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La academia ante el país que viene tras la guerra

Escrito por Mauricio Hernández y Jaime Wilches

“Esta guerra que se va…  Territorios y Violencias; desigualdad y fragmentación social” libro a reseñar.

Mauricio HernandezJaime WilchesDesde múltiples enfoques e intereses, este libro ofrece un análisis cuidadoso alrededor del posconflicto y materiales útiles para atender los múltiples y complejos desafíos que emergerán en el camino a la paz.

Mauricio Hernández* y Jaime Wilches**

Esta guerra que se va… Territorio y violencias; desigualdad y fragmentación social.
Ricardo García Duarte (Editor)
Bogotá, Editorial Universidad Distrital Francisco José de Caldas, 2017, 444 págs.

Los pendientes de la paz

Colombia y su academia se encuentran en una situación decisiva, no tanto por los desafíos políticos, sociales, económicos y culturales que implica el posconflicto, sino debido a que estos desafíos exigen respuestas concretas y prácticas.

Así pues es necesario pasar de la reflexión a la aplicación de medidas que neutralicen la guerra o, en otros términos, ahora deben sumarse esfuerzos no tanto para llevar a cabo análisis sofisticados sobre la situación nacional, sino para hacer viable la construcción de la paz, dado que la dejación de las armas, la apertura hacia nuevas oportunidades y apuestas políticas que se vislumbrarán en la arena electoral del 2018, entre otros aspectos, exigirán  pensar con toda seriedad el escenario del posconflicto.

En este contexto, el libro editado por Ricardo García Duarte, más que buscar culpables, indaga sobre las responsabilidades que distintos actores (políticos, económicos, sociales, armados, legales e ilegales) pueden asumir, para hacer realidad la expectativa de “una paz estable y duradera” que se anunció en el Acuerdo de La Habana.

La novedad de este libro no reside en la presentación de instrumentos concretos que se podrían utilizar en beneficio de una población específica o ser validados mediante modelos cuantitativos o cualitativos.  El libro es pertinente porque responde aporta desde la academia a la búsqueda de propuestas y alternativas que garanticen un tratamiento adecuado del complejo escenario que vendrá tras el fin del enfrentamiento armado, escenario donde los acuerdos quedarán en el papel si no existe un marco propicio de actores, instituciones y prácticas sociales que garanticen su ejecución.

Estructura de la obra

Firma de los Acuerdos de Paz con las FARC.
Firma de los Acuerdos de Paz con las FARC. 
Foto: Cancillería

El libro está divido en cinco partes. En la primera sección, titulada “Conflicto armado: aproximación a una historia de paradojas”, García Duarte recorre las distintas etapas y mutaciones del conflicto, para mostrar cómo la guerra acabó siendo un elemento inquietante pero tolerable a la hora de proyectar el crecimiento económico y político de Colombia. Esta tesis es la columna vertebral que estructura la obra y sirve de hilo conductor a los capítulos que componen la investigación.

García muestra que los avances económicos y sociales en Colombia son producto de prácticas democráticas restringidas, así como de modelos excluyentes que beneficiaron a los sectores que estaban cerca del poder y que, a la vez, promovieron acciones ilegales en zonas periféricas que nunca interesaron al Estado.

La segunda parte, “Construir y territorializar la paz”, contiene tres trabajos.

  • En primer lugar, Teófilo Vásquez presenta un panorama detallado de las implicaciones que tiene pensar la paz desde una perspectiva regional, atendiendo a dos supuestos clave: por un lado, el conflicto armado colombiano no se distribuye de manera homogénea en el tiempo ni en el espacio y, por otro lado, la inserción, asentamiento y expansión de los actores armados no se dan en territorios y espacios vacíos.
  • Sirviéndose de las premisas que propone Vásquez,  Omar Gutiérrez estudia los casos de Arauca y Meta, regiones que ratifican el hecho de que las zonas marcadas por el olvido y que merecen especial atención del Estado son centrales, puesto que pueden convertirse en un ejemplo de los éxitos o fracasos del posconflicto.
  • Frente a los retos expuestos por Gutiérrez, la investigación de Juan Carlos Sánchez añade con tono escéptico, aunque con argumentos inquietantes, que un escenario de posconflicto tardará años en reestablecer el tejido de confianza de los procesos comunitarios y, sobre todo, en transformar las memorias sociales, ancladas en buena parte en la consecución de rentas, intereses y privilegios, sin importar la existencia o intereses del otro.

