Grafiteando la piel: escrituras, pinturas y otros rayones en la pared - Razón Pública
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Grafiteando la piel: escrituras, pinturas y otros rayones en la pared

Escrito por Keshava Liévano
Keshava Lievano grafitti Colombia azul

Keshava Lievano grafitti Colombia azul

Foto: Guache Street Art

Paredes de todos: comuniquémonos

Keshava Lievano RazonPublicaLos muros hablan y la resistencia social se expresa en el grafiti: la cultura oficial transnacional frente a la contracultura popular, llena de ingenio y de poesía.

Keshava Liévano *

Una buena frase dice más que mil imágenes…
Atte.  LA PARED

“La palabra está contra la pared, y es de la piel de los muros de donde ha nacido y sobrevivido por más de 25 años y en forma sigilosa, una palabra nueva.

Ante el desgaste de la expresión oficial y pública, los grafiteros arriesgan la construcción de una verdad económica y peligrosa, parcera de la palabra y hermanada con el humor, la ironía y la poesía. ”

Arturo Guerrero

Medios de comunicación en pocas manos = menos oferta informativa y cultural

La Constitución de 1991 estimuló nuevas formas de participación ciudadana en Colombia. Jurídicamente podemos hablar hoy del Derecho de la Comunicación, integrado  tanto por los  derechos a expresar y a difundir libremente las opiniones,  como por los derechos a informar y a estar informado.

Sin embargo existe un fenómeno global de  concentración de la propiedad de los medios de comunicación en pocas manos — muchas de ellas transnacionales — dado que la comunicación es una de las actividades económicas más rentables y que otorga más poder, estrechamente vinculado con las industrias culturales y del entretenimiento. 

En el caso de Estados Unidos, la situación es dramática, lo han denunciado voces como Noam Chomsky y más recientemente el documentalista Michael Moore. Muchos norteamericanos se sorprendieron cuando en 1985, el investigador Ben Bagdikian publicó “El Monopolio de los Medios de Difusión”, donde se señalaba cómo solo unos 50 conglomerados controlaban más de la mitad de los medios de comunicación, de cine y de entretenimiento del país.   

Esos 10 conglomerados determinan la información,  las modas culturales, el consumo de música, las guerras… Deciden para los norteamericanos — y para otros ciudadanos del mundo mediatizados — qué es noticia y qué no, quién tiene la verdad y quién no.

Dos años más tarde la cifra se redujo a 29 grupos. En 1993 ya eran solo 20 conglomerados.  Hoy día quedan 10 multinacionales: Time Warner, Disney, Rupert Murdock, Viacom, Sony, Seagram, ATT, Liberty Media, Bertelsman y GE. 

Esos 10 conglomerados determinan la información,  las modas culturales, el consumo de música, las guerras… Deciden para los norteamericanos — y para otros ciudadanos del mundo mediatizados — qué es noticia y qué no, quién tiene la verdad y quién no. 

La guerra contra el pueblo de Irak puso en evidencia este manejo amañado de la verdad por parte de  los monopolios de la información y de las multinacionales de la comunicación: hasta  los propios comunicadores que intentaron comentar los hechos fueron declarados objetivo militar…

Keshava Lievano grafitti Colombia jaime

 Keshava Lievano grafitti Colombia jaime

Foto(CC) Dj Lu- Juegasiempre

Contracultura: estética y enclave del rap

El rap es un género musical descendiente directo de la tradición musical negra norteamericana.  Con el break dance como expresión dancística y el grafiti como expresión gráfica y de contenido, conforman los rasgos más llamativos de la cultura del Hip–Hop, cuyos protagonistas iniciales y principales fueron los jóvenes negros de origen humilde en contextos urbanos de Estados Unidos.

El rap es ritmo y protesta, es grito y sentimiento, es gesto y movimiento, es canto y cuento que va acompañados de las otras expresiones afines: el break dance y el grafiti con su capacidad intrínseca de afirmar un territorio o una identidad.

Hoy es un auténtico estilo de vida — de decir y de pensar — que se ha regado como pólvora por todo el mundo: una poderosa industria  — moda, videos,  premios Grammy — que ha transformado la industria cultural contemporánea.

En Colombia — y particularmente en Bogotá — los referentes más inmediatos del rap aparecen en los comienzos de los 80 en las esquinas de Las Cruces, de Kennedy o de Ciudad Bolívar en Bogotá.  Barriadas marginales como Aguablanca en Cali, las Comunas de Medellín y los barrios populares de otras ciudades del país han sido escenarios propicios para la difusión de esta cultura urbana y popular.

En toda Latinoamérica el rap se ha asimilado y se ha convertido en una contracorriente cultural multirracial que a su vez ha sido influenciada por otras formas artísticas como la danza y el video–arte. Ellas buscan expresar necesidades y reclamar oportunidades de goce cultural y estético, reivindicando un derecho ganado al reconocimiento de nuestra diversidad cultural. El rap, el break dance, el grafiti — los elementos estructurantes de la cultura del  hip–hop — definitivamente han penetrado a fondo la cultura contemporánea.

