Rock independiente en Bogotá: el reto es no llamarse cumbia - Razón Pública
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Rock independiente en Bogotá: el reto es no llamarse cumbia

Escrito por Ana Zamora
Grupo Revolver Plateado. Foto: radionica

Grupo Revolver Plateado. Foto: radionica

Ana ZamoranoLa presencia de esta música ha venido aumentado en los últimos años, pero ¿cómo han podido sostenerse y crecer las bandas de rock colombianas en un entorno dominado por la música tropical? ¿Cuáles han sido sus logros y qué retos enfrentan ahora?

Ana Zamora*

El rock en Bogotá

El rock no ha muerto, ¡está más vivo que nunca! Y un reflejo de ello es la convulsión que vive la escena independiente de este género musical en Bogotá, donde se mezclan el rock clásico y el folklore colombiano.

Hace diez años habría sido impensable un festival de música como Estéreo Picnic, en el cual no solo se presentan grandes agrupaciones internacionales como The Strokes, Florence + The Machine, Nine Inch Nails y Red Hot Chili Peppers sino que también se le da un amplio espacio a la música nacional y local. Lo transgresor de Estéreo Picnic no es reunir a todos estos artistas en un solo lugar, Rock al Parque lo hace desde 1995, sino que por primera vez en la historia del rock nacional se realiza un festival en el que la gente paga por ver a artistas de la escena local que no son tan reconocidos.

Ya no se trata de un género musical extranjero porque, aunque la influencia de agrupaciones anglosajonas es innegable, cada vez incorpora más sonidos autóctonos a través del uso de ritmos e instrumentos tradicionales en la música colombiana.

Colombia se está apropiando del rock y adaptándolo a la cultura local. Bandas como Telebit, Los Makenzy y Danicattack son hoy algunas de las figuras más notables de esta escena. “Hacer rock significa hacer folklore, el rock es el folklore del mundo, es la música que une a todo el mundo” dice Rodolfo Angulo, Bajista de Revólver Plateado, una de las agrupaciones más destacadas de la escena. Trabajando con las uñas han logrado grabar canciones que han trascendido la programación de la radio pública para colarse en emisoras comerciales e incluso hacerse un espacio en las listas semanales de favoritas de los oyentes.

 

Viento a favor

Hay muchos factores que han propiciado este renacimiento de la escena local del rock que, al entrar al nuevo siglo, parecía haber muerto. Las tecnologías digitales y la comunidad que estas ayudan a crear han sido vitales para la gestación de este nuevo movimiento. Plataformas como Bandcamp, Spotify e incluso Youtube se han convertido en espacios de descubrimiento musical que las bandas locales aprovechan para darse a conocer en un público más amplio.

Colombia se está apropiando del rock y adaptándolo a la cultura local.

Sin duda alguna las redes sociales han sido la mejor herramienta para este fin. En palabras de Santiago Uribe, guitarrista de Danicattack, se apoyan casi un 90 por ciento en redes sociales que manejan ellos mismos. “Se trata de mantener una relación muy personal y eso ha ayudado bastante a que los fans sean de verdad”, comenta el artista.

El sentido de comunidad ha sido vital y ha impulsado a las bandas a ayudarse unas a otras. Juan Manuel Quiroz, director de Management en la productora independiente Árbol Naranja, dice que se trata de “dejar el egoísmo y que todo el mundo apoye a todo el mundo. Mantener una política de libros abiertos, una política de alegrarnos por todos. Yo me atrevo a decir que esta “buena onda” entre todas las bandas hizo que haya puntas de flecha” que cada vez llaman más la atención del público internacional.

Las audiencias se han vuelto más abiertas y receptivas a música desconocida gracias a la curiosidad y a la exploración desencadenadas por el acceso musical a través de Internet. Vivimos en una época en la que cada quien elige qué escuchar, por lo que las emisoras radiales y las grandes compañías disqueras tienen menos poder a la hora de influir en los gustos musicales del público.

A pesar de lo anterior, la difusión radial sigue siendo fundamental para darle credibilidad al trabajo de una agrupación musical. Por eso el crecimiento de audiencias de emisoras como Radiónica ha contribuido al desarrollo de estas bandas, pero también les ha dado una visibilidad que les permite ser invitadas a importantes festivales de música. En palabras de Álvaro González (el Profe), director de Radiónica, la emisora no solamente respetó al artista colombiano, sino que le dio confianza, le dio un espacio de reflexión, de autocrítica y un escenario internacional.

