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Microtráfico y narcomenudeo: realidades y retos

Escrito por Santiago González
Marihuana y bazuco incautados en operativo en el sector de San Bernardo en el centro de Bogotá.

Marihuana y bazuco incautados en operativo en el sector de San Bernardo en el centro de Bogotá.

Santiago GonzalezLas “ollas” son de muy distintos tipos, y no se pueden atacar sin comprenderlas en su complejidad. Esta mirada cercana al mundo de los expendedores y los consumidores arroja luces nuevas y señales valiosas para orientar mejor las políticas públicas.

Santiago González-Plazas*

El problema de las “ollas”

Microtráfico y narcomenudeo son dos fenómenos interdependientes que se producen dentro de los mercados urbanos de drogas y alrededor de las llamadas “ollas” de consumo y expendio.

El microtráfico puede entenderse como la comercialización de sustancias ilegales para el  abastecimiento de grandes o pequeñas ciudades. El narcomenudeo es la actividad final de distribución de los expendedores a los consumidores.

Se han propuesto varios modos de definir la “olla” – y además es necesario tener en cuenta el carácter a cambiante del microtráfico y el narcomenudeo-. Po ejemplo según Juan Carlos Garzón en un artículo de Razón Pública, “las ‘ollas’ son apenas un nodo físico dentro de una red, un eslabón de la cadena de economías ilegales que están detrás, y cuyos beneficios son percibidos por organizaciones criminales mayores”.

Estas definiciones son clarificadoras, pero habría que profundizar sobre algunos aspectos,  como el hecho que existen distintos tipos de ollas, según sean las sustancias que se comercializan en ellas y según los patrones de consumo de las personas que las frecuentan.

Dos tipos de “ollas”

En Bogotá existen ollas como “el Bronx”, que se extiende sobre una área definida y en las cuales – aunque se encuentren todo tipo de sustancias- se observa una inclinación hacia la  venta de alcohol, bazuco, marihuana y pegante.

En estos lugares las organizaciones criminales brindan a los usuarios, en su mayoría habitantes de la calle, tanto las sustancias como la posibilidad de consumirlas en un ambiente “seguro”, a cambio de la fidelidad al expendedor. En estas ollas los consumidores tienen la certeza de que nadie, incluida la autoridad, los va a molestar o les va a robar la sustancia.

La violación de estas reglas y códigos de lealtad son castigados hasta con la muerte. Entre consumidores que visitan estos lugares son recurrentes las afirmaciones del tipo: “las ollas son los lugares más seguros de la ciudad”. Estas afirmaciones son incomprensibles para alguien ajeno a ese mundo, pero tienen mucho sentido entre la población consumidora, que en muchos casos se encuentra estigmatizada y criminalizada.

Los fenómenos del microtráfico y el narcomenudeo varían de acuerdo con las sustancias y el contexto, lo cual plantea nuevos retos para su entendimiento y tratamiento.

Por otra parte, existen sectores identificados como “ollas”, que no son áreas delimitadas sino sitios donde los expendedores ambulantes satisfacen las necesidades de consumidores jóvenes de todos los estratos vinculados con la “rumba”.

En estas ollas predomina la venta de drogas sintéticas, cocaína, popper y marihuana con elevados grados de adulteración. En muchos casos, en estos lugares se engaña a personas que se inician en el consumo o experimentan con él (un consumidor especializado de drogas sintéticas, por ejemplo, las conseguiría por venta a domicilio y no en estos sitios).

Estos casos muestran cómo los fenómenos del microtráfico y el narcomenudeo varían de acuerdo con las sustancias y el contexto, lo cual plantea nuevos retos para su entendimiento y tratamiento.

Centro de Atención Móvil a Drogodependientes (CAMAD) en el sector del Bronx en Bogotá.
Centro de Atención Móvil a Drogodependientes (CAMAD) en el sector del Bronx en
Bogotá.
Foto: Alcaldía Mayor de Bogotá

Comprender el problema

Para entender el microtráfico y el narcomenudeo es necesario abordarlos en su complejidad. Una parte importante del análisis es entender el andamiaje criminal que tiene la capacidad para escoger las sustancias presentes en los mercados, sus grados de pureza y adulteración, las estrategias de promoción y enganche de los usuarios y los diferentes mecanismos de distribución.

En la actualidad, estos mecanismos de distribución incluyen puntos fijos y móviles que varían según los contextos sociales, económicos y culturales alrededor del consumo.

Siguiendo a Francisco Thoumi, no es posible hablar de “causas” del microtráfico y narcomenudeo en un sentido riguroso, porque los factores que contribuyen a generar esos fenómenos son vulnerabilidades de la estructura social colombiana.  Por tanto la única posible “solución” de los problemas de la criminalidad exige identificar esos factores y atacarlos en serio. Esto hace necesario levantar las “defensas” de la sociedad y llevar a cabo reformas sociales difíciles.

Analizando específicamente el microtráfico y el narcomenudeo como expresiones  de la criminalidad, en Colombia podrían identificarse, entre otros, los siguientes factores como agravantes del problema:

-Patrones de consumo problemáticos. El consumo alto de sustancias psicoactivas en Colombia es un hecho relativamente nuevo. Las mezclas de sustancias siempre han existido pero no en la magnitud que registran ahora. Y sin embargo no son del todo claras las razones que han llevado a Colombia a ser un país con altos niveles de consumo.

