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Tolimenses para la historia

Escrito por Martha Myriam Páez

Otro de los personajes mencionados, Alfonso López Pumarejo, presidente de Colombia.

Martha PaezEsta colección presenta la reseña biográfica de algunas figuras notables que vinieron del Tolima o hicieron su vida en ese departamento, muchas de las cuales dejaron una huella indeleble en la historia del país.

Martha Myriam Páez Morales*

 

Universidad de Ibagué

Tolimenses que dejan huella. Volumen III
Autores: Ángel Hernández Esquivel, Antonio Melo Salazar, Hernando Antonio Hernández Quintero, Yezid Castaño González, Augusto Trujillo Muñoz, Alfonso Reyes Alvarado y Yesid Reyes Alvarado.
Ediciones Unibagué, 2016

El ejemplo de los grandes

La Universidad de Ibagué publicó el tercer volumen del libro Tolimenses que dejan huella, una serie de historias cercanas, amenas y sencillas, para cautivar y motivar a los estudiantes. Este proyecto se gestó con el propósito de exaltar la vida de personajes que han contribuido con sus ideas y acciones  forjar un país mejor.

Estas vidas son un ejemplo para miles de jóvenes que podrán darse cuenta de que con tesón, disciplina, esfuerzo y dedicación, se puede edificar una existencia fructífera y triunfadora. En la categoría “tolimenses” están incluidos personajes que, aunque no nacieron en esta tierra, sí trabajaron por ella.

Leer el tercer volumen de Tolimenses que dejan huella es hacer un recorrido por los grandes acontecimientos sociales y políticos de la historia colombiana de los siglos XIX y XX que, en gran medida, transitan por este departamento.

Un plantel de lujo

Alfonso Palacio Rudas, economista y abogado tolimense.
Alfonso Palacio Rudas, economista y abogado tolimense.
Foto: Banco de la República

El recorrido comienza en 1816 con el nacimiento de Manuel Murillo Toro en Chaparral. Este destacado tolimense tuvo una infancia y juventud marcadas por la pobreza y las privaciones y, aun así sobresalió como el primero de su clase. Desde muy joven se involucró en la vida política. Su papel más destacado lo cumplió al frente del Partido Liberal en los años del Olimpo Radical.

Al mando de los destinos de los colombianos en dos ocasiones, Murillo Toro propició grandes reformas que contribuyeron a sacar al país de la Colonia e introducirlo en la Modernidad. Sus ideas fueron vanguardistas: pregonó la libertad religiosa, la posibilidad del divorcio, la función social de la propiedad y la educación pública gratuita laica y obligatoria.

Estas vidas son un ejemplo para miles de jóvenes.

Ejerció la defensa de las ideas a través de las tribunas de la prensa. Gracias a una ejecución pulcra y eficiente de los recursos públicos, logró notables avances en la construcción de la infraestructura como el ferrocarril y el telégrafo. Creó el Diario Oficial con el fin de que las decisiones del poder público y el manejo de las finanzas fueran transparentes.

El siguiente en la lista es Alberto Castilla Buenaventura (1878-1937). Aunque nació en Bogotá, su vida y sus obras transcurrieron en el Tolima. Concentró sus empeños en la restauración de una escuela de música que, con el paso de los años, se transformó en el Conservatorio del Tolima, escenario emblemático de la ciudad musical de Colombia. Con el apoyo del gobernador de la época logró construir la sala de conciertos que hoy lleva su nombre.

Además de su actividad cultural, se desempeñó en el sector público como secretario de Gobierno y de Hacienda del departamento, y descolló como diputado y congresista. Aunque en el Tolima se le recuerda por ser el compositor del “Bunde tolimense”, también compuso innumerables piezas musicales. Fue profesor de matemáticas del afamado colegio de San Simón, uno de los planteles instituidos por Francisco de Paula Santander a lo ancho del territorio colombiano. Se enroló con las tropas liberales y participó en la batalla de La Rusia en la Guerra de los Mil Días

El tercer tolimense destacado es Alfonso López Pumarejo (1886-1959), hondano de nacimiento y, al igual que Murillo Toro, dos veces presidente de Colombia. Desde muy joven se inició en la política y fue diputado a la Asamblea y representante a la Cámara por el Tolima.

En su primer gobierno (1934-1938) lideró la denominada Revolución en marcha, durante la cual se emprendieron importantes reformas que afectaron todos los ámbitos de la vida nacional como la libertad de enseñanza, los derechos de los trabajadores, la función social de la propiedad y la libertad de conciencia.

Su segundo mandato no llegó a feliz término y tuvo que renunciar, pues la audacia de sus reformas asustó incluso a los miembros de su propio partido que le retiraron su respaldo. En su gabinete se rodeó de jóvenes pero expertos en diferente áreas, muchos de ellos de origen tolimense como Darío Echandía, Rafael Parga Cortés y Alfonso Palacio Rudas, cuyas vidas también se registran en este volumen.

El libro continúa con el chaparraluno Darío Echandía (1897-1989), abogado, juez, magistrado, diputado, congresista, ministro, gobernador y presidente. En el gobierno de López Pumarejo fue ministro de Gobierno y de Educación y embajador ante la Santa Sede.

Asumió la Presidencia de la República en calidad de designado en dos oportunidades: durante el segundo mandato de López Pumarejo y en el comienzo del Frente Nacional cuando reemplazó temporalmente a Alberto Lleras Camargo.