 

Los desafíos

Es un hecho que la autogestión es la norma general en esta escena, por lo que grabar un disco o emprender una gira son tareas titánicas que impiden que surjan más artistas. La financiación de un trabajo discográfico es uno de los mayores retos, como cuentan los integrantes de Telebit: “Ha sido muy difícil porque los patrocinios o nuestras casas disqueras han sido la familia, aparte de eso nos tocó empezar a hacer otro tipo de cosas, nosotros hacemos, o hacíamos muchos eventos para recoger fondos para viajar o prensar los discos. Hacíamos rifas, ventas de comida… Decir “tengo que sacar 15 millones de pesos para grabar un disco” es una cosa descabellada y más para 4 personas que acabábamos de salir del colegio y estábamos en la mitad de la universidad”.

A pesar de que enfrentan múltiples problemas no se dan por vencidos y siguen sacando trabajos de alta calidad sonora y musical. Esto último está siendo reconocido por las audiencias, pero también por la academia. Lo anterior explica que una de las bandas más reconocidas de esta escena, Diamante Eléctrico, ganara en 2015 el Grammy Latino al mejor álbum de rock por su disco B.

En la industria musical independiente, los desafíos están a la orden del día, pero conseguir equipos de grabación cada vez se dificulta menos gracias a los avances tecnológicos y al desarrollo de herramientas de edición accesibles.

El circuito de establecimientos que reciben a las bandas ha crecido, pero sigue siendo muy reducido. Juan Manuel Quiroz lo explica así: “para desarrollar un artista alternativo necesitas tener una escena en donde lo puedas mover, una escena de bares, de sitios, de ciudades y esta escena todavía no existe, entonces es muy difícil desarrollar un artista si no hay en donde ponerlo a tocar y si termina siempre haciendo lo mismo, cada tres meses”. Además de que los espacios no son muchos, casi siempre tienen equipos y sistemas de sonido burdos que no favorecen la calidad sonora de los artistas.

 

Y es que de calidad de audio va el asunto. Si bien el rock colombiano ha tenido diversas oleadas de auge independiente, nunca antes se había logrado una profesionalización, tanto en sonido como en producción, que permitiera a las agrupaciones locales ponerse al mismo nivel de las grandes producciones de las multinacionales discográficas.

Las audiencias se han vuelto más abiertas y receptivas a música desconocida.

Si no se sigue trabajando la escena podría estancarse, por lo que es imprescindible que surjan más propuestas y espacios abiertos para las bandas locales. Algunos establecimientos pequeños ya lo están haciendo, pero no cuentan con la capacidad publicitaria para atraer a grandes públicos.

Este problema podría solucionarse a través de una mayor difusión de la programación de eventos culturales en torno al rock en redes sociales, fanzines, blogs y revistas digitales pues estos medios son consultados con frecuencia por los curadores de festivales de música en toda la región. Otra posibilidad es eliminar la percepción de que el lugar del rock está en los bares y empezar a realizar eventos con bandas en pequeños teatros o volver a los parques y de este modo abrir un espectáculo para todos los públicos y dar a conocer el rock local entre las nuevas generaciones.

En este último aspecto se están realizando algunos avances con la creación de espacios alternativos. Festivales como La Coneja Ciega (organizado por el sello discográfico independiente del mismo nombre), y más recientemente Almax, son eventos que contribuyen a la expansión y consolidación de la escena.

Entre los bares con tarima no todos cuentan con consolas de sonido en buen estado y algunos establecimientos incluso deben alquilarlas, lo que impide que las bandas muestren todo su potencial. Aún faltan esfuerzos por parte de los establecimientos en lo que se refiere a brindar sistemas de sonido de calidad, aunque este es el menor de los obstáculos que enfrentan las bandas independientes.

Existen muchos eventos en los cuales las agrupaciones musicales deben pagar una suma de dinero con la excusa de que este es utilizado para gastos de alquiler de equipos e ingeniería de sonido. Ese es el caso de algunos concursos y festivales que convocan a los músicos menos conocidos de la escena.

También hay algunos establecimientos que dan un espacio a las bandas sin ofrecerles ningún tipo de remuneración, como cuenta Santiago Uribe: “en realidad con Danicattack no nos ha tocado pagar, sí hemos tocado muchas veces gratis, en las que uno resulta pagando por tocar porque es cubrir el transporte, los ensayos sin recibir nada a cambio”, es puro amor al arte.

Independientemente de la popularidad de la que goce una banda, los principales desafíos son conseguir una audiencia en un país donde predomina la música tropical y obtener una forma sostenible de financiación para el proyecto. Ese cuento de que “somos independientes y es una chimba” no es tan real. Bogotá ya no se llama cumbia, ahora está intentando llamarse rock.

 

* Comunicadora Social con énfasis en periodismo de la Pontificia Universidad Javeriana. Melómana y estudiosa del rock y otros fenómenos culturales.

 

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