El Partido Verde de muchos colores: ¿identidad o ideología? - Razón Pública
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El Partido Verde de muchos colores: ¿identidad o ideología?

Escrito por Camilo Cristancho
Camilo Cristancho

Camilo CristanchoLo verde no es un programa de derecha o de izquierda, sino el rechazo de la vieja política. Y esto es lo que está en juego tras los debates y la crisis actual del Partido.

Camilo Cristancho Mantilla*

Pragmatismo o identidad

Dos tipos de análisis han aparecido esta semana sobre la situación en que se encuentra el Partido Verde. De un lado están quienes argumentan que se trata del dilema tradicional entre ideología y pragmatismo, y de otro lado hay quienes creen que este partido está viviendo una dura crisis de identidad.

Defiendo la segunda interpretación: una cosa es formar coaliciones o acuerdos programáticos entre partidos y otra distinta es sacrificar los principios centrales de un movimiento que aún no se consolida en el panorama electoral en un contexto muy particular. Una situación que puede resultar semejante a la que han experimentado en Perú o en Chile después de Fujimori y Pinochet, en donde se empieza a cuestionar la proclividad democrática < title="Alcántara, Manuel y Cristina Rivas. Las dimensiones de la polarización partidista en América Latina. Política y gobierno Vol. XIV · Número 2 · II Semestre 2007 · PP. 349-390 ">[1] de las élites políticas.

El acuerdo entre los Verdes

El Partido Verde se consolidó a pesar de las posiciones de sus cuatro líderes, unido en torno a un principio identitario más que ideológico: la forma de hacer política importa. De esta manera la existencia misma del Partido responde a una nueva fractura política entre quienes creen que todo vale y quienes creen en la importancia de las formas y las reglas del juego.

Este posicionamiento en torno al respeto por los medios (y contra las prácticas políticas del "todo vale") es la única forma de explicar que entre los seguidores del partido Verde puedan juntarse votantes del Polo con ex-uribistas, seguidores de los principios liberales de Mockus y de los más izquierdistas de Garzón, o quienes admiran modelos de ciudad tan diferentes como los de Peñalosa y Fajardo. El partido no se constituye en torno a un posicionamiento ideológico izquierda-derecha, sino a partir de otro tipo de preocupaciones políticas: los principios de la democracia y los métodos de la política.

El paso inadmisible

Por eso la decisión de permitir que el candidato Peñalosa aceptara el apoyo de la U o el del ex presidente Uribe no se basó en acuerdos programáticos: las cabezas del partido Verde han admitido que su interés es puramente electoral, esto es, que están interesados en contar con la maquinaria del partido de la U en Bogotá.

De esa manera la dirección de los Verdes reconoce las formas de competencia electoral prevalecientes en Colombia primas sobre sus principios.

Y este es el mensaje que ahuyenta a los seguidores del partido esperanzados en nuevas formas de hacer política sin depender del clientelismo o del poder del partido en el gobierno. Juan Carlos Flórez lo explica con toda claridad: "Renuncio al Partido Verde porque en Bogotá ha terminado por enviar un mensaje de que el fin justifica los medios. Y renuncio al Partido Verde porque debido a esa combinación, a esa alquimia que acaba de hacer, pierde claramente su condición de alternativa" [entrevista a La Silla Vacía].

Los dueños del Partido

Con ésta hipótesis sobre la identidad del partido, resulta necesario preguntarse de dónde surge la voluntad y capacidad de decisión -¿a quién pertenece el partido Verde?

En teoría -y en consonancia con su principio identitario- el partido le apuesta a la democracia interna es decir, a la deliberación amplia con sus propias bases.

Pero en vez de conocer la voluntad de sus bases, el Partido prefirió reuniones de su junta directiva y acuerdos de alternancia en las candidaturas que lo llevaron a la patética situación en que se encuentra -exponer diariamente los conflictos de los líderes y soportar la especulación sobre el futuro del partido y el oportunismo de los competidores por la Alcaldía de Bogotá.

Cuán diferente sería la situación si la candidatura de Peñalosa a la Alcaldía de Bogotá hubiera resultado de un proceso de democracia interna donde se hubiera legitimado o rechazado su estrategia de recibir el apoyo del ex presidente Uribe.

A tal punto llega el problema, que el partido se presenta como una serie de activos que otorgan poder a sus cabezas y que ahora pueden dividirse (bases de datos, avales, puestos: "Ahora, por ejemplo, se sabe que los mockusistas no cuentan con acceso a las bases de datos de los votantes en Bogotá, tema que es manejado por los concejales Antonio Sanguino (del grupo de Garzón) y Antonio Prada (del peñalosismo)".

Dañosas ambigüedades

Hay un problema con las reglas de juego. Si el sistema de toma de decisiones del Partido se limita a la decisión de la mayoría de la junta directiva, esto puede llevar al peor escenario: decisiones que abren conflictos internos porque no gozan de legitimidad, que producen polarización y que necesitan explicaciones públicas para mostrar que las distintas posiciones son consistentes con los principios oficiales del Partido.

En este caso Luis Eduardo Garzón argumenta que el acuerdo de apoyo a Peñalosa se hace con el partido de Santos y no con Uribe, y que al no existir procesos abiertos ni condenas contra el presidente de la U, Juan Lozano, no se están violando los principios del Partido Verde. Pero este es un discurso estratégico que se limita a lo evidente y niega la responsabilidad política que corresponde a las directivas.

Garzón insiste también en que el diálogo programático apenas comienza y en que hay que encontrar coincidencias. Pero la búsqueda de estas "coincidencias" es una tarea que, al menos en teoría, no tiene sentido en términos de las distancias que separan los partidos en el eje de "proclividad democrática". Adicionalmente, la decisión de recibir el apoyo de la U o de Uribe al candidato oficial del Partido se tomó antes de establecer coincidencias o acuerdos, retando la lógica de decisión de cualquier partido. 

El plantón

Así pues, independientemente de las formas o los procesos, el partido se rompe en torno al dilema de mantenerse fiel a sus principios o lograr éxitos electorales con la maquinaria uribista.

En los próximos días se verá si una parte de la militancia de los Verdes sigue rechazando las formas vigentes de la política y prefiere las alternativas de dividir el partido o permitir el retiro de Mockus o el de Peñalosa. La expresión del descontento se expresa todos los días en los foros de los medios y las redes sociales, y está convocado el "Gran plantón verde" [2] para demostrar la indignación frente a las actuaciones del partido. Amanecerá y veremos.

* Investigador en Ciencia Política -Candidato a PhD- Universidad Autónoma de Barcelona.

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