
Tres certezas que las encuestas presidenciales están debilitando
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Hasta ahora no parece que estén saliendo ni los cálculos del Gobierno ni los de la oposición. Eso es quizás una buena noticia. No estamos obligados a movernos dentro del tablero que cada uno nos ha querido pintar, ni como votantes ni como analistas de la política.
Casi seis meses antes de la primera vuelta presidencial, las encuestas no sirven para predecir el resultado de las elecciones. Sin embargo, algunas mediciones recientes de la opinión y la intención de voto nos permiten revisar algunas hipótesis que los analistas, los estrategas y los mismos políticos en contienda han asumido como verdades incontrovertibles y como bases para definir sus líneas de acción.
Si bien apenas ahora se está empezando a calentar de verdad la carrera a la Presidencia, llevamos ya casi dos años de discusión en medios de comunicación y cenáculos políticos alrededor de las perspectivas para 2026. De allí han surgido varios lugares comunes que han dominado la conversación y que pocas veces se contrastan con datos o evidencias. La publicación a lo largo de noviembre de las primeras mediciones que se ciñen a las exigencias de la nueva ley de encuestas ofrecen algunos elementos de contraste¹.
Hay que empezar por señalar el hecho más protuberante: hasta hace pocos meses nadie contaba con que a estas alturas el candidato del Gobierno mostrara un liderazgo sólido, ni que ese candidato fuera alguien como Iván Cepeda. Eso no significa que él vaya a ganar, pero sí que debemos repensar los supuestos que llevaron a que, incluso dentro del propio Gobierno, no se esperara este escenario.
Aquí reviso tres de ellos:
Primer supuesto: Los errores, los escándalos y el mal gobierno de Petro van a generar un efecto pendular que llevará el poder nuevamente a la derecha. Incluso, es muy posible que le abra el camino a una extrema derecha populista como la que ha triunfado en otros países de la región.
Este es un temor y un reproche expresado por varios críticos del Gobierno. Al mismo tiempo, para la derecha ha sido su principal esperanza y la base de su apuesta electoral. Por esta razón, este sector ha privilegiado los discursos fuertes y catastrofistas, al tiempo que ha propiciado, abiertamente o de forma soterrada, el surgimiento de “outsiders” que emulan a figuras extremas triunfantes en otros países. Sin embargo, no es claro que esta estrategia esté funcionando como se esperaba.
Si bien un candidato extremo de derecha como Abelardo de la Espriella está marcando con fuerza en las mediciones de intención de voto, por encima de figuras con mayor trayectoria, está lejos de alcanzar al candidato del partido de gobierno (estaba 6 puntos detrás de Cepeda, según el Centro Nacional de Consultoría, y 12 puntos detrás, según Invamer). La diferencia se amplía en la pregunta por una eventual segunda vuelta: 59% Cepeda contra 36% de la Espriella. Así, pese a los escándalos, el desorden y las contradicciones internas del Gobierno, el candidato oficialista gana en todos los escenarios frente al supuesto fenómeno electoral de la derecha. Aún falta tiempo para las elecciones y es posible que de la Espriella tenga todavía margen para crecer. Sin embargo, la intención de voto no es lo único que no concuerda con la hipótesis de que el péndulo de la opinión se está moviendo hacia la derecha radical. Los niveles de rechazo frente a cada sector ideológico tampoco parecen apoyar esta idea.
En la encuesta Invamer, Cepeda aparece de primero en la pregunta sobre por cuál candidato nunca votarían los encuestados. Sin embargo, en términos relativos esa cifra no está mostrando un rechazo tan alto. En primer lugar, pese a que es el único candidato de izquierda, el rechazo es inferior por 8 puntos a la intención de voto (24% de rechazo vs. 32% de intención de voto). Mientras tanto, a diferencia de lo que ocurre con la izquierda, el rechazo a la derecha, en particular a la derecha con el discurso más agresivo contra el Gobierno, está dividido en tres: 13% nunca votarían por Vicky Dávila, 12% nunca lo haría por María Fernanda Cabal y 12% nunca votaría por de la Espriella. Es decir, el 37% de los encuestados nunca votaría por candidatos con discursos agresivos antipetristas y antiizquierdistas, mientras que el 24% no votaría por el candidato de izquierda y de Petro.
Segundo supuesto: Los votantes están buscando un “outsider”
Esta idea empezó a aparecer hace más de un año, acompañando los rumores sobre la candidatura en ciernes de la por entonces directora de la revista Semana. Vicky Dávila, en efecto, figuró por varios meses entre los punteros de las encuestas (varias de ellas contratadas por la revista que dirigió hasta hace un año). Las encuestas más recientes, sin embargo, la muestran por fuera de los cinco primeros puestos y con menos del 4% de intención de voto. La explicación generalizada es que fue desplazada por un nuevo “outsider”, de la Espriella. Sin embargo, que se desinflara tan fácil lleva a mirar con ojo más crítico las supuestas fortalezas de estas figuras.
Empecemos por aclarar qué se está entendiendo con este término. A juzgar por las columnas de opinión que promovieron a Dávila, “outsider” no es un candidato ajeno al establecimiento político o a la clase dirigente, sino una figura sin la experiencia habitual de los políticos. Es alguien que no ha militado en los partidos ni ha ocupado puestos públicos, que proviene de ámbitos como los medios, las redes sociales o el mundo empresarial y que ofrece discursos altisonantes en los que presenta su inexperiencia política como una virtud.

