La democracia habló… el péndulo volvió a moverse en Chile
Foto: X: José Antonio Kast Rist

La democracia habló… el péndulo volvió a moverse en Chile

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Durante los últimos veinte años, Chile ha oscilado en un claro péndulo ideológico de izquierda/derecha: Bachelet I, Piñera I, Bachelet II, Piñera II y Boric.

Probablemente este artículo podría haberse titulado “Crónica de una muerte anunciada”, aclarando de antemano que se trata más de un resultado electoral anunciado que de una muerte propiamente tal, pues el resultado de una competencia electoral nunca es un fallecimiento, sino el veredicto soberano en las urnas. La elección de José Antonio Kast (Partido Republicano) fue un desenlace que, en términos futbolísticos, estaba prácticamente cantado. Los resultados de la primera vuelta así lo anticipaban: la suma de las tres candidaturas de derecha alcanzó el 50,31%, cifra que se confirmó y amplificó en la segunda votación, donde Kast obtuvo un 58,17% de los sufragios, con el 99,56% de las mesas escrutadas. En términos porcentuales, sumó casi 8 puntos adicionales respecto del respaldo inicial del bloque.

La incertidumbre, por tanto, no radicaba en el resultado, sino en la forma y la velocidad del conteo. Apenas una hora y media después de iniciado el escrutinio, Jeannette Jara (Partido Comunista) reconoció su derrota, y antes de las 20:00 horas los resultados ya eran públicos y ampliamente conocidos, con variaciones mínimas. La victoria de Kast fue categórica. Se convirtió en el presidente que más votos ha obtenido en la historia de Chile, al superar siete millones de sufragios, aunque ese récord habría sido alcanzado por cualquiera que hubiese triunfado en esta segunda vuelta, debido a que se trató de la primera elección presidencial con inscripción automática y voto obligatorio.

Una primera mirada a los resultados en retrospectiva

Sin embargo, desde una perspectiva histórica Kast no es el presidente más votado en términos porcentuales —ese registro lo mantiene Michelle Bachelet, con el 62% obtenido en 2013—, pero ello no atenúa la magnitud de su triunfo. Lo particularmente llamativo es que se impuso en las 16 regiones del país, y alcanzó su mayor respaldo en la Región de Ñuble, con el 69,84%, y su menor votación en la Región Metropolitana, con el 53,21%. Se trata, por tanto, de una victoria territorialmente homogénea, poco frecuente en la política chilena reciente.

La contundencia del resultado se refuerza al compararlo con la elección presidencial de 2021, que con el 55,65% de participación y más de 8,3 millones de votos había sido, hasta entonces, una de las más masivas en términos absolutos. Los 7.240.006 votos obtenidos por Kast en 2025 —equivalentes al 58,17%— representan el 86% del total que, sumados, obtuvieron él mismo y Gabriel Boric en el balotaje de cuatro años atrás. En otras palabras, esta elección refleja la incorporación efectiva de un electorado que hasta 2021 permanecía mayoritariamente al margen. Chile, en los hechos, duplicó el universo de ciudadanos que participaban regularmente en elecciones presidenciales.

En este contexto, el principal desafío del presidente electo será representar a ese Chile desconocido que recién comenzó a expresarse electoralmente. En la primera vuelta, las tres candidaturas formalmente de derecha obtuvieron más de 6,5 millones de votos, sin considerar el apoyo a Franco Parisi, donde probablemente también existió respaldo desde ese sector. De este modo, cerca del 10% de los votos obtenidos por Kast en segunda vuelta provendrían de electores ajenos a la derecha tradicional.

Entonces, ¿era Chile un país mucho más de derecha de lo que se suponía? El plebiscito constitucional de 2022 pareció confirmar esa hipótesis, mientras que la consulta de 2023 la matizó. Las elecciones locales y subnacionales de 2024, en tanto, sugirieron más bien la presencia de un voto antisistema, reflejado en la alta incidencia de sufragios nulos y blancos. Sin embargo, los resultados de la segunda vuelta presidencial parecen indicar que el Chile que emerge hoy no es solo un país crítico del sistema, sino también uno que se inclina mayoritariamente hacia opciones de derecha, lo que ayuda a explicar el fracaso del proceso constitucional de 2022 y el debilitamiento político del gobierno de Gabriel Boric durante gran parte de su mandato.

