
Palestina-Israel: Horizontes posibles en medio de un frágil cese al fuego en Gaza
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¿Puede el cese al fuego pactado entre Hamas y el gobierno de Israel en Gaza ser el primer paso hacia una paz estable y duradera? ¿O es solo una pausa en un ciclo de violencia que se activará de nuevo ante el primer sabotaje? En este artículo, analizamos los tres escenarios más probables para el futuro del conflicto palestino-israelí, los cuales sirven para enmarcar respuestas a estas preguntas.
Miles de palestinos regresaron a sus hogares destruidos en Gaza. Las imágenes fueron virales en medios internacionales: una larga columna de al menos 200 000 personas caminaba por calles devastadas. Entre las ruinas, buscaban fragmentos de lo que fueron sus viviendas, perdidas tras quince meses de asedio y una feroz ofensiva militar, definida por algunos expertos como un intento de genocidio.
El retorno fue posible tras el cese al fuego pactado entre el gobierno de Israel y el grupo islamista propalestino Hamas, además de un cambio de estrategia de los actores geopolíticos clave en la región, incluido el principal aliado del gobierno de Netanyahu: Estados Unidos. Lo cierto es que, aunque el acuerdo tiene el potencial improbable de finalizar la guerra, camina sobre una cuerda floja: cualquier sabotaje podría recrudecer el conflicto en cuestión de horas. Y hay interés para que la tregua termine en fracaso.
Solo un día después del retorno masivo a Gaza, cientos de militantes de Hamas emergieron de los túneles y exhibieron armas capturadas a Israel durante el conflicto. Abu Ubaida, portavoz de las Brigadas Al-Qassam (brazo armado de Hamas), advirtió el pasado jueves: “Cada día que el enemigo invierta en su agresión contra nuestro pueblo, pagará un precio alto”. Sus palabras fueron recibidas con aplausos y consignas por una multitud que presenció la marcha de combatientes y la entrega de uno de los secuestrados israelíes en su poder.
Las imágenes del regreso de civiles y el despliegue militar de Hamas no fueron bien recibidas en Tel Aviv. Hace quince meses, Netanyahu prometió una “victoria total” en Gaza, pero los sectores más radicales de su gobierno –ya presionan para retomar la ofensiva. Estas tensiones quedaron plasmadas en las declaraciones de un analista del Instituto Nacional de Estudios en Seguridad al medio estadounidense CBS: “¿Qué haremos ahora? ¿Desplazar otra vez a la población palestina al sur? No hay victoria total posible en esta guerra”.
Aunque Israel eliminó a varios líderes de Hamas y debilitó su infraestructura militar, no logró derrotar a la organización. El acuerdo actual contempla la liberación de 33 rehenes israelíes y 2 000 prisioneros palestinos en cárceles israelíes, además de abrir un espacio para negociaciones. Sin embargo, los escenarios para una resolución definitiva del conflicto siguen siendo inciertos. Y la única certeza es la tragedia humanitaria que vive Palestina.
El laberinto de Gaza
La ofensiva militar israelí dejó aproximadamente 47 000 palestinos muertos, según cifras oficiales, (aunque el número puede ser mucho mayor) y una profunda crisis humanitaria, que en realidad es el síntoma de un conflicto más amplio. La franja, como Cisjordania, subsiste desde hace décadas bajo la ocupación israelí que en estos territorios vive bajo la constante infracción al Derecho Internacional Humanitario, la escalada permanente entre las fuerzas y la pugna de poderes dentro de Palestina.
Esta ofensiva de quince meses, que se desató tras el ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023 que dejó por lo menos 1 200 personas asesinadas, puede cambiar el curso del conflicto en la región. Aunque son varios los escenarios.
Un primer escenario describe el pesimismo de algunos israelíes frente a la salida militar propuesta por Netanyahu. El historiador israelí, crítico de la estrategia de su país frente a Palestina, Ilan Pappe argumenta que el fracaso en el objetivo principal de sacar a Hamas de Gaza le cobra factura al apoyo de la opinión pública al actual gobierno.
“La falta de confianza en el Ejército tiene, por supuesto, implicaciones más profundas por la sensación de invencibilidad, la falta de horizonte en el futuro. Así que, definitivamente, está claro que ya sabíamos que no se puede eliminar a Hamás como fuerza política, como fuerza ideológica, hagan lo que hagan los israelíes. Pero parece que tampoco son capaces de eliminarla militarmente”, afirmó Pappe en entrevista para el canal del analista Frank Barat.