Es indudable que a la derecha tradicional, tanto la uribista como la más ligada a las viejas estructuras partidistas, le está costando ofrecer figuras que sean atractivas para los votantes. Ni los congresistas del Centro Democrático ni alguna otra figura de derecha con trayectoria política reconocida ha despegado en las encuestas; en cambio, los “outsiders” sí (primero Vicky y ahora de la Espriella). Sin embargo, no es claro si lo que estamos viendo es un fenómeno equiparable a lo que fue hace cuatro años Rodolfo Hernández, o si es un comportamiento similar a lo que vimos con Fico Gutiérrez (un candidato que sí provenía de la clase política) en la consulta interpartidista de marzo de 2022. Es decir, si lo que está pasando es simplemente que el voto de la derecha, que se ha vuelto sobre todo un voto reactivo frente a Petro, se está moviendo hacia el nombre que se ve más fuerte y aparentemente con mayor opción de ganarle a la izquierda.
Tercer supuesto: Un político con una marcada identidad de izquierda no tiene posibilidades de ser un candidato presidencial competitivo
Paradójicamente, quienes más parecen compartir esta certeza están dentro del Gobierno y muy cerca del presidente (que, por cierto, ha dicho varias veces que él no es de izquierda). En diciembre de 2024, el recién rehabilitado Benedetti le dijo a la revista Semana que en la izquierda “no habría con qué reelegirnos”.
Un año después, lidera las encuestas un candidato que no solo viene de las entrañas de la izquierda histórica, sino que es todo lo opuesto a un “outsider”. A diferencia de otras figuras del Pacto Histórico, como Gustavo Bolívar, Iván Cepeda no viene de ser un activista mediático, sino es un senador con una larga carrera política en el Congreso y en la militancia partidista. Polémico por sus posturas y reconocido por su antagonismo con Álvaro Uribe, es, sin embargo, una figura sin colorido ni estridencias y sin las dotes escénicas del presidente.
Adicionalmente, su origen familiar y su papel activo en los procesos de paz, incluida la enredada “paz total” de este gobierno, hacen que sea fácil, aunque injusto, presentarlo como el “candidato de las Farc” y de la lucha armada. La derecha, por supuesto, no ha desaprovechado esa oportunidad. Pese a ello, Cepeda no solo crece en intención de voto, sino, lo que es más sorprendente, tiene un muy buen nivel de favorabilidad. En Invamer tiene la favorabilidad más alta entre los candidatos medidos y supera por 14 puntos su desfavorabilidad (en contraste, en esa misma encuesta el presidente tiene más imagen negativa que positiva).
Los buenos resultados se pueden atribuir en parte al impulso de la consulta del Pacto Histórico que Cepeda ganó con creces. Como lo señalan algunos analistas, en “su registro de intención de voto puede haber un efecto de luna de miel”. Pero la primera sorpresa fue que lograra una votación alta en una fecha que suele ser electoralmente fría. La propia Presidencia, según fuentes citadas por la prensa, no estaba apostando por él, sino por el cuestionado exalcalde de Medellín Daniel Quintero. Aún después de la consulta, el alto gobierno seguía dudando de las fortalezas de Cepeda y parecía preferir nombres cercanos a la política tradicional como Roy Barreras, a quien en cambio le va muy mal en las mediciones de favorabilidad y de intención de voto.
Aún no hemos visto a Cepeda en un escenario real de competencia y debates electorales. Sin duda, en algún momento deberá responder por sus silencios y ambigüedades frente al Gobierno. Sin embargo, el poco efecto que han tenido los ataques que lo vinculan con las Farc y el bajo costo político que ha pagado por su papel en la paz total sugieren un cambio profundo en el comportamiento de la opinión que aún no hemos logrado comprender bien.
En síntesis, hasta ahora no parece que estén saliendo ni los cálculos del Gobierno ni los de la oposición. Eso es quizás una buena noticia. No estamos obligados a movernos dentro del tablero que cada uno nos ha querido pintar, ni como votantes ni como analistas de la política.
Le recomendamos: La maratón electoral: en esto vamos
¹En este artículo me baso principalmente en la encuesta Invamer para Blu radio y Caracol, pero también tengo en cuenta las recientes encuestas del Centro Nacional de Consultoría y la Polímetrica de Cifras & Conceptos.
Acerca del autor

Isabel Arroyo
*Doctora en Historia, docente universitaria, consultora de Datos&Relatos
8 comentarios






Sí FAJARDO pasa a segunda vuelta será el próximo Presidente de Colombia, porque ABELARDO es una burbuja que se va a reventar como le pasó a VICKY, y porque CEPEDA ya alcanzó su techo y no tiene de dónde más sumar. FAJARDO, en cambio, tiene todo a su favor para sumar votación.
Ese tibio No tiene Nada que hacer en la Política Colombiana, Mi Amado país Colombia NECESITA UN PRESIDENTE CON COJONES. Y ardentia . Abelardo de la espriella ES EL PRESIDENTE 2026 para Colombia.
Jajajajjajajjajajjaja recógete
DE LA ESPRIELLA ES UN PETARDO CON GANAS DE SER BUKELE EN UN PAIS DONDE LA CENTRO DERECHA NO TIENE UN LÍDER REAL QUE MOTIVE EL ELECTORADO INDEPENDIENTE TIENE AÚN COLOMBIA..LA COLOMBIA QUE TAMPOCO ES DE IZQUIERDA FALLIDA
De la Espriella es el presidente
Abelardo será el presidente. Vamos Tigre
Abelardo de La Espriella presidente en primera vuelta.
Abelardo , el candidato mejor preparado ….conocedor de las leyes
,con experiencia financiera , y capaz de generar riqueza para nuestro país
Y favorecer a los más necesitados .