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El fútbol en Colombia: se vive como se juega

Escrito por Alejandro Pino
Alejandro Pino Calad

Alejandro Pino CaladEl ataúd de un hincha en medio de un partido, el Mundial Juvenil 2011 que va a jugarse en Colombia, el título mundial de microfútbol que acabamos de ganar, las maromas financieras y los abusos de los dirigentes que reclaman subsidios del Estado pero impiden que el mismo los regule, son la prueba de que el deporte nacional es de los vivos.

Alejandro Pino Calad*

El filósofo criollo y el ataúd 

0102Francisco Maturana, uno de los directores técnicos más importantes del fútbol colombiano, es también famoso por sus sentencias dignas de figurar en un libro de frases célebres: "Perder es ganar un poco", "Si se duermen, se los lleva la llorona", "Aquí no ha pasado nada, igual mañana en Cali cantarán los pajaritos" y una sentencia con la que trató de explicar cómo el estilo de juego de un futbolista y de un equipo están íntimamente ligados a su idiosincrasia: "Se juega como se vive". 

Pues bien, parafraseando a ‘Pacho', lo que pasa actualmente en el balompié colombiano demuestra que acá se vive como se juega

La bizarra imagen de un ataúd en la tribuna popular del estadio General Santander de Cúcuta le dio la vuelta al mundo el pasado 27 de marzo, cuando se enfrentaban el equipo local y el Envigado. Por supuesto, no es el primer féretro que ingresa a un estadio en Colombia: los ingratos años 80, con la estela de terror y muerte de la guerra entre carteles, dan testimonio del ingreso de varios ataúdes a escenarios deportivos, donde una barra los exhibía simbólicamente cubiertos con las banderas del equipo rival, desafiando a su hinchada con un crudo "los vamos a enterrar". Lo realmente innovador de la reciente caja mortuoria es que tenía un difunto de verdad: un hincha asesinado

Los integrantes de la Barra del Indio, la llamada ‘barra brava' del Cúcuta Deportivo, ingresaron a la fuerza el féretro con los restos de uno de sus líderes, Cristopher Alexander Jácome Sanguino, quien estaba siendo velado a la misma hora del partido frente a Envigado. Faltando 15 minutos para que terminara el juego, cuando las puertas del General Santander estaban abiertas para facilitar la salida de los aficionados, un nutrido grupo de integrantes de esta barra siguió de largo por la entrada del estadio cantando sus arengas al equipo y con el ataúd en hombros, ante la mirada atónita de la Policía. Luego lo llevaron a la tribuna, celebraron con el fallecido Jácome el empate (Cúcuta perdía 0-1) y cuando faltaban apenas tres minutos para finalizar el partido, devolvieron al protagonista a su velorio, llorando y cantando: desde el más allá Cristopher había presenciado un gol salvador para el club ‘motilón'. 

Sí, evidentemente en Colombia se vive como se juega. Y también se muere. Jácome Sanguino había sido asesinado un día antes en un partido de fútbol aficionado y parte de su velorio se celebró en la tribuna del estadio mientras jugaba su equipo amado. Tenía 17 años. 

¿Quién manda aquí? 

El caso de Cúcuta no sólo dejó muy mal paradas a las autoridades responsables de la seguridad en la capital de Norte de Santander, sino que hizo sudar frío a los dirigentes del fútbol colombiano. Es decir, así como entraron un cajón enorme con un muerto adentro y la Policía no hizo nada, el ataúd habría podido perfectamente estar lleno de armas. 

Por supuesto, la imagen es exagerada, ¿pero qué más exagerado que lo que pasó en Cúcuta? Este hecho dejó preocupadas a las altas autoridades del fútbol nacional, porque deteriora la imagen de la infraestructura del fútbol colombiano, justo unos meses antes de que se inicie en Colombia el Mundial Juvenil, el segundo torneo de selecciones en orden de importancia para la famosa Federación Internacional de Fútbol Asociado, más conocida como FIFA. 

Esta federación, que opera como la multinacional de un producto específico llamado fútbol y que anualmente maneja cifras sólo superadas por la industria petrolera, le otorgó a Colombia la organización de un evento que se supone va a redundar en dar un impulso al turismo y en modernizar la infraestructura deportiva nacional, pero que hasta el momento le ha costado ya demasiada plata a la Nación. 

En el documento CONPES 3623 de noviembre de 2009 se estipuló que la inversión sería de 145 mil millones de pesos: 72.600 millones los ponía el gobierno central y 72.400 millones los aportaban los municipios. 