La erosión de confianza de la opinión pública al gobierno conservador y militarista de Netanyahu es una certeza, pero no es claro en Israel cuál es el camino a seguir. No hay fuerzas significativas que hablen del fin del genocidio y aun entre los liberales opositores que salieron a marchar en Tel Aviv, el eslogan era traer los secuestrados a casa para “continuar con la guerra”.
“Sí, les gustaría que Netanyahu se fuera. Eso es cierto. Pero de nuevo, creo que ambos sabemos que incluso si Netanyahu se va, Benny Gantz, Yair Lapid, quienquiera que gane o pueda ganar las próximas elecciones –creo que Netanyahu podría perderlas– continuará con las acciones militares en la franja de Gaza o continuaría con la dura política en Cisjordania”, agregó Pappe, quien además asegura que dentro de Israel es poco o nula la empatía hacia la población en Gaza.
Así, el primer escenario viable, más allá de la tregua, es la instauración de lo que el analista geopolítico conservador John Mearsheimer, profesor de la Universidad de Chicago, describe como la profundización del apartheid en Israel. El autor ya en 2010 analizó los escenarios probables: la fallida solución de los dos Estados, la posiblidad de un Estado binacional (palestino-israelí) democrático, y el tercer y más probable escenario: la intensificación del proyecto colonial conocido como el Gran Israel.
Su conclusión fue que este último es el menos desable, pero el más probable según el curso que ha tomado el conflicto. “La inevitable conclusión de todo esto será la formación del Gran Israel entre el río Jordán y el mar Mediterráneo. De hecho, argumentó que ya existe desde que Israel controla los territorios ocupados palestinos y gobierna sobre los palestinos que allí viven”.
En su artículo plantea que el sistema que operaría en ese escenario tendría las características del apartheid, con el objetivo de la limpieza étnica palestina para mantener una mayoría israelí en territorio, ante el crecimiento demógrafico árabe-palestino. Para Mearseheimer, esta estrategia podría darse bajo las condiciones particulares de una guerra, apoyada por el lobby internacional que lo protegería de las consecuencias. Hoy este pronóstico resulta acertado.
“No debemos subestimar la voluntad de Israel de emplear esta estrategia de terror, si se llegan a presentar (las condiciones dadas)”. Argumentaba el analista que esta posibilidad es latente ante el creciente racismo cultural de la población frente a los palestinos. Incluso en entrevistas recientes, tras los ataques del 7 de octubre y el desarrollo del genocidio, Mearsheimer ha argumentado que, entre todos los escenarios, el del apartheid israelí puede ser el más probable: un escenario que contempla la expulsión masiva de población palestina y el sostenimiento de su subsistencia dentro de las fronteras, pero bajo la pérdida o la reducción al mínimo de derechos de los palestinos.
Este escenario tiene la desventaja para Israel de que, eventualmente, el respaldo de sus aliados se agotará y podrá terminar con la misma suerte de la Sudáfrica del apartheid. Mearsheimer dice: “El principal problema que enfrentan los defensores de Israel es que es imposible defender el apartheid porque no es ético desde el núcleo de los valores occidentales (…)”.
Sin embargo, hay pistas de que este escenario ya está en curso. En recientes declaraciones, el presidente Donald Trump, una semana después de asumir el mandato, dijo que la población palestina podría ser enviada a los países vecinos de Egipto y Jordania con la excusa de la reconstrucción de su territorio. Estas declaraciones fueron rechazadas por los dos gobiernos árabes.
Pero la propuesta resonó en los sectores más cercanos al gobierno israelí. Itamar Ben-Gvi, exministro de seguridad de Israel, trinó: “Una de nuestras exigencias al primer ministro Benjamín Netanyahu es que fomente la emigración voluntaria. Cuando el presidente de la mayor superpotencia del mundo, Trump, plantea personalmente esta idea, vale la pena que el gobierno israelí la implemente: ¡¡promueva la emigración ahora!!”
Estados Unidos es un firme aliado de Israel. El gobierno de Joe Biden dio al país US$17,9 billones en ayuda militar desde el 7 octubre de 2023, según un artículo de la Universidad Brown de Estados Unidos.

El otro escenario: la guerra abierta
Ante ese panorama, hay otro escenario que se mueve con los cambios geopolíticos en el orden global. Ese escenario es la guerra abierta de los actores presentes en el conflicto de Asia occidental.
Con el avance de los procesos en contra en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) y las órdenes de captura de la Corte Penal Internacional (CPI) contra Netanyahu y el exministro Gallant, el gobierno de Netanyahu ha perdido capacidad de acción en los escenarios internacionales, mientras que actores en territorio se fortalecen con el respaldo de potencias emergentes en el nuevo orden mundial.