-La ilegalidad como opción de vida. Es muy difícil establecer las razones por las cuales una persona decide asumir la venta de sustancias psicoactivas como opción de vida. Las personas pueden optar por vivir fuera de la legalidad por vocación, por curiosidad, por seguir una tradición familiar o porque no conocen otras opciones. También lo pueden hacer porque son obligados, lo cual es más complicado todavía.

-Exclusión social. La mano de obra que sirve al microtráfico tiende a concentrarse en los estratos socioeconómicos bajos. Se trata en su mayoría de jóvenes sin oportunidades de educación ni de trabajo, venidos de contextos familiares y sociales problemáticos Por eso, algunos autores han advertido que para lograr o recuperar la cultura de la legalidad en los sectores donde se concentran los mercados urbanos de drogas “hay que construir las condiciones necesarias para insertar estos territorios en la ciudad”.

La corrupción hace posible la existencia de sistemas criminales dedicados al abastecimiento, promoción y, sobre todo, el blanqueo de los capitales derivados de la venta de sustancias y las actividades delincuenciales conexas.

El impacto de la corrupción es mayor en algunos lugares donde el poder de control de las instituciones públicas es menor que el de las organizaciones criminales. En estos casos las instituciones encargadas del control suelen acabar siendo rehenes del poder criminal.

Un caso concreto

Los sucesos ocurridos recientemente en la localidad de Tunjuelito en Bogotá, cuando un estudiante de 14 años y un presunto expendedor de sustancias psicoactivas resultaron muertos en hechos confusos, llaman nuevamente la atención sobre el fenómeno del microtráfico.

En este caso, jóvenes entre 12 y 16 años resultaron intoxicados por ingerir una mezcla de sustancias. Diferentes versiones aseguran que se ingirieron alcohol artesanal, polvo de extintor, marihuana, pegante y thinner.

Medicina Legal reportó la presencia de cloroformo en el cuerpo del consumidor muerto. Lo que no está claro es si el cloroformo consumido a partir de gases de extintor viene de una práctica que surge de la “creatividad” de algunos consumidores o de quienes los inducen al consumo y proporcionan las sustancias que hacen parte de las mezclas letales.

Tratar de entender estos hechos obliga a ver la existencia de complejas correlaciones entre los patrones de consumo en la población vulnerable, la inducción y explotación de dichos patrones por las mafias del microtráfico, y el establecimiento de redes criminales conformadas por pequeños expendedores al servicio de las mafias.

Posibles políticas

Olla de consumo y expendio de estupefacientes en el sector de suba en Bogotá.
Olla de consumo y expendio de estupefacientes en el sector de suba en Bogotá.
Foto: Alcaldía Mayor de Bogotá

La necesaria intervención del Estado para contener el avance de los fenómenos del microtráfico y el narcomenudeo implica diseñar y ejecutar reformas sociales realmente capaces de mitigar los factores que contribuyen al desarrollo de la criminalidad.

Hay que destinar recursos para prevenir un consumo que repercute sobre la oferta. También hay que aumentar la inclusión social y promover la cultura de la legalidad. Una política de drogas reformada debe dar un lugar protagónico al lavado de activos y debe atacar el poder económico que se esconde detrás de las organizaciones criminales que trafican con sustancias.

A corto plazo es fundamental valorar la creatividad en lo local y apoyar a las comunidades, organizaciones no gubernamentales y gobiernos municipales en sus iniciativas para hacer frente al microtráfico y el narcomenudeo. Estos apoyos deben incluir alianzas entre los sectores público y privado, apoyos financieros, y el fortalecimiento de las capacidades locales para la documentación de sus procesos. Estas acciones permitirían además el intercambio de experiencias entre actores.

Esta política no hace más que desplazar los fenómenos de criminalidad a lugares donde estos eran marginales o incluso no existían.

La participación de la comunidad es decisiva para construir un tejido social capaz de responder a la ilegalidad, y debe ser concertada con los gobiernos de modo que las políticas se inspiren en las realidades de cada localidad.

A mediano y largo plazo habría que concentrarse en dos asuntos:

  • Aumentar la capacidad real para perseguir y judicializar a los peces gordos del microtráfico, y
  • Trabajar sobre los eslabones débiles de la cadena a partir de enfoques de desarrollo humano, respetuosos de los derechos humanos, que apunten a la prevención, mitigación o eliminación de los nexos con la ilegalidad.

Seguir enfrentando los fenómenos del microtráfico y el narcomenudeo desde las solas persecución y judicialización, particularmente de los eslabones débiles de la cadena, acaba por agravar la situación. Esta política no hace más que desplazar los fenómenos de criminalidad a lugares donde estos eran marginales o incluso no existían.

 

* Politólogo de la Universidad del Rosario, especialista en Política Pública de la Universidad de los Andes y asesor de la Dirección de Política Contra las Drogas del Ministerio de Justicia (las opiniones son responsabilidad del autor).

 

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