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Educación financiera y cancelación de 500.000 tarjetas de crédito

Escrito por Eliana Granada
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Hay personas que dependen de su actividad diaria para su sustento, pero tienen muy poca capacidad de ahorro y poca o ninguna educación financiera. Cómo usar —y no usar— una tarjeta de crédito.*

Eliana Granada**

La educación financiera

En situaciones normales hay personas y familias endeudadas; a veces, por el uso de tarjetas de crédito. Esto repercute sobre su capacidad de ahorro y los expone a contraer deudas, a la hipoteca o a la bancarrota.

La situación actual exige, más que nunca, que la población adquiera conocimientos básicos, información y asesoramiento previo. En otras palabras, necesitamos educación financiera.

La educación financiera es parte de la cultura financiera. Se puede dar por sentado que los profesionales de las finanzas y otras personas del área ya saben lo suficiente; pero este tipo de educación sirve para que las familias puedan tener un presupuesto, un orden de ingresos y egresos familiares.

El presupuesto es una de las herramientas más importantes: a partir de la identificación de los ingresos (salarios, ayudas familiares, rentas, pensiones, etc.) y los egresos (gastos fijos corrientes y ocasionales) es del todo necesario para prever y anticipar el futuro.

Tener un presupuesto controla el gasto y lo amolda a los ingresos; estimula la inversión, y, lo más importante, prepara para momentos de crisis o dificultad.

Las tarjetas

En un presupuesto, la tarjeta de crédito se considera un gasto fijo, como las hipotecas, préstamos, servicios, colegios e impuestos. Puede usarse para comprar difiriendo el pago; también sirve para retirar dinero en efectivo. Una ventaja más reciente es que permiten comprar por Internet o a distancia, actividad importante en tiempos de distanciamiento social.

Sin embargo, el usuario de la tarjeta de crédito se convierte en un deudor (quien recibe el dinero) mientras que el banco emisor se convierte en acreedor (quien entrega el dinero). El deudor se compromete a devolver el dinero más un interés en un plazo determinado. Entre más tarjetas de crédito tenga una persona y más las utilice, más deudas contraerá. Por ello, la lógica de la tarjeta de crédito es usarla cuando se sabe que la deuda podrá pagarse a corto plazo.

Costos y beneficios

Los analistas sugieren revisar siempre el costo anual de una tarjeta de crédito; esto implica revisar la periodicidad de pagos e intereses. Específicamente, es muy importante la relación entre la tasa de interés y la cuota: el interés aumenta con el plazo.

Para el deudor, cumplir con sus obligaciones es bueno para su historial de crédito: este es su perfil financiero, con el cual el acreedor (el banco) sabe cómo una persona maneja sus finanzas y si merece un crédito, según su organización, disciplina y liquidez. Mientras más responsable sea con sus pagos y más solvencia demuestre, mayores serán los créditos a los que podrá acceder.

La deuda a plazo determinado y, especialmente, los intereses son lo más significativo de una tarjeta de crédito para las finanzas domésticas. Aun así, las comisiones por emisión del plástico o por disposición del efectivo, aunque sean menores, no dejan de ser valores negativos para el presupuesto familiar. De ahí que, dependiendo de la entidad financiera y de la cantidad de tarjetas, la deuda por sentido de comisiones también podría ser significativa.

Foto: Página del congresista TJ Cox - Muchas personas no logran ahorrar y se endeudan de más con las tarjetas de crédito.

Salud antes que economía

Muchas personas se han visto obligadas a ajustarse a la cuarentena y a la coyuntura económica que implica. La economía ha tenido que ceder a la salud, establecida como prioridad por los gobiernos. Sin embargo, no todos están de acuerdo y han advertido que detener la economía podría ser peor que la misma pandemia.

Esto es lógico en todos los sectores; además, hay actividades, como la venta ambulante o el comercio informal, que dependen de la vida social y la concurrencia en espacios públicos. Hay personas que dependen de su actividad diaria para su sustento, pero tienen muy poca capacidad de ahorro y poca o ninguna educación financiera.

En cuanto al uso de tarjetas de crédito, los más afectados son la clase media, los asalariados del sector público o privado y quienes manejan pequeñas empresas.

La crisis de la COVID-19 se prolongará todo el año, al menos. Este escenario de incertidumbre —que supone una reducción de los ingresos y expone a muchos a un posible desempleo— ha llevado a muchos colombianos a cancelar sus tarjetas de crédito. Se presume que su devolución obedece al desempleo de los tarjetahabientes o a que simplemente se han vuelto más cautelosos en sus gastos, ateniéndose a comprar apenas lo esencial.

Precisamente 541.353 tarjetas han sido canceladas en los meses más recientes; sumadas a aquellas canceladas o bloqueadas por robo o falta de pagos, ascienden a un total de 1,94 millones de tarjetas fuera de circulación.

Cancelación en respuesta a la pandemia

Muchas personas han cancelado sus tarjetas de crédito a causa de la pandemia. Por otra parte, en lo corrido del año, las compras con este medio han disminuido considerablemente, al igual que las compras en general. Esto obliga a los bancos a replantearse sus políticas y a pedir o esperar apoyo del gobierno. El Estado ha aplicado políticas como la reducción o eliminación del IVA en las compras; pero esta concesión ocasionó aglomeraciones de personas, por lo que las autoridades la suspendieron.

Para muchos es incierto si tendrán ingresos a corto plazo —por ejemplo, el pago de la quincena—. Ante la carencia de dinero para pagar la deuda, algunos colombianos han optado por prescindir de las tarjetas, para así evitar una deuda que no podrían pagar y cuyos intereses seguirían creciendo. Otros, por el contrario, han aprovechado la crisis para adquirir productos a bajo precio.

Criterios para adquirir una tarjeta

En conclusión, las tarjetas de crédito son un instrumento que debe saberse usar en beneficio de la familia, para sacarla de una emergencia o superar un momento difícil; por otro lado, podría condenarla a una deuda larga y onerosa. Es importante que el usuario tenga información adecuada, que acceda a educación financiera.

El uso de la tarjeta de crédito debe entenderse como un préstamo del banco según la capacidad de endeudamiento del deudor.

Actualmente muchas personas pueden educarse a sí mismos, gracias a la amplia información confiable que hay en Internet. Al hacer uso de la tarjeta de crédito se necesita disciplina, consciencia y sentido de responsabilidad, para evitar los intereses.

Hay un mito o tabú sobre la educación financiera: se asegura que es solo un asunto de empresas o que no debería permear la familia. Todo lo contrario: la educación financiera es clave para llevar por buen camino la economía del hogar, y más respecto a los créditos, porque las cuotas y los intereses pueden prolongarse y aumentar más de lo debido.

Si no se tiene información suficiente, entonces no se tomará en serio el uso de la tarjeta de crédito o solo se usará cuando la situación sea apremiante, y eso hará que la persona desista de usarla. Dadas las proyecciones de digitalización de la economía, esto sería contraproducente.

*Razón Pública agradece el auspicio de la Universidad de Ibagué. Las opiniones expresadas son responsabilidad de la autora.

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