La tercera parte, “Desactivar el conflicto: drogas, fuerzas armadas y modelo económico”, comienza con el texto de Ricardo Vargas, quien ofrece un panorama de los discursos y enfoques de política destinados a combatir la economía de las drogas ilegales. Vargas asegura que todos estos enfoques, si bien han tenido éxitos parciales, deben ser reformulados de cara al posconflicto y con una estrategia que no se concentre en las leyes de la oferta y la demanda, sino en los proyectos productivos alternativos.

Por su lado, Andrés Castiblanco aborda el papel del ejército colombiano desde una perspectiva diferente de los estudios de seguridad y defensa. En este sentido, se ocupa de la imagen que proyectan los militares desde sus campañas publicitarias, en las que apuntan a crear una imagen menos belicista y que se integra en el discurso de una paz en la que exigen, de manera persuasiva, ser incluidos como héroes y responsables de la derrota militar de las FARC.

Para cerrar esta sección, Claudia Pico señala, en sintonía con los argumentos de García Duarte, que es imposible ignorar el modelo económico y que, por el contrario, se debe prestar atención a la constante histórica de la convivencia de legalidad e ilegalidad o, en palabras de la autora, a la existencia de un “dualismo estructural”.

La cuarta parte, “Actores sociales y pedagogía en la comprensión de la paz”, convoca, entre la multiplicidad de sectores sociales disponibles para el análisis, a tres miembros de la población civil que se consideran necesarios para lograr transformaciones de largo aliento: jóvenes, niños y docentes.

  • En el caso de los jóvenes, los autores de esta reseña llevamos a cabo un ejercicio pedagógico, basado en las encuestas a 500 jóvenes de universidades públicas y privadas en  Bogotá, con el objeto de identificar hasta qué punto sus percepciones del conflicto armado provienen no solo del desconocimiento, sino de los prejuicios y la indiferencia de una generación urbanizada que se siente parte de la paz, pero ajena a los costos que esta supone.
  • Para abordar el caso de la infancia, la investigación de Absalón Jiménez invita a pensar que, mientras los niños tienden a ser idealizados o aun mimados en las áreas urbanas, existe otro sector de infantes que ha sufrido los rigores del conflicto armado. Estas experiencias han afectado las visiones y proyectos de vida que tienen como jóvenes obligados a reintegrarse en una sociedad que los mira con desconfianza.
  • El texto de Robert Ojeda explora las distintas posiciones que tienen los maestros y educadores en el momento de construir la memoria del conflicto armado, no como una lucha ideológica, sino como una interpretación de la historia desde una política basada en el respeto por la diferencia.

La quinta y última parte, “La comunidad internacional en la paz: experiencias y aprendizajes”, indaga sobre las experiencias del pasado, las tareas del presente y los aportes del futuro en un escenario donde la comunidad internacional tendrá un papel clave no solo como un posible interesado en inversiones o negocios en la Colombia en paz, sino como un garante de políticas destinadas a fortalecer la democracia.

Hugo Guerrero y Yanitza Giraldo exploran el papel de la Unión Europea con los Laboratorios de Paz, que pueden refrescar los ambientes tensos con actividades y tareas que se inserten en la vida cotidiana de la población civil.

Para cerrar, Viviana García ofrece un estudio comparado de los casos de Guatemala y El Salvador en el fortalecimiento de programas enfocados en el respeto de los derechos humanos y la desmilitarización de la sociedad, a favor de una democratización no solo representada en escenarios electorales, sino en espacios de participación propiciados por los mismos sectores sociales que han sido excluidos del espectro político o neutralizados por medio de las armas y la eliminación sistemática de sus organizaciones.

Los desafíos del posconflicto

Centro de Pensamiento para la Paz.
Centro de Pensamiento para la Paz. 
Foto: Agencia de Noticias Universidad Nacional

Como académicos, los autores de cada uno de los textos compilados coinciden, desde visiones diversas, en que la firma de la paz tiene desafíos complejos pero no imposibles de superar, en la medida en que sean tenidos en cuenta distintos factores que, de no ser observados, podrían abocar a ciclos de violencia aún más complejos, como los que ya ocurrieron en la improvisada desmovilización de los grupos paramilitares hace una década.

Entonces, la paz debe ser considerada apenas como un paso en un largo camino de transformaciones y el post-acuerdo debe ser visto como el escenario propicio para trabajar por la neutralización de la ilegalidad y las inequidades que han catalizado la guerra en Colombia.

 

*Filósofo y magister en Estudios Políticos, docente e investigador de la Universidad de La Salle.

**Doctorando en Comunicación de la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona), magíster en Estudios Políticos, comunicador social y politólogo, docente e investigador de la Universidad de La Salle y del Instituto de Paz de la Universidad Distrital.

 

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