El Toque Trump: la Derecha y las elecciones en “Nuestro hemisferio” - Razón Pública
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El Toque Trump: la Derecha y las elecciones en “Nuestro hemisferio”

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Una de las particularidades de este ciclo electoral, favorable a las candidaturas presidenciales de derecha, ha sido la abierta intromisión de la administración Trump en el proceso electoral. El presidente estadounidense ha emitido muestras de apoyo a los candidatos y partidos derechistas en Honduras, Argentina, Ecuador y, más recientemente, en Colombia.

Reacomodo de las fichas 

Perú tiene una nueva mandataria: Keiko Fujimori. Con su lema, “Vuelve el Orden”, logró convencer a los votantes peruanos de volver a optar por el fujimorismo tras cuatro elecciones, luego de ser derrotada por sus rivales antifujimoristas de derecha e izquierda. 

La elección de Fujimori se inserta dentro de una racha de victorias de candidatos presidenciales de derecha que han derrotado a los oficialistas de izquierda, generando opiniones sobre un “nuevo giro a la derecha” similar al experimentado en el ciclo electoral 2018-2019, cuando varios países viraron hacia la derecha tras dos décadas hegemónicas para la izquierda. Nuevas caras como Milei en Argentina, Noboa en Ecuador, Paz en Bolivia y, recientemente, De la Espriella en Colombia muestran que los gobiernos han experimentado un relevo cuantitativo e ideológico, mientras que, en México, Uruguay y Brasil (veremos qué sucede) la izquierda se mantiene imbatible.

Las recientes victorias de Fujimori y De la Espriella han mostrado el altísimo nivel de polarización política, con resultados reñidos e incluso acusaciones de fraude. Las elecciones se han convertido en una arena existencial en la que los líderes personalistas han triunfado frente a la opción más institucional de los partidos. Ciertamente, la izquierda se ha institucionalizado más como partidos, pero ha pagado el precio de ser menos “rebelde” al convertirse en gobierno, una oportunidad que la derecha menos institucionalizada ha capitalizado en este ciclo electoral. 

A nivel regional, ha ido desvaneciéndose la “marea rosa de izquierda” surgida de los estallidos sociales de 2019 y 2022. Las nuevas caras de la derecha latinoamericana se unen al cuestionado Bukele, al dominicano Abinader y al paraguayo Peña para fortalecer la relación con Estados Unidos, basada en los objetivos de la Estrategia Nacional de los Estados Unidos. Seguridad, Migración e Inversión es la tríada que mantiene cohesionada esta nueva “Internacional de Derecha” en un continente que el presidente estadounidense, Donald Trump, ha denominado como “Nuestro Hemisferio”, develando un nuevo corolario a la Doctrina Monroe. 

 El Toque Trump: algunas hipótesis

Una de las particularidades de este ciclo electoral, favorable a las candidaturas presidenciales de derecha, ha sido la abierta intromisión de la administración Trump en el proceso electoral. El presidente estadounidense, haciendo uso de sus redes sociales —en especial de X y Truth Social—, ha emitido en repetidas ocasiones muestras de apoyo a los candidatos y partidos derechistas en Honduras, Argentina, Ecuador y, más recientemente, en Colombia. 

Sus mensajes han ido en dos sentidos: por un lado, rodear de legitimidad política del Gobierno de la potencia hemisférica a los candidatos Nasry Asfura y Daniel Noboa y, por otro, amenazar a los electores con graves consecuencias si no son elegidos estos candidatos o ciertos partidos, como La Libertad Avanza, en las más recientes elecciones legislativas en Argentina. Adicionalmente, y no menos importante, siempre encuadra a los oponentes de izquierda como “comunistas” y “criminales”,  fabricando una declaración oficial de interés sobre el futuro político-electoral de sus pares latinoamericanos.

Esto es lo que denomino el “Toque Trump”: el impacto de las declaraciones del presidente estadounidense en los resultados electorales de varios países latinoamericanos. Este fenómeno ha tenido éxito con la elección de Asfura en Honduras, la victoria del partido mileista La Libertad Avanza en Argentina, la reelección de Noboa en Ecuador y, en Colombia, con la ajustada victoria de Abelardo de la Espriella. Un detalle común a estos países es que son Estados con una amplia dependencia comercial y una estrecha cooperación militar con Estados Unidos. 

En el pasado reciente, Honduras, Ecuador y Colombia han tenido al gigante norteamericano como su principal socio comercial, incluso mediante acuerdos de libre comercio o preferencias arancelarias, mientras que en el caso argentino, Brasil y China han disputado el protagonismo a Washington en ausencia de estos acuerdos de alto nivel. Desde la perspectiva de la cooperación militar, Tegucigalpa, Quito y Bogotá han mantenido una relación de seguridad muy próxima, incluida la presencia de efectivos estadounidenses en bases militares, muy distinta a la posición de Buenos Aires, cuya relación ha sido más distante y menos comprometida con las demandas de Washington. No obstante, a pesar de los matices, estos cuatro gobiernos han trasladado su discurso electoral de seguridad hacia un compromiso regional e informal, liderado por Trump, denominado “Escudo de las Américas”, como expresión de la securitización de la cooperación de los países latinoamericanos a las necesidades de Washington en materia de narcotráfico y migración irregular. 

