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Biden y su política en Medio Oriente

Escrito por Massimo Di Ricco
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El gobierno de Biden no cambiará bruscamente las políticas de Estados Unidos en Medio Oriente porque la geopolítica de la región no se lo permite. Habrá más cambios de forma que de fondo.

Massimo Di Ricco*

Trump le apostó todo a Israel

Durante los últimos cuatro años la política de Estados Unidos en Medio Oriente ha tenido un propósito único: favorecer a su aliado Israel. El apoyo de Estados Unidos a Israel parecía más un favor personal que un plan bien organizado para la región.

Primero, Trump respaldó la decisión del líder israelí Netanyahu de declarar Jerusalén como capital de Israel y trasladó la embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a esta ciudad. Esta decisión cruzó una de las líneas rojas para cualquier posible acuerdo de paz.

Después el señor Trump propuso el plan “Paz para la Prosperidad” supuestamente para resolver el conflicto Israel-palestino a través de su yerno Jared Kushner. Aunque haya pasado poco más de un año desde su propuesta, hoy nadie se acuerda de este plan porque las condiciones que estipulaba eran descaradamente favorables a Israel. Este plan implica que los palestinos simplemente renunciaran a todas sus aspiraciones.

El apoyo unilateral a Israel será reevaluado por Biden, no necesariamente para darle un giro radical, sino para darle la apariencia de corrección política al amparo de la comunidad internacional.

El nuevo panorama

No se pueden esperar cambios drásticos porque el papel de Estados Unidos en la región se ha debilitado. Sin embargo, Biden deberá tener en consideración:

  • Los cambios geopolíticos en la región;
  • Las relaciones con Irán y su papel en Siria, Irak y Líbano;
  • Una solución duradera al conflicto Israel-Palestina, y
  • El respeto por los derechos humanos en la región.

Las potencias regionales se han vuelto más autónomas. Países como Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Turquía, se han aventurado en la última década en zonas que antes eran de países como Estados Unidos, Gran Bretaña o Francia. Tienen presencia militar en países en conflicto como Libia, Yemen y Siria, e intentan influir activamente sobre las políticas de países como Marruecos, Túnez o Egipto.

La guerra en Yemen es quizás el escenario que mejor muestra el contexto geopolítico regional con el cual ha de lidiar la administración Biden: los que llevan las riendas de la guerra son los países del Golfo que intentan mantener a raya la influencia de Irán en la región. Estados Unidos y los otros gobiernos occidentales se han limitado últimamente a proveer armas a los países involucrados en el conflicto. Parece difícil pensar que la administración Biden pueda tener la fuerza y la voluntad de intervenir para resolver el conflicto directamente, o a través de sanciones económicas.

Irán y la hegemonía regional

Los países aliados, a los que se suman Rusia e Irán han conseguido un papel importante en la región y actúan de forma autónoma.

El ataque aéreo de Estados Unidos a Siria el pasado 25 de febrero en la frontera con Irak no estuvo dirigido a Siria, sino a Irán y a sus milicias para contrarrestar su influencia en ambos países. El bombardeo fue una represalia contra Irán después de meses de ataque por parte de las milicias afines al país persa contra las fuerzas militares de Estados Unidos, sus sedes diplomáticas y fuerzas aliadas.

Aunque Estados Unidos tenga una escasa presencia de tropas en Siria, su retirada no parece estar en la agenda de Biden. Debido a la inestabilidad en Siria e Irak, difícilmente estos países harán serias presiones para su salida. Desde la perspectiva estadounidense, las tropas ofrecen la posibilidad de tener cierto control directo sobre Rusia e Irán.

El ataque aéreo de Estados Unidos a Siria el pasado 25 de febrero en la frontera con Irak no estuvo dirigido a Siria, sino a Irán y a sus milicias

A juzgar por su actitud, parece que Biden no cambiará la política nuclear de Trump con relación Irán. Es difícil que Estados Unidos vuelva a los tiempos de Obama, cuando Washington intentó llegar a un acuerdo duradero; lo que queda claro es que Irán ha ganado un poder enorme en el Levante, algo que hace quince años parecía impensable.

Ahora Irán tiene una presencia sólida en Irak, en Siria y en el Líbano, un país que desde la salida de Siria en 2005 ha estado bajo influencia estadounidense. Hezbollah mantiene firmemente las riendas de las políticas del país.

Soluciones para Israel y Palestina

Durante el gobierno de Trump, Estados Unidos ha apoyado la expansión de Israel y sus colonos en los territorios ocupados por Israel. Después de casi cincuenta años, Trump también reconoció los Altos del Golán como parte de Israel.

Esto va en contra del derecho internacional y de la opinión de la gran mayoría de la comunidad internacional, además de impedir una solución negociada del conflicto y la existencia de un Estado palestino independiente.

Hoy por hoy ese conflicto está más lejos que nunca de llegar a un acuerdo negociado. Los Acuerdos de Abraham promovidos por Washington y suscritos al final de 2020 entre Israel y algunos países árabes como Emiratos Árabes y Bahrein no son suficientes para resolver el conflicto en Palestina.

Biden demostró que seguirá apoyando a Israel cuando rechazó el papel de la Corte Penal Internacional para juzgar a Israel por crímenes de guerra. Biden no volverá a la política previa a Trump cuando Estados Unidos criticaba la política expansionista de Israel.

Derechos humanos y dictadores favoritos

Trump presentó su política en Medio Oriente con la famosa foto junto al rey Salman de Arabia Saudí y el presidente egipcio Al-Sisi con las manos sobre una esfera de cristal. Después afirmó en una reunión del G7 que Al-Sisi era su dictador favorito, pero el historial de violación de derechos humanos con Sisi es mucho más grave que lo ocurrido en la época de Murabak.

Biden al contrario declaró que su interlocutor con Arabia Saudí no iba a ser Mohamed Bin Salman, acusado de asesinar al periodista Khashoggi, sino el mismo rey Salman.

El informe sobre el homicidio de Khashoggi que fue descuartizado en la embajada saudí en Turquía despertó grandes expectativas. Sin embargo, al final no hubo consecuencias para el líder saudita, aunque fuera evidente su papel en el asesinato.

La política de Biden no es muy distinta de la de Trump. Los derechos humanos siempre han sido una política de palo y zanahoria de Estados Unidos hacia los países aliados de la región. Estados Unidos exige un poco de respeto por la sociedad civil a cambio de cerrar los ojos sobre sus gobiernos autocráticos y recibir ayuda económica y militar. Nada hace pensar que con Biden se endurezca la posición tibia de la diplomacia norteamericana.

Estados Unidos exige un poco de respeto por la sociedad civil a cambio de cerrar los ojos sobre sus gobiernos autocráticos y recibir ayuda económica y militar

Durante sus primeros meses de gobierno, Biden se ha destacado sobre todo por mantener un perfil bajo en la política internacional: ésta es la diferencia más notable frente a Trump.

Como ocurrió con el gobierno de Obama después de las nefastas intervenciones de Bush, Biden necesita moderar la imagen de Estados Unidos en Medio Oriente y normalizar sus relaciones con las potencias de la región a través de políticas más mesuradas y gestos más diplomáticos.

Estas medidas no necesariamente serán útiles para solucionar los problemas de estabilidad que afectan a Medio Oriente y de los cuales Estados Unidos ha sido en parte culpable.

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