Analistas geoplíticos hablan del surgimiento de un segundo norte, con China a la cabeza, que desafía al norte unipolar de los últimos años liderado por Estados Unidos. Y a lo largo y ancho del planeta una gama diversa y con fortalezas propias de países del sur que orbitarán alrededor de cada uno de esos nortes, según sus intereses. Este escenario global facilita el fortalecimiento de países como Irán, clave a través de su apoyo al llamado eje de la resistencia en los escenarios de conflicto de Líbano, Palestina, Yemen y otras partes de Asia occidental.
El fortalecimiento de Irán le daría aire a la lucha militar palestina por el fin de la ocupación. Los ejércitos de Hezbollah, duramente golpeados por la ofensiva israelí, mantienen sus fortines al sur de Líbano. Las milicias pro iraníes en Irak y los huties en Yemen continúan fuertes en sus territorios. El declive del gobierno de Assad en Siria es, sin duda, otro golpe a Irán. Pero todavía está por verse el norte que tomará el nuevo gobierno de Damasco. Y mientras, el persistente Ejército de Hamas continúa sus operaciones desde Gaza.
No sobra decir que ninguno de estos actores quiere “un Estado sionista” en Asia occidental. Para ellos, ese Estado es un enclave colonial de Estados Unidos en sus territorios, tanto que se refieren a Israel como el ente, antes que como una Nación. Desde su perspectiva, la única posibilidad es la derrota de Israel y el restablecimiento de la Palestina histórica. Y se sienten alentados por la tregua lograda tras quince meses de asedio.
“El pueblo nativo palestino está luchando en el siglo XXI contra una atrofia y una barbarie colonial eurocéntrica. Está confinado, tiene claro que su objetivo es nunca desaparecer como un pueblo y que tiene que seguir luchando por la liberación de su pueblo e inclusive de protección a la humanidad ante esta atrocidad del fascismo eurocéntrico sionista en el mundo”, dijo la politóloga Susana Khalil al medio iraní Hispan TV.
Si Irán logra hacerles el quite a las sanciones y abrirse espacio ante el nuevo norte que emerge con fuerza en Eurasia, podría fortalecer los actores militares de la resistencia que se oponen a Israel y sería cuestión de tiempo antes de que volviera a escalar un conflicto armado abierto con complicidad de antiguas potencias de Occidente y las nuevas que emergen.
Perspectivas de paz: un desafio, pero no utopía
Por último, si bien este conflicto ha sido también la historia de escenarios de paz fallidos, uno tras otro, no deja de ser necesario pensar en las posibilidades reales de la construcción de paz. No importa lo improbable que hoy parezca sobre el terreno.
Desde este escenario, el alto al fuego representa una oportunidad, así sea visto por algunos sectores del conflicto como una pausa en medio de un ciclo de violencia recurrente que crece en espiral.
La fase inicial del cese al fuego dura seis semanas. El acuerdo busca el intercambio de los rehenes, el retiro parcial de las tropas israelíes del área y el acceso de ayuda humanitaria a Gaza. Las fases posteriores a la tregua no son claras, como tampoco si hay acuerdo sobre quién va a gobernar Gaza. La Autoridad Palestina, que gobierna Cisjordania, y Hamas tienen diferencias que los separan.
Antony Blinken, el entonces secretario de Estado de Biden, dijo que esperaba que la Autoridad Palestina tomara el control de Gaza con apoyo de fuerzas de seguridad de países árabes. Pero en la era Trump no parece claro que este vaya a ser el camino.
Aun así, hay propuestas de paz que vienen desde distintas latitudes. Una de ellas surge de expresidentes y Nobeles de Paz, que recoge discusiones planteadas incluso por analistas desde hace años. Este grupo (que incluye a Juan Manuel Santos) reconoce que la propuesta de los dos Estados ya no parece un escenario posible, pero plantea retomar la idea de la creación de un Estado confederado, construido sobre las bases del fin de la ocupación israelí, que albergará, con igualdad de derechos, a los dos pueblos que comparten este territorio común. Esta fórmula termina, además, con la construcción de un Estado integrado en el bloque regional, no dividido y soberano. Y desde esta posibilidad, la tregua recién anunciada es un primer paso importante en la ruta de construcción de paz.
Pero ahora mismo, en tiempos de Trump y de un Israel militarizado, este último escenario, de una Nación con dos pueblos en armonía y procesos democráticos soberanos, es una utopía distante.
Acerca del autor
David Gonzalez
*Periodista. Profesor de Análisis Geopolítico de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Magíster en Ciencias Políticas de la Universidad de los Andes.
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