Con todo, una lectura automática que defina a Chile como un país estructuralmente de derecha sería apresurada. Durante los últimos veinte años, el país ha oscilado en un claro péndulo ideológico de izquierda/derecha: Bachelet I, Piñera I, Bachelet II, Piñera II y Boric. La singularidad del triunfo de Kast radica en que incorpora a un electorado masivo que nunca se había manifestado en las urnas y que los gobiernos anteriores intentaron interpretar, muchas veces sin información suficiente.

Este fenómeno no es exclusivamente chileno. Existe un correlato internacional que muestra un giro hacia opciones de derecha, centradas en el orden, la seguridad y el control, aunque la evidencia comparada sugiere que estos ciclos suelen ser intensos, pero poco duraderos. En América Latina —y en Chile en particular— en los últimos gobiernos rara vez logran entregar el poder a un sucesor de su mismo signo político. El triunfo de Boric en 2021 fue posible, en parte, por el rechazo que generó Kast, del mismo modo que la victoria de Kast en 2025 difícilmente se explica sin un gobierno que terminó definiéndose más por la administración que por la transformación, al punto de que uno de sus principales logros declarados fue “estabilizar el país”.

Romper ese patrón será el gran desafío del nuevo presidente. Para ello deberá moderar expectativas, especialmente en materias económica y migratoria. El Chile de 2025 dista considerablemente de la Argentina que recibió Javier Milei en 2023, por lo que la “motosierra” prometida probablemente se traduzca en ajustes graduales más que en reformas radicales. Algo similar ocurre con la promesa de expulsar a cientos de miles de migrantes irregulares, una política de alto costo logístico, presupuestario y político, incluso para potencias como Estados Unidos.

Foto: Wikimedia Commons

Algunos desafíos inmediatos

Las primeras señales de Kast han sido marcadamente pragmáticas. En la noche de su triunfo transitó rápidamente del discurso de candidato al de presidente electo, asumiendo giros que, en otro contexto, habrían resultado difíciles de justificar. El éxito de ese viraje, particularmente durante el primer año de gobierno, será clave para evitar que su administración se convierta en un nuevo episodio del ciclo pendular que ha caracterizado a la política chilena reciente.

Pese a la amplia ventaja obtenida, el escenario no será sencillo. Kast enfrentará un Congreso fragmentado, no muy distinto al que recibió Boric en 2022. Sus primeros meses de “luna de miel” legislativa serán decisivos para instalar una agenda centrada en seguridad y migración. Si no logra avances sustantivos, su margen de acción se reducirá considerablemente e impactaría negativamente frente a las altas expectativas con la que sedujo a su electorado.

A ello se suman los desafíos en política exterior: la relación con Argentina, la cuestión de avance territorial en la Antártica, las tensiones ideológicas en la región (particularmente con presidentes de izquierda como el presidente colombiano Petro) y el renovado interés de Estados Unidos en Chile, en un contexto donde la presencia China es profunda y estructural.

En suma, la administración de José Antonio Kast deberá gobernar un país más amplio, más diverso y más exigente. Seguridad, migración, fragmentación política y relaciones internacionales marcarán el inicio de un mandato que, más que inaugurar una era, pondrá a prueba la capacidad de la derecha chilena para gobernar más allá de su propio electorado.

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Acerca del autor

German Campos Herrera
gcampos@razonpublica.org | + posts

*Profesor Universidad Católica de Temuco (UCT), Doctor (c) en Ciencia Política. Magister en Política y Gobierno. Licenciado en Historia Universidad del Valle (Colombia) e investigador asociado al Centro de Políticas Públicas CCP-UCT.

Rodrigo Cuevas Ossandón

* Académico Universidad Católica de Temuco (UCT)-Chile. Investigador del Centro de Políticas Públicas (CPP-UCT). Doctor en Ciencias Sociales, por la Universidad de Chile. Máster en Estudios Internacionales de la Universidad de Chile. Periodista de la Pontificia Universidad Católica.

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