
Por qué Trump eligió a De la Espriella sobre otros aliados regionales
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Trump suele privilegiar a candidatos que percibe como competitivos y con posibilidades reales de ganar. De la Espriella ha destacado su ciudadanía estadounidense y su condición de donante del Partido Republicano, factores que lo sitúan cerca de Washington. A ello se suma una afinidad evidente entre los perfiles de ambos dirigentes.
En medio de la tensión política en Perú, marcada por un escrutinio lento y un resultado —una vez más— extremadamente ajustado, el periodista Andrés Oppenheimer se preguntó en su cuenta de X por qué el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no expresó públicamente su respaldo a Keiko Fujimori. La respuesta remite a consideraciones más amplias que las propias de este caso. ¿Por qué Trump respalda a determinados candidatos en las elecciones de América Latina?
En primer lugar, conviene señalar que ha manifestado simpatía política hacia gobiernos y líderes como Nayib Bukele, Benjamín Netanyahu y Daniel Noboa. Sin embargo, lo distintivo de su estilo político es que, en varias ocasiones, ha ido más allá del respaldo a mandatarios ya elegidos y ha expresado apoyo explícito a candidatos que aún se encuentran en campaña.
En segundo lugar, estos respaldos públicos no se han limitado a América Latina. Trump también ha respaldado electoralmente a figuras conservadoras de otras regiones, como Viktor Orbán (derrotado en Hungría) y Sanae Takaichi, ahora primera ministra de Japón.
Aun así, resulta llamativo que América Latina haya ocupado un lugar destacado en esta estrategia en los últimos años. Entre los casos más recientes figuran su respaldo a Javier Milei en el contexto de las elecciones legislativas, a Nasry Asfura en Honduras y a Abelardo de la Espriella en Colombia, de cara a las elecciones presidenciales.
Las particularidades de Colombia y Honduras
Colombia y Honduras comparten dos características estrechamente vinculadas a las prioridades de Estados Unidos en América Latina: la inmigración y el narcotráfico. Honduras ha sido un país de tránsito para las organizaciones criminales que trasladan drogas hacia el norte y, al mismo tiempo, un importante país de origen de migrantes, como quedó en evidencia con las caravanas centroamericanas que contribuyeron a la crisis en la frontera sur durante la administración de Joe Biden.
En el caso de Colombia, el narcotráfico ocupa un lugar central por ser el mayor productor mundial de cocaína. Además, el país se ha convertido en una ruta clave para los flujos migratorios hacia Estados Unidos: según la Defensoría del Pueblo, más de 500.000 personas cruzaron el Tapón del Darién en 2023 con destino al norte del continente.
Así, Honduras concentra dos preocupaciones de Washington: como país de tránsito del narcotráfico y como emisor de migrantes, mientras que Colombia lo hace como emisor de drogas y corredor de los flujos migratorios que se dirigen hacia Estados Unidos.
Además, Honduras y Colombia compartían otra característica: ambos estaban gobernados por administraciones que mantenían relaciones especialmente complejas con Estados Unidos. En el caso de Honduras, Trump se oponía a la continuidad política de Xiomara Castro, esposa del expresidente Manuel Zelaya, ambos aliados del chavismo.
En cuanto a Colombia, la relación entre Trump y el presidente Gustavo Petro ha estado marcada por tensiones que van más allá de sus estilos personales conformacionales y responden a desacuerdos profundos en materia de política exterior, seguridad, migración y lucha contra el narcotráfico.
Las diferencias con Perú y Keiko Fujimori
Volviendo a la pregunta planteada por Andrés Oppenheimer, Perú no parecía reunir las mismas condiciones que Colombia y Honduras para convertirse en una prioridad política para Trump. A diferencia de esos dos países, Perú no ocupa un lugar central en la agenda estadounidense sobre migración y narcotráfico, y el gobierno saliente tampoco mantenía una relación especialmente conflictiva con Washington. Desde esa perspectiva, los incentivos para brindar un respaldo explícito eran menores.
También hay un elemento político que no debe subestimarse: Trump suele privilegiar a candidatos que percibe como competitivos y con posibilidades reales de ganar. Keiko Fujimori llegaba a la contienda tras haber perdido tres elecciones presidenciales en procesos muy reñidos (2011, 2016 y 2021), lo que podía generar dudas sobre su viabilidad electoral. Incluso en caso de triunfar, habría tenido que gobernar un país marcado por una profunda inestabilidad política, reflejada en la sucesión de varios presidentes en pocos años.
