
Los ecos de la Asamblea General de Naciones Unidas
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La Asamblea General de la ONU reflejó la crisis del multilateralismo. Entre los discursos de Trump y otros líderes mundiales, el de Gustavo Petro llamó la atención por su defensa de Palestina, aunque volvió a mostrar la fragilidad de la política exterior colombiana.
Una Asamblea más mediática que nunca
Esta semana se reunió en Nueva York la octogésima Asamblea General de la ONU (AG80).
Como cada septiembre desde 1945, jefes de Estado y de gobierno se reunieron en la sede de Nueve York para debatir sobre los principales desafíos globales y adelantar encuentros bilaterales.
Pero en esta ocasión el eco ha sido más fuerte: el multilateralismo atraviesa su peor crisis y los discursos reflejaron esa fragilidad.
La reunión fue más mediática que en el pasado. El mundo está convulsionado por 56 conflictos bélicos en curso, y la cobertura en tiempo real amplificó el interés ciudadano.
También influyó la difusión de la Agenda 2030, que ha calado entre las nuevas generaciones, más conscientes de los riesgos globales y del papel que tienen en su propio futuro.
Los grandes discursos esperados
Los discursos de Trump (Estados Unidos), Xi Jinping (China), Putin (Rusia), Zelensky (Ucrania) y Netanyahu (Israel) atrajeron la mayor atención.
Con todo, se registraron sorpresas: Xi no asistió y delegó en su primer ministro Li Qiang, y uno de los más aplaudidos fue el presidente palestino Mahmoud Abbas, cuyo mensaje virtual llamó a detener la guerra en Gaza.
Entre tanto, el presidente finlandés, Alexander Stubb, reiteró la urgencia de reformar la ONU para superar el bloqueo permanente que impone el veto de las cinco potencias del Consejo de Seguridad.
Trump contra el multilateralismo
El discurso de Donald Trump, en su segundo mandato, mostró de nuevo el desprecio del republicano hacia las instituciones internacionales.
Sus palabras fueron agresivas y ridiculizaron a la ONU, al insistir en que ha evitado más guerras por cuenta propia que el organismo con todo su aparato institucional. Ese mensaje tiene dos lecturas.
En primer lugar, este discurso confirma la línea nacionalista adoptada desde enero, cuando Trump asumió su segundo mandato, con su ataque consiguiente contra unas instituciones multilaterales que no respaldan ni avalan las actuaciones de Estados Unidos bajo una lógica unilateral, egoísta y ambiciosa.
Si este rumbo se mantiene, Washington seguirá insistiendo en su política, mientras que otros actores —en especial China— se aprestan a aprovechar el reacomodamiento global para ganar protagonismo.
Este escenario sugiere, además, la posibilidad de avanzar en el tantas veces reclamado cambio en el Consejo de Seguridad. No es nuevo el reclamo: desde hace décadas se insiste en que la pesada maquinaria de Naciones Unidas, concebida para un mundo de posguerra, requiere transformaciones profundas que respondan a los problemas y necesidades actuales.
En segundo lugar, cabría entender que la intención de Trump fue sacudir un sistema internacional paralizado frente a los conflictos armados. Su agresividad al exigir eficacia a la Organización puede leerse como un llamado a repensar su funcionamiento bajo su liderazgo. Sin embargo, un cambio genuino exigiría eliminar el privilegio del veto de Estados Unidos y de los demás miembros permanentes del Consejo de Seguridad, algo que Trump jamás contemplaría.
Con todo, su presión podría al menos reavivar el debate sobre la prevención de conflictos, atendiendo sus causas antes que sus consecuencias. No siempre se hace este ejercicio: el mundo ha puesto más empeño en detener y castigar a los migrantes que en enfrentar las razones que los expulsan de sus territorios.
Lo mismo sucede con las guerras. Una combinación de medidas —fortalecer la legitimidad de la Asamblea General, dialogar con los actores regionales clave, anticipar los conflictos, articular desarrollo y derechos humanos, y abordar de manera multidimensional los grandes problemas globales— permitiría que los organismos multilaterales recuperen capacidad de acción frente a las feroces confrontaciones de hoy.
Petro en Nueva York
En este escenario habló el presidente Gustavo Petro.
Su discurso retomó ideas que ha defendido desde 2022: la urgencia de enfrentar el cambio climático, la condena a la violencia en Gaza y la necesidad de un nuevo orden mundial.
Un análisis concienzudo de las palabras del mandatario colombiano, con su obstinada postura en defensa del pueblo palestino (lo mínimo que tendría que hacer cualquier humano racional), permite entender que, aunque no hay novedad en lo que transmite, un alto porcentaje de sus ideas resultan valederas y acertadas. Considerando, además, que es de las escasas oportunidades para enfrentarse al asimétrico poder estadounidense.
Sin embargo, el acierto en muchas de sus afirmaciones termina diluyéndose ante sus posturas alejadas de la realidad y pronunciamientos que no se ajustan a los principios constitucionales que soportan las relaciones internacionales de Colombia. Ha insistido en la conformación de un ejército mundial que incluso se enfrente al de los Estados Unidos. Ese despropósito, además de inviable, es paradójico cuando se anhelan escenarios de pacificación.
Pero lo más preocupante es instar a la desobediencia de un ejército de otro Estado en su propio territorio. Esas posturas injerencistas son inaceptables. Y claramente caricaturescas cuando se está refiriendo a las fuerzas militares más poderosas del planeta.

El balance para Colombia
Los mensajes de esta Asamblea General delinean el rumbo de la política mundial en los próximos meses.
Para Colombia, el resultado más evidente es la consolidación de la distancia entre Petro y Washington, aunque no necesariamente entre Colombia y Estados Unidos como Estados.
La falta de una estrategia de política exterior coherente en los tres años de su gobierno limita la proyección internacional de Petro. La cercanía de las elecciones presidenciales en Colombia será decisiva para reconfigurar el diálogo bilateral y definir el papel del país en la escena global.
Epílogo
La Asamblea General dejó la sensación de que el multilateralismo necesita una reforma urgente si quiere seguir siendo relevante.
Como hechos concretos, los conflictos más violentos siguen activos y el presidente colombiano terminó sin visa para volver a entrar a Estados Unidos.
En la lista de los perjudicados de la AG80, Petro figura en un lugar destacado.
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Acerca del autor

Luis Fernando Vargas-Alzate
*Doctor en Estudios Políticos con énfasis en Relaciones Internacionales. Coordinador de la Línea de Énfasis en Relaciones Internacionales de la Universidad EAFIT.
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