Caricatura en Colombia: entre la intolerancia y la resistencia - Razón Pública
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Caricatura en Colombia: entre la intolerancia y la resistencia

Escrito por Angélica Díaz

Gargantúa (1831), litografía del caricaturista francés Honoré Daumier.

Angélica María DíazAunque Colombia se precia de tener libertad de expresión, una mirada a la historia de la caricatura muestra que no siempre ha sido así y que algunos humoristas han pagado su burla del poder con el exilio, la cárcel o la muerte. 

Angélica María Díaz Vásquez*

Un género polémico

La caricatura es un género artístico que refleja la realidad al tiempo que divierte, hace reflexionar, aflige y, sobre todo, comunica. Pero como su intención es retratar un suceso de manera exagerada o recargada, no ha sido siempre bien recibida.

Desde su creación como género singular, la caricatura se consideró peligrosa porque podía  utilizarse como un arma para tumbar o desmentir gobiernos. En el siglo XIX, Honoré Daumier (1808-1879), uno de sus iniciadores, ayudó a crear este mito con sus fuertes críticas y burlas al rey Luis Felipe de Francia, y por una de sus caricaturas, titulada Gargantúa, fue apresado.

En Colombia la caricatura también ha sido rechazada, juzgada y censurada, especialmente cuando ha tocado temas como el descontento con los gobiernos, los conflictos sociales sin resolver y la miseria, o cuando se ha burlado de figuras públicas, la cuales no han llegado a comprender que el fin de estos dibujos es exagerar o ridiculizar esas realidades para divertir, no para herir.

La mayoría de edad de la caricatura como género periodístico en Colombia se le atribuye a Ricardo Rendón

Al igual que en Europa, el uso de pasquines fue una práctica común en nuestro territorio durante la Colonia para combatir a los opositores políticos y, según Beatriz González, estos fueron los primeros ejemplos de caricatura verbal en el país. En la Nueva Granada aparecieron pasquines en las plazas públicas denunciando la opresión española de manera anónima, que era la única forma de tener cierta “libertad” para expresar la inconformidad.

Durante el siglo XIX, que en Colombia fue marcado por numerosas guerras civiles, se usó la caricatura como una herramienta poderosa en las pugnas políticas, con la ventaja de que el dibujo permitía una comprensión más fácil por parte de la población mayormente analfabeta. Así, este arte se fue introduciendo en las viñetas y cabezotes de la prensa de la época con lo que se cree eran plantillas importadas adaptadas a los temas nacionales.

El uso del zoomorfismo, es decir, atribuirles características animales a personajes de la vida pública, fue corriente durante esta época como una manera de exaltar los odios partidistas, pero como estos dibujos aparecían en la prensa sin el nombre del autor, era muy difícil hacer acusaciones directas por ellos.

Escudo de la Regeneración del caricaturista Alfredo Greñas, publicado en El Zancudo nº 2, julio 20 de 1890.

Escudo de la Regeneración del caricaturista Alfredo Greñas, publicado en El Zancudo
nº 2, julio 20 de 1890.
​Foto: Biblioteca Luis Ángel Arango

Mayoría de edad y censura

Una de las primeras víctimas de la represión en medio de la aparente libertad de expresión que existía en el siglo XIX fue Alberto Urdaneta (1845-1887), quien trajo de Europa una técnica de dibujo llamada “retratos cargados”, que le dio a la caricatura un momento de esplendor en nuestra historia.

Casi nadie escapó a la sátira de Urdaneta y su periódico El Mochuelo que el gobierno no tardó en clausurar, al tiempo que apresaba a su director. Por este motivo, Urdaneta se vio obligado a salir del país.

Bajo el gobierno de la Regeneración (1886-1903) se adoptó la Ley 61 de 1888, conocida como “Ley de los Caballos”, acompañada del Decreto 389, que amenazaba con el cierre a los periódicos que llegaran a traicionar al gobierno. En virtud de esta ley fue perseguido el caricaturista Alfredo Greñas (1857-1949), quien dirigía el periódico El Zancudo, desde el que criticaba al gobierno. Greñas fue autor de una caricatura que alteraba el escudo de Colombia, considerado un símbolo intocable, por lo que fue acusado de irrespeto a la patria y llevado a prisión y luego al exilio en Costa Rica.

Para el primer tercio del siglo XX, la caricatura se había convertido en una sección habitual en los diarios del país, y las continuas divisiones partidistas favorecieron su uso para denunciar y combatir al opositor o animar odios. Paradójicamente, fueron los propios diarios los que salvaron a muchos caricaturistas de la persecución o el exilio al censurarlos en algunas ocasiones y reemplazar su trabajo con contenido internacional o de variedades.

