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Más discursos contra la paz: la estrategia para ganar las elecciones de octubre

Escrito por Daniel Guillermo Valencia
Polémica Valla del Centro Democrático

Polémica Valla del Centro Democrático

Daniel ValenciaA medida que se acercan las elecciones, los políticos aprovechan más el miedo y la incertidumbre que rodea al Acuerdo de Paz.

Daniel Guillermo Valencia*

Comenzó la puja electoral

Las elecciones regionales del próximo octubre son las segundas después de la firma del Acuerdo de Paz entre el Gobierno y las FARC. Casi tres años después de firmado el Acuerdo, su cumplimiento sigue dando pie al escepticismo de unos, a la desilusión de otros y a la incertidumbre de todos.

Como de costumbre, estas elecciones serán una contienda para elegir a las autoridades locales, como también una puja anticipada por el proceso electoral de 2022, cuando volveremos a elegir presidente y Congreso. Aunque falten tres años, en tiempos políticos eso es poco, más aún porque no existen partidos sólidos y el proselitismo electoral es permanente.  

Por lo demás, esa ha sido la costumbre de nuestros dirigentes desde el Frente Nacional: la actividad política se reduce a una maratón por controlar el aparato estatal y ponerlo al servicio de intereses particulares. Por eso la gran mayoría de las candidaturas son simplemente oportunistas.

Dentro de ese contexto, los políticos han seguido utilizando el discurso contra el proceso de paz como una estrategia electoral. Para dar un ejemplo, el Centro Democrático instaló una polémica valla en Antioquia donde pregunta “¿Tú, de qué lado estás?”, y asociaba como victimarios a quienes apoyan a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), poniendo a las víctimas del lado de los detractores de la JEP.  

Ese tipo de discursos van subiendo de tono a medida que se acercan las elecciones. El mecanismo consiste en expresar rabia, rencor, sed de venganza y toda suerte de descalificativos contra el Acuerdo de Paz y contra los ex militantes de las FARC. Así, los líderes políticos adquieren fama en la prensa regional y nacional y, a fuerza de repetir mentiras, hacen que sus declaraciones parezcan verdaderas.

Le recomendamos: ¿Es posible trascender la ignorancia, el odio y el miedo en el debate político?

La política del miedo y el odio

acuerdo de paz

Foto: Función Pública
¿Podrá defenderse el acuerdo de paz?

El discurso contra el Acuerdo de Paz ha sido tan efectivo que muchos movimientos políticos lo han adoptado: el Centro Democrático, Cambio Radical, el Partido Mira y los demás grupos religiosos que participan en política.

De hecho, desde que comenzaron las negociaciones entre el Gobierno y las FARC en 2012, esas agrupaciones han venido criticando lo acordado con afirmaciones tremendistas, verdades a medias, calumnias y falsas alarmas. La más común: que Colombia se va a convertir en otra Venezuela.

Ese tipo de discursos van subiendo de tono a medida que se acercan las elecciones. 

Desde luego, las elecciones de octubre no serán la excepción del oportunismo y la retórica belicista. Con argumentos disfrazados de defensa de valores como la tradición, la familia y la propiedad, los políticos fomentarán el miedo y el odio para salir elegidos. Echarán mano de todo lo que pueda indignar y producir temor:

  • el reconocimiento de las víctimas;
  • la restitución de tierras;
  • la presencia de ex guerrilleros en el Congreso;
  • el juzgamiento de militares por parte de la JEP;
  • el posible avance de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC) en alcaldías o concejos municipales, entre otros.

Para difundir ese discurso de odio también será muy oportuno hablar de la caótica situación que atraviesa Venezuela, o de los deslegitimados gobiernos de izquierda que tuvieron Argentina, Brasil y Ecuador. Y aunque buena parte de ese descrédito ha sido orquestado por las élites que perdieron el control de la política, los grandes propietarios y los medios de comunicación, los políticos de derecha en Colombia saben sacar partido de la desinformación para beneficio propio.  

