Una tregua en tiempos de odio | Razón Pública 2025
Foto: Fotografía oficial de la Presidencia de Colombia

Una tregua en tiempos de odio

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El cardenal logró reunir a las tres ramas del poder para firmar un acuerdo contra la violencia verbal. Pero en Colombia los insultos matan y la política vive del agravio.

El gesto del cardenal

El lunes de esta semana, por iniciativa del cardenal Luis José Rueda, se realizó en la Casa Episcopal un encuentro entre el presidente Gustavo Petro, los presidentes del Senado y la Cámara, Efraín Cepeda y Jaime Raúl Salamanca, los presidentes de las altas cortes (Jorge Enrique Ibáñez, Octavio Tejeiro y Luis Alberto Álvarez), la fiscal general, la defensora del pueblo, el registrador nacional, el contralor, el procurador y la directora del DAPRE, entre otros altos funcionarios.

El propósito de la reunión fue firmar un documento público que sirviera para “construir juntos una invitación al país para comprometernos a desarmar y armonizar la palabra y rechazar la violencia”. Un gesto simbólico y político frente al atentado contra el senador Miguel Uribe Turbay y los 24 ataques simultáneos perpetrados por disidencias de las FARC en Cauca y Valle. 

La alarma pública recordó los peores años de violencia política que sacudieron a Colombia durante las décadas de 1980 y 1990.

Palabras que matan

Este llamado a moderar el lenguaje surgió en medio de una intensa confrontación verbal entre el presidente y líderes de la oposición, en particular tras el hundimiento de la consulta popular promovida por el gobierno para revivir la reforma laboral. Petro también había arremetido contra los presidentes de Senado, Cámara y las altas cortes, lo cual contribuyó a escalar el clima de polarización.

Pero la violencia verbal no comenzó con Petro, ni es exclusiva del oficialismo. La intemperancia y el uso de discursos incendiarios ha sido una práctica inveterada de la política colombiana. Desde los años cuarenta —con la violencia entre liberales y conservadores—, el agravio ha sido un arma recurrente, incluso alentada desde los púlpitos de la Iglesia católica, la misma que hoy actúa como mediadora.

La estigmatización como política de Estado

Tampoco es cierto que Petro haya sido el primero en usar el lenguaje del odio de clases. 

El exterminio de la Unión Patriótica —con más de cinco mil asesinatos— fue precedido por discursos de estigmatización emitidos desde los gobiernos y por líderes de derecha. Basta recordar los señalamientos del ministro Carlos Lemos Simmonds contra Bernardo Jaramillo Ossa, candidato presidencial de la UP asesinado tras una ola de acusaciones infundadas.

El mismo patrón se repitió en el lenguaje de altos mandos militares como Harold Bedoya, Rafael Samudio, Fernando Landazábal o Miguel Vega Uribe, entrenados bajo la Doctrina de Seguridad Nacional, quienes desde los batallones acusaban a la izquierda de ser terrorista. El general Jorge Enrique Mora incluso señaló de colaborador de las FARC al humorista Jaime Garzón, asesinado poco después.

Foto: Fotografía oficial de la Presidencia de Colombia

La prensa carroñera 

Por eso fue importante el acto de acercamiento promovido por el cardenal Rueda. 

Sin embargo, el mismo día del acuerdo, desde redes sociales —convertidas en letrinas digitales— y desde varios medios, se seguía atizando la confrontación. Algunos periodistas destacaron las caras largas de los asistentes o el retraso del presidente Petro, trivializando el gesto político y alimentando el desprecio.

La prensa carroñera sigue prefiriendo el escándalo. Por ejemplo, tras el atentado contra Miguel Uribe, Semana tituló: “Partido de la U le da portazo al presidente Petro”, en referencia al rechazo de esa colectividad a una invitación del mandatario. El encabezado deja ver un cierto regocijo por el rechazo, más que una preocupación por el clima de violencia.

Todo esto revela hasta qué punto el agravio, el insulto y la descalificación se han normalizado. La mayoría de los líderes políticos, en lugar de educar a sus seguidores para el debate, han fomentado el fanatismo. En Colombia no se concibe al adversario como alguien a convencer, sino como un enemigo a eliminar, aunque sea mediante la injuria, la calumnia o el silencio forzado.

¿Cuánto durará la tregua?

Habrá que ver cuánto puede durar el acuerdo firmado el 16 de junio, especialmente cuando se avecina la campaña de 2026. 

Pero nunca será inútil insistir, desde todos los espacios, en llamar a los dirigentes a moderar su lenguaje. Porque como dijo Hannah Arendt, la violencia es muda. Pero cuando la palabra está cargada de odio o de fanatismo, puede herir más que las armas.

Le recomendamos: El Concierto de la Esperanza, o cómo la historia no se repite, pero rima

Acerca del autor

Daniel Guillermo Valencia
DValencia@razonpublica.org | + posts

2 comentarios

Daniel Guillermo Valencia

Escrito por:

Daniel Guillermo Valencia

2 comentarios de “Una tregua en tiempos de odio”

  1. Extraordinaria columna. Basada en hechos reales que fueron comprobados exhaustivamente. Sin especulaciones y sin comentarios tendenciosos. Como hacen de falta comentaristas de este calado y profundidad. Felicitaciones al autor.

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