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Las mujeres en el Plan Nacional de Desarrollo

Escrito por Diana Milena López
Empoderamiento y políticas para la mujer

Empoderamiento y políticas para la mujer

Diana LopezEs la primera vez que vemos un componente de género en el PND. Sin embargo, no queda muy claro cómo lo harán efectivo.

Diana Milena López*

Dimensiones y políticas

Esta es la primera vez que se incluye un capítulo sobre la equidad para la mujer en el Plan Nacional de Desarrollo (PND). El paso es importante para (1) diseñar o robustecer políticas orientadas a la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, y (2) garantizar que las mujeres lleven una vida libre de violencias.

En el capítulo XIV del PND —“Pacto para la equidad para las mujeres”— hay varios aspectos positivos, pero también algunos negativos sobre los cuales vale la pena reflexionar.

El documento aborda cuatro dimensiones —económica, política, física y educativa— desde las cuales es posible reducir la inequidad de género. A estas cuatro dimensiones corresponden ocho líneas de política:

  • Fortalecer las instituciones de género en Colombia;
  • Educación y “empoderamiento” para cerrar las brechas en el mundo laboral;
  • El cuidado, una apuesta de corresponsabilidad;
  • Participación en escenarios de poder y toma de decisiones;
  • Promoción de la salud sexual y los derechos reproductivos para niñas, niños y adolescentes;
  • Derecho a una vida libre de violencias;
  • Mujeres rurales como agentes de transformación del campo,
  • Y equidad en la construcción de paz.

Sin embargo, no es clara la interconexión entre las cuatro dimensiones y las ocho líneas de política. De hecho, las dimensiones solo aparecen en la introducción al capítulo. Queda entonces una duda: ¿cada una de las líneas pretende abordar las cuatro dimensiones? Si es así, ¿cómo hacer para que cada línea de política contribuya a la equidad en cada una de estas dimensiones?

Fortalecimiento institucional

Aquí el plan habla de consolidar la Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer (CPEM) mediante acciones como el rediseño del Observatorio de Asuntos de Género (OAG).

Colombia necesita datos desagregados por sexo que además sean representativos a nivel regional o local. Esta es la única manera de saber cómo ha cambiado realmente la brecha entre hombres y mujeres.

También habla el documento de mejor coordinación con los observatorios regionales de género. Las secretarias de la mujer de Bogotá y Antioquia son dos ejemplos. Para tener políticas basadas en evidencia es necesario consolidar estos observatorios.

Le recomendamos: Derechos de las mujeres: avances y retrocesos.

Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer

Foto: Consejería Presidencial para la equidad de la mujer
Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer

Educación y empoderamiento económico

Ante las brechas actuales en las tasas de participación laboral, desempleo e inasistencia escolar, esta línea incluye estrategias (1) para que las niñas y adolescentes permanezcan en el sistema educativo y (2) para que las mujeres tengan mejor acceso al mercado laboral.

Pero sorprende que en este punto el documento no aluda a temas como la informalidad laboral o a las llamadas “Ninis” (población joven que ni estudia, ni trabaja, ni está buscando trabajo).

Según la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH) del DANE desde 2008, tan solo un tercio de las mujeres que trabajan contribuye a un fondo de pensiones, mientras que la mitad de los hombres lo hace.

Ante las brechas actuales en las tasas de participación laboral, desempleo e inasistencia escolar.

En 2017, el 37,8 por ciento de las trabajadoras contribuía a un fondo de pensión, a comparar con el 52,1 por ciento de los hombres. La proporción de mujeres Ninis entre 16 y 24 años es cuatro veces mayor que la de los hombres —25,5 versus 5,9 por ciento en 2017—.

En las zonas rurales, las diferencias son aún más marcadas: las mujeres Ninis llegan al 41 por ciento y los hombres Ninis son apenas el 6 por ciento.

¿Por qué entonces se omite la referencia a estos diferenciales de género, y cómo pueden formularse estrategias adecuadas en su ausencia?

Puede leer: Las mujeres en la economía.