Grafitis: dos corrientes culturales

El grafiti como tal no está necesariamente ligado al hip–hop, pues su desarrollo ha tomado caminos imprevisibles durante más de 25 años. De hecho, podemos hablar de dos tipos de grafitis:

·  el grafiti textual y literario, si se quiere, emparentado con las reivindicaciones de mayo del 68 arranca , en el caso de Colombia — y me atrevo a asegurar en toda Latinoamérica — como un gran boom a mediados de los años ochenta.

Ha tenido como escenarios centrales las grandes capitales latinoamericanas. Bogotá en particular ha tenido una gran importancia. Paredes de Buenos Aires o de Quito, de Ciudad de Mexico y de La Habana, de Rio de Janeiro y de Caracas, de Cali o de Medellín amanecen y muchas veces permanecen por un tiempo vestidas con todo tipo de consignas políticas, poéticas, amorosas — y siempre muy humorosas — que reivindican la maravillosa capacidad significante de la palabra.

El rap es ritmo y protesta, es grito y sentimiento, es gesto y movimiento, es canto y cuento que va acompañados de las otras expresiones afines: el break dance y el grafiti con su capacidad intrínseca de afirmar un territorio o una identidad.

A pesar de ser también una expresión marginal, en Colombia el grafiti ha corrido con mejor suerte y ha tenido una mayor resonancia mediática que el rap: de hecho, ha sido objeto de sesudos análisis de semiólogos y de sociólogos.

Algunos sostienen con serios argumentos que el lenguaje del grafiti llegó a influir — y hasta a modificar de manera sustancial — la forma de titular las noticias en los periódicos locales.

En fin, se trata de un metalenguaje del que se han apropiado  publicistas y periodistas, valga la redundancia.  En esta medida, el grafiti constituye un espacio de expresión y de libertad literaria para varias generaciones que han carecido de espacios de comunicación.

· El grafiti  ligado al rap es una propuesta más plástica y colorida, alineada con la escuela del grafiti norteamericano.  Este es el arte como mural, que surge a fines de los 70 en Nueva York, como una forma de protestar, de romper esquemas establecidos y fronteras mentales.

Jóvenes chicanos, negros, blancos y asiáticos inundaban todos los espacios públicos: los bloques donde vivían, las escuelas donde estudiaban, y los famosos trenes del metro que pintaban de arriba a abajo.

Armados de spray — pinturas de aerosol — salían a rayar sus firmas o a dibujar grandes figuras multicolores, con una nueva estética: trazos gruesos, letras exageradas, girando y contorneándose, casi ilegibles para la gente “común”. Un código callejero y propio, un nuevo lenguaje, entendible sólo desde el hip–hop.

Con el tiempo, esta propuesta ha ido madurando —hoy los grafiteros han inventado nuevas técnicas y formas de expresarse. Se pueden encontrar grafitis con formas muy abstractas y elaboradas, así como otros muy explícitos.

A partir de la década de los 90, estas dos corrientes — el grafiti literario y la estética hip–hopera — propician desde las facultades universitarias de arte y diseño el surgimiento de una nueva generación de cultores del Arte Callejero: sirviéndose de nuevas técnicas gráficas — en particular del stencil — inducen una nueva corriente, que yo definiría como muralismo callejero, cuya propuesta visual viene inundando las calles de las grandes ciudades.

¿Para dónde va esta expresión cultural?

Desde la perspectiva de democratizar la expresión, en la actualidad se alcanzan a percibir dos tendencias:

· la consolidación de colectivos artísticos y culturales, cuyas propuestas gráficas y estéticas se debaten entre el muralismo urbano decorativo y esteticista;

· las propuestas de otros colectivos  — como el Excusado y Toxícomano — cuyas elaboraciones están cargadas de contenidos de resistencia social con muy buena calidad gráfica.

Inducen una nueva corriente, que yo definiría como muralismo callejero, cuya propuesta visual viene inundando las calles de las grandes ciudades.

En medio de estas expresiones, sobrevive la capacidad de la palabra de decir y de significar contra la pared: el grafiti textual, que explora las infinitas posibilidades de jugar con las palabras y con sus diversos sentidos. Una palabra contestataria y marginal — que contando con la complicidad de las paredes y de la noche que la hospedan — dice a veces mucho más que la colorida composición plasmada a la luz del día en cualquier tapia.

Y quien tenga la última palabra, que tire la primera letra…

* Narrador y palabrero, grafitero durante 25 años, pedagogo y periodista cultural,  libretista y realizador de radio y video, activista de la comunicación, grafitea en sus ratos libres, en sus gratos libros, pincha discos y es publicista independiente…

https://www.razonpublica.com/index.php/qus-razca-mainmenu-61.html

 

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