A mediados del 2010, la cifra subió curiosamente a $165.000 millones, pues entre otros gastos locales de difícil justificación, las mismas sillas costaron más en unas ciudades que en otras. Por ejemplo, en Manizales compraron sillas con respaldar a $76.173, mientras que en Armenia pagaron la cifra de $52.985 por el mismo pedazo de plástico ergonómicamente diseñado para las posaderas. 

Ahora, ya en el mes previsto para la entrega de los estadios y de las obras adyacentes, se deja vía libre para aumentar los gastos, si es necesario: a la FIFA hay que cumplirle sí o sí. 

Por supuesto, todo eso se hace con dineros públicos, pues la Federación Internacional sólo exige, pero no pone plata. Y entre sus exigencias, curiosamente, está la exención de impuestos: durante el Mundial no se podrá aplicar ningún tipo de retención en la fuente ni de gravámenes, y el ente rector del fútbol mundial tendrá derecho a un reembolso total del valor de los impuestos nacionales de valor agregado, impuestos nacionales sobre venta o similares en productos o servicios adquiridos. Es que se vive como se juega. Y en este juego, el dueño de la pelota es la FIFA. 

El micro pasó a salón 

La FIFA tiene tal poder que incluso es la dueña de la palabra fútbol. Si se le antojara a Sepp Blatter, presidente de la organización deportiva más poderosa del mundo, podría llegar el día en que tendríamos que escribir fútbol®

Para la muestra, un botón de nuestra propia camisa: el pasado 26 de marzo, una selección Colombia de jugadores talentosos y entusiastas logró el título mundial de lo que en este país llamamos microfútbol, uno de los deportes más populares en nuestro territorio. 

El ‘micro', protagonista de todas los parques colombianos, en donde suele haber una denominada ‘multicancha' que además se comparte con el baloncesto y el voleibol, si existiera la red, era regido internacionalmente por la FIFUSA: la Federación Internacional de Fútbol de Salón. Pues bien, la FIFA se opuso a que esta rival utilizara la palabra ‘fútbol' y le montó competencia. 

El primer mundial de la FIFUSA fue en 1982: todo un éxito. Razón por la cual para 1989 la FIFA sacó el suyo: el Campeonato Mundial de Fútbol Sala. La maquinaria comercial de la FIFA, con patrocinadores gigantes y multimillonarios, hizo que su evento opacara al de la FIFUSA y varios de los asociados de ésta prefirieron pasarse al gigante. Incluso la confederación suramericana fue la responsable de que la FIFUSA desapareciera a finales de la década de los 90, gracias a su ofrecimiento formal de integrarse a la FIFA. 

Este acuerdo finalmente no se dio, pues la máquina de Blatter tiene clarísimas sus prioridades: básicamente el negocio no se comparte. Ante esto, las federaciones suramericanas, incluyendo la de Colombia, promovieron el nacimiento de la AMF, la Asociación Mundial de Futsal, el nuevo nombre para el popular ‘micro' que, como se ve, cede el control del término ‘fútbol sala' a la FIFA. 

Colombia fue el último campeón de la FIFUSA en el Mundial de Bolivia 2000, y es el tercer campeón de la AMF en la Copa Mundo organizada el mes pasado en nuestro país, con notable éxito en términos de respuesta del público: el ‘micro' es tan nuestro y tan espectacular, que no hubo un solo coliseo que no estuviera lleno. 

Sin embargo, muchos menosprecian el logro. Es más, hay muchos que hasta ahora deben enterarse de que Colombia ya había sido campeón mundial de ‘micro'. La razón está en que es un título AMF y no FIFA: es un logro en una federación considerada menor y no en la gran federación con su poder mediático. Esto último se refleja en que, si bien el título colombiano alcanzó primera página o noticia de apertura en todos los medios nacionales, internacionalmente pasó desapercibido. 

Pareciera que, al hablar de fútbol, así sea de salón, si no eres FIFA no existes y eso se ve en que entre los integrantes de la AMF están selecciones como Cataluña, Osetia del Sur, Antillas Holandesas, Aruba o País Vasco, todos pueblos que no son independientes y sin embargo poseen una muy clara identidad nacional. 

Ese es el fuerte de la AMF: darles oportunidad de representación a quienes son rechazados por la oficialista FIFA. Porque innegablemente se vive como se juega. Y el ‘micro' es un deporte de barrio, que rara vez tiene repercusión en los grandes medios; por eso su gloria es tan de la casa, tan local. Como el reciente título mundial de Colombia… 

Yo dirijo, tú diriges, nosotros dirigimos 

Alfredo Relaño, polémico director del diario As de España, escribió hace poco un editorial en el que deslizaba una sentencia que bien podría sumarse al libro de frases célebres de Maturana: "Del fútbol me gusta todo menos ese cinismo de los que lo dirigen". 

