Trumponomics 2.0 contra el mundo | Razón Pública 2025
Foto: X: The White House

Trumponomics 2.0 contra el mundo

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Las decisiones económicas de Estados Unidos desde la perspectiva Trump (Trumponomics) en su nuevo período presidencial representan un desafío para todos los países del mundo.

El cómo se reflejan las decisiones económicas de Estados Unidos desde la perspectiva Trump (Trumponomics) en su nuevo período presidencial representa un desafío para todos los países del mundo. Más, teniendo en cuenta sus promesas de campaña y el mayor poder para aplicar sus políticas. En Trump 1.0 el margen de maniobra del Ejecutivo se veía supeditado a una cámara alta mayoritariamente demócrata (sobre todo en la segunda parte de su gobierno) y la pandemia del COVID-19, que le impusieron limitaciones a sus decisiones. Lo que comparado con su predecesor (Obama) y luego su sucesor (Biden) no logró imponer cambios bruscos en la política económica, como era su deseo. 

En Trump 2.0, por el contrario, con mayorías claramente favorables en ambas cámaras, las Trumponomics se supone deberían correr de manera fluida, al menos en lo que a política económica interna se refiere. Por tanto, la unidad entre Ejecutivo y Legislativo difícilmente echará para atrás cualquier orden ejecutiva. En este caso, solo queda el poder judicial que poco a poco se vuelve también de tendencia conservadora. Teniendo en cuenta este escenario político estadounidense de mayoría republicana, las acciones en política comercial unilaterales impuestas por el gobierno Trump a sus socios en el exterior tendrán poca oposición en las demás ramas ya dominadas por los conservadores. Por lo que su éxito o fracaso dependerá más del poder de negociación de la contraparte extranjera.

Como se dio con la primera “prueba piloto” que hizo Estados Unidos con Colombia por la devolución de aviones con migrantes deportados, se mostró que el poder de negociación de un país desarrollado y económicamente más fuerte imponiendo sanciones en este caso de carácter comercial (mayores aranceles) puede fácilmente lograr los objetivos perseguidos en términos políticos y minar a su contraparte. Sin embargo, cuando estas mismas estrategias de política comercial se proyectan a países con los cuales se tiene una interdependencia económica equilibrada, los resultados de éxito por la presión no necesariamente son inmediatos. En los casos de México y Canadá, se dice que la vía de diplomacia política postergó la decisión de imposición mutua de aranceles (hasta marzo de 2025) siempre y cuando se cumplieran compromisos en aspectos de migración y tráfico de drogas por parte de México y Canadá y el reforzamiento de los controles de contrabando de armas más allá las fronteras y, por supuesto, no imponer aranceles de parte de los estadounidenses. Seguramente hay algunos detalles de estas negociaciones y de la agenda invisible que el público común desconoce, pero lo que evidentemente reflejan, al menos en estos casos, es un equilibrio de poderes más equitativo que el ocurrido con Colombia. 

De llegarse a dar la guerra comercial en marzo, el efecto negativo de las exportaciones desde Canadá y México a Estados Unidos generaría una espiral inflacionaria que precisamente iría en contravía de una de las banderas que junto a la migración movieron los votos republicanos e independientes para elegir a Trump en su segundo mandato. Por lo que, aunque resulta paradójico para un país imponer aranceles a sus mayores socios comerciales, muestra que detrás hay una estrategia política y una agenda que buscan presionar aspectos más allá de los económicos. 

De lo anterior se desprende que las esferas política y económica se intersecan para la toma de decisiones con efectos en el bienestar/malestar social de los habitantes de los países afectados. Por supuesto, en este río revuelto hay países que pueden encontrar alternativas para suplir lo que los socios principales no pueden cubrir, pero la política de Trump “Make America Great Again (MAGA)” lo que busca, al menos en el discurso, es no diversificar con otros socios comerciales sino hacer que la industria estadounidense solvente los vacíos dejados por las importaciones. Claramente, esto implica en muchos casos una reconversión industrial que Estados Unidos hace rato relegó a un segundo plano apuntando a sectores industriales y de servicios de mayor valor agregado o en el final de la cadena de valor. De hecho, ha logrado esa ventaja competitiva en los últimos eslabones de la cadena de valor utilizando el comercio internacional y la inversión extranjera directa para su propio beneficio.

