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Café sin cafeína, política sin ideología

Escrito por Camilo Cristancho

Camilo Cristancho¿Hay todavía alguna diferencia ideológica entre los partidos y los grupos políticos? Siguiendo a Bobbio, podría decirse que sí. De modo que tenemos candidatos de izquierda y de derecha, demócratas y autoritarios.

Camilo Cristancho Mantilla *

En época electoral surge la tentación que representan aquellos que evocan el fin de las ideologías y justifican a quienes prefieren definirse a sí mismos "de centro" a la hora de enfrentar la competencia. Sin embargo, no son claras las razones para pensar que las distinciones ideológicas que han divido a todas las sociedades a lo largo de gran parte de la historia, se hayan desvanecido de repente. La pretensión electoral de sacrificar la ideología para identificarse con un electorado ambivalente, tampoco justifica su fin. Por más que dejen de preguntarnos en las encuestas por nuestra identificación ideológica, o que creamos en la posibilidad de un punto neutral en la política, quitarle las diferencias ideológicas a esta última es tan artificial como el café sin cafeína.

Pero, ¿qué distingue a la izquierda de la derecha en esta época? Siguiendo a Norberto Bobbio, el elemento más claro para identificar la diferencia es su noción sobre la igualdad[1]. La derecha valora las desigualdades que son producto de la tradición y aquellas que resultan del esfuerzo individual y del trabajo. La izquierda valora la igualdad de oportunidades y por ello propone sistemas de seguridad social y estados de bienestar fuertes donde todos los ciudadanos tengan unas posibilidades de elección efectivas en el acceso a la salud y a la educación y unas redes de seguridad para la jubilación y en caso de desempleo. De esta manera es posible ubicar los candidatos de acuerdo con sus programas y sus posiciones con respecto a los temas más visibles de la campaña.

Pero no todo es tan sencillo. Al igual que en el Perú de Fujimori o en Chile después de Pinochet, surge en Colombia un eje de decisión que representa el fraccionamiento social entre quienes dan mayor importancia al cumplimiento de las reglas de juego y quienes prefieren lograr resultados sin preguntarse por los medios utilizados para conseguirlos. Estudiosos de la polarización política, como Manuel Alcántara y Cristina Rivas, definen el eje como proclividad democrática[2]. Dos nuevos extremos: demócratas y autoritarios, denotan nuevas preocupaciones sociales. La entrada de la delincuencia en la política y los grandes escándalos de corrupción de los últimos años son fenómenos que nos han permitido darnos cuenta de la manera en que se posiciona nuestra élite política sobre ese eje.

Sin un análisis exhaustivo de los discursos o de los detalles de las propuestas y actuaciones pasadas, propongo una clasificación de los candidatos y de los partidos sobre este plano formado por los dos ejes: izquierda-derecha y demócrata-autoritario. Me limito a considerar las propuestas y fenómenos pasados de mayor recordación sin hacer un recuento metódico, y por ello no aspiro a que éste sea un estudio sistemático. Espero que sirva más bien como un ejercicio de reflexión y discusión para tomar decisiones electorales y que sea un incentivo para que cada uno pueda buscar argumentos sobre cómo posicionar a los individuos y sus colectividades sobre este esquema y para tratar de comprender hacia dónde se mueven.

Mockus

Moviéndose en el orden de los cuadrantes cartesianos, Mockus puede clasificarse como un demócrata de centro-derecha. Su discurso sobre la legalidad y la importancia de la transparencia y de la ética en la política lo sitúa en la mitad de la escala, considerando que algunas medidas que tomó como alcalde han sido duramente criticadas por su talante autoritario: la hora zanahoria o su posición frente a las manifestaciones y la protesta. Su posicionamiento ideológico se propone como de derecha moderada. Ha sido acusado de neoliberal por cuenta de la privatización de la empresa de Energía de Bogotá y sus planes para la financiación de la educación. Sin embargo, su programa resalta la importancia de la igualdad ante la ley como una razón para valorar los impuestos y tributar como una forma de construir colectivamente. Su proyecto de educación también está basado en la idea de igualdad de oportunidades y por ello se ha entendido con Lucho Garzón y sus ideas sobre la política social.

