El cisma verde y el “abuso de las virtudes” - Razón Pública
jose fernando florez

El cisma verde y el “abuso de las virtudes”

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jose fernando florezUna defensa de la ética y las razones que llevaron a la ruptura dentro del naciente partido, frente a la opción de que su candidato recibiera el apoyo de Uribe.

José Fernando Flórez*

Buen administrador, mal político

Enrique Peñalosa se esfuerza a como dé lugar en perder las próximas elecciones a la Alcaldía de Bogotá. Aunque cuenta con la mayor intención de voto en todas las encuestas, quiere dilapidarla como ya lo hizo en el 2007.

Recordemos que en aquella ocasión, confiado en que el apoyo de Uribe le daría la victoria, lo único que obtuvo con él fue precipitar su derrota ante un electorado que estaba hastiado de la corrupción uribista, que para entonces empezaba a hacerse pública.

Pude hablar con alguien de la campaña de Peñalosa para que me explicara a qué le apuestan con el apoyo de Álvaro Uribe Vélez. Me dijo que “tienen medido” (así dijo, “medido”) que los estratos 1, 2 y 3 votan por el candidato de Uribe y, por lo tanto, necesitan de su apoyo para ganar.

Además de su oportunismo inaceptable, el argumento se basa en una cuenta mal hecha porque los votos basados en el carisma del político no se endosan tan fácilmente. En otras palabras, Uribe podría apoyar, por decir algo, la candidatura de William Vinasco, y ello no garantizaría que gane. Mucho menos en un escenario como el bogotano, donde el elector es menos manipulable que en el resto del país.

Pero aun si las cuentas estuvieran bien hechas, habría que preguntarse cuántos de los integrantes de la ola verde en Bogotá estarían dispuestos a tragarse el sapo que Mockus no consiguió deglutir: votar por un Peñalosa que recibe el apoyo de quien representa la antítesis del partido, muy a pesar de parecerles un candidato estupendo por su preparación como urbanista e impulsor de grandes ciudades. Pienso que muy pocos. De modo que con su maniobra Peñalosa gana algunos votos uribistas, pero pierde buena parte de los independientes y los verdes.

Negar lo obvio

A la colección de exabruptos se sumó la salida de Lucho Garzón, quien dice que la U no es el partido de Uribe sino de Santos. Ciertamente, el “negacionismo embrutecedor”  tan propio del uribismo, la manida estrategia de negar lo obvio (el conflicto armado y sus actores, los falsos positivos, la corrupción, la persecución de sindicalistas, entre otras realidades), ha venido corrompiendo progresivamente a cada uno de los líderes del Partido Verde.

Hace algunos días el concejal de Bogotá por el Partido Verde, Antonio Sanguino, le pidió en una carta a Antanas Mockus que dejara de entorpecer con sus reparos éticos el proceso de negociación con la U. Allí le dijo, entre otras cosas, que “el abuso de sus virtudes y atributos le están haciendo un daño inmenso a esta esperanzadora voz de cambio que representan los verdes” (énfasis añadido).

Le pregunto a Antonio Sanguino: ¿el verdadero problema es la decencia de Mockus (su abuso de las virtudes –es cierto que las posibilidades del oxímoron son sorprendentes-) o el oportunismo de Peñalosa? Si lo primero, el Partido Verde da grima porque ya se convirtió en un conglomerado electorero igual de utilitarista que los partidos tradicionales. Si lo segundo, quien habría tenido que retractarse es Peñalosa.

Otras personas, entre ellas Sergio Fajardo y el columnista Daniel Pacheco, piden conocer el contenido del cacareado acuerdo, antes de pronunciarse sobre el particular. Entiendo su opción, pero pecan de ingenuos. ¿A quién interesa en qué consistirá el acuerdo si es con el partido más corrupto del espectro político?

La Realpolitik

Asociarse con un partido que además de sus deleznables credenciales, comparte con el Polo Democrático la responsabilidad por el desastre distrital, es un acto de oportunismo electoral inaceptable.

De otra parte, un partido como la U solo se asocia si es para obtener réditos contantes. El apetito burocrático y de contratación de las maquinarias no respeta pactos ni ideales, ningún edil de La U entregará su caudal si no es al mejor postor.

La crisis ética en el Partido Verde provocó otra, como el reflejo en un espejo, en varios columnistas del país:

Para  Andrés Hoyos, Mockus es “el principal responsable” de las actuales carencias del Partido Verde.