Estos datos arrojan una correlación positiva entre esta dependencia comercial y militar y el Toque Trump: los países dependientes son más vulnerables a la intromisión electoral por parte de la administración estadounidense. El miedo a perder el estatus de aliados y los beneficios percibidos de esta relación han influido en la decisión de los electores en estos países. El alejamiento de Washington podría afectar el grueso de su mercado, caracterizado por las remesas y el volumen de exportaciones, pero también la posibilidad de asistencia y modernización de las Fuerzas Militares y de seguridad para afrontar las amenazas del crimen organizado transnacional. 

Sin embargo, el Toque Trump podría tener un efecto limitado. Países menos dependientes de Estados Unidos en lo económico y en lo militar tendrían menor vulnerabilidad a que sus procesos electorales estuvieran condicionados por las declaraciones del presidente estadounidense. Canadá y Brasil han frustrado y parece que están pavimentando un freno a este tipo de injerencia en sus elecciones. 

Canadá, a pesar de que su vecino es su primer socio comercial, ha experimentado un estancamiento en el volumen de sus intercambios comerciales y tensiones en su cooperación militar. En ese país, las declaraciones de Trump apoyando al candidato opositor conservador Pierre Poilievre —incluida la idea de hacer del país el Estado 51 de la Unión Americana— llevaron a la reelección del partido de gobierno liderado por el liberal Mark Carney, tras la salida del primer ministro Justin Trudeau.

Por su parte, Brasil ha estrechado su acercamiento a China, al convertirse en su primer socio comercial por encima de Estados Unidos y sin alianzas formales que lo aten como sus pares suramericanos. El país suramericano empieza a calentar motores para sus elecciones de octubre en medio de un ambiente en el que el Toque Trump se manifestó con sanciones y apoyo en redes sociales al bolsonarismo durante sus horas más difíciles: el juicio al expresidente Jair Bolsonaro por tentativa de golpe de Estado en 2023. 

Foto: X: Lula

Las acciones de Trump, lejos de intimidar a los jueces y fortalecer a la derecha brasileña, provocaron el efecto inverso: aceleraron la condena del exmandatario y apuntalaron los números de favorabilidad del presidente de izquierda brasileño, Lula da Silva, quien aspira a la reelección. Si Lula es reelegido, como diríamos los politólogos, se confirmará nuestra hipótesis. 

¿Qué pinta para el Tigre?

El Tigre de la Espriella es un engranaje más en la estrategia de Trump para reconducir la relación con la región. Encarna un híbrido entre la incorrección política de manual del presidente estadounidense para lo electoral, y los modelos más latinoamericanos de candidaturas de derecha exitosas basadas en la mano dura (Modelo Bukele) y el recorte de la acción estatal en la economía (Modelo Milei). 

No en vano se ha hablado del modelo TIGRE (acrónimo en inglés de Trade, Investment, Growth, Retrenchment and Enforcement). Estos objetivos expresan la apertura comercial y selectiva para Washington, acompañados de un fuerte recorte a la estructura del Estado, que se verá reasignada a la tarea de que el gobierno colombiano vuelva a asumir su responsabilidad fundamental en materia de seguridad. Bajo este panorama, lo que uno esperaría es una suerte de “alineamiento activo” con Washington, marcado por un tablero regional cada vez más ocupado por gobiernos de derecha que ejercen una lógica de grupo que evita las defecciones y refuerza el compromiso con el líder hemisférico.  

Por tanto, es una alineación de astros para que Trump recupere un aliado vital en su lucha contra las drogas, la migración irregular y el progresismo después de la inestable relación con el presidente saliente, Gustavo Petro, en la que la relación entre Washington y Bogotá tuvo puntos muy bajos desde la Presidencia de Ernesto Samper (1994-1998). La postura sobre Palestina, la descertificación en materia de lucha contra las drogas, la inclusión en la lista de la OFAC y los constantes intercambios verbales descalificadores fueron la norma durante la administración del presidente colombiano. 

Abelardo de la Espriella viene a recomponer esta relación, pero ciertamente no en condiciones de igualdad. La relación con Estados Unidos ha sido históricamente asimétrica con algunos espacios de autonomía. Sin embargo, el apoyo directo de políticos estadounidenses a su campaña, sumado a la posibilidad de chantaje por su presunto nexo con Alex Saab, testaferro de la operación financiera del depuesto presidente venezolano Nicolás Maduro, deja más dudas que certezas sobre qué tanto Colombia puede desarrollar un comportamiento exterior autónomo en los asuntos regionales y globales. 

No obstante, también hay que poner los ojos en las elecciones de medio término en Estados Unidos, que podrían limitar el margen de maniobra de Trump para consolidar la relación bajo sus términos. Una probable derrota republicana puede jugar en contra de De la Espriella, y obligarlo no solo a parlamentar con Trump, sino también a tener en cuenta en la conversación a los demócratas, con más vigilancia sobre los recursos destinados a Colombia, y en cierta forma con más presión para que la política exterior de Washington hacia América Latina recupere su impronta bipartidista.

Le recomendamos: El fin de las elecciones en Nicaragua o la dictadura de la amenaza fantasma

Acerca del autor

Camilo Gonzalez Vides
cgonzalez@razonpublica.org |  + posts

*Profesor e investigador de la Universidad Javeriana, editor del medio digital Visión Global, magíster en Ciencia Política de la Universidad de Salamanca.

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*Profesor e investigador de la Universidad Javeriana, editor del medio digital Visión Global, magíster en Ciencia Política de la Universidad de Salamanca.

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