Europa ya se prepara para también ser objeto de aranceles o algún tipo de restricción económica, seguramente acá los aspectos políticos priman menos y por ello la decisión del gobierno Trump aún no se ha hecho efectiva y es aventurado en este momento encontrar una causa política razonable. Interpretando a Trump, Europa no le compra a Estados Unidos lo que debería y Estados Unidos sí le compra de todo a Europa, por lo que el déficit comercial permanente para Estados Unidos sería la causa para imponer aranceles y otras restricciones comerciales a la Unión Europea.

Foto: Puerto Aunque resulta paradójico para un país imponer aranceles a sus mayores socios comerciales, evidencia que detrás hay una estrategia política.

Un capítulo aparte merece la guerra comercial, esta sí ya declarada e implementada desde Estados Unidos hacia China, justificada por un supuesto robo continuo de propiedad intelectual, transferencia forzada de tecnología, entre otras actividades declaradas malas prácticas en el comercio internacional bajo los tratados comerciales (en este caso la Organización Mundial de Comercio). Sin mayores explicaciones China hará una retaliación con aranceles proporcionales a las importaciones estadounidenses con efecto a partir del 10 de febrero si nada extraordinario ocurre. Nuevamente, la medición de fuerzas desde lo económico parecería equiparable, pero en este caso la dependencia de Estados Unidos sobre China va más allá de lo comercial y está en lo financiero al ser China tenedor de alrededor del 10 % de la deuda pública de Estados Unidos y en la revisión de empresas estadounidenses por prácticas anticompetitivas (p. ej.: Alphabet). Por lo anterior, el contrincante chino evidencia un poder de negociación comparable e incluso superior al de Estados Unidos. Adicionalmente, los procesos de transición mundial en el mediano plazo hacia energías más sostenibles disminuyen la dependencia de energía fósil en la que ni Estados Unidos ni China son autosuficientes, pero en el que China, a diferencia de Estados Unidos, ya tiene reservas comprobadas de los minerales esenciales para la reconversión a las llamadas “energías limpias”. No es sorpresa entonces que Estados Unidos en todas sus amenazas comerciales exceptúe de los aranceles los minero-energéticos y que recientemente haya alcanzado acuerdos de cupos de importación de petróleo con Venezuela, a pesar de las diferencias ideológicas y el no reconocimiento del gobierno de Maduro.

Se supone que la instancia multilateral de la Organización Mundial de Comercio (OMC) es la que cualquier país miembro, independientemente de su grado de desarrollo, podría utilizar para defenderse bajo el órgano de solución de controversias (OSC), pero está desfinanciado por Estados Unidos y paralizado desde Trump I. Por su parte, los tratados comerciales bilaterales no han parecido ser lo suficientemente fuertes para proteger los intereses de los socios. De hecho, la amenaza de renegociación surge en instancias como estas, no es sino recordar la transformación en Trump I del North American Free Trade Agreeement (NAFTA), al United States-Mexico-Canada Agreement (USMCA).

Las guerras comerciales cuyo protagonista común es Estados Unidos dejan al mundo con una preocupación más, pues los efectos colaterales que la historia enseña se traducen en mayores precios, menor crecimiento y potencialmente mayor inequidad. Las únicas que pueden de manera relativamente fácil salir de estas crisis son las economías más diversificadas en la tipología de productos y en los destinos, pero bajo las condiciones actuales de incertidumbre externa es muy difícil pronosticar y tomar decisiones, con el agravante de que el ciudadano de a pie en las democracias solo tiene la posibilidad de decidir en las elecciones.

Le recomendamos: Donald Trump, el desmoronamiento del Orden Internacional Liberal y los desafíos para América Latina

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Jahir Lombana
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*Ph.D. Profesor asociado en competitividad y negocios internacionales de la Universidad del Norte

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*Ph.D. Profesor asociado en competitividad y negocios internacionales de la Universidad del Norte

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