Sí, los dirigentes, absolutamente necesarios para la organización del fútbol como espectáculo, son tal vez los personajes más discutibles de este deporte y en Colombia sus actuaciones son particularmente criticadas por sus malos manejos administrativos: la gran mayoría son pésimos gerentes. 

Las cifras lo ratifican: COLDEPORTES, el Instituto Colombiano del Deporte, que supuestamente supervisa el funcionamiento de los clubes de fútbol en el país, presentó un informe en febrero pasado donde se hace evidente que los equipos están endeudados en casi $34.000 millones. Lo peor es que en ese documento faltan las cifras de Independiente Santa Fe y de otros cinco clubes de segunda división, por lo que la cifra puede ser mayor. 

Las deudas en su mayoría tienen que ver con impuestos, con seguridad social y con salarios. Sin embargo, los equipos siguen firmando contratos millonarios a futbolistas nacionales y extranjeros, aunque su situación financiera sea crítica y en muchos casos sencillamente inviable, como en el caso del América de Cali, que según COLDEPORTES debe más de $18.000 millones. 

En días pasados los jugadores del Once Caldas, actual campeón, lanzaron un ultimátum al club amenazando con que no van a jugar en la Copa Libertadores si no les pagan los dos meses de salarios atrasados; a comienzo de año, el bus que transportaba la nómina de Alianza Petrolera sufrió un accidente y quedó claro que casi ningún jugador tenía protección social… en fin, la situación económica no puede ser peor. 

¿Cuál es la solución que encontraron los dirigentes? Endeudarse más. En estos momentos está en proceso de estudio un préstamo por cien mil millones que va a ser otorgado por FINDETER, banco estatal más conocido como la Financiera de Desarrollo Territorial. Y ojo: parte de ese préstamo no sólo servirá para cubrir deudas, sino que se va a invertir en pagar una demanda por casi $16.000 millones que entabló PROTABACO a la DIMAYOR (la organización que reúne a los equipos profesionales) por terminar abruptamente el contrato de patrocinio que tenía hasta el año pasado con la marca Mustang 

Lo curioso es que esos dirigentes que ruegan al gobierno que los salve financieramente son los mismos que defienden a capa y espada la autonomía del fútbol frente a los asuntos públicos, según mandato de la FIFA. 

Porque, para el que no lo sepa, la FIFA tiene un procedimiento diplomático claro: si un gobierno trata de intervenir en el fútbol, de afectar los intereses de los dirigentes locales (que son los suyos en últimas), de meterse en algo que para los dueños de la pelota es absolutamente privado, la Federación Internacional puede castigar al país desafiliándolo de su organización, con la consecuencia obvia de que los equipos de ese insurrecto no podrán participar en Mundiales, Copas y demás. Mejor dicho, si te metes en nuestro negocio, vas a pasar la vergüenza de no hacer parte de la fiesta más popular del planeta… 

Por eso la ironía del momento que se vive en Colombia: les mandamases de nuestro balompié le piden plata al gobierno para que los salve, pero obstaculizan que se apruebe un proyecto de ley que reglamente con rigor la forma en que manejan sus clubes. 

Porque al mismo tiempo que se tramita el préstamo en FINDETER, los dirigentes lograron que se amoldara a su gusto en el Senado de la República el proyecto de ley 201, conocido popularmente como ‘ley del fútbol' y cuyo objetivo es reglamentar el deporte profesional en el país, para que no se siga dando la quiebra de los clubes y no se vuelvan a presentar escenas como la del ataúd de Cúcuta. 

Por ejemplo, los dirigentes lograron que se suprimiera el artículo 8 del proyecto, que obligaba a los clubes a convertirse en sociedades anónimas, una salida eficiente para que estas empresas fueran realmente competitivas, pues para pesar de los hinchas románticos, un equipo de fútbol también debe ser una empresa viable. El proyecto, que ya pasó a plenaria del Senado, permite a los clubes quedarse como están, es decir, como corporaciones deportivas sin mayor control por parte de COLDEPORTES. 

Y no hay nada qué hacer, porque en el fútbol colombiano se vive como se juega. Y como bien lo saben todos los que han pateado una pelota, incluyendo al bueno de ‘Pacho' Maturana y a muchos de los dirigentes de nuestro balompié, el fútbol es de vivos… 

Columnista, blogger y profesor de la Universidad Externado de Colombia. Fue editor de Futbolred.com, la Revista Fútbol Total y jefe de redacción del Diario Deportivo.

 

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