La difusión de revistas, diarios y semanarios donde trabajaban caricaturistas permitió la expansión de este oficio, así como la sofisticación de su calidad artística. Los temas favoritos de los caricaturistas siguieron siendo el descrédito del gobierno, las inconformidades del pueblo y la burla a los líderes políticos.

La mayoría de edad de la caricatura como género periodístico en Colombia se le atribuye a Ricardo Rendón (1894-1931), hábil retratista que plasmó como nadie las realidades políticas del país y cuya muerte dejó en la prensa un gran vacío. Fue precisamente gracias al trabajo de Rendón y de otros caricaturistas que en Colombia comenzó a formarse la “opinión pública”.

Con la llegada de la dictadura de Rojas Pinilla (1953-1957) y por medio del Decreto 3000 se estableció la censura en estos términos: “Las personas que por cualquier medio redacten, editen, auxilien o difundan escritos o publicaciones clandestinas en las que se haga burla o irrespete a las autoridades legítimamente constituidas […] serán sancionadas con relegación a colonia penal hasta por dos años. […] Si la burla o los irrespetos son al Presidente de la República, la pena máxima puede aumentarse hasta una tercera parte”.

Esta medida produjo una disminución palpable en las caricaturas políticas en la prensa colombiana durante aquellos años.

In Justitia Libertas, caricatura atribuida a Alberto Urdaneta.
In Justitia Libertas, caricatura atribuida a Alberto Urdaneta.
Foto: Biblioteca Luis Ángel Arango

Represión en tiempos de democracia

Bajo el Frente Nacional se consolidó la idea de una “gran prensa” esto es, de los  principales diarios, que fueron invitados a apoyar los gobiernos de unidad. Sin embargo, esta aparente armonía no estuvo exenta de episodios de intolerancia, como cuando el símbolo del escudo nacional fue nuevamente usado para una caricatura, esta vez por Juan Cárdenas.

A raíz de esta caricatura a Cárdenas se le abrió un proceso por el delito de lesa patria, y después de ser detenido y puesto en libertad por las autoridades decidió salir del país.

Hay también que destacar el papel de Jaime Garzón (1960-1999) en la caricatura colombiana, pues introdujo la caricatura en la televisión

En los años noventa va ser la Corte Constitucional la que se sume a la intolerancia y persecución a la libertad de expresión en Colombia, cuando se opuso a la novedosa técnica conocida del fotomontaje, que se usaba en revistas y periódicos para burlarse de personajes de la vida política.

La Corte describió estas caricaturas como “abusivas, desproporcionadas y denigrantes en alto grado; no se compadecen con el ejercicio de la libertad de prensa”. Después de este concepto, los fotomontajes fueron restringidos en diversas publicaciones.

A finales del siglo pasado, hay también que destacar el papel de Jaime Garzón (1960-1999) en la caricatura colombiana, pues introdujo la caricatura en la televisión, y creó personajes sacados del común: el celador, la empleada doméstica, el tinterillo, el embolador, el estudiante de izquierda, que aparecían con toques exagerados de la realidad.

Su irreverencia ante la cruda realidad del país le permitió alcanzar uno de los mejores momentos del humor político que ha tenido Colombia. Sin duda, la muerte de este caricaturista “sin pluma ni papel”, como lo describió Eduardo Arias, dejó un profundo silencio en los medios de comunicación que nos obliga a reflexionar sobre lo que consideramos libertad de expresión.

En años recientes la caricatura también ha sido atacada. Cuando Harold Trujillo, "Chocolo", fue invitado al XIII Salón Regional de Artistas del Eje Cafetero en Armenia, en 2009, realizó un mural que criticaba la violación de los derechos humanos que implicaban los llamados “falsos positivos”. Este dibujo fue censurado por el Ministerio de Comunicaciones, entidad que el día antes de la inauguración del salón mandó a cubrirlo.

Es bien sabido que hay temas que pueden considerarse intocables en las artes gráficas, como la religión o el origen racial. Desafortunadamente Colombia  no escapa de  haber perseguido la caricatura por expresar la libertad de pensamiento en todos los casos que aquí he reseñado.

 

Historiadora de la Universidad Industrial de Santander, magíster en Historia de la Universidad de los Andes, vinculada actualmente al Museo Nacional de Colombia.

 

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