La Alianza del Pacífico: pocos resultados en educación - Razón Pública

La Alianza del Pacífico: pocos resultados en educación

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Estudiantes de la Universidad de Ibagué.

Hector GodoyLa Alianza parecía una oportunidad para el intercambio de investigadores, profesores y estudiantes de los países miembros. Pero pese a sus logros en la integración económica y política, esta comunidad no ha hecho mucho por la educación*.

Héctor Godoy Hernández**

Universidad de IbaguéExpectativas frustradas

Después de cinco años de operación de la Alianza del Pacífico, y sin obstar el esfuerzo que tanto el Estado colombiano como las instituciones de educación superior le han dedicado a esta iniciativa, los resultados en materia de educación no son muy satisfactorios.

Es indudable el éxito que hasta la fecha ha logrado la Alianza en términos comerciales:  

  • La puesta en marcha de la plataforma de integración bursátil (MILA),
  • La realización de cerca de ochenta actividades de promoción comercial y de inversión,
  • Macrorruedas de negocios y turismo,
  • La creación de oficinas comerciales conjuntas y de embajadas compartidas,
  • Nutridos foros empresariales de innovación y emprendimiento.

Todo esto ha hecho que varios países, como Panamá y Costa Rica, hayan expresado su deseo de vincularse a la Alianza que conforman Colombia, Chile, Perú y México.  

Sin embargo los logros en frentes como la educación no son satisfactorios. Desde junio de 2012 (fecha de constitución jurídica de la Alianza) se anunció la prioridad de la educación como un eje para fortalecer la integración entre los países y para mejorar las competencias y capacidades de la población.

La movilidad de los profesores necesita ser mucho más estimulada.

Cuando el programa de la Alianza se presentó a las instituciones de educación superior colombianas este se perfilaba como el mecanismo más eficaz para estimular la movilidad académica entre los cuatro países que la conforman. También se dijo que este intercambio intenso de científicos, docentes y educandos ayudaría a proyectar las universidades latinoamericanas como centros de excelencia.

Pero cuatro años después de esas declaraciones se ha hecho evidente que los esfuerzos de promoción y de las propias instituciones de educación superior no han alcanzado para lograr buenos resultados.

Algunos intercambios

El Presidente Santos durante la XI Cumbre de la Alianza del Pacífico.
El Presidente Santos durante la XI Cumbre de la Alianza del Pacífico.
Foto: Presidencia de la República de Colombia

El principal mecanismo de la Alianza en materia educativa han sido las becas para que el estudiante curse un semestre académico en uno de los tres países distintos del suyo propio. Pero el alcance de esta iniciativa ha sido bastante restringido.

Hasta diciembre de 2015 se habían otorgado 277 becas para estudiantes colombianos en universidades chilenas, mexicanas o peruanas. De igual manera, fueron recibidos 252 estudiantes provenientes de estos países para cursar el semestre en nuestras universidades.

Si distribuimos estos números entre los años de ejecución, a cada una de las 25 ciudades de Colombia que tienen la posibilidad de enviar y recibir estudiantes le corresponderían algo así como tres estudiantes por año. Esto, por supuesto, si se aplicara el criterio de distribución equitativa por regiones y ciudades. Pero si consideramos que en la mayoría de ciudades intermedias hay en promedio tres universidades, el número se reduce a un estudiante por universidad. 

Sin duda, esta experiencia es un gran logro para el becario, así como para la institución de educación superior que lo postuló. Pero es indispensable analizar qué tan favorable resulta la relación costo-beneficio, especialmente si cada universidad debe adelantar toda una serie de gestiones de promoción y de actividades académico-administrativas para postular a sus estudiantes.

Si partimos de la base de que cada universidad postula en promedio cinco estudiantes y que al final solo logra una beca por año, estamos hablando de un indicador de éxito de apenas el 20 por ciento por institución, en el caso de las afortunadas. Pero para muchas universidades este indicador es de cero.

Una Alianza por la educación

En estas circunstancias sería necesario fortalecer el programa de becas o complementarlo con otras iniciativas. Entre las nuevas posibilidades para el trabajo colaborativo cabria mencionar:

  • Las estancias de corta duración,
  • El desarrollo de eventos académicos conjuntos,
  • Las prácticas profesionales,
  • Los encuentros de semilleros de investigación.

La movilidad de los profesores necesita ser mucho más estimulada. Bajo la figura del profesor invitado se lograría coordinar programas y compartir experiencias replicables para mejorar “las competencias y capacidades de la población” como se había propuesto en el momento de fundación de la Alianza.

Promover la movilidad de investigadores de alto nivel.

De igual manera sería preciso promover la movilidad de investigadores de alto nivel que estén interesados en desarrollar investigaciones conjuntas para acrecentar los productos de investigación, especialmente las publicaciones en revistas indexadas. Esta sería una estrategia eficaz para que nuestras universidades sean más visibles en el plano internacional y para articular de una manera más efectiva la docencia y la investigación.

Todo esto sin dejar de lado el fortalecimiento de las redes académicas que se pueden establecer y poner a funcionar con otro tipo de proyectos de quienes participan en el programa.

Dependerá de la voluntad no solo de las entidades de promoción de la plataforma sino de las universidades que la integran que se trace una agenda de trabajo concertada que permita una destinación más efectiva de los recursos económicos y de los esfuerzos de estudiantes, docentes, investigadores y personal de apoyo.

La Alianza debe pasar de ser solo una opción a convertirse en la mejor alternativa para el fortalecimiento de la educación superior en América Latina.

 

*Razón Pública agradece el auspicio de la Universidad de Ibagué. Las opiniones expresadas son responsabilidad del autor.  

**Magíster en Administración del Instituto de Tecnologías de Rochester, magíster en Administración de la Universidad de Belgrano, docente y director de Relaciones Internacionales de la Universidad de Ibagué.

 

 

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