El uniforme color “piel” y el traje nuevo del emperador - Razón Pública
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El uniforme color “piel” y el traje nuevo del emperador

Escrito por Christian Padilla
Obra de la exposición mujeres ocultas

Obra de la exposición mujeres ocultas

Christian Padilla

Dos incidentes al parecer inconexos, la censura a la exposición “Mujeres ocultas” y el escándalo suscitado por dos fotos del equipo de ciclismo femenino de Bogotá, ponen en evidencia el tabú que todavía rodea en Colombia el cuerpo de la mujer.

Christian Padilla*

El caso “Mujeres ocultas”

Son días oscuros, días de censura. Hace tan solo unas semanas nos encontrábamos en plena batalla por la libertad de expresión a la que tienen derecho los artistas, cuando la obra de María Eugenia Trujillo fue censurada porque algunas de las formas que había diseñado parecían vaginas dentro de unas custodias, que además no eran custodias realmente sino objetos de plata comprados por la artista y ensamblados para ese fin.

Con una exposición que ni siquiera se había abierto se veían amenazadas las buenas maneras de personas que ni siquiera van a museos, y por eso se interpusieron tutelas que buscaron impedir la exhibición.

Las tristes “cuquitas” de María Eugenia Trujillo, que no levantaban un mal pensamiento por su síntesis y abstracción (ni que fueran vaginas hiperrealistas, protegidas con un acrílico para que nadie les meta el dedo, como sucede con la obra de Richard Estes que está en el Banco de la República), fueron expulsadas del Museo de Arte de Santa Clara, lo cual además dejó en el aire la duda de si el espacio era apropiado para ese fin.

En el caso de censura a María Eugenia Trujillo lo que hay es un terrible temor a la innombrable vagina.

Cuando el artista Carlos Castro puso el espléndido Hijo de Dios en el altar de una iglesia, como un guiño que ponía en evidencia el oscurantismo, la ciega fe que impidió el progreso de la humanidad y la tortura a los pensadores de avanzada, nadie dijo nada.

Pero en el caso de censura a María Eugenia Trujillo lo que hay es un terrible temor a la innombrable vagina. Lamentablemente hay que decir, anhelando la retroalimentación de una consciencia colectiva (más que para alimentar el debate), que los artistas más susceptibles al empelote en Colombia ni se manifestaron, los artistas que atacan de manera directa a la Iglesia y sus maneras tampoco dijeron nada, y las feministas no aparecieron.

Voto Católico, sociedad religiosa que anda pendiente de cualquier connotación sexual que vaya en contravía de la Biblia (aunque la Biblia es bastante gráfica en sus pasajes), tomó la delantera y en manos de desocupadas almas heridas en su pudibundez se escribieron numerosas tutelas para que nadie viera las custodias de Dios insultadas con detalles femeninos.

A Constanza Toquica, la directora del Museo, la amenazaron con pudrirse en el mismo averno en el que Francisco I nominó como condenado meritorio a León Ferrari. Y todo para saber que la exposición se iba a dar tarde o temprano.

Al final, la exposición se abrió con más expectativas, más público y sobre todo más publicidad de la que se esperaba inicialmente. De una manera brillante, Voto Católico invirtió más de 200 millones de pesos en promoción a María Eugenia Trujillo: entrevistas en Blu Radio, la W, páginas en El Espectador,El Tiempo, etc. Unas lumbreras de opositores. En un país donde poco se va a museos les hubiera funcionado más rezar en silencio.

Selección femenina de ciclismo con el uniforme que tiene una parte de color piel
Selección femenina de ciclismo de Colombia en el
Giro de Toscana.
Foto: Filippo

El caso de los uniformes

Hoy nuevamente las polémicas fútiles y fugaces despiertan con los titulares sobre el uniforme (maillot) del equipo de ciclismo femenino de Bogotá. A la caza de vaginas visibles, la sociedad conservadora de Colombia, alentada por un alto directivo de la Federación Internacional de Ciclismo, decidió que el uniforme dejaba ver la piel y los genitales de las deportistas.

Las pésimas fotografías que se usaron para expresar esta opinión mostraban a ciclistas celebrando en un podio por una victoria grupal. Pero en vez de ver la representación de Colombia triunfante se vieron vaginas, y el color “piel” del uniforme era prueba incontrovertible de lo soez, atrevida e irreverente que había sido esta delegación.