Petro

Petro es el candidato de la izquierda y, por cuenta de su labor parlamentaria, donde ejerció un excelente ejercicio de control político, ha demostrado ser un demócrata convencido. Sin embargo, sus acercamientos al uribismo en la elección del procurador Ordoñez lo ubican en un modelo de politiquería propio del autoritarismo. Aparece lejos de su partido por cuenta de los sacrificios ideológicos que ha hecho en la campaña para moverse hacia el centro, pero esto también le resulta rentable para distanciarse de los sectores del PDA que apoyan a Samuel Moreno y a los actores enredados en líos de politiquería en el ámbito distrital.

Pardo

Pardo aparece en el centro del espectro ideológico, más por la cercanía a su partido que por sus propuestas y posiciones en los debates de política. En investigaciones de Alcántara y Sanín se hacen entrevistas a los representantes del partido y encuentran que ellos se ubican en 5 en una escala izquierda-derecha de 1 a 10. Sin embargo, es de esperar una alta variación por cuenta de las diferencias internas del partido, y podría pensarse que el candidato debe estar más a la derecha de la media por cuenta de su simpatía con el modelo económico de César Gaviria. El partido encuentra un balance ideológico por cuenta de posiciones más cercanas a la social-democracia tradicional del partido liberal en cabeza de personas como Cecilia López o Piedad Córdoba. Sobre el eje vertical se ubica del lado demócrata por su trabajo en la oposición, pero no está muy alto en la escala considerando que su partido no ha logrado desmarcarse completamente del fenómeno de la parapolítica.

Sanín

Dentro de la tradición del Partido Conservador, Sanín se ubica a la derecha en el espectro político. En entrevistas con los representantes del partido, Alcántara y Sanín encuentran que ellos se ubican en 7,21 en la escala izquierda derecha. En el eje de proclividad democrática, puede argumentarse una tendencia hacia el autoritarismo por cuenta de sus comportamientos oportunistas. El irrespeto por las reglas no escritas de los sistemas electorales y su infidelidad ideológica y partidista hablan mal de sus cualidades como demócrata. 

Santos

Santos se define a sí mismo como el candidato de la continuidad y sus programas reflejan las posiciones y prácticas uribistas que hemos tenido en los últimos ocho años. Mantendrá el modelo económico que promueve el crecimiento por cuenta de incentivos al gran capital (tipo AIS, Alcohol carburante/palma y azúcar o minería) y apenas menciona en su programa programas o políticas que puedan reparar de alguna manera los altos niveles de desigualdad y pobreza en Colombia. Es el candidato más cercano a un modelo autoritario de gobierno, no sólo por declarar su admiración por la picardía, sino por sus decisiones como ministro de defensa en la violación de la frontera con el Ecuador o en los programas de recompensas que generaron incentivos perversos y poco éticos desde una lógica democrática.

Vargas Lleras

Vargas Lleras comparte con Santos y con el Partido de la U una posición cercana al modelo autoritario por cuenta de la cercanía de su partido con la parapolítica. Adicionalmente, prácticas legislativas como su apoyo a la primera reelección, a las bases de EEUU y a los procesos de decisión cerrados y de espaldas a la ciudadanía (TLC, emergencia de salud…) son más cercanos a modelos de gobierno autoritarios. Su compromiso ideológico en torno a la igualdad parece bastante claro en la medida en que participó en la bancada uribista en todos los procesos legislativos que profundizaron  nuestro modelo regresivo de tributación y en su manejo de las políticas sociales. Adicionalmente emprendió iniciativas con el grupo político de Claudia Rodríguez de Castellanos y la Iglesia Carismática en torno a las restricciones de las libertades individuales, por lo cual se propone ubicarlo un poco más a la derecha que al partido de la U.

Espero que estas reflexiones ayuden a que cada lector pueda buscar sus propias razones en torno a la pregunta por la igualdad y el respeto por las reglas del juego, si quiere votar en conciencia.

*Doctorando en Ciencia Política. Universitat Autònoma de Barcelona.

Notas de pie de página 

[1] Bobbio, Norberto. Derecha e izquierda, Suma de letras, Madrid 2000.

[2] Alcántara, Manuel y Cristina Rivas. Las dimensiones de la polarización partidista en América Latina. Política y gobierno Vol. XIV · Número 2 · II Semestre 2007 · PP. 349-390

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