Jugó un papel decisivo al frente del Partido Liberal después del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948. Aceptó el encargo del presidente Lleras Camargo de dirigir los destinos del Tolima que por entonces trataba de recuperarse de La Violencia. Trabajó con dedicación en la docencia universitaria y sus clases estuvieron colmadas por estudiantes ávidos de escuchar sus disertaciones.

Rafael Parga Cortés (1900-1987) nació en los albores del siglo XX en Londres, por lo cual fue conocido como lord Parga. A los 24 años llegó a Colombia y se enamoró del Tolima, región por la que trabajó incansablemente. Una de las prioridades de su vida fue la educación, a la que destinó gran parte de su vida con excelentes resultados.

Fue ministro de Educación de Alfonso López Pumarejo en 1943; concluyó la construcción de la nueva sede del colegio de San Simón; como rector de la Universidad del Tolima consolidó y proyectó nacionalmente el centro educativo; fundó el Museo Antropológico y estableció la Granja de Armero. Fue representante a la Cámara por el Tolima en cuatro oportunidades y gobernador del Tolima en tres ocasiones.

El siguiente personaje es Alfonso Palacio Rudas (1912-1996), oriundo de Honda. Antes de culminar su carrera como abogado desempeñó su primer cargo público como secretario de Hacienda del Tolima en el gobierno de Rafael Parga Cortés. Allí comenzó a mostrar interés por la hacienda pública, tema que dominó y en el cual se convirtió en experto.

Posteriormente se postuló para la Cámara de Representantes por el Tolima y, aunque no lo consiguió en las primeras ocasiones, lo logró a los 31 años y fue nombrado presidente de esa corporación. Fue un duro crítico de los gobiernos y cuando se desempeñó como senador, en 1962, convocó a los demás congresistas para conformar lo que denominó “la cofradía de los que no tragan entero”, como una invitación a los congresistas para motivar su independencia frente a los gobiernos de turno.

Aunque su convocatoria no tuvo acogida entre sus colegas, le sirvió para ser reconocido como “el cofrade”. Como otros ilustres tolimenses, después de haber desempeñado las más altas dignidades en el poder central, aceptó dirigir los destinos del departamento bajo el gobierno de Alberto Lleras Camargo, quien lo nombró con el fin de ejecutar en esta región el Plan Nacional de Rehabilitación, implementado en el Frente Nacional para recuperar las regiones golpeadas por La Violencia y reintegrar a la sociedad a los combatientes que habían abandonado las armas.

Una de sus pasiones fue la enseñanza universitaria, en la que trabajó con esmero y que ejerció de manera poco ortodoxa, pues sus cátedras se basaban en los acontecimientos de la vida nacional. Fue columnista de El Espectador y se distinguió por su impecable uso del idioma, además de su pasión por la lectura y su colección de libros, pues llegó a tener la biblioteca privada más grande del país. Fue constituyente y participó en la redacción de los artículos relacionados con los temas políticos y económicos de la Constitución de 1991.

La última de las crónicas de este volumen fue escrita a cuatro manos por Yesid y Alfonso Reyes Alvarado.

El siguiente capítulo está dedicado a Rafael Caicedo (1920-1999), quien se desempeñó exitosamente en la política, actividad que alternó con su labor empresarial como productor de arroz y miembro de la Federación Nacional de Arroceros. Fue secretario de Hacienda del gobernador Darío Echandía. Participó en una lista al Senado encabezada por Echandía y resultó electo junto con Alfonso Palacio Rudas. Fue gobernador del Tolima en 1964 y en 1970, y ministro de Minas del gobierno de Misael Pastrana.

Un retrato filial

Manuel Murillo Toro, presidente tolimense.
Manuel Murillo Toro, presidente tolimense. 
Foto: Wikimedia Commons

La última de las crónicas de este volumen fue escrita a cuatro manos por Yesid y Alfonso Reyes Alvarado, hijos de Alfonso Reyes Echandía (1932-1985), el presidente de la Corte Suprema de Justicia, asesinado en la toma del Palacio de Justicia en 1985.

Se trata de un magnífico relato que comienza cuando Alfonso tenía trece años y recibe la noticia de que en su ciudad natal, Chaparral, funcionaría un colegio de bachillerato al que tendría la oportunidad de ingresar. Por medio de este hilo conductor, los hijos hacen un maravilloso retrato de su padre, un hombre estudioso, disciplinado y riguroso, cuya principal preocupación fue la injusticia social.

Como estudiante de la Universidad Externado de Colombia, donde cursó la carrera de Derecho, obtuvo siempre la nota máxima en todas las asignaturas. Después llegó a trabajar por más de veinte años como docente. Su vida profesional transcurrió en la Rama Judicial, donde fue magistrado del Tribunal Superior de Bogotá, magistrado de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia y presidente de esa alta corporación. Su pensamiento fue novedoso para la época, lo mismo que el apoyo que le brindó al uso de la tecnología en la administración de justicia.

 

Razón Pública agradece el auspicio de la Universidad de Ibagué. Las opiniones expresadas son responsabilidad de la autora.

* Comunicadora social-periodista. Por más de 20 años laboró en el diario regional El Nuevo Día como reportera, jefe de redacción y editora general. Es la directora de la Oficina de Publicaciones de la Universidad de Ibagué.

 

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