El periódico La Vanguardia de Barcelona comentó asombrado que “muchos tuiteros, sobre todo colombianos, piden su retirada porque veja la figura de la mujer y resta importancia al deporte femenino”. De esta manera la actitud del equipo fue tachada dualmente de machista y feminista al mismo tiempo.

Machista porque, como una persona cercana interpretó, el color definía a la mujer colombiana como un objeto sexual, estereotipo latinoamericano de la mujer que deja ver las tetas y las nalgas. Y feminista porque al mostrarse desnuda la mujer expresaba la libertad de reconocer y ser dueña de su cuerpo.

La noticia hubiera pasado desapercibida para mí, de no ser porque una exalumna aparecía en las fotos como portadora de estos velos de desnudes con que el equipo de ciclismo femenino posa orgulloso en las fotografías.

Después, al encontrar numerosas fotografías de su equipo en su red social, descubrí que el problema no era más que unas fotos tomadas con una iluminación desafortunada, y que la polémica solo se alimentó con las mismas dos fotografías.

“Montañas” (1940) obra de Débora Arango. Es una mujer desnuda sobre un campo y al fondo unas montañas
“Montañas” (1940) obra de Débora Arango.
Foto: Biblioteca Luis Ángel Arango

Pero al ver el uniforme en otras tomas, se puede comprobar que ni siquiera se trata de un color "carne" (categorización racista del color), sino de un pálido dorado, y esto quedó clarificado en la entrevista que le brindó el equipo a la BBC: "La intención era usar los colores oficiales de todos los patrocinadores. Y el color beige era en realidad un color dorado, el color de uno de ellos. Pero a lo que se imprimió en la tela quedó de ese color beige".

En este caso fue decepcionante cómo el Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD) se lavó las manos al librarse de la responsabilidad diciendo que no se les había consultado el color de los uniformes.

Aunque no existía una intención morbosa ni de aspecto sexista en el color, el morbo de los medios se ha encargado de repetir las mismas dos fotos para desacreditar una delegación que ha desempeñado un trabajo valioso a nivel internacional.

El hecho de que una de las ciclistas, sin ser diseñadora, propusiera el uniforme demuestra que es un equipo que trabaja con las uñas y con la pasión propia de quien quiere sacar adelante un proyecto en el que no cabe pensar en una marca internacional o una diseñadora reputada.

Durante nueve meses el equipo ha venido utilizando la misma indumentaria y solo ahora se presenta una crítica. Si el uniforme es o no malo es una reflexión distinta, pero ha sido juzgado específicamente por una connotación sexual de la cual carece.

El vestido del emperador

Este caso refleja que el ojo está condicionado y que es malintencionado y morboso culturalmente. Los días que nos tocan están bañados en una cacería de vaginas donde no las hay, y donde las hay les achacan un ataque a las buenas costumbres al hacer público lo privado.

Tanto en el caso de la artistas María Eugenia Trujillo como del equipo de ciclistas la polémica deja en evidencia que la condena se hace es a la mujer.

Tanto en el caso de la artistas María Eugenia Trujillo como del equipo de ciclistas la polémica deja en evidencia que la condena se hace es a la mujer.

Revivimos así las épocas en las que Débora Arango era amenazada por la ultraderecha conservadora mancomunada con la Iglesia por su exposición en Bogotá auspiciada por el Ministerio que regentaba Jorge Eliécer Gaitán.

En ese momento Laureano Gómez atacó a la artista, desde su periódico El Siglo, principalmente por el hecho de tratarse de una mujer y de una exposición que ante sus ojos no pasó de ser una indecencia en la que no se veía el gesto de sutileza que se le asignaba a la mujer y en la que se rompían los estereotipos de género.

El equipo de ciclistas podía haberse librado fácilmente de la polémica cambiando el color del uniforme, pero los ataques recibidos les dieron un motivo para luchar, y cambiarlo era a su vez reconocer un error que ellas no habían cometido.

La delegación ha manifestado que portará ahora con más orgullo su uniforme, el mismo que les ha dado una promoción inusitada y las ha hecho reconocidas en todo el mundo.

La polémica les ha brindado una gran visibilidad a unas competidores que viajaron a Italia a representar a Colombia cuando a nadie parecía importarle más que el papel destacado de Rigoberto y Nairo en el ciclismo.

Como si se tratara de una variación del vestido del emperador, son los locos los que ven un desnudo donde no lo hay.

 

*Premio Nacional de Historia de Arte Colombiano 2007, máster en Estudios Avanzados en Historia del Arte – Universidad de Barcelona

 

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