contradictorias, que él mismo fabricó, así como pensamientos de superficie, que pueden esconder a través de la paradoja, núcleos de verdad, que solamente se pueden descubrir mediante un análisis que tome cierta distancia del autor y especialmente que lo contextualice.
Después de 300 años, Rousseau ha sido estudiado, analizado, criticado desde las más diversas ópticas — no solo desde la filosofía, sino desde las ciencias y el arte — ya que el discurso rousseauniano es tan integral como universal y en él funciona muy bien aquello de que “nada de lo humano le era indiferente”.
Rousseau ha sido visto bajo múltiples facetas: para unos es un filósofo, nada menos que el filósofo más importante de la Ilustración, basado en sus reflexiones sobre política y moral, precediendo a Nietzsche en muchos aspectos, así Nietzsche lo atacara muchas veces.
Para otros, es no solo un educador, sino un pedagogo y un formador de caracteres como tutor. ¿Acaso Simón Rodríguez no educó a Bolívar en los más estrictos principios rousseaunianos? Sus obras sobre educación han sobrevivido hasta hoy en día.
Pero igualmente como literato y lingüista — inspirador de Derrida — como dramaturgo, como comediante. ¿Cuántas caras utilizó Rousseau? Como profesor y compositor de música, como antropólogo y etnólogo. Su obra tiene una influencia enorme en el más grande antropólogo de nuestro tiempo: Claude Lévi-Strauss, sin dejar de mencionar sus otras facetas como botánico y ecologista, y aun como feminista.
Sujeto de la globalización
Pero la pregunta fundamental hoy en día es la de su pertinencia, es decir el interés e importancia de Rousseau, 300 años después de nacido. Hablar de Jean–Jacques Rousseau hoy en día, implica realizar un ejercicio mental para encontrar ese núcleo fundamental, aún vigente y en perspectiva: la reconstrucción ya no del Sujeto moderno ni del Sujeto posmoderno, sino del Sujeto de la globalización, en clave ecológica y ambiental.
Para hacer esto, necesitamos releer a Rousseau para reconstruir o como diría Derrida mucho mejor, para de–construir el pensamiento rousseauniano. Sólo así podemos entender de qué manera las diferentes y variadas lecturas de los especialistas no llevan solo a utilizar un paradigma renovado en términos de un sujeto contemporáneo y mundial, sino especialmente en la reconstrucción de una vida individual, un sujeto individual que no puede realizarse sino en relación con el sujeto colectivo.
Ya no se trata solamente de un sujeto colectivo — llámese clase social, país o nación — sino de un sujeto colectivo que al tomar conciencia de sí mismo, se autodefine como una gran voluntad que se construye mediante el ejercicio de la política. La gran voluntad política, signada en un Contrato Social, va a dotar al sujeto colectivo de un inmenso potencial transformador, camino a la creación de la gran utopía. Espacio en el cual las alineaciones sociales, económicas, culturales y políticas, desaparecerán para proclamar al hombre libre.
Sujetos libres de–construidos a partir de conciencia y auto–reflexión, que permiten integrar en la existencia el sentimiento y la razón, el pensamiento y la acción, la ciencia y el arte.
Finalmente la creación de une ética como reflexión de la vida en común, la moral de un pueblo, de la vida social y el enriquecimiento de las relaciones entres los ciudadanos, creando una vida no solo buena — la eudemonía, de la cual Schopenhauer hablaría más tarde — sino una vida justa, como fundamento para el desarrollo de esa voluntad general.
La gran voluntad que más tarde tendría eco en Nietzsche, que llevaría tanto al sujeto individual como al colectivo a crear una sociedad justa, equilibrada no solo entre los hombres, sino con la misma naturaleza, fuente de nuestra vitalidad.
Es la reconexión del Sujeto con la naturaleza, no solo como reflexión ecológica, sino como sistema de vida. La naturaleza es el sustrato material de la vida y por ello todo debe tener en ella su referente, desde las emociones hasta la razones.
Este sería el inicio de un tercer humanismo, que el mundo actual señala: la salvación del planeta empieza en lo individual y se entrelaza en lo global. La utopía en la cual Nietzsche, Marx y Rousseau se encuentran: la liberación del hombre de toda opresión.
* Antropólogo-pintor. El autor va a dar una serie de charlas en la Fundación CIMA, bajo el tema: "J.J. Rousseau y la de-construcción del Sujeto Contemporáneo”. fundacima@yahoo.com.
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Luis Rincón
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Sujetos libres de–construidos a partir de conciencia y auto–reflexión, que permiten integrar en la existencia el sentimiento y la razón, el pensamiento y la acción, la ciencia y el arte.