Para un dirigente que suele asociar su respaldo político con candidatos percibidos como competitivos y con posibilidades reales de éxito, Fujimori difícilmente representaba una apuesta tan atractiva como las de otros aspirantes latinoamericanos apoyados por Trump. Ello pese a que Roberto Sánchez, el candidato socialista, podía generar inquietud en Washington y a que Perú ha adquirido importancia estratégica por la creciente presencia económica y geopolítica de China en el país.
Aberlardo de la Espriella, el favorito de Trump
Abelardo de la Espriella ha destacado en varias ocasiones su ciudadanía estadounidense y su condición de donante del Partido Republicano, factores que lo sitúan más cerca de Washington que otros candidatos de la región. Sin embargo, también carga con el antecedente de haber sido abogado de Alex Saab, señalado por las autoridades estadounidenses como operador financiero del régimen de Nicolás Maduro.
En cualquier caso, Trump ya ha publicado dos mensajes de respaldo al Tigre. En ellos lo ha presentado como un líder capaz de combatir el crimen, el narcotráfico y la inmigración irregular, además de fortalecer la relación bilateral entre Colombia y Estados Unidos. Ese énfasis confirma la importancia que estos asuntos tienen dentro de los criterios con los que el presidente estadounidense decide intervenir en procesos electorales de la región.
También es posible interpretar el favoritismo mostrado hacia De la Espriella, en contraste con otros potenciales aliados latinoamericanos, como una reacción a que Gustavo Petro se haya convertido en uno de los interlocutores más beligerantes de Washington en América Latina. Desde esa perspectiva, Colombia reunía condiciones políticas y estratégicas que hacían especialmente atractivo un respaldo explícito de Trump.
A ello se suma una afinidad evidente entre los perfiles de ambos dirigentes. Tanto Trump como De la Espriella ganaron notoriedad pública fuera de la política electoral y se presentaron como outsiders capaces de desafiar al establishment. Los dos llegaron relativamente tarde a la militancia partidista tradicional de la derecha y buscaron reforzar sus credenciales conservadoras mediante fórmulas vicepresidenciales que aportaran experiencia de gobierno y conexiones con sectores políticos establecidos. En el caso de Trump, primero con Mike Pence y posteriormente con J. D. Vance; en el de De la Espriella, con José Manuel Restrepo. Más allá de las diferencias entre sus trayectorias, esas similitudes ayudan a explicar una afinidad política que pudo transformarse en simpatía personal.
¿Trump suma o resta?
Para concluir, vale la pena preguntarse si el respaldo de Trump constituye una ventaja o una carga para De la Espriella. La respuesta depende, en buena medida, de cómo se evalúen los efectos políticos de los enfrentamientos entre Trump y Gustavo Petro.
Las reacciones a esos episodios fueron diversas. En el ámbito empresarial, las tensiones generaron preocupación por sus posibles consecuencias económicas y diplomáticas. En ámbitos académicos y de análisis político, se cuestionó el uso de las redes sociales como el principal escenario de la confrontación. Al mismo tiempo, varios gobernantes regionales procuraron mantener canales de comunicación directos con Estados Unidos para evitar que el deterioro de la relación bilateral afectara sus intereses.
Sin embargo, los datos de opinión pública no sugieren que estos choques hayan perjudicado necesariamente a Petro. Encuestas como Colombia Opina, de Invamer, registraron un aumento de la aprobación presidencial tras la crisis diplomática de enero de 2025. Aunque ese repunte pudo obedecer a múltiples factores y no puede atribuirse exclusivamente al enfrentamiento con Trump, sí indica que el episodio no tuvo un costo político evidente para el mandatario ante la opinión pública.
Es difícil determinar cuál será el impacto de este respaldo entre los votantes. Sin embargo, en sectores tradicionales de la economía y la política suele valorarse una relación estable y fluida con Estados Unidos. Además, el hecho de que Trump haya decidido apoyar públicamente a De la Espriella, pese a los aspectos controvertidos de su trayectoria profesional —entre ellos haber ejercido como abogado de Alex Saab—, permite a su campaña sostener que el candidato superó cualquier reparo que pudiera existir en Washington sobre su perfil político y personal.
Desde esa perspectiva, el respaldo de Trump puede ser presentado por sus partidarios como una suerte de certificación política ante la administración estadounidense, a pesar de las controversias asociadas a algunos de sus antiguos clientes.
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Acerca del autor

Cristian Rojas González
*Jefe del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de La Sabana. Politólogo de la Universidad del Rosario. Magíster en Filosofía Aplicada de la Universidad de los Andes (Chile). Candidato a Doctor en Estudios Políticos de la Universidad Nacional de Colombia.
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