Economía del cuidado

Las mujeres asumen gran parte de la economía del cuidado y no son remuneradas por estas actividades. Esto impide la igualdad de oportunidades para acceder a la educación y al mercado laboral.

Por ejemplo atender las responsabilidades del hogar es una de las principales razones para que las mujeres no asistan al colegio, al paso que entre los hombres importa más la falta de interés en la educación. De igual manera, la participación laboral y los ingresos de la mujer disminuyen cuando tienen su primer hijo.

El PND habla por tanto de formular una política nacional que promueva el reconocimiento, la reducción y la redistribución del trabajo de cuidado. Pero las acciones que incluiría esta política no son claras. Se habla de crear una comisión intersectorial o de ajustes a las normas laborales por parte del ministerio de Trabajo, sin avanzar propuestas específicas que hagan flexible el horario o permitan redistribuir el trabajo del cuidado. No se habla, por ejemplo, de ajustes a la licencia de paternidad.

economia mujer

Foto: OMEG
Disparidad en economía del cuidado reduce oportunidades de acceso al mercado laboral.

Salud sexual y derechos reproductivos

Uno de los objetivos de este acápite es garantizar el acceso a información veraz, oportuna y de calidad para niñas, niños y adolescentes. Pero de nuevo el plan se queda corto al precisar las estrategias.

La única estrategia que el PND menciona en este punto es la educación sexual para eliminar las Uniones Tempranas (UT). Se abstiene en cambio de aludir explícitamente a la educación sexual para prevenir el embarazo adolescente.

En un artículo reciente de El Espectador se analizó el fracaso de la educación sexual en Colombia. Según la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS 2015), el 80 por ciento de los alumnos afirmaron no haber participado en actividades relacionadas con educación sexual en sus escuelas durante el último año. En los colegios no existe educación sexual.

Las mujeres asumen gran parte de la economía del cuidado y no son remuneradas por estas actividades.  

La misma encuesta indica que las adolescentes en áreas rurales no usan un método anticonceptivo porque sus parejas se oponen a hacerlo. Esto sugiere que la educación sexual debe ir acompañada del esfuerzo para cambiar las normas sociales que involucren a padres, madres, adolescentes y profesores.

Hace unas semanas la senadora Angélica Lozano dio a conocer el hecho de que, en el municipio de Tenjo, Cundinamarca, el embarazo adolescente había disminuido del 39 al 9 por ciento entre 2014 y 2018. La Secretaria de Protección Social en alianza con Profamilia habían llevado a cabo una campaña participativa y constructiva con las y los adolescentes.

Una vida libre de violencias

Entre los objetivos de esta línea de política se destaca el fortalecimiento de las instituciones encargadas de prevenir, atender y proteger a las mujeres víctimas de cualquier tipo de violencia de género. Por ejemplo, las Comisarías de Familia.

Pero el PND no menciona los mecanismos y canales que serían creados para que esas mujeres se atrevan a denunciar. Las cifras sobre violencia tienden a estar subestimadas porque las víctimas no denuncian debido a fallas institucionales y al miedo de denunciar. Si bien es importante fortalecer las Comisarías de Familia, queda el vacío de cómo facilitar el acceso de las mujeres a este tipo de justicia.

La inclusión de un capítulo en el PND sobre la equidad de la mujer es un paso importante en la búsqueda de igualdad de oportunidades. Pero quedan vacíos e interrogantes de fono sobre cómo llevar a cabo los cambios.

Le recomendamos: Grandes micos y algunos aciertos en el Plan Nacional de Desarrollo.

Esperemos que en los próximos cuatro años se concreten y se hagan realidad las estrategias incluidas en el plan y se avance en igualar las oportunidades en las cuatro dimensiones que enuncia el nuevo Plan de Desarrollo.

* Profesora asistente de la Pontificia Universidad Javeriana. Magister en Economía de la Universidad de los Andes. Ph. D. del Paris School of Economics, Master en Análisis y Política Económica Paris School of Economics.

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