Por su parte, Alejandro Gaviria señala que existen dos tipos de políticos: los “cruzados” o “de principios únicos”, y “los políticos conciliadores, los flexibles, los dispuestos a conversar con todos, incluso con sus enemigos ideológicos”. Eufemismos para disfrazar el oportunismo electoral de Peñalosa. En su opinión, aunque es difícil escoger entre ambos, él se va con los “flexibles”. Remata su escrito citando nada menos que a Maquiavelo, al parecer su nuevo faro inspirador en política.

Para Pedro Medellín, Mockus debió aceptar “que si la dirección del Partido acordó que habrá alianzas, pues debe acoger esas reglas de juego y más bien dedicarse a enriquecer los contenidos de ellas y buscar el mejor saldo pedagógico”.

Inexplicablemente, en lugar de criticar a Mockus por su “exceso” de ética y falta de “pragmatismo” (cinismo, en buen castellano), a ninguno de los tres columnistas se le ocurrió exigir a Peñalosa algo de congruencia ideológica con su partido. Todo indica que se dejaron seducir por la peligrosa Realpolitik.

Desconfianza e impaciencia

La única explicación que encuentro para tantos despropósitos juntos es la falta de confianza y la impaciencia.  

  • Falta de confianza en que es posible ganar la Alcaldía de Bogotá sin el apoyo de la maquinaria corrupta, es decir, sin venderle el alma al diablo.
  • E impaciencia para esperar el último capítulo del derrumbe del uribismo, que estoy seguro de que en octubre estará aún más desprestigiado por los escándalos de corrupción, y con varias otras de sus figuras en la cárcel.

  Algunos analistas proponen una alianza de Mockus, Petro e incluso Gina Parody para hacerle frente al uribismo en Bogotá. Kalmanovitz por su parte estima que “a Mockus le queda lanzarse a la Alcaldía, aliarse con Petro o estarse quieto donde está, pero sus vacilaciones no le ayudan”.

Mucho más ponderado fue el editorial del 31 de mayo de El Espectador: “Es válido hacer alianzas. Pero no todas las alianzas son posibles. En las toldas del uribismo no cabe el Partido Verde. O por lo menos no sin desintegrarse. Entre los principios hay zonas grises, pero esta es una contradicción plena. Es hora de que el Partido pierda integrantes por su propio bien. Mockus es su dueño natural. Es con él, su pedagogía y su concepción de ciudadano, que más se identifica. Pero Peñalosa es el candidato más fuerte. Los verdes tendrán que elegir. Sería una lástima que por inoficiosos y mal probados protagonismos, se pierda algo de verdad importante”.

El desenlace

La salida de Mockus del Partido Verde era en principio el peor de los escenarios posibles, porque implicaba reconocer el fracaso del objetivo primordial de los partidos: construir propuestas colectivas de largo aliento con base en consensos mínimos. Pero fue inevitable debido a la integridad ética, inquebrantable, del líder.

Había que esperar los resultados de la reunión de la dirección del partido el pasado 7 de junio. Como el pronóstico no era esperanzador, varios militantes prepararon un plantón contra el apoyo de Uribe a Peñalosa, que tuvo lugar el mismo día y hora de la reunión “para exigirle (a la Dirección Nacional) respuestas por esas alianzas con sectores opuestos a las ideas que nos inspiran”, según Andrea Mejía, una de las promotoras de la protesta. Aunque la manifestación no tuvo ningún efecto inmediato, cuando las directivas de un partido le dan la espalda a sus electores de base, estos terminan por pasarle la factura el día de las elecciones.

La solución ideal a la crisis de los verdes resultaba evidente y consistía en que Peñalosa recapacitara y renunciara públicamente al apoyo de Uribe o de cualquier otro político corrupto a su campaña. Ahora bien, como no era realista pensar que lo hiciera, se pudo abrir paso una fórmula de transacción razonable: si definitivamente Peñalosa no podía evitar sobreexcitarse con el apoyo del ex presidente, habría podido recibirlo pero a título personal, como ciudadano de a pie, sin contaminar el único verdadero capital político -no politiquero- que tenía el Partido Verde: la ética.

Es normal que los partidos atraviesen crisis en momentos cruciales, tanto más cuando se trata de partidos en proceso de formación, como el verde. Sin embargo, las crisis éticas no se solucionan con oportunismo, sino con más ética.

Por su coherencia, Mockus tuvo que salir del Partido Verde. Pero ha dejado una lección de decencia política cuyos efectos seguirán tronando mucho después de las elecciones de octubre. Pienso que se reconcilió con lo más auténtico de la ola verde, que acaba de deslindarse del partido otrora verde.

* Profesor e investigador de la Universidad Externado de Colombia. Candidato a Doctor (PhD) en Ciencia Política por la Universidad París II. Columnista de Semana.com. 
http://iuspoliticum.blogspot.com

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