Sin ningún rubor, diferentes políticos colombianos—incluido el presidente Duque—se exhiben en la prensa nacional e internacional como demócratas denodados. Fustigan a Maduro o a los demás políticos de la izquierda latinoamericana y los responsabilizan por la pobreza y el atraso en sus países. Pero no miran la viga en el ojo propio y no quieren admitir que son parte de un sistema que prolonga la pobreza, el atraso y la violencia, excluyendo a las grandes mayorías.

Puede leer: Las tres posturas de Duque frente a la paz.

Un gobierno débil

Además, la debilidad del gobierno de Duque exacerba la sed de protagonismo de los políticos y los alienta a participar en las próximas elecciones presidenciales. Ese fue el caso del ministro de relaciones exteriores, Carlos Holmes, quien a escasos seis meses de comenzar el gobierno declaró que aspiraría a la presidencia en 2022. 

La debilidad del gobierno de Duque exacerba la sed de protagonismo de los políticos.

Sin mayorías en el Congreso y con movilizaciones constantes en calles y carreteras, Duque no ha podido tener una plena empatía con los colombianos. Desde el inicio de su mandato, el sucesor de Santos ha tenido que soportar:

  • las protestas de los estudiantes que reclamaban mayor presupuesto para las universidades públicas;
  • las exigencias de los maestros por el derecho a la salud y por el cumplimento de los acuerdos pactados en 2017;
  • las movilizaciones de los pueblos indígenas que han bloqueado las carreteras, e
  • inclusive la indignación colectiva que produjo el cinismo del Fiscal General Néstor Humberto Martínez.

Cada día que pasa desde que Duque se posesionó como presidente, queda la sensación de que los más de diez millones de votos que obtuvo no se los debe tanto a Álvaro Uribe como a Gustavo Petro. Seguramente, si el candidato en segunda vuelta hubiera sido Sergio Fajardo, “el-que-dijo-Uribe” no estaría hoy en la Casa de Nariño, y habría mayores garantías para el cumplimiento del Acuerdo de Paz.

Y sin embargo, la estrategia electoral de oponerse al Acuerdo ya empezó a darle resultados al uribismo: ante la posibilidad de que la Corte Constitucional le ordenara a Duque sancionar la ley estatutaria de la JEP, Uribe arremetió contra el alto tribunal y lo acusó de “atender a un gobierno comprometido con la Farc”.

Finalmente, la Corte Constitucional prefirió tomar una decisión menos polémica y aceptó que el Congreso estudiara las objeciones, para pronunciarse solo en caso de que el Legislativo modifique la ley estatutaria.

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propagación de discursos contra la paz.

Foto:  Presidencia de la República de Colombia
La debilidad del gobierno incide en la propagación de discursos contra la paz.

¿Hacia dónde vamos?

Con la cercanía de las elecciones regionales los discursos contra la paz se propagarán de forma casi viral. Con esto, es posible que ocurra lo siguiente:

  1. Que el cumplimiento del Acuerdo se siga dilatando hasta quedarse sin oxígeno. Tres años de resistencia a la paz pueden ser suficientes para que muchos ex guerrilleros vuelvan a combatir al Estado con las armas y para que ese escenario reviva definitivamente la fuerza del uribismo en 2022.
  2. El debate amplio y sosegado sobre los serios problemas y necesidades que asedian a los municipios, ciudades y departamentos será sustituido por las arengas contra la paz. Por esa vía será imposible escapar al círculo infernal de miedo y odio en el que hemos estado durante siete décadas, como resultado de una política oportunista y corrupta.  

Ante un panorama tan incierto, solo queda esperar que los movimientos políticos de oposición tengan la habilidad y la gallardía de hacer pedagogía entre los ciudadanos, de acompañarlos en las calles y de impulsar el desarrollo del Acuerdo de Paz.

Si nos descuidamos, es probable que en efecto el gobierno haga trizas la paz y le devuelva la fuerza política a quienes se han beneficiado de la guerra en todos estos años.

* Profesor universitario, especializado en temas de opinión pública, comunicación política, comunicación y educación, y economía política de la comunicación y la información. 

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