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Mockus y los viejos verdes

Escrito por Luis Eduardo Hoyos
luis eduardo hoyos

luis eduardo hoyosCuando la corrupción está en el centro del debate público, los verdes deberían estar creciendo, haciendo pedagogía y manteniendo su independencia frente a este gobierno y el pasado. Mockus tiene una deuda con la ciudadanía que lo apoyó hace un año. 

Luis Eduardo Hoyos *

 

Pasión y consuelo de hincha

Uno de los tantos entusiastas de Los Verdes me decía en medio de la campaña presidencial del año pasado que ver a Antanas Mockus en los debates televisivos le recordaba los partidos de Millonarios. Se trataba de un seguidor del equipo de fútbol con el ridículo nombre. Nunca he visto un partido de Millonarios por televisión, ni mucho menos en el estadio (¿cómo puede uno seguir a un equipo de fútbol con ese nombre?), pero sí he visto algunos de la selección Colombia, y creo comprender exactamente lo que aquel simpatizante verde decía.

¡Qué sufrimiento era ver a Mockus en televisión durante la pasada contienda electoral! Yo lo seguí con cuidado, pues también me entusiasmó la idea de que fuera la decencia la que marcara el fin de la era Uribe. Pero sufrí como pocas veces en la vida.

Hasta que me quedó claro, en uno de los últimos debates, el que tuvo lugar entre la primera y la segunda vuelta con los empresarios y fue moderado por Yamid Amad, que Mockus no quería ser presidente de la república. Y entonces me tranquilicé. Como cuando Colombia sale de las eliminatorias para el mundial y uno se dice: “Mejor así. Con ese equipo, para ir a quedar como unos bobos en la primera ronda, es preferible que vaya Ecuador”.

Una pifia

Es lo que me hubiera dicho en el debate aquel si Nicanor Restrepo, en nombre de los empresarios, no hubiera intervenido para llamar la atención sobre el carácter demagógico, y no siempre realista, de las promesas anti-tributaristas en las campañas electorales. Los contrincantes debatían en ese momento sobre la necesidad, o no, de una reforma tributaria, donde Mockus por supuesto llevaba las de perder.

Pero el momento culminante del debate vino cuando Santos, como cualquier colegial bogotano, remedó a Mockus haciendo alusión a su purismo moral. Fue cuando se debatía sobre los llamados “falsos positivos”. Santos, con énfasis de titiritero, dijo que él también estaba en contra de los “falsos positivos”. Y el auditorio aplaudió. También Mockus aplaudió.

Mockus en realidad ha debido ripostar respetuosamente y decir algo así: “No se trata ahora de estar de acuerdo o no con algo con lo que difícilmente se puede estar de acuerdo. Se trata de que Usted era el ministro de defensa cuando esos hechos ocurrieron. Se trata de su responsabilidad política y de la responsabilidad política de un gobierno que en su obsesiva guerra contra las FARC ha generado tal cantidad de incentivos perversos”. Pero no. Mockus aplaudió candorosamente.

No es lo biche

Yo no sé cómo será un partido de Millonarios ni tengo interés en sumar esa a la lista de mis preocupaciones en esta vida. Pero sí puedo comprender a quienes desde entonces decían que Los Verdes estaban biches.

Después de un año largo me parece que la situación es algo diferente. Los Verdes no están biches, Los Verdes se pudrieron antes de madurar, al menos en Bogotá.

Mal silencio

Lo más lamentable de esta insólita descomposición es que se presenta en un momento en el que Los Verdes tendrían que estar floreciendo. No pasa una semana desde que Uribe salió del poder en la que no se destape algún escándalo de corrupción y abuso del poder relacionado con funcionarios de su gobierno. Los Verdes deberían estar desempeñando un papel protagónico en las denuncias.

Pero no sólo eso. Deberían estar haciendo lo que presuntamente saben hacer: combinar la pedagogía ciudadana con la política. Tendrían que estar contactando a la ciudadanía a través de los medios y las redes sociales para movilizar al país contra la corrupción. Y salir a la calle.

Deberían estar explicando dos cosas: que el ser humano no es malo por naturaleza, pero que una de las cosas más dañinas y que más pervierten al hombre es la concentración de poder. ¿Para dónde iba el gobierno de Uribe? Para una segunda reelección, para una mayor concentración de poder en el ejecutivo y una devastación del mecanismo de pesos y contrapesos. Se iban a rifar el país e iban a meter el mugre de la fiesta debajo de la alfombra.

Lo segundo que deberían estar explicando Los Verdes es que la corrupción, la apropiación y el mal uso de los dineros públicos, no sólo tiene a este país al borde del colapso en asuntos tan sensibles como la política de salud y la infraestructura, sino que es uno de los factores que más le resta credibilidad a la clase política. La corrupción ha minado la legitimidad de la clase política tradicional. Y esto es demasiado grave en un país con un conflicto armado tan persistente, con tasas de abstención tan alarmantes y una indiferencia política creciente.

La juventud colombiana, el elector que puso su primer voto por Mockus en 2010, necesita una señal clara de que se puede confiar en los políticos y en la política, de que no es utópico pensar en que la buena administración, la educación ciudadana y la actividad política pulcra pueden y han de ir de la mano.

Hacer cuentas

Esa labor de pedagogía política y ciudadana se puede (y debe, en mi opinión) llevar a cabo sin plegarias sobre lo que es “sagrado”. No es sino pararse frente a un tablero y hacer cuentas frente a la ciudadanía. ¿Qué país tendríamos si los dineros del erario se destinaran correctamente al desarrollo de la infraestructura? ¿Qué podría pasar si el 10 por ciento de las regalías de la explotación de hidrocarburos que se quiere destinar a ciencia e investigación (por cierto, propuesta de Los Verdes en la campaña del 2010) fuera a parar a manos de unos pocos? Y así.

Los ejemplos abundan. Sumar, restar, explicar, dar a entender la correlación entre buena y pulcra administración, entre legitimidad política, confianza y crecimiento social, en lugar de machacar salmodias sobre lo sagrado y lo profano. Ese tendría que ser el desafío educativo de Los Verdes, basados en la experiencia de algunos de ellos como gobernantes regionales.

Necesitaban mantener su independencia

Pero no, el Partido Verde llevan todo este año dedicados a ver si conviene o no una componenda político-electoral con Uribe en Bogotá. Ahí empiezan a caer de la rama antes de madurar.

Y se pudren biches cuando ingresan a la coalición de gobierno. No lo digo por el gobierno de Santos, que ha resultado hasta ahora más interesante y decente de lo esperado, sino porque esa no es la mejor manera de hacer lo que, repito, Los Verdes presuntamente saben hacer: combinar la pedagogía con la política. Después de todo, este gobierno está presidido por un prominente miembro del gabinete de Uribe y aún hay temas de responsabilidad política que deben aclararse.

La independencia reflexiva era crucial, en mi opinión. Ella no hubiera impedido apoyar los proyectos más audaces e interesantes del gobierno Santos, con dos reservas razonables: que Los Verdes estarían pendientes de la rendición de cuentas de este gobierno y, también, de completar el balance sobre las decisiones, u omisiones, del Ministerio de Defensa que ejerció Santos bajo el gobierno de Uribe.

Los Verdes necesitaban la distancia respecto de Uribe y la independencia reflexiva respecto de Santos. Porque uno de los asuntos principales de la pedagogía consiste en ejercitar la memoria. Y este país, sabido es, carece de ella.

Votantes huérfanos

Los electores de Los Verdes en el año 2010, sin embargo, no venían de un partido político consolidado y con maquinaria. El electorado verde provenía de un movimiento ciudadano cansado de las tropelías de la familia Uribe y de su círculo. Cabe creer que ese movimiento de opinión sigue allí y simplemente necesita algo que lo estimule para volver a expresarse. Está más o menos claro que ese estímulo no vendrá de parte del Polo y de la izquierda democrática. Lo que ha pasado en Bogotá con los Moreno-Rojas es demasiado grave. El Polo necesita retiro espiritual.

Las próximas elecciones regionales tendrían que ser la oportunidad para intentar esa manifestación ciudadana a favor de la decencia. La responsabilidad de un líder como Mockus es enorme en este momento.

Mockus a reverdecer

No sé si hizo bien en salirse del partido verde, aunque me parece que no tenía por qué tragarse el sapo (según su expresión) de una campaña electoral con Uribe. Quizás ha debido declararse en disidencia e irse para Medellín a apoyar a Fajardo. Fajardo está, en el contexto de Los Verdes, solo. Mockus lo dejó solo. A lo mejor sin darse cuenta, porque el que vive metido en sí mismo no nota cuando deja solos a los otros. Lo cierto es, en todo caso, que Antanas fue consecuente y honrado (como siempre) al declararse en contra de la incapacidad de Los Verdes de Bogotá de des-uribizar la política colombiana.

En manos de Mockus está el que haga uso público de la influencia que aún conserva entre la juventud, por su estatura moral y su sensibilidad, y ayude a convocarla contra la corrupción y la violencia y a favor de la decencia y la razonabilidad en política. Pero Mockus tendría que des-mockizarse.

Creo que tendría que apoyar decididamente a alguien en Bogotá a través de un claro acuerdo programático, a alguien que haya demostrado que ha luchado contra la corrupción, contra el paramilitarismo, alguien que haya encarado a las FARC, que sepa distanciarse de Uribe, en una palabra, alguien en quien se pueda confiar (que los hay los hay). Es imprescindible, en mi opinión, que ese apoyo esté además muy contactado con la ciudadanía a través de los medios y las redes sociales, y que se vea en la calle. Mockus tendría también que hacerle la segunda a Fajardo en Medellín. Qué mejor y más sana manera de enseñar a madurar a los otros que la de demostrar públicamente la propia grandeza.

* Profesor de Filosofía de la Universidad